jueves, 20 de octubre de 2016

Argentina: Infierno en San Lorenzo...Por Mariana Romero



Por Mariana Romero

(APe).- “Nuestro objetivo es que los santafesinos vivan tranquilos y en paz”, dijo la ministra Patricia Bullrich en conferencia de prensa. Es esa tranquilidad y esa paz la que llegó al Barrio San Lorenzo hace apenas unos meses, de la mano de los agentes de la Policía de Acción Táctica. Así lo había inaugurado la profecía de Brian, en el aula, cuando decía en clases: “Los nuevos policías en el barrio se hacen los malos con los pibes y los piolas con las pibas”. El vaticinio, como granada a punto de estallar, no tardó en llegar, y se materializó de la manera más hostil. A pura patada en pantorrilla y a íntegra represión, primero requisan violentamente a un pibe de 14 años y hostigan después al vecino que intenta, como con bandera blanca, manifestar su susurro de tregua.

Porque si bien la boca muda, los oídos sordos y los ojos ciegos suelen ser hoy un adiestramiento habitual, algunos no pueden cargar con solemnidad ese modus operandi. Ariel no pudo. Los golpes en las pantorrillas del adolescente le incendiaron las pupilas y las palabras. Y como borbotón, fluyeron: “No se abusen, trátenlo bien al pibe”. El enunciado cercenó la tarde en Barrio San Lorenzo y quedó suspendida en el aire.

Menos de diez palabras bastaron para que el infierno asomara. Primero fueron los gritos y luego el arma apuntada a Ariel y a su mujer Adriana, acompañados por sus nietos.

El mal sueño se disipa un par de cuadras para cobrar otra intensidad. Un policía los persigue, como acechándolos, hasta su hogar. Una vez más un arma apunta a la cabeza de Ariel y un teléfono intenta registrar la escena. Adriana recibe golpes y las patadas, que está de rodillas y que escucha como su hija embarazada grita clemencia.

Una piedra atraviesa el cielo, los vecinos se acercan, la nieta de ocho años rompe en llanto. Nada alcanza para exorcizar el terror. La policía comunitaria se suma para acrecentar la violencia. Los disparos se escuchan por doquier, las balas de goma van al encuentro de la barriada, un patrullero abre sus puertas para cobijar a la pareja y les da la bienvenida de rigor, al compás de golpes de puño: “Ahora sabemos quiénes son, los tenemos re fichados”.

Horas más tarde, el Jefe Policial de la comisaría que los albergó, con trompadas y patadas que fueron repartiendo los agentes –como practicando un deporte-, les da la despedida con un discurso aleccionador: “La próxima vez, cuando vean un procedimiento de requisa, se callan la boca y sigan adelante, como si no vieran nada”.

Porque la apacibilidad es ésa, tal como la manifiesta nuestra Ministra: “lo importante es saber a dónde vamos a llegar. Venimos preparados a trabajar en conjunto y en equipo para pelear contra el delito, los que les sacan la vida y la felicidad a tantas familias. Nuestro objetivo es que los santafesinos vivan tranquilos y en paz. Que sientan que el Estado en todos sus niveles está de su parte, es parte de la solución y no el problema”.

Son los nuevos señores del orden, los que llegaron para sumarse a la tarea de la PAT y colaborar, desperdigando con rigor, su consigna de paz. Porque ésa es la impronta que dejan las ya diversas fuerzas de seguridad en el barrio: entrar límites adentro con pancartas de "Disuasión y neutralización a partir de la presencia proactiva" y "combate del narcotráfico", para arrasar lo que encuentren a su paso. Porque, como bien se manifiesta en los objetivos, la PAT está para el "resguardo de la integridad física y la seguridad de los habitantes del barrio”, siempre y cuando los vecinos aprendan –a puro golpe en la cara, a pura patada en pantorrilla, encañonando y amenazando- que la policía está trabajando para el barrio y que el bien de la comunidad se paga con omisiones, a pura boca callada.

Por esas nobles razones es que la policía sigue hoy haciendo las advertencias a la familia cada vez que ingresan al barrio. Por esa misma causa es que montaron una guardia policial frente a su casa. Por idénticos motivos es que hace unos meses un agente de la PAT disparó a Matías Monzón un perdigón en la cara, cuando éste volvía de jugar al fútbol.

A pesar de ese ojo casi ciego y de esa boca intentando ser acallada, los vecinos se animan a seguir mirando y denunciando las maniobras de la policía en el barrio que ya se ha convertido en modus operandi. Como lo plantean los miembros del Colectivo La Antirrepresiva Santa Fe-Centro Cultural y Social Birri: “Su tarea, durante gran parte de su tiempo es detener a jóvenes, varones, precarizados, empobrecidos, que usan ropa deportiva, que viven en barrios que se visualizan como ’peligrosos’ y que encajan perfecto con su imagen de ’sospechoso’. La policía demuestra que está haciendo algo llenando formularios con números de detenciones por averiguación de identidad. Eso pide el poder político, eso hace la policía”.

No es en vano tampoco que el Municipio de Santa Fe determinó incorporar 48 cámaras y más infraestructura tecnológica en la ciudad. El poder político necesita mirar, por pantallita, el legado que deja a su paso la plácida fuerza de seguridad, en sus diferentes colmenas, en sus variados tonos y nombres. La misma mirada que instauran ciertos ciudadanos de bien en las redes sociales, aclamando más presencia policial, ensalzando las banderas de la justicia, exigiendo castigo a fuego o a sangre. Contra quienes –parece- nacieron en el lugar equivocado, porque andan como desgraciados por la calle, porque se atreven a cruzar las avenidas para irrumpir en el estado de armonía y la esfera de privilegios que –por decreto- el sistema les ha otorgado.



vía:
http://www.pelotadetrapo.org.ar/infierno-en-san-lorenzo.html

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