miércoles, 2 de noviembre de 2016

España: Los movimientos sociales en la encrucijada...por José Luis Carretero Miramar

La investidura de Mariano Rajoy como nuevo virrey de España, nombrado, en definitiva, por el IBEX, no es más que la expresión última de la pérdida de soberanía del pueblo español. Había que cumplir a la mayor brevedad las exigencias de recortes de las instituciones comunitarias, alarmadas ante el estado de los balances de los bancos italianos y la debilidad del Deutsche Bank. Nuevos recortes que implican una nueva vuelta de tuerca neoliberal, en el desesperado intento de las oligarquías financieras continentales por estabilizar, en base a rescates con dinero público y austeridad para clases populares, una Unión Europea al borde de la implosión. Ellos sí han vivido por encima de nuestras posibilidades, y es realmente factible que el edificio comunitario no aguante las enormes presiones que se derivan del proceso de transferencia de rentas entre clases que implican las políticas de austeridad puestas en marcha. Por eso se hace cada vez necesaria, para la gobernanza burocrática de Bruselas, la deriva autoritaria y de pérdida de las libertades civiles que acompaña el despojo, firmemente favorecida, a su vez, por la estrategia del caos implementada por las potencias occidentales en el Mediterráneo y Oriente Medio, y por la emergencia del fascismo lumpen, teledirigido por los petrodólares de las oligarquía del Golfo, en el mundo árabe y más allá.

Ante esta situación, el régimen juega a rearmarse sobre el cadáver humeante de quien quiso adaptar el bipartidismo al nuevo tiempo. El Partido Socialista se rompe, entre una élite asentada, y acostumbrada a la dolce vita de las puertas giratorias y la inanidad de la política del juancarlismo, que está dispuesta a sacrificar el Partido en el altar de las élites; y una nueva generación de cuadros, que no han tenido más proyección pública o profesional en su vida que la derivada de su pertenencia a la organización, y que aún no han aposentado su posición lo suficiente para sentirse totalmente identificados con la urgencia del Ibex. Pedro Sánchez, el nuevo icono de la izquierda española no es, pues, más que el representante de una facción de la burocracia partidaria que aún no había tocado el poder y que, por lo tanto, no asume la necesidad de sacrificar el propio proyecto partidario y el futuro personal en política, para implementar desde ya los recortes. Su permanencia como alternativa a la estrategia de la vieja guardia, aún sin poder efectivo en el Partido, va a significar, por otra parte, un límite al crecimiento de Podemos, y una posibilidad viable de reconstruir una estrategia de control de la situación por parte de las élites en el caso de hundimiento total, a nivel electoral, del PSOE.

Por su parte, Podemos va a verse constreñido a una elección forzada: entrar del todo en el juego institucional y ser premiado con una posición subalterna y limitada dentro de la casta, al estilo de lo que fue la Izquierda Unida de las últimas décadas, aunque con mayor cuota en el Congreso, o ser criminalizado y empujado al sótano de los antisistema cada vez que amague con acercarse o intentar aprovechar lo que hagan los movimientos sociales (esos que “no existen”). Aunque parece factible que Podemos sea una alternativa de gobierno funcional al final de esta legislatura recién iniciada, nada puede asegurar que no va ocurrir ningún accidente por el camino, después de ver lo sucedido en el PSOE. Y los accidentes posibles son muchos: desde la emergencia de contradicciones internas debilitantes o incontroladas, dada la tensión que puede generar la imposibilidad de muchos cuadros medios para obtener puestos retribuidos al final de un ciclo que, en puridad, no ha dado los resultados que se esperaban, en términos de poder efectivo; hasta la aparición de nuevos partidos o alternativas no partidarias, que le roben protagonismo entre las clases populares, cuya existencia no sepa gestionar una dirección con resabios eurocomunistas que lleva mal la pluralidad; pasando por el estallido de una hipotética situación incontrolable en Cataluña, que, desde la una declaración unilateral de independencia, rearme al bipartidismo en el resto del Estado, permitiéndole pasar desde la actual fase autoritaria, de gradual pérdida de libertades, a una abierta situación de excepción, con militarización expresa o tácita, o hegemonía absoluta de la textura securitaria y policial, sobre el conjunto de la vida política.

