jueves, 20 de mayo de 2010

Chile : La crisis mundial, las políticas del piñerismo y las tareas de la Izquierda

Una vez más las secuelas de la profunda crisis del sistema capitalista que comenzó el 2008 en el centro del Imperio con las quiebras de bancos y los desbarajustes de los mercados financieros sacude al mundo y particularmente el espacio económico denominado la Unión Europea (UE). La crisis griega es por donde se la mire una crisis del sistema capitalista y no sólo una crisis presupuestaria como lo propagandea todos los días la prensa nacional. Como consecuencia de la crisis, la UE misma está amenazada de dislocación.

El llamado plan de austeridad impuesto al pueblo griego por una Santa Alianza entre el Fondo Monetario Internacional (el gendarme capitalista) y los gobiernos conservadores y los socialdemócratas de derecha, no es solamente un castigo a los trabajadores y a los pensionados griegos, sino el anuncio de planes de “austeridad” generalizados en toda Europa … y en Latinoamérica (días antes del terremoto Piñera ya había agitado las medidas de austeridad). Detrás, moviendo los hilos e imponiendo una férrea dictadura del capital bajo la forma de capital financiero y especulativo, se encuentran los nuevos dioses adorados por la oligarquía mundial, agasajados por los gobiernos de derecha y temidos por los socialdemócratas. Estos nuevos dioses son los mercados financieros -punta de lanza y fuerza de choque del conjunto de la clase capitalista industrial, comercial y financiera- y sus sacristanes, las agencias de calificación de riesgo corruptas, Moodys, Goldman Sachs, que imponen la ley y el orden mundial.

Y los planes de austeridad de los Estados, bajo control de estos poderes mundiales, que nadie ha elegido para gobernar el planeta, comienzan a aplicarse en España (Rodríguez  Zapatero ya sucumbió), y más pronto que tarde, en Portugal, Italia e Irlanda. Son siempre las mismas medidas antipopulares, aquí y en la quebrada del ají: recortes presupuestarios en el gasto público, es decir, en salud, educación, transporte y vivienda social. Además de bajas de salarios y reducción de las pensiones de los asalariados

Las consecuencias son nefastas para los pueblos. El resultado es un deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores y una baja directa de sus salarios, ingresos y condiciones de vida. Asistimos, bajo la apariencia de democracias formales a un ataque frontal a los derechos democráticos y colectivos conquistados durante dos siglos. Vivimos el término de un tipo de Civilización que creía en el Progreso y ante la posibilidad real de la emergencia de un mundo inestable, dominado y estructurado por las fuerzas depredadoras del capital. En un contexto de hegemonía del discurso liberal individualista y consumista. Y, sin embargo y por lo mismo, la respuesta de los trabajadores, de la juventud, de los estudiantes, de las mujeres, son las movilizaciones multitudinarias para parar las ofensivas antipopulares como las que hemos visto en Grecia.

Pero otras crisis surgen, más políticas, pero también ligadas al desarrollo del capitalismo que genera conflictos aparentemente incomprensibles. Por ejemplo, hoy en Asia, más precisamente en Tailandia, una seria crisis política atraviesa al país. Hoy mismo, un movimiento de masas que desde hace décadas se enfrenta a regímenes autoritarios se mantiene de pié ante el gobierno actual apoyado por la monarquía y las elites. Levantamientos populares aplastados en la sangre del pueblo tailandés se han producido en 1973, 1976, 1992. Desde 2005, Tailandia vive una nueva crisis política, más larga y profunda que las precedentes. Cuya resolución es imprevisible. Esta vez, el período 1986-1996 significó la formación de una clase obrera de 7 millones de trabajadores y cambios estructurales importantes. Ahora, al contrario de las crisis precedentes, los campesinos, obreros urbanos, pequeños comerciantes y clases medias de Bangkok han tomado conciencia de su peso político y de la opulencia en la cual vive un puñado de ricos. El movimiento popular de los Camisas Rojas exige importantes reformas políticas democratizadoras. Mientras se escriben estas líneas, las fuerzas militares preparan una brutal represión contra los miles de manifestantes que se encuentran concentrados en el barrio Rachaprasong en el centro de Bangkok.

