

São Paulo, Brasil. La salud va
mal. Como una enfermedad autoinmune, el sistema repele a los
responsables del buen funcionamiento de sus órganos. El país posee
actualmente un déficit de 54 mil médicos, de acuerdo con datos del
gobierno, y el problema es especialmente grave en las regiones
marginadas, lejanas de las grandes ciudades. Los municipios muchas veces
no tienen ningún médico que viva en las cercanías.
La precariedad se extiende como una
metástasis en las grandes ciudades. Largas filas se forman diariamente y
los pacientes esperan en el piso de los pasillos por atención o camas
adecuadas. El Ministerio de Salud informa que el promedio de
profesionales en el país es 1.8 médicos para cada mil habitantes,
mientras el mismo promedio es de 2.4 en México, 3.2 en Argentina y seis
en Cuba. Para disminuir este déficit, el gobierno federal hizo dos
propuestas: la primera, traer médicos extranjeros para trabajar en las
zonas más marginadas; la segunda, establecer como obligatorio el
servicio social de dos años para que los nuevos médicos puedan recibir
sus diplomas. Ambas propuestas encontraron baja aceptación en el sector
médico.
Una de las quejas más comunes en los
hospitales de São Paulo se refiere a la atención básica. Rosa Maria
Rodrigues, administradora de empresas de 56 años, relata una decena de
episodios de abandono profesional. “Creo que aquí no faltan médicos”,
afirma, “¿sabe qué falta? Enfermeros, personas con la capacidad de
darnos atención”.
Los esfuerzos del gobierno, por otro
lado, provocan reacciones adversas. “El médico es otro enfermo”, dice
Marjorie Arruda, estudiante del último período de medicina de la
Facultad de Ciencias Médicas de la Santa Casa de São Paulo, y presidenta
de la organización estudiantil del curso, en entrevista con Desinformémonos.
Se quejan de remuneración inadecuada, retrasos en los pagos, malas
condiciones de trabajo, insuficientes vacantes en los cursos de
residencia y ausencia de un plan de carrera.
Los pacientes se quejan todavía más,
cuando tienen condiciones para hacerlo. Les falta infraestructura
básica, como aparatos – que muchas veces son muy antiguos o inexistentes
-, instrumentos para el trabajo de médicos y enfermeros, camas y
vacantes en los hospitales.
Examen complicado
Las organizaciones médicas rápidamente
se mostraron contrarias a la llegada de colegas extranjeros, y se
realizan protestas en diversos estados brasileños, con paros y huelgas
en hospitales de varias ciudades. El sector de médicos argumenta que la
admisión de estos profesionales, propuesta por el gobierno de Dilma
Rouseff, es un acto “irresponsable”, ya que los candidatos no estarían
sometidos a las evaluaciones de revalidación del título adquirido en
otro país, y tampoco se les exigirá hablar de manera fluida el
portugués.
El Consejo Federal de Medicina (CFM)
presentó al gobierno propuestas de cambios e inversión en
infraestructura, así como la creación de un plan de carrera en el
sistema público que se asemeja a las carreras del poder judicial.
Fuera de las organizaciones oficiales,
pocos desvinculados del movimiento quisieron hablar y, cuando lo
hicieron, evitaron involucrar sus nombres. Una clínica comunitaria, que
ofrece servicios de alta calidad y bajo costo en una de las regiones
marginadas de São Paulo, no se quiso pronunciar debido a la “coyuntura
delicada”. La visita a hospitales fue realizada extraoficialmente, sin
contacto con asesorías de prensa, lo que limitó el acceso a la
circulación y la declaración de los profesionales en general – de
médicos a personal de seguridad.
En las salas de espera, los testimonios
fueron abundantes. En uno de los hospitales visitados en el centro de la
ciudad, a las 19:30 horas de un martes, la fila era grande en la
entrada de urgencias. Pacientes y familiares dijeron que esperan por
horas para tan sólo pasar por la selección. Después de ser encaminados
al área correspondiente, todavía esperarán muchas más para la atención
–por lo que tuvieron mucho tiempo para contar sus casos.
Cleide de Sousa Santos, de 40 años,
acudió por su hijo, que tiene anemia. “Mi hijo, Michael, llegó con
dolores muy intensos. Cuando llegamos lo empezaron a medicar, sin previa
averiguación. Le tomaron pruebas y luego nos dijeron que necesitaba una
bolsa de sangre”, relata la madre. “Estuvimos aquí desde las 11 de la
mañana, y a las 11 de la noche me avisaron que no recibiría la bolsa de
sangre porque no la necesitaba”.
Aunque no se sentía bien, Michael
recibió el alta. Antes de llegar al portón del hospital, tuvo otra
crisis. Sousa Santos dice que el médico se rehusó a atenderlo de nuevo,
argumentando que el joven necesitaba pasar por el proceso de selección
una vez más. Una funcionaria lo llevó para adentro, poco antes de que
Michael se desmayara por los dolores. Su madre cuenta que el niño
lloraba por el dolor y decía “me quiero morir, mamá”. Cuando el médico
dijo que regresaría con una medicina, lo hizo cuarenta minutos después.
“[Los médicos] no te escuchan, no ponen atención, pasan por ti como si
no hubiera nadie ahí”, se queja Sousa.
“La salud debe ser preventiva. Es
curativa cuando algo va mal”, dice Marjorie Arruda. La estudiante fue
una de las pocas personas dispuestas a dar declaraciones. Ella está
comprometida con las discusiones que rodean la profesión, y enumera los
muchos problemas, ya conocidos por profesionales y pacientes, que
enfrentan los médicos en Brasil. Reconoce que el Sistema Único de Salud
(SUS) es una iniciativa democrática y esencial, pero todavía muy
deficitaria en la práctica. “En la Constitución es maravilloso, pero el
proyecto no fue aplicado y la estructura no está hecha. La falta de
médicos es la mayor evidencia de esto. La solución, dicen, es poner más
médicos. Es necesaria una medida inmediata, pero falta lo estructural”,
evalúa.
