Inflación y
despojo
La euforia kirchnerista se reforzó con
la noticia de un superávit de las cuentas fiscales en mayo, después de
varios meses en “rojo”. ¿Cómo se revirtió el resultado? Más de la mitad
del aumento en la recaudación proviene de la inflación, que habría
superado el 30% durante el último año. Como los aumentos salariales a
los estatales y los gastos sociales sólo alcanzaron la mitad de ese
porcentaje, el Tesoro se embolsó la diferencia. Pero la confiscación del
salario, ligada a la carestía, abarca a todos los trabajadores. Los
impuestos al consumo crecen con la inflación, que ha doblegado también a
los salarios privados. Esta apropiación de recursos fiscales a costa
del salario alcanzaría, en 2010, los 8.000 millones de dólares, o sea el
13% de la masa salarial anual de la Argentina. De todos modos, la
estimación no toma en cuenta la apropiación de recursos de la Anses, a
la que el Estado nacional ya “empapeló” con 30.000 millones de dólares
en bonos. Para sostener esa hipoteca, así como la financiación (barata) a
los capitalistas, la Anses mantiene al 75% de los jubilados con un
haber mínimo que no cubre la mitad de la canasta de pobreza.
En
la tribuna, la presidenta suele castigar a los gobiernos europeos por
las “políticas de ajuste”, pero se vale de la inflación para someter a
la clase obrera argentina a una confiscación similar en beneficio de la
“burguesía nacional” y de los banqueros.
Desde
el norte
Con estos números, se entienden los
elogios al gobierno por parte del ex presidente Bill Clinton, un vocero
oficioso de Obama. Invitado por los empresarios “K”, Clinton calificó de
“injustas” las visiones de las calificadoras de riesgo sobre Argentina
–atendiendo seguramente a los esfuerzos oficiales por pagar la deuda.
Frente a los reclamos de la UIA por la escalada obrera por el salario,
que partió de las huelgas y piquetes de las plantas cordobesas, los
Kirchner acaban de hacerle un aporte fundamental a los empresarios.
Junto a la burocracia de UPCN, le impusieron a los estatales un 21% de
aumento, muy por debajo de la actual agenda de reclamos obreros. En la
misma línea se movió el kirchnerista Moyano respecto de los camioneros.
De inmediato, la Unión Industrial saludó la “moderación” oficial para
con los estatales y frenó, por ahora, los fragotes contra los K. Según
informa la prensa, una reunión patronal convocada para debatir
pronunciamientos críticos contra el gobierno terminó en un fracaso.
“Nadie está con ánimo de pelearse con el gobierno (...)”, en vista de
que “algunas empresas están haciendo excelentes negocios” y con “la
certeza de que la oposición no está en condiciones de enfrentarse a los
Kirchner” (Ambito, 8/6). Aludían, entre otros negocios, a la
prolongación de los contratos petroleros en el sur y al desarrollo del
biodiesel en el NOA, donde los subsidios estatales le asegurarán una
colocación rentable a la producción de caña de Ledesma y Seabord. Si a
ello se suman los créditos baratos a costa de la Anses o el Banco
Central, a la clase capitalista no le restan motivos para encontrar
“señales favorables”.
Precariedad
Pero
la alegría oficial por el aumento de la recaudación tenía otros
destinatarios. Los Kirchner esperan mejorar el resultado del canje de la
deuda en default, que apenas superó el 50% de adhesión de los usureros a
pesar de haberles garantizado beneficios del 100%. En medio de la
hecatombe europea y de la caída de los títulos argentinos, también quedó
comprometida la posibilidad de acceder a nuevos préstamos después del
canje. Así, el gobierno se ha cargado nuevos vencimientos de deuda –los
del canje– sin contar con recursos adicionales para bancarlos. Si los
Kirchner quieren “volver a los mercados”, incluso para refinanciar los
próximos vencimientos de deuda, sólo podrían hacerlo a tasas usurarias.
El
crédito de los capitalistas hacia el gobierno –forjado a costa de una
inmensa transferencia de riqueza social contra los trabajadores– es, en
estas condiciones, provisorio. Lo demuestra la persistente fuga de
capitales, que los Kirchner quieren frenar con reglamentaciones a la
compra de dólares. La inflación local, que engordó la caja del Estado y
la de los capitalistas, comienza a entrar en abierto choque con las
tendencias devaluatorias del euro y el real, que exponen a la burguesía
argentina a la competencia internacional. El reclamo de una devaluación
–que comienza a ganar terreno– plantea, otra vez, un resarcimiento de
los capitalistas a costa de una desvalorización del salario. Para eso,
las patronales esperan comprometer a Kirchner y Moyano para “evitar que
se reabran las paritarias” (Cronista, 7/6). Como se ve, el futuro del
matrimonio oficial está condicionado a su capacidad de timonear la
crisis a cuenta de los capitalistas. Pero en vistas del agravamiento de
la crisis, éstos le exigen a los Kirchner nuevas y mayores definiciones
políticas. En las vísperas del canje, el gobierno le dio la luz verde a
la Justicia contra la asamblea de Gualeguaychú.
La
inoperancia opositora deviene, en última instancia, de que carece de
una orientación social diferente a quienes gobiernan. Pero esa
orientación empuja, inevitablemente, a luchas cada vez más agudas y a
crisis políticas.
La clase obrera ingresa en
esta etapa reforzada por la fuerte reacción desarrollada contra el
despojo al salario, que se expresa en los más importantes gremios
industriales. Como ocurre en todo el mundo, también en Argentina las
próximas páginas de la crisis mundial tendrán a los trabajadores como
protagonistas.
fuente, vìa :
http://www.argenpress.info/2010/06/excelentes-negocios.html

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