Hoy en Aysén lo que exige el pescador artesanal es también lo que
exige el campesino, lo que demanda el empleado fiscal; es también lo que
demanda el trabajador privado, lo que piden los padres de hijos en edad
universitaria es lo que piden los padres de hijos enfermos.
En los últimos días, como ocurrió hace meses con la erupción del
volcán Hudson y anteriormente con la aprobación de HidroAysén por parte
del gobierno, nuevamente este trozo de Patagonia, Aysén, recibe la
atención de Chile.
Nuestro lema es “aysenino, tu problema es mi problema”, que trae
aparejada una condición que hemos ido perdiendo en esta sociedad del
individualismo y del sálvese quién pueda. Eso que sólo recordamos para
la Teletón, la cual, para ser francos, no apunta al tema de fondo,
estructural y que se refiere a la forma en que como colectivo (con su
principal institución, el Estado) nos hacemos cargo de los temas
comunes. Hoy en Aysén lo que exige el pescador artesanal es también lo
que exige el campesino, lo que demanda el empleado fiscal; es también lo
que demanda el trabajador privado, lo que piden los padres de hijos en
edad universitaria es lo que piden los padres de hijos enfermos. Lo que
reclaman los sindicatos también es lo que reclamamos quienes creemos que
las represas no son sólo un mal negocio para Aysén, sino que además,
atentan contra el tipo de región sustentable que anhelamos e hipotecan
el futuro de nuestra gente al acaparar el agua que corre por los valles
patagónicos. Y así podría estar toda la noche enumerando, pero no tengo
tiempo, ganas ni pila (ruego no recurrir al facilismo ése de “entonces,
necesitamos energía”, porque las alternativas a las represas y
termoeléctricas están bastante explicadas ya). Porque todos vivimos en
este barco que se llama Aysén, todos estamos levantados por temas
estructurales, por cierto, pero también por los que aquejan a nuestros
coterráneos. Y, también, porque en muchos casos complican a otras varias
regiones del país.
El segundo motivo, es que Aysén no está pidiendo sólo más lucas en
la mesa o más beneficios materiales. Uno de los puntos, particularmente
el que compete al movimiento ciudadano Patagonia sin Represas, es
participación ciudadana vinculante para decidir regionalmente sobre todo
tipo de mega proyectos, en especial sobre los de Energía Austral e
HidroAysén, porque el viciado sistema de Evaluación de Impacto Ambiental
ya no dio el ancho. Eso es pedir democracia, eso es pedir legitimidad,
eso es pedir dignidad, eso es algo que no tiene precio y, por tanto, no
es afán de mercado. Extraño concepto éste, preocuparse por lo no
económico, que ya creíamos desaparecido. Aunque en realidad no está
desaparecido, está escondido por el Chile oficial, porque comunidades en
todo Chile lo vienen planteando por años. Y hay un mensaje aún más
hermoso en esta demanda… Es decir que queremos que Aysén sea declarado
reserva de vida. Mi privada aspiración es que todo rincón de Chile pueda
tener tal esperanzadora calificación.
Todo lo anterior me permite señalar, con conocimiento de causa, que
el Movimiento Social por la Región de Aysén no debe ser visto sólo como
una revuelta por y para los ayseninos. Tiene mucho del país que queremos
construir, donde se consideren las particularidades de cada ciudadano,
de cada territorio. Nuestro tema es la verdadera descentralización, la
verdadera equidad, el verdadero respeto, todo lo cual en el mercado no
se puede transar.
Los habitantes de Aysén no queremos cercar con alambres de púas la
región para que no llegue nadie más. Queremos ser un aporte para Chile y
para el mundo, con lo que somos, con los bienes comunes presentes en
este vasto y hermoso territorio, pero no queremos morir en el intento.
No queremos que se siga sacrificando a nuestra gente, nuestra calidad de
vida, para subsidiar las siderales utilidades de las grandes industrias
y las corporaciones, particularmente de las eléctricas y las mineras en
el caso de las represas. Es el mismo grito del Chile que exigió
terminar con cientos de miles de familias que se inmolan día a día para
educar a sus hijos, proceso en el cual de paso engrosan las usureras
ganancias de las universidades y de los bancos. ¿Es tal un país justo?
Aysén no es ni será un botín ni una despensa. Así como tampoco lo
deben seguir siendo los territorios y comunidades a lo largo de Chile.
Hoy puede ser la oportunidad, al comprender que luchamos por la
dignidad de Aysén, pero también de todos nuestros compatriotas, que
juntos podríamos expresar con convicción y orgullo, y como ejemplo ético
para nuestros hijos, “chileno y chilena, tu problema es mi problema”.
O, mejor aún, “hermano y hermana, tu problema es mi problema”, que el
pudor a tratarnos fraternalmente es algo que también sería éste un buen
momento para comenzar a erradicar.
Vìa:
http://www.kaosenlared.net/america-latina/item/8304-chile-tu-problema-es-mi-problema.html
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