sábado, 15 de mayo de 2010

España : Viva Franco! ¡Arriba España! Algunos ya conocen mi teoría expuesta desde hace mucho; prácti­camente desde que murió en su cama el dictador. Lo llaman a esto democracia, pero es franquismo revisado. Jaime Richart

A fin de cuentas no fue el mismo el mismo “Movimiento” que imperó a lo largo de 30 años que el de su última década. Y a fin de cuentas también aquel Régimen se de­cía estar articulado en una democracia. Una democracia, aquélla, orgánica, pero también democracia al fin y al cabo. Había representativi­dad en las Cortes y en el Sindicato vertical. De modo que por palabras y conceptos que no falte...
  Pero en muchos aspectos lo mismo que de horrible se puede apli­car a aquella democracia orgánica, se podría decir de esta inor­gá­nica. Pues también hay otras distinciones hablándose de demo­cra­cia. Hay democracias formales y democracias reales. Así es que ¿es esta democracia española del siglo XXI una demo­cracia real  ¿ o es un revival en esencia de la democracia franquista? Ten­gamos en cuenta que el albacea de Franco fue Fraga Iribarne. Ten­gamos en cuenta que una docena de delegados del espíritu y la le­tra fran­quista en las instituciones clave del país, bastan para impri­mir a todo él el áurea del franquismo más depurado. Instituciones clave son, como es sabido, las Cortes, el gobierno y el Poder judi­cial, amén de la Administración del Estado, las Comunidades Autóno­mas, los Ayunta­mientos, etc. En todas ellas hay agazapado, por lo me­nos, un fran­quista más o menos maquillado.
  La política también o quizá más que ninguna otra cosa incluido “lo jurídico”, está imbuida de palabras que se manifiestan a la postre hueras. No es cuestión, pues de palabras, sino de hechos y de sen­saciones y de impresiones y de satisfacciones. Y poco importa que digan que estamos en democracia si, por ejemplo, en el País Vasco, o en cualquier territorio, cual­quier sospechoso de terrorismo domés­tico o internacional puede ser conducido a la trena, tortu­rado y en­carcelado, treinta y dos años después de desaparecido el sátrapa; como en el franquismo cualquier sospechoso de homo­sexualidad o de maquis o de independentista podía ser reducido a polvo en cues­tión horas. De modo que ni a mí ni a la mayoría nos importan las palabras ni las etiquetas. Ni yo ni la mayoría nos conformamos con que el Estado y las policías hayan dejado de perseguir a los homo­sexuales y hayan tolerado el divorcio exprés. Pues casi, casi, a esto es a lo que se reduce la “impresión” de democracia. Esta democra­cia sigue siendo de juguete, está en pañales y se respira en ella mu­cho más la atmósfera del tardo franquismo que la de una democra­cia in­orgánica auténtica.
  Dejemos por un momento aparte las ideologías contenidas en los partidos políticos, y veamos qué sucede en medio del ruido de sa­bles y de la algarabía nacional, y observemos hasta qué punto la causa franquista funciona como una especie de masonería (cuando era perseguida por él), o como una especie de sociedad secreta nu­trida de franquistas redomados.
  En instituciones clave del poder legislativo hay “delegados” fran­quistas solapados que unas veces acusan a la Justicia y a los fun­cionarios que la auxilian de haberse vendido al “enemigo”, y otras, cuando se ven favorecidos por sus sentencias y procesos, los mis­mos exigen respeto a la Justicia. Pero también hay cómplices en el ejecutivo que, en materias también clave, como reformas de Cons­titución y leyes fundamentales como las franquistas no dan paso al­guno para dar entrada a un poco de aire fresco a este país.
  En instituciones clave del poder judicial hay otros tantos “delega­dos”. Estos no se manifiestan demasiado claramente cuando se trata de procesos de justicia ordinaria, pero sí, y mucho, cuando se trata de la Causa General (así se llamaban las iniquidades contra los comunistas y enemigos del Régimen) contra las aspiraciones a la In­dependencia de los vascos.
  En instituciones clave de carácter territorial, para qué contar. Pre­sidencias y Alcaldías, en su mayor parte ocupadas por franquistas de tradición, reforzados por el proselitismo que hacen con sus alcal­dadas, cacicadas y hechos consumados.
  Garzón no es una víctima de un Tribunal Supremo ni de un Con­sejo del Poder Judicial democráticos. Garzón es víctima de una Jus­ticia descaradamente hija del modo franquista de valorar las cosas y la equidad.
  Por lo demás, ahí tenemos a la familia de los Franco no sólo cam­pando por sus respetos desde que murió el Gran Cabrón, sino ro­busteciendo su fortuna, reteniendo los bienes que fueron usurpados al pueblo por el engaño manifiesto del obsequio del pueblo (Pazo de Meirás), y ahí tenemos, sobre todo, a una ideología, la Falange en cualquier de sus numerosas variantes (de las JONS, Auténtica, etc) que estuvo codo con codo con el Dictador la mayor parte de su in­cautación política. Ahí tenemos, como ya he señalado, a un Fraga que fue de todo con Franco (ministro de turismo y de gobernación, entre otras cosas), paisano de otro indi­viduo de Vilalba, Rouco Va­rela, que entre ambos refrenan desde hace tres décadas todo co­nato de desarrollo de una democracia aceptable, laica, republicana y moderna. Y ¡qué decir del Bono de las filas francosocialistas que se ha negado reiteradamente a quitar del Congreso tres cuadros netamente franquistas, entre otras manifestaciones de su acendrado nacionalcatolicismo! Por lo que entre unas co­sas y otras España sigue siendo el latifundio franquista que fue, donde durante cuarenta años retum­baba en cada uno de los rinco­nes de su geografía ese ¡Viva Franco! ¡Arriba España!
  Piénselo los politólogos imparciales y las gentes bien nacidas. Seamos "francos". ¿No pa­rece que no falta mucho para volver a oír al unísono ese estentó­reo y execrable grito de los franquistas; de los franquistas por convicción, de los franquistas por condición y de los fran­quistas contaminados?
fuente, vìa:
www.kaosenlared.net/noticia/viva-franco-arriba-espana

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