Los publicistas tienen
un trabajo difícil. Tienen que promover algo para que se considere
atractivo, convertirlo en un producto exitoso y se adquiera. El producto
puede ser un objeto material de cualquier índole, pero puede ser
también una idea o una versión de algo o sobre algo. En cualquier caso,
el objetivo es cambiar la percepción de la gente para que compre algo y
hacer que ese producto sea exitoso comercialmente y genere mayores
ingresos a la(s) empresa(s) que lo comercializan, o bien hacer que la
gente cambie de opinión acerca de algo o alguien con el objeto de que
modifiquen su conducta para que beneficien a alguien o a algún grupo en
particular. Los publicistas, pues, tienen un trabajo difícil, dado que
requieren ser muy creativos para encontrar cualidades a productos que no
las tienen y/o mostrar que el que promueven es mejor que otros que
están en el mercado y señalar por qué el que publicitan debe ser
favorecido por encima de los demás. Por otro lado, si desean promover
una idea, una persona o un grupo, tienen que manipular la palabra de tal
forma que con un brevísimo mensaje el público hacia quien está dirigido
llegue a estar en consonancia con lo dicho. En ambos casos, vender
algún producto, o vender una idea, la verdad no es necesariamente parte
de la estrategia publicitaria; se trata de buscar la forma de estar
cerca de la verdad y determinar que tan lejos de ella se puede llegar
sin que se detecte que lo que se está diciendo deje de ser considerado
verdadero. En otras palabras, el publicista tiene que determinar hasta
qué punto una mentira logra considerarse una verdad. Cabe señalar que
esta industria sin chimeneas ha generado miles de millones de pesos a
costa de cientos de miles de ciudadanos que son poco analíticos y que
desean creer en una gran cantidad de productos y objetos frecuentemente
inútiles y que por lo general carecen de las propiedades que les
adjudica la publicidad. El ejemplo más patente de esto, desde luego, son
los productos milagro. Asimismo, a lo largo de la historia, los
expertos en asuntos publicitarios han tenido a bien impulsar ideas para
que ocupen espacios en la mente de la gente o personas para que ocupen
puestos de gobierno. La más de veces esto ha resultado catastrófico para
las mismas personas a quienes van dirigidas las campañas publicitarias.
En pocas palabras, los publicistas logran inducir una especie de
Existen muchísimos ejemplos de todo esto, pero por límite de espacio
me enfocaré en dos. El primero son los suplementos alimenticios. Son
sustancias generalmente tomadas por vía oral para aumentar la ingesta de
vitaminas, minerales, grasas, aminoácidos u otras sustancias naturales,
con objeto de mantener o mejorar nuestra salud o estado general de
bienestar. Hoy día las ventas de esos productos alcanzan millones de
pesos y la publicidad al respecto es inmensa. No existe, desde luego,
ninguna evidencia de que esos productos produzcan algún beneficio. No
todos los suplementos son iguales y algunos pueden ser útiles para
enfrentarse a alguna condición particular, pero en general tienen más
riesgos que beneficios. Los riesgos pueden estar relacionados con las
propiedades inherentes del suplemento; puede estar contaminado con
metales pesados, por ejemplo, o adulterado con drogas sintéticas. Pero
lo más seguro es que tienen muchos efectos adversos, debido a que no hay
investigación científica que los respalde y sólo hay una grandísima
dosis de publicidad que contiene medias verdades y muchas mentiras. En
el caso de los suplementos alimenticios los publicistas pueden alejarse
mucho de la verdad, porque hay algo de lógica en el mensaje; las
vitaminas a veces son útiles. Y, efectivamente, lo son si las necesitas y
si sabes cuál es la que te hace falta en algún momento de tu vida. Pero
si la tomas porque te sientes casado (como todos lo estamos en algún
periodo), lo único que pasa es que se adelgaza tu cartera, engorda la de
otro y las vitaminas van a dar al drenaje, pues lo eliminarás todo por
la orina tan pronto como la tomes.suicidiocolectivo. Desde luego, siempre se logran beneficios para unos cuantos.
El segundo ejemplo que quiero señalar tiene que ver con las
campañas presidenciales. Allí los publicistas expertos en campañas
tienen que usar toda su imaginación para mentir, como ocurrió en 2006
con el
AMLO es un peligro para México. Nadie se puso a analizar por qué y para quién era un peligro. Simplemente se coló la idea. Hubo un buen publicista, pero sin ninguna ética, y eso a nadie le importó.
En esta versión 2012 de las elecciones en México ya se iniciaron
manifestaciones con sesgos denigrantes. Un ejemplo, no sé si por
recomendación de un publicista o motu proprio, la candidata del
PAN señaló que el gabinete de AMLO suma mil 500 años, pretendiendo
descalificar, intentando promover la idea de que tener más años es
incapacitante para ejercer un puesto en gobierno. Cabe señalar que la
edad no es factor determinante para evaluar capacidad en puestos de
responsabilidad. Yo más bien preguntaría: ¿quiénes formarían su gabinete
y por qué no lo revela ahora? No necesita contestar, ya lo sabemos: no
puede, porque tiene que esperar y ganar las elecciones para dar los
nombramientos, pagando favores otorgados durante la campaña. Pagando
favores no se gobierna para el país, se gobierna para intereses
particulares. El Partido Revolucionario Institucional está en las
mismas. ¿Qué no sería más útil elevar el nivel del discurso? Los
ciudadanos lo apreciaríamos más.
Vìa,fuente :
http://www.jornada.unam.mx/2012/03/06/opinion/018a1pol
http://www.jornada.unam.mx/2012/03/06/opinion/018a1pol



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