martes, 14 de marzo de 2017

Estados Unidos: ¿Resist? ¡Resist! ¿Por qués y cómos? Immanuel Wallerstein




Desde tiempo inmemorial, las personas que se sienten oprimidas y/o ignoradas por los poderosos han resistido a quienes detentan la autoridad. Tal resistencia con frecuencia cambió las cosas, pero sólo a veces. Que uno considere la causa de quienes resisten algo virtuoso depende de nuestros valores y prioridades.

En Estados Unidos, a lo largo del pasado medio siglo, emergió una resistencia latente a aquello que se consideró una opresión por parte de élites que promulgaron cambios en prácticas sociales que ofendían a ciertos grupos religiosos y que ignoraban a poblaciones rurales y a personas cuyos estándares de vida estaban en decadencia. Al principio, la resistencia tomó el sendero de una retirada del involucramiento social. Luego tomó una forma más política, para finalmente asumir el nombre de Tea Party (Partido del Té).

El Tea Party comenzó a tener algunos logros electorales. Pero estaba disperso y carecía de una estrategia clara. Donald Trump vio el problema y la oportunidad. Se ofreció como un líder unificador de su populismo de derecha y catapultó el movimiento hacia el poder político.

Lo que Trump entendió es que no había conflicto entre encabezar un movimiento contra el llamado establishment y buscar el poder por la vía del Partido Republicano. Al contrario, la única forma en que podía conseguir sus maleficentes objetivos era combinar ambas cuestiones.

El hecho de haberlo logrado en la potencia militar más fuerte del mundo le dio ánimo a grupos con mentalidad semejante por todo el mundo, que siguieron senderos semejantes con un creciente número de adherentes.

El éxito de Trump sigue sin ser entendido por la mayoría de líderes de ambos partidos estadunidenses dominantes que buscan señales de que asuma lo que ellos llaman ser presidencial. Es decir, quieren que abandone su papel de líder de un movimiento y se confine a sí mismo a ser el presidente y el líder de un partido político.

Están entonces al pendiente de cualquier pequeña señal de que hará esto. Cuando suaviza su retórica por un momento (como lo hizo el 28 de febrero en su discurso ante el Congreso), ellos no entienden que esto es precisamente la táctica engañosa del líder de un movimiento. Por el contrario, se animan y se esperanzan. Pero él nunca renunciará a su papel de líder de un movimiento porque en el momento en que haga esto perdería poder real.

El año pasado, enfrentados con la realidad del triunfo de Trump, un contra-movimiento emergió en Estados Unidos (y en otras partes) que ha asumido el nombre de Resist. Los participantes entendieron que lo único que posiblemente contenga y eventualmente derrote al trumpismo es un movimiento social que reivindique valores diferentes y prioridades diferentes. Esto es el por qué de Resist. Lo que es más difícil es el cómo de Resist.

El movimiento Resist ha crecido con notable rapidez hacia algo a veces tan impresionante que la prensa de corriente dominante ha comenzado a informar de su existencia. Esta es la razón por la que Trump constantemente verbaliza ataques contra la prensa. La publicidad nutre un movimiento, y él hace lo que puede por aplastar al contra-movimiento.


El problema con Resist es que todavía está en la etapa en que sus muchas actividades están dispersas y sin una clara estrategia o por lo menos no una estrategia que hayan adoptado todavía. Ni hay una figura unificadora que sea capaz en este punto de hacer lo que Trump hizo con el Tea Party.

Resist se ha involucrado en varias diferentes acciones. Han sostenido marchas, han desafiado a los congresistas locales en sus reuniones públicas, han creado santuarios para personas amenazadas con expulsiones ordenadas por el Estado, han interferido con las instalaciones de transporte, han publicado denuncias, firmado peticiones y creado colectividades locales que se juntan para estudiar y decidir sobre acciones locales ulteriores. Resist ha sido capaz de volver a personas ordinarias, militantes por primera vez en su vida.

No obstante, Resist tiene algunos cuantos peligros enfrente. Más y más participantes serán arrestados y encarcelados. Ser un militante es extenuante y después de un rato mucha gente se cansa. Y necesita logros, pequeños o grandes, para mantener el espíritu. Nadie puede garantizar que Resist no se desvanecerá. Al Partido del Té le llevó décadas para llegar hasta donde está ahora. A Resist puede llevarle igual de tiempo.

Como movimiento lo que necesita Resist es tener en mente el hecho de que estamos en medio de una transición histórica estructural del mundo-sistema capitalista en que hemos vivido por unos 500 años a uno de dos sistemas sucesores –un sistema no capitalista que conserve los peores rasgos del capitalismo (jerarquía, explotación y polarización), y su opuesto, un sistema que sea relativamente democrático e igualitario. Yo digo que esta lucha es una entre el espíritu de Davos y el espíritu de Porto Alegre.

Estamos viviendo en la situación caótica y confusa de la transición. Esto tiene dos implicaciones para nuestra estrategia colectiva. En el corto plazo (digamos hasta tres años) debemos recordar que todos vivimos en el corto plazo. Todos deseamos sobrevivir. Todos necesitamos alimentos y refugio. Cualquier movimiento que confía en florecer debe ayudar a la gente respaldando cualquier cosa que minimice las penurias de quienes están sufriendo.

Pero en el mediano plazo (digamos 20-40 años) minimizar las penurias no cambia nada. Necesitamos concentrarnos en nuestra lucha contra aquellos que representan el espíritu de Davos. No hay acuerdo de compromiso. No hay una versión reformada del capitalismo que puede construirse.

Así que el cómo de Resist queda claro. Necesitamos colectivamente mayor claridad acerca de lo que está ocurriendo, más opciones morales decisivas y más estrategias políticas sagaces. Esto no llega automáticamente. Tenemos que construir la combinación. Sabemos que otro mundo es posible, sí, pero también tenemos que estar conscientes de que no es inevitable.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein


vía:
http://www.jornada.unam.mx/2017/03/11/opinion/022a1mun

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