sábado, 13 de marzo de 2010

Catástrofe en Chile

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Constitución

Constitución, una ciudad costera con cerca de 50.000 habitantes, ubicada a 360 Km. al sur de Santiago, presenta alrededor de un 80% de la ciudad plana fuera de la costa destruida, y casi un 100% del hábitat de la línea costera destrozado.

Según los datos del gobierno al 3 de marzo, el porcentaje más alto de muertes en proporción al tamaño de la ciudad pertenece a la ciudad de Constitución. Sin duda es el epicentro de la tragedia.

Puede ser Irak, o los territorios palestinos y no hay pistas claras que pudieran ser las ruinas de un terremoto en Chile y así es. El sol pegaba fuerte esa tarde a las 4 de la tarde del viernes 5 en la ciudad más golpeada por el desastre.

Bonnie Flores camina cabizbaja lentamente por la calle O'higgins de Constitución con su cara cubierta por una máscara como si estuviera en profunda meditación.

Frente a la interminable masa de escombros que la rodea, con su cabeza enfrascada en un gorro de los New York Yankees corta una imagen de cualquier ciudad bombardeada por la guerra.

Bonnie tiene 46 años, es alta, de contextura mediana, trigueña y trabaja en una pesquera local. Está con los sus párpados inflamados de tanto llorar, aunque se ve serena y entera.

“Fue como si el mundo se viniera abajo. Uno sintió el ruido, y de inmediato se vio a la gente correr con desesperación porque todo se destruía. Lo que más conmovía era ver a los ancianos arrastrándose hacia los cerros. El mar golpeó en la ribera y se derramó hacia la ciudad como si fuera una ola de petróleo negro y fangoso. Yo pensé que duraba cinco minutos.”

Bonnie caminaba sola por calles derrumbadas y con historia. No estaba haciendo turismo terremoto, botaba su congoja mirando lo que no podía creer, Constitución destruida.

“No hay nada que hacer para volverla a ver cómo era. Una que ha nacido y crecido aquí, he viajado y no cambio mi pueblo por nada. Uno toma conciencia de lo que puede hacer la naturaleza, y tratar de cuidar la tierra porque pienso que esto es como un castigo por no cuidar la tierra”.

Constitución está escondida y aislada con ese nombre tan emblemático.

“Aquí las autoridades de Santiago se dieron cuenta de la magnitud de lo que había pasado aquí como a las 11 de la mañana del sábado. Se dedicaron primero a Concepción, después nos tomaron en serio”.

Los medios al centrarse en Concepción la dejaron fuera del radar. Le pregunto si es así.

“El gobierno se fija en las ciudades grandes y nosotros en los pueblos chicos somos los más jodidos porque nuestra economía es pobre. Por Concepción no se vio lo de Constitución. Acá se cayó casi todo. Pensé que se acababa el mundo, (comienza a sollozar). Lo único a que atiné fue a suplicar y pedir perdón por los pecados, y pedirle a Dios parar esto por el amor a los niños, que ellos no tienen culpa, no se dan cuenta, y solo ven que los adultos lloran.”

Como ha estado la gente…

“He visto mucho odio, mucho egoísmo, cada persona cuida su metro cuadrado, y es lo que más duele”.

En Bonnie hay una tristeza por la conducta humana.

“El egoísmo nos está destruyendo. Como mujer, sería cínica en no reconocer que nos mandaron este remezón para que tomáramos conciencia de que estamos mal, muy mal.

Agradece a Dios que los militares y los carabineros cuiden una ciudad destruida y triste.

“Estos militares se han portado super bien, me saco el sombrero, han patrullado toda la noche, Llegaron el mismo día del terremoto el sábado por la tarde y los veo tan niñitos. Cuando se escucharon los ruidos fuertes desde el mar, los carabineros empezaron a gritar por las calles con parlantes a grito pelado que se venía un maremoto. Si no hubieran sido por ellos habrían muerto más personas. Sería una pecadora sino dijera que ellos y las autoridades hicieron todo lo posible para salvarnos”.

Entonces intuyeron que venía el maremoto.

“Yo soy hija de pescador, y sabemos desde niños que cuando a uno le tiemblan las piernas en un temblor puede ser Tsunami. Los carabineros se dieron cuenta porque muchos tienen esa educación”.