Y, en Chile, después del terremoto que afectara de manera casi selectiva a los trabajadores y al pueblo de las regiones damnificadas, el gobierno empresario de Piñera no sólo ha demorado la ayuda a vista y paciencia de las elites políticas binominales, sino que sus primeras medidas han sido el alza del transporte publico en Santiago y el recorte del presupuesto en áreas sociales en todo el país.

En todas las latitudes un denominador común. Las clases dominantes organizan sistemas para explotar, reprimir y descargar el peso de las crisis sobre los hombros  y los bolsillos de las grandes mayorías ciudadanas. Y en todas las latitudes también se expresa la misma voluntad y capacidad de resistencia al proyecto del capital y de las clases dominantes. En todas partes movimientos de izquierda buscan conducir los movimientos políticos ciudadanos, de trabajadores, clases medias empobrecidas y emergentes, empleados, estudiantes y mujeres. En todas partes es necesario una conducción inteligente para presentar alternativas  y salidas creíbles al capitalismo, al sistema político de dominación y sus partidos.

Por último, pese a los alardes del aparato mediático y comunicacional del piñerismo, el paquete fiscal presentado a los parlamentarios binominales es más bien un volador de luces destinado a salvaguardar las ganancias de los grandes empresarios que un plan impositivo fiscal destinado a obtener los fondos necesarios para implementar planes de reconstrucción social con la participación de las organizaciones de trabajadores, pobladores sin vivienda y organizaciones estudiantiles. Para invertir de manera significativa en salud, educación y transporte público.

Ahora bien, tanto en Europa como en Chile, la deuda pública actual o venidera y los llamados déficit presupuestarios de los Estados, así como los consiguientes recortes en el gasto público, se deben a las bajas tasas impositivas; en términos claros, al poco impuesto (y al fraude y la elusión fiscal) que pagan los ricos, las grandes empresas, las multinacionales que explotan los recursos naturales (royalties) y los bancos. Pese a que las ganancias de los ricos, los bancos y los empresarios tienden a aumentar y, los salarios de los trabajadores a disminuir. Tiene razón la izquierda europea de exigir que hay que anular la deuda y nacionalizar los bancos.

Lo mismo sucede con el mentado paquete de reformas políticas electorales de Piñera que aprovecha varias demandas incumplidas durante los 20 años de gobierno concertacionista. Se trata de una reforma insuficiente para democratizar el país, para enviar al tacho de la basura la legalidad heredada de la dictadura y refrendada por el concertacionismo. Ni siquiera propone reformar el sistema binominal para ampliar la democracia. La experiencia muestra que el sistema electoral binominal favorece el pacto y el consenso entre las dos derechas gobernantes al punto de que el único cambio "posible" es la  perversa alternancia entre concertacionismo y Alianza  piñerista, ambos fieles representantes del neoliberalismo. Por lo mismo, urge su reemplazo por un sistema proporcional que dé garantías de representación pluralista y democrática y que rompa con la lógica de la repartija binominal. Urge construir un movimiento por una Asamblea Constituyente con el apoyo del movimiento sindical y de los movimientos sociales. Es necesario que la Izquierda se reagrupe de manera autónoma e independiente del concertacionismo y luche por una ley electoral proporcional.

Pero sobre todo es imperativo reagrupar a la Izquierda, que integre e incluya tanto a aquella de cepa democrática y antineoliberal como a la de estirpe anticapitalista. Urge construir una poderosa alternativa al concertacionismo derrotado y al progresismo liberal, que ya han iniciado su rearticulación y aspiran arrastrar nuevamente a sectores de la izquierda a sus proyectos en la lógica del mal menor. La responsabilidad de la izquierda en la acción y el debate en este minuto tendrá un relevante impacto en el devenir de Chile. Debemos estar a la altura.
fuente, vìa :
http://www.g80.cl/noticias/editorial_completa.php?varbajada=8382

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