Los movimientos sociales y populares, por su parte, van a sufrir ofensivas mediáticas criminalizadoras y represivas sin precedente inmediato, a poco que pretendan agitar un poco. Lo hemos visto con las últimas convocatorias, donde se llega a la criminalización mediática de los profesionales que trabajan con los movimientos, como ha sido el caso del abogado Erlantz Ibarrondo, linchado mediáticamente por los medios de la derecha por ser el letrado designado por la movilización contra la investidura de Rajoy. Más allá del hecho evidente de que a un abogado penalista no se le pueden achacar las actividades de sus clientes (nadie nos ha contado quienes son los letrados de la Gürtel o de los violadores de Pamplona), lo cierto es que la creciente deriva represiva y autoritaria del Estado Español, marcada por la aprobación de leyes marcadamente regresivas, así como por la idea de la excepcionalidad penal de la disidencia política, va también acompañada del progresivo desmantelamiento de las posibilidades de defensa jurídica de la población, ya sea vía recortes al acceso a la efectividad de la justicia gratuita, ya sea ampliando los mecanismo de excepción que dificultan la defensa en el ámbito penal. Los presos del mundo de la protesta, como Alfon o Nahuel, por otra parte, siguen en la cárcel, en situaciones en las que, años atrás, ya habrían obtenido la libertad provisional.

Y, pese a lo que pueda parecer, las posibilidades de levantar procesos multitudinarios de protesta, son limitadas. Aunque es cierto que las condiciones objetivas van a acompañar en esta legislatura (recortes, nuevas sacudidas financieras, tensiones territoriales), las subjetivas son bastante más discutibles. Pablo Iglesias va a entender en breve que es lo que impide que se haga una huelga general en España (esa que los mismos aparatos de Podemos e IU no quisieron que se hiciera cuando había alguna posibilidad real para ello, porque la gente estaba en las calles): la casta sindical que, asociada firmemente al bipartidismo, gestiona la conflictividad laboral desde hace décadas. Además, está por ver que Podemos sepa gestionar de una manera mínimamente racional su relación con los movimientos sociales, sin caer en las dinámicas de manipulación y represión interna que han acompañado la historia reciente de los aparatos partidarios de la izquierda institucional en nuestro país. La esquizofrenia entre declaraciones públicas de apoyo a la protesta y la práctica de una micropolítica cotidiana dedicada a “apagar fuegos” ha sido una de las señas de identidad del eurocomunismo y la socialdemocracia española, y está en la base de gran parte de la desafección política y social de generaciones enteras.
Los recortes que se avecinan van a ser brutales. Las luchas sociales pueden reaparecer o ser sustituidas, o verse complicadas, por un avance de la extrema derecha populista y xenófoba, dada la desesperación y el creciente odio a sí mismo de una parte del proletariado y de la clase media en proceso de proletarización. El dinero va afluir desde el exterior (la “civilizada” Europa) hacia las organizaciones del populismo de derechas, según sus homólogos continentales alcancen significativas cuotas de poder en otros países. Además, la ultraderecha española está empezando a actuar con inteligencia política suficiente para investigar nuevas vías de incidencia y nuevos discursos, más adaptados a la situación actual y a la textura ideológica de unas clases populares que no se dejaN seducir por la simple vuelta de la imaginería franquista. Sólo la memoria de lo que significó de hecho el fascismo para el proletariado español, mantenida en las clases populares a pesar de los esfuerzos en contra de toda la clase política del régimen, además de un cierta movilización antifascista permanente entre la juventud, han impedido, de momento, la construcción de una alternativa en España al estilo del FN francés o del Amanecer Dorado griego. No lo olvidemos: ante la descomposición creciente del régimen, o avanzamos nosotros, o avanzarán ellos.

Y, en medio de este escenario de enorme complejidad, faltan referentes y un discurso teórico a la altura de las circunstancias. Faltan ideas que vayan más allá de lo prosaico y de la pedantería de una intelectualidad acostumbrada a leerse sólo a sí misma y a no mezclarse con el populacho. Sobre todo, falta un arte de vivir, una visión profunda de para que vivir y luchar, que sobrepase las barreras del consumismo, la fuga a mundos imaginarios, y la delegación. Falta un pueblo fuerte, también en las ideas.
Así que, o los que estamos a la izquierda y desde abajo (igual da como llamemos a esa posición en la que nos reconocemos, siempre que afirme la autonomía y el empoderamiento de las clases sociales sometidas) empezamos a debatir, a escribir, a pensar, en fuerte, colectivamente y sin dogmatismos, pero en fuerte, o el futuro que nos espera será como la lluvia sobre el rostro de la luna: un despilfarro inútil e innecesario.
José Luis Carretero Miramar

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