

En la zona de
Marikana, Sudáfrica, la policía disparó contra mineros en huelga,
quienes portaban armas tradicionales: 34 perdieron la vida, más de 70
fueron heridos y 270 fueron arrestados, acusados de asesinato tomando
como base un principio conocido como “propósito común”. Antes de 1994,
esta noticia habría sido una más de la larga lista de matanzas cometidas
por la policía contra población negra. Lo grave es que este incidente
sucedió el pasado 16 de agosto, en la Sudáfrica pos apartheid.
Los antecedentes inmediatos de la
matanza datan, por lo menos, desde 2011, cuando se incrementaron las
protestas de la comunidad de Marikana contra la compañía privada Lonmin,
dedicada en dicha región a la extracción de platino. La matanza del día
16 pudo haber sido evitada: fue precedida unos días antes por el
asesinato de 10 personas. Sin embargo no hubo ningún intento de
negociación –ni por parte de los sindicatos, de la administración de
Lonmin o del gobierno- que permitiera detener el estallido de la
violencia.
La producción de platino es altamente
rentable, lo que contrasta con la pauperización de los obreros
africanos, quienes exigen un incremento salarial. En un estudio reciente
se señalan los graves efectos de la explotación del platino en
Marikana: económicos, sociales y ecológicos. Con bajos salarios, los
mineros sobreviven en condiciones miserables: desnutrición, expansión
del sida, escasez de agua potable, electricidad y de teléfonos, malas
carreteras y grave contaminación de la tierra y del agua, lo que afecta
en especial a los niños.
Tanto las raíces históricas de la
matanza y de la pauperización de los sudafricanos de piel negra como de
la combatividad de los mineros son muy profundas y en unas cuantas
líneas es imposible abordarla, solo se pueden mencionar los principales
rasgos. La invasión colonial comenzó en el siglo XVII y en forma
paulatina fue surgiendo una sociedad profundamente dividida y racista,
basada en la explotación de la mano de obra negra. La economía agrícola
de los primeros colonos –de origen holandés- era precaria, con uso de
fuerza de trabajo esclava africana. En el siglo XIX, llegaron nuevos
colonos británicos, impulsando el desarrollo capitalista, que entró en
conflicto con la economía esclavista. En el último tercio del siglo XIX,
con el descubrimiento de los primeros yacimientos de diamantes y de
oro, la minería se convirtió en el motor de una economía capitalista y
la utilización de obreros negros en dicho sector se convirtió en el
patrón de explotación racista en dicho país. Al concluir una cruenta
guerra entre los dos grupos de origen europeo, divididos por
contradicciones secundarias pero unidos por el interés de explotar a la
población negra, a principios del siglo XX surgió el Estado moderno
capitalista, con la paulatina reconciliación de la minoría blanca y la
sistematización de las milenarias practicas racistas.
La lucha de la población africana en
contra de la explotación racista surgió junto con ésta, asumiendo
distintas formas, casi siempre ignoradas por los ojos externos. Empezó a
asumir una forma más organizada hace exactamente un siglo, cuando en
1912 fue creado el Congreso Nacional Africano, conocido por sus siglas
en inglés como ANC, con reivindicaciones populares que años más tarde se
radicalizarían. En esa lucha jugaron un papel decisivo los obreros,
principalmente en la minería.
En 1948 el sistema de explotación racista sudafricano fue denominado con el nombre de apartheid.
Las leyes se volvieron más rígidas, reduciendo a la población africana
en un tipo de esclavitud moderna, sin derechos. A partir de los años
1960 se incrementaron las protestas en contra del apartheid. De
esa época data la acusación del “propósito común”, para responsabilizar
a los opositores que participaban en algún acto en contra del sistema
por las muertes o personas heridas. Este mismo principio fue aplicado a
los mineros en huelga en agosto de 2012 en Marikana. A principios de
septiembre se suspendió esta acusación.
A partir de 1994, con el fin oficial del apartheid
y la formación del primer gobierno electo con la fórmula de una persona
un voto, sin importar el color de la piel, la nueva clase política
tiene como base la alianza estratégica entre el ANC, el Partido
Comunista y la principal central sindical, conocida por sus siglas en
inglés como COSATU. Esto implicó, entre otras cosas, que los principales
líderes obreros asumieran cargos políticos.
En los primeros años de la era pos apartheid,
el gobierno presidido por Mandela tuvo entre sus prioridades la
reconciliación de los diferentes grupos poblacionales y la mejoría de
las condiciones de vida de la población negra, pero evitando medidas
radicales que provocaran la salida del capital sudafricano blanco. Con
el segundo gobierno de mayoría negra, el neoliberalismo se convirtió en
base de la política económica oficial. Este hecho se tradujo en nuevos
brotes de descontento entre la población negra más pobre.
En el trasfondo de la matanza de
Marikana hay una compleja red de intereses y luchas de poder, que de
acuerdo con el sudafricano Instituto para los Estudios de Seguridad
revela un fracaso de las instituciones –sindicales, de los servicios de
inteligencia y de la policía entre otros- y la ausencia de un liderazgo
en favor de la población negra, con la acentuación de la desigualdad
social, ya que a pesar de que algunas personas negras se han
enriquecido, la gran mayoría de la población negra sigue viviendo en
condiciones miserables.
COSATU ha sufrido fracturas, en parte
reflejo de pugnas entre figuras vinculadas