La ayuda ha sido lenta…

“Da un poco de rabia la poca ayuda que está llegando. Ahí mismo en el estero, fuimos a lavar ropa, y vimos tanta gente en la carretera pidiendo comida”.

El terremoto y un fulgor de igualdad.

“Al final entre el rico y el pobre estamos a la par. Ahora como dice “Diosito”, somos todos igualitos. Porque el rico también tiene que buscar agua, sobrevivir. Ayer fui a lavar en un estero y vi gente rica bañándose. Llevamos cuatro días sin los aseos personales porque nadie se preocupaba de bañarse por si venía otro golpe más fuerte”.

Se dice que mucha gente murió del maremoto en la isla Orrego. Bajo los escombros quizás haya todavía desaparecidos.

“Ojalá que no, ojalá que no”.

En la isla se murió mucha gente. Cuando venían en bote se ahogaron.

“Hay un testimonio de Luis Gatica. Tiene una historia desgarradora porque perdió a su esposa, y a su hija de dos años que no la alcanzó a salvar con la última ola. Trabaja en el hospital, día y noche, y no ha parado desde que pasó esto. Ha trabajado tanto que no sé qué le pasará cuando pare de trabajar. Pido a Dios que le de las fuerzas para que siga a adelante. Tiene como 30 años”.

La gente fallecida sin identificación fue ubicada en el gimnasio y está siendo entregada a sus familiares. El acceso está interrumpido, y los cientos de personas fotografiando los escombros de Constitución guardan sus cámaras. Allí se acaba el “turismo terremoto”.

“Ha sido como un bombardeo y da la impresión de una ciudad invadida como en las películas. Pero es real. Uno se siente vigilado y da pena. No se puede salir con la facilidad de antes y recorrer libremente por los derrumbes y otros peligros. Por eso camino en mi vieja ciudad, porque creo verla como era”.

Esa fue la última reflexión de Bonnie Flores.

Después, “Rufián” el apodo de un oficial de excelente disposición a cargo de un enorme helicóptero de transporte del Ejército de Chile, nos invita a sobrevolar y ver la extensión del desastre en toda su dimensión. Consuelo Solar de Bío Bío La Radio, y dos periodistas de CNN Internacional están en la nave.

Al salir de Constitución cerca de la noche, le pregunto a Guillermo del Pedregal un guionista que me acompaña sobre el extraño olor en el auto. Me dice que la sensación del hedor impregnado de tanta masa de cuerpo humano puede desaparecer en 12 meses según un auxiliar.

La serenidad y el aguante de su gente animan a creer que esta tragedia se terminará pronto, llevándose el hedor.

El 11 de marzo asumía el gobierno por cuatro años Sebastián Piñera.

Ganó la elección con un 3.2 % de ventaja representando una coalición de derecha tradicional y neoconservadurismo criollo, sobre la coalición de centro izquierda que deja el gobierno después de un record histórico en Chile de 20 años. Nunca una coalición había gobernado por cuatro lustros seguidos.

Paradójicamente, sale del poder con una presidenta que termina su mandato con más del 80 % de popularidad, medida por una encuesta de una empresa de derecha.

Por Constitución papel, Michelle Bachelet no puede ser reelegida, seguramente habría continuado por otros cuatro años. Su compostura y manejo de la emergencia ha sido impecable dentro de la precariedad del país.

Esta contradicción quizás no está en la cabeza de Bonnie Flores. El sistema capitalista que mantiene Chile no se reformará en estos cuatro por este cambio en el poder. Menos Constitución ciudad.

El nuevo presidente ha anunciado un plan de reconstrucción de las zonas afectadas. Un periodista de Los Angeles Times que me entrevistó me pregunta si este plan de reconstrucción no será la oportunidad para Piñera de entregarle la tarea al sector privado, más que al Estado.

Una pregunta muy penetrante, porque hace pensar que frente al drama humano y la necesidad económica urgente, el terremoto crea el gran espacio para reintroducir una agenda privatizadora más agresiva que permaneció contenida durante los 20 años de centro izquierda.

fuente, vìa, tomado de:

http://www.argenpress.info/2010/03/catastrofe-en-chile.html

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