
Hace Cuatro años, miles de jóvenes moldavos manifestaban en las calles su
oposición a la victoria de los comunistas en las elecciones. Estas
manifestaciones fueron presentadas como un nuevo episodio de las
“revoluciones de colores” que desde hacía diez años barrían a una serie
de regímenes considerados “no democráticos“ en Europa del Este.
Revoluciones cuyo terreno había sido preparado en todos los casos por
los EE.UU. detrás de las bambalinas y que nada tenían de espontáneas.
Una situación que también se dio en Moldavia, país ubicado en el límite
entre Europa y Rusia.
En el momento de estos acontecimientos,
en abril de 2009, Moldavia se hallaba gobernada desde hacía una decena
de años por el Partido Comunista, que parecía predispuesto a ganar una
vez más las elecciones. Este partido, que había adoptado la economía de
mercado llevaba a cabo una política considerada por Washington demasiado
independiente. Bajo su dirección Moldavia se negaba a unirse a la OTAN,
mantenía profundos vínculos con Rusia y según la definición de Soros se
limitaba a “una europeización solo de fachada” De modo que los EE.UU.
preferían poner a la cabeza del país la Alianza para la Integración
europea (AIE) una coalición de partidos de derecha que le era
absolutamente fiel.
Un año antes de las elecciones el
embajador de los EE.UU. organizó una reunión para “debatir el tema de la
ayuda de los EE.UU. en relación con las elecciones parlamentarias del
2009”. Asistían tres miembros eminentes de la USAID, los dirigentes de
la fundación Eurasia del IREX, del Instituto Democrático internacional
(NDI) y del Instituto republicano internacional (IRI). Luego de
reconocer que “las elecciones nacionales de 2009 serían severamente
disputadas” y que “el partido en el poder estaría tentado de disponer de
todos los medios para perpetuarse”, se pusieron de acuerdo en una serie
de medidas para “preparar” dichas elecciones. Esas medidas estaban
dirigidas a favorecer a los partidos de la oposición (ayudar a la
creación de una coalición, visualizar las preferencias de los electores
indecisos, crear secciones locales, etc) o a formar observadores que
“supervisaran” el escrutinio. El embajador se comprometió a hacerse
cargo de la coordinación de toda la asistencia y prometió ofrecer becas a
las ONG cuyas actividades se orientaran en el mismo sentido.
Las organizaciones estadounidenses se
pusieron a trabajar durante los meses siguientes. El IREX con la ayuda
de la USAID lanzó la campaña “Hai la vot!” (Vamos a votar) destinada a
motivar a los indecisos y a los abstencionistas. Una camioneta llena de
jóvenes activistas recorrió las carreteras de Moldavia para convencer a
la gente de que fuera a votar y sobre todo de que votara reflexivamente.
Presentada como no partidista, esta campaña priorizaba a los jóvenes,
base electoral de la Alianza para la Integración Europea. Los partidos
de la oposición tuvieron igualmente derecho a organizarse. De modo que
en un encuentro privado ocurrido aunos meses después de las elecciones,
el presidente del Partido Liberal dio las gracias personalmente al
embajador de los EE.UU. por la asistencia que había prestado a su
equipo, en particular el Instituto Democrático Internacional y el
Instituto Republicano Internacional.
Sin embargo, como era probable una nueva
victoria de los comunistas, fue en la “supervisión” del proceso
electoral donde los EE.UU. hicieron la mayor inversión. Su objetivo no
era tanto verificar la validez de la elección como encontrar los errores
a cualquier precio. De tal modo pensaban favorecer el desencadenamiento
de una “revolución de colores” como había sucedido, con su apoyo, en
Ucrania, Georgia y Kirzikistán.. En julio de 2008 un antiguo miembro del
Instituto Republicano Internacional denunció a la prensa la preparación
de esa revolución con el apoyo de la USAID, el IRI y el NDI, que
ocasionó preocupación en la embajada de Estados Unidos. Sin embargo las
organizaciones estadounidenses pudieron seguir normalmente su trabajo.
Un verdadero ejército de observadores la
“Coalición Cívica 2009” se puso en marcha con el apoyo de la NED, la
USAID y la Fundación Eurasia. Esta coalición totalmente financiada por
Washington reunía un total de 70 ONG. Preveía controlar las elecciones
con la participación de 2.000 observadores y tener informada a la
opinión pública de las irregularidades que se comprobaran. Los EE.UU.
distribuyeron también en toda Moldavia decenas de observadores
internacionales escogidos por la USAID, muchos de los cuales fueron
reenviados a las fronteras por haber estado implicados en las
revoluciones ucraniana y kirguiza.
El 5 de abril, día de las elecciones,
comenzaron a actuar los 2.000 observadores de la Coalición. Se
publicaron cuatro comunicados de prensa dando cuenta de las más pequeñas
irregularidades comprobadas. Aunque no culpaban solamente al Partido
Comunista, los comunicados daban a entender una situación globalmente
negativa. El 7 de abril, cuando los primeros resultados daban vencedor
al Partido Comunista, se publicó un nuevo comunicado informando de que
las elecciones no habían sido “equitativas” ni “libres en su conjunto”.
No se volvieron a referir a ninguna crítica vinculada a los partidos de
la oposición sino solamente a las que acusaban a los comunistas. Dicho
comunicado fue ampliamente difundido por el conjunto de los medios que
apoyaban la Alianza y ampliamente en las redes sociales.
Como reacción a la sospecha de fraudes
difundida por los medios, miles de jóvenes moldavos salieron a las
calles a reclamar nuevas elecciones. Los manifestantes se reunieron
frente al Parlamento que fue saqueado por una pequeña minoría. Entre los
saqueadores había nacionalistas pro rumanos y miembros bien conocidos
de organizaciones de extrema derecha como Noua Dreapta. Estos últimos
trataban visiblemente de provocar a las fuerzas del orden para
incentivar la cólera de los manifestantes. Estas revueltas no
prosperaron y al final solo quedó el nombre de una “revolución”. Luego
del escrutinio nuevamente el partido Comunista fue declarado ganador Por
su parte una misión de observación conducida por la OSCE, la Unión
europea y el Consejo de Europa llegó a la conclusión de que las
elecciones se habían llevado a cabo de modo satisfactorio y sin mayores
incidentes quitando a la oposición sus principales motivos de protesta.
Solo luego de las elecciones anticipadas
de 2010 –sin relación con los acontecimientos de 2009– el campo pro
occidental logró encabezar el país, al final de una campaña otra vez con
un gran apoyo de los EE.UU. Al año siguiente, cuando estuvo de visita
el vicepresidente Joe Biden de los EE.UU. no podía ocultar su alegría:
“¡Es realmente un privilegio estar aquí en este momento determinante de
vuestra historia!, exclamó, ¡La libertad se siente en el aire!”. Después
añadíó que Moldavia se hallaba en el buen camino pero que había aún
mucho por hacer, agregó “Estaremos a vuestro lado hasta que el trabajo
haya concluido”. Una buena prenda de libertad sin duda.
Simon de Beer
Traducido para Rebelión por Susana Merino
Vía:
http://www.elciudadano.cl/2013/04/14/66015/como-preparo-ee-uu-la-revolucion-twitter-en-moldavia/
http://www.elciudadano.cl/2013/04/14/66015/como-preparo-ee-uu-la-revolucion-twitter-en-moldavia/

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