domingo, 23 de abril de 2017

El Imperio: OEA, instrumento de intervención



La OEA se ha presentado desde su constitución como un instrumento para la paz, seguridad, democracia y promoción de los derechos humanos en la región.

Pero la historia demuestra un accionar de la organización completamente distinto, al punto que algunos llegaron a considerarla “el Ministerio de las colonias”.

La Organización de Estados Americanos (OEA) más bien ha servido de instrumento para legalizar el proyecto estadounidense inmerso en la Doctrina Monroe, la “América para los Americanos”.
Uno de los primeros instrumentos aprobados por la organización en 1948 fue una “Resolución sobre la Preservación y Defensa de la Democracia en las Américas”, lo que realmente significaba perseguir a todo gobierno que pareciera de ideas comunistas o realmente de política independiente.

Ese mismo año se desarrollaron hechos que claramente violaban los principios que la propia organización decía defender. En Colombia se desarrollaba una represión brutal contra la población, en la Guyana Británica las fuerzas coloniales emprendieron una brutal represión contra el pueblo manifestaba por su independencia y en Colombia y Venezuela se dieron golpes de Estado, sin embargo, la OEA nunca se pronunció contra estos crímenes.

En los años 50, la OEA aprueba una resolución sobre “El fortalecimiento de la seguridad interior de los Estados del hemisferio occidental” que permitió el despliegue de centenares de asesores militares estadounidenses en toda la región –y a su vez formaron a militares en acciones represivas contra las poblaciones. Pero la OEA no advirtió ni manifestó preocupación alguna por ello.

En 1954, la OEA, junto a la Casa Blanca, organizó la llamada “Operación Éxito” en Guatemala. Esta logró derrocar el gobierno democrático, popular y nacionalista de Jacobo Arbenz y sustituirlo por otro gobierno servil a Estados Unidos, que, a su vez, instauró una represión brutal contra la población civil acabando con la vida de miles de guatemaltecos.

En los años 60, la OEA seguía respaldando y callando golpes de Estado y despliegues de escuadrones para neutralizar a las poblaciones civiles, pero a la vez expulsaba a Cuba, por directrices de la Casa Blanca, y apoyó el bloqueo naval contra Cuba por parte de la Armada de EE.UU.

Paralelo a ello Estados Unidos, a través de la Escuela de las Américas, formó a más de 100.000 militares, que, a su vez, se formaban como escuadrones de la muerte que cumplieron labores de neutralización de toda lucha antisubversiva. Pero la OEA jamás condenó ninguno de estos hechos al igual que tampoco condenó las políticas violatorias de los derechos humanos y de las soberanías nacionales violentadas por Estados Unidos en la región durante los 70, 80 y 90.

El mismo 11 de septiembre de 2001, EE.UU., valiéndose de la conmoción internacional por los atentados en las Torres Gemelas, logró la aprobación de la Carta Democrática Interamericana.

La Carta Democrática se activa cuando se rompe el hilo constitucional en un país del sistema interamericano y las 2/3 partes de los Estados miembros de la OEA acuerdan la suspensión temporal del Estado miembro en el ejercicio de su derecho de participación en la OEA. Tal potestad, tanto de convocatoria como de aprobación, es exclusiva de los Estados miembros y a la vez excluye de esa potestad al secretario de la OEA.

Desde que en la región latinoamericana han surgido procesos gubernamentales de reivindicaciones de los derechos inalienables de los pueblos, la OEA ha cambiado su papel de ser la defensora de los gobiernos al papel de acusadora. El Gobierno venezolano no ha estado exento de estos ataques en los que además se han plegado otros cuerpos que antes ni conocían sobre Venezuela, la Comisión Interamericana de DD.HH y la Corte, todas estas financiadas con el dinero de la USAID, la NED y otros financistas europeos.

La OEA se encuentra atrapada por la historia y sigue empuñando sus baterías contra los pueblos de la región, ahora bien, en esta oportunidad la vocería la asume un nuevo esbirro de los intereses de Estados Unidos que ostenta la Secretaría General de la OEA.

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