sábado, 14 de abril de 2018

Brasil: la dictadura neoliberal en acción..... Juarez Guimaraes *





En los primeros 100 días de 2018, el ejército intervino en Río de Janeiro. La compañera Marielle Franco fue brutalmente asesinada, la violencia fascista atentó contra la caravana de Lula, el comandante del ejército y otros cinco generales amenazaron públicamente con un golpe militar, el Supremo Tribunal Federal, violando la Constitución, decidió recluir a Lula.

¿Cómo entender esta dinámica creciente de violencia judicial, militar y fascista? ¿Cuál es su fuerza y cuál su debilidad? ¿Cómo enfrentarla? No es posible vencer esa contrarrevolución neoliberal si no partimos del concepto de dictadura neoliberal. Ésta puede ser sintetizada como aquel régimen en el cual el Poder Ejecutivo es ejercido ilegítimamente, el Legislativo perdió cualquier vínculo de representación y el Poder Judicial decide arbitrariamente, sin atenerse a la Constitución.

En este régimen de dictadura neoliberal las elecciones de 2018 están reguladas y tuteladas para no permitir a victoria de una candidatura antigolpista. Desde el punto de vista de las instituciones, no hay límites para esa voluntad dictatorial de orientación neoliberal. La Suprema Corte, el Superior Tribunal de Justicia y el Tribunal Superior Electoral están, mayoritariamente, articulados en esa dirección. La fuerza de esta voluntad política está en la unidad, en relación con el programa de consolidar en Brasil un Estado neoliberal.

La contrarrevolución puede y debe ser derrotada mediante la lucha democrática, que ponga en movimiento a su base social, un frente único que impulse la movilización de calle, su potencia de voz, articulada a su potencia electoral. Pero esta voluntad democrática no ha sido ejercida plenamente por causa de la ilusión constitucional, de raíz liberal, que prioriza la lucha en la temporalidad y en el terreno de las instituciones y leyes de la democracia brasilera que, sin embargo, hoy no tienen más validez.

Esa ilusión, de fondo liberal, se ha manifestado desde 2015 de cuatro modos: la ilusión de la conciliación de clases, la parlamentaria, la electoral y la jurídica.

La primera llevó al gobierno de Dilma Rouseff a ceder la política económica a la conducción neoliberal creyendo que dividiría y neutralizaría la amenaza golpista, lo cual fue una decisión fatal, pues le retiró el apoyo popular a su gobierno. La ilusión parlamentaria llevó a creer que el golpe podría ser detenido con un mínimo de votos en el Congreso Nacional, entregando la articulación institucional a Michel Temer. La ilusión electoral se manifestó principalmente desde mediados 2017 con la centralidad que se le dio a las elecciones presidenciales de octubre de 2018, apostando a que la victoria de Lula derrotaría el golpe, como si éstas pudieran realizarse en condiciones de normalidad democrática. Finalmente, la jurídica se manifestó recientemente con fuerza, con la ilusión de que una mayoría en el Supremo Tribunal evitaría la reclusión de Lula.

La crítica a esas ilusiones no significa, es evidente, la negación de intentos por pactar con sectores del capital, de luchar decididamente por una articulación parlamentaria antimpeachment, de lanzar a Lula de candidato a la presidencia y realizar caravanas, así como de utilizar todas las herramientas jurídicas disponibles. Significa que tales acciones tuvieron que estar desde comienzos de 2015, subordinadas a la formación de un amplio movimiento político unitario de masas en defesa de la democracia. Aquellas acciones pudieron tener otro resultado si hubieran estado apoyadas por ese movimiento unitario y democrático de masas.

Raíces de una ilusión

La ilusión de que la contrarrevolución neoliberal puede ser vencida en su propio terreno tiene, en primer lugar, una base real. La dictadura neoliberal ya formó su poder: controla todas las instituciones centrales del Estado, incluso los aparatos de coerción. Pero no formó, ni estableció, ni mucho menos legitimó las instituciones de reproducción de su poder. Por eso, ella hace de la excepción su regla, la jurisprudencia de la excepción se ha transformado en paradigma. Ha sido así todo el proceder de la operación Lava jato contra el PT y Lula y las decisiones del Supremo Tribunal Federal, cuando el impeachment en 2016 y ahora con la prisión de Lula.

Hay una segunda razón: el proceso histórico de adaptación de las izquierdas a la lucha prioritaria por dentro de las instituciones del Estado. Hay, finalmente, una tercera razón: los casos de violencia que citamos al comienzo. Muestran la forma en que los neoliberales piensan compensar su falta de legitimidad, combinando violencia judicial, amenaza militar y acción directa fascista. Es un fenómeno que viene creciendo. Es necesario entender esta novedad antes de que sea tarde.

Neoliberales y fascistas

Hay una relación funcional entre neoliberalismo y fascismo. Una política tan violenta de exclusión y apartheid social necesita justificarse sobre bases de prejuicios racistas, antipopulares y patriarcales. Hay también una afinidad cultural: ambas no aceptan disputar democráticamente con la izquierda. Los neoliberales optan por neutralizarla asfixiando la democracia; los fascistas, por exterminarla. En Brasil está en curso una combinación de violencia institucional judicial y violencia abierta fascista.

La legitimación del discurso del odio como libertad de opinión prevalece en la Suprema Corte de Estados Unidos y, por analogía, en su similar brasileña. Ese discurso unifica neoliberales y fascistas en una escalada de violencia contra la izquierda brasileña. Crea su base de masas, su repertorio y hace que sus acciones reproducidas por los medios sean ejemplares. Tiene en la figura del extremista militar retirado Jair Bolsonaro, racista, homofóbico y machista, su candidato mejor situado en las encuestas actuales.

Las escenas de resistencia en el Sindicato de los Metalúrgicos en Sao Bernardo fueron fundamentales para la creación del frente antifascista, que tiene su continuación ahora en Curitiba en la vigilia frente a la cárcel donde Lula está preso. Su reivindicación central es la libertad de Lula y su base política es la defensa de los derechos humanos y la democracia.

Ese frente es, desde su origen, nacional e internacional. Está abierto a todos los demócratas, es ecuménico y pluralista. Es de masas y debe buscar enraizarse en las bases. Se basa en la conciencia de que es necesario detener la escalada de la violencia ahora, antes de que desarrolle su capacidad de destrucción masiva.

* Profesor de la Universidad Federal de Minas Gerais (Brasil)


vía:
http://www.jornada.unam.mx/2018/04/14/opinion/025a1mun

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