(APe).-
Los equipos interdisciplinarios de salud mental del municipio rosarino
llegan a los barrios y son recibidos como salvadores. Pero no son
portadores de milagros. Están convencidos que deben restituir derechos y
que semejante tarea no es una cuestión de días y mucho menos de un solo
sector institucional o político.
Tratan de reconstruir lazos, puentes entre
diversas organizaciones para así intentar un presente diferente al que
suele bajar de los que manejan el criminal negocio del narcotráfico.
Son apenas doce personas que buscan ponerle
el cuerpo a los resultados de una exclusión que, en muchos casos, tiene
más años que las psicólogas, las trabajadoras sociales y los distintos
profesionales que construyen esperanzas como pueden.
Ellos y ellas relatan sus experiencias y sostienen que las metodologías cambian de acuerdo a los climas sociales que enfrentan.
Dicen que aparecen palabras que definen a las chicas y los chicos que ya no están en ninguna institución. Los llaman mutantes.
Palabra que comenzó a popularizarse entre
los integrantes de la policía provincial en los años noventa y que
provenía de una conocida historieta del guionista Robin Wood, “Mark”, un
sobreviviente de una guerra atómica que había devastado la humanidad y
que sostenía permanentes combates contra los subhumanos, los deformados
por los efectos de la radiactividad, los mutantes. Aquellos que querían
terminar con el dominio del ser humano sobre la cápsula espacial llamada
planeta Tierra.
Es curiosa la vigencia de ciertas palabras.
Mutantes ya tiene, por lo menos, tres décadas desde las coloridas
páginas de la revista “El Tony” de la ya inexistente editorial Columba.
Para Ana Solhaune, directora durante
treinta años de la escuela que funciona en pleno corazón de barrio
Ludueña, en el noroeste rosarino, sostuvo que en “esos vacíos, esos
agujeros que dejan la discriminación y la exclusión se llenan con droga y
violencia".
Dice la excelente crónica periodística que
“en 2006 se volaron los techos de tres aulas. Fueron refugio y centro
organizador en la gran inundación, padecieron ocho robos en un mismo
año, hechos de vandalismo, accidentes con el tren, abusos, golpizas
terribles, suicidios. `Hasta un chiquito al que le inutilizaron la mano
porque se la pusieron en un horno, y otro nene que perdió un ojo en el
recreo, al volar una piedra del lado de la vía`, enumera Ana”.
-Pero siempre resucitamos. La virtud fue
siempre esa: poder resucitar y generar actividades, espacios, proyectos –
remarca la maestra.
Está convencida del valor de las palabras,
los talleres pedagógicos y la orquesta barrial, una manera de “generar
propuestas para aumentar el capital social y cultural de estos niños”.
“El que cobra en un búnker cobra bien, por
eso también tiene que sumar clientes, y el mejor lugar para hacerlo es
entre sus pares…La escuela siembra desde el testimonio de los valores,
porque nuestra escuela y sus docentes son así; y el otro discurso es el
del `aprovechá, metete si ahí vas a ganar bien…` Convengamos que todo
esto que pasa, al menos en nuestro barrio, es consecuencia de haber
sostenido durante demasiado tiempo una pobreza extrema…Tres o cuatro
generaciones que no han visto trabajar a sus mayores, han vivido de las
dádivas, el cirujeo o el robo. Vivieron el abandono. Nunca me voy a
olvidar que en la crisis de 2000 las únicas que salían porque conseguían
un trabajito por hora eran las mujeres. Los hombres estaban desocupados
y se quedaban en la casa, a cargo de los chicos, la mayoría estaba
alcoholizada. Entonces cuando vos en el arranque de la vida tenés
abandono y desconfianza básicas, ¿qué vamos a pretender que estén
haciendo los jovencitos nuestros ahora?”, se pregunta la educadora de
toda la vida, Ana Solhaune.
Allí están las palabras en la realidad
profunda de la cotidianeidad rosarina, entre los mutantes y los que no
se resignan a la imposición de pesadillas que predican las minorías.
Fuentes: Suplemento de Educación del diario
“La Capital”, Rosario, sábado 17 de agosto de 2013; panel sobre salud
mental organizada por el área mencionada en el Hospital de Niños,
“Víctor Vilela”, de la ciudad de Rosario, del que participó el autor de
esta crónica, el viernes 16 de agosto de 2013.
Vía:
http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/index.php?option=com_content&view=article&id=7918:carlos-del-frade&catid=35:noticia-del-dia&Itemid=106
http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/index.php?option=com_content&view=article&id=7918:carlos-del-frade&catid=35:noticia-del-dia&Itemid=106

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