Para Arruda, existe un error de base: la
salud pública es coordinada por personas que no la viven. El programa
gubernamental “Más Médicos” retoma propuestas antiguas, pero intenta
aplicarlas sin diálogo con las asociaciones, universidades y los mismos
médicos, acusa. Por causa de esta brecha, la iniciativa, condena la
presidenta de la asociación estudiantil de la Santa Casa, “está
destinada al fracaso”.
La presión viene de las entidades
médicas, como la Asociación Médica Brasileña (AMB) y el CFM, que
interpusieron demandas en el ministerio público federal para detener el
programa. El casó llegó al supremo tribunal federal, que rechazó la
demanda – lo que fomentó las demandas civiles individuales contra el
programa. En ellas, se exige que los médicos extranjeros sean
registrados solamente con la revalidación del diploma y exámenes de
competencia en portugués – lo que consideran esencial para la atención
adecuada a los pacientes.
¿Es un problema de habla, doctor?
Los usuarios, sin embargo, no parecen
estar preocupados con el acento de los médicos que los atenderán. Para
ellos, los propios médicos brasileños no hablan y no escuchan su mismo
idioma. Los pacientes buscan atención efectiva, sin importar el origen
de quien está sentado del otro lado del consultorio – lo importante es
que haya alguien ahí.
“Creo que hay muchos médicos en
formación, veo esto por la cantidad de residentes en el hospital”, dice
Rosa Maria Rodrigues. Ella acompaña a su suegro, de 88 años, víctima de
un accidente vascular cerebral (AVC) y con un cuadro de neumonía.
Rodrigues cuenta que hace cinco días que el señor no es bañado y sólo
recibe comidas cuando son solicitadas por la familia. Él ocupa hace
cuatro días una cama de urgencias, y no está internado, como consta en
su prontuario.
“Es hipocresía decir que faltan médicos
en Brasil. Es ridículo. Falta un plan de reconocimiento, un plan de
mejor atención para los médicos que están en proceso de formación, y
mejorar la formación de los enfermeros. Los médicos son importantes,
pero sin los enfermeros, no hacen nada. No es el médico quien está con
nosotros y nos pone catéteres. El médico manda. Y para mandar, hay
muchos en Brasil”, se indigna la señora Rodrigues.
Rosa Maria Rodrigues cree que falta a
los médicos la “formación humana”, y no la académica. Los médicos, por
otro lado, afirman que la indiferencia es un síntoma de su agotamiento –
causado por la necesidad de una imposible productividad y la
sobrepoblación de los hospitales, lo que exige una rapidez casi mecánica
en los tratamientos. Uno de los médicos entrevistados, que prefiere no
identificarse, explica que en las urgencias “la atención tiene que ser
muy dinámica y rápida. Es una atención inmediata, y los médicos tienen
que ser muy prácticos y resolutivos”.
En la periferia, la situación es todavía
más intermitente. Samuel Carvalho, de 24 años, vive en São Miguel
Paulista, ciudad conurbada ubicada en el extremo leste de la capital. Él
relata que los hospitales de la región son muy distinguidos, pero por
su precaria atención. “En 2011 tuve un raro temblor en mis manos. Me
mandaron al neurólogo, porque el clínico (que mal me vio la cara) dijo
que era una alteración en mi sistema nervioso debido a mi trabajo. A
principios de 2013 me contactaron para la consulta, pero mis temblores
ya se habían ido, naturalmente. Mi pregunta es: si esto fuera algo
realmente grave, si necesitara esto con urgencia, ¿qué hubiera pasado?
Es así como funcionan las cosas”, se resigna.
Carvalho cree que la situación en su
región está entre las peores. No niega que el esfuerzo de traer nuevos
médicos será positivo, pero no cree en la efectividad de la medida. “La
iniciativa es válida, pero en el papel siempre es funcional. Todavía
peor parece con el dato de que Brasil tiene más de 700 municipios con
hospitales sin médicos. Pero es necesario discutir esto con más ganas,
pues el asunto no recibe la atención necesaria”, evalúa.
Uno de los médicos entrevistados explica
la carencia en sus diferentes niveles: en las grandes ciudades, el
tráfico y la violencia impiden la buena atención en las periferias. En
las pequeñas y en los estados, falta estructura que rebasa los
hospitales y aparatos. “El médico no va solo a estos lugares, tiene que
llevar su familia. Pero no se va a mudar a una ciudad que no tiene
buenas escuelas para sus hijos, un trabajo para su cónyuge, una
estructura de vida, y muchas veces por un sueldo que no compensará la
mudanza a otro estado”, evalúa.
El problema de la salud brasileña no es
necesariamente crónico. Una medicina amarga, aunque eficiente, sería la
reforma general del sistema de salud en nivel estructural, afirma
Marjorie Arruda, “[una reforma] con medidas para diez años en adelante y
que no esté vinculada a los intereses de los partidos políticos”,
pondera. Pero la parte crónica del problema también tiene sus crisis y
exige atención inmediata. Mientras los sectores responsables, gobiernos,
médicos y asociaciones no deciden el tratamiento adecuado para el
Brasil, este paciente sigue mal y no puede esperar. Cecilia Ramos
Castelo, paciente de 88 años, sabe bien esto. “Esta vida es muy
preciosa, hija. Hay que cuidarla, sólo tenemos esta”, aconseja.
http://desinformemonos.org
http://desinformemonos.org/2013/08/en-brasil-el-sistema-de-salud-padece-de-sordera-cronica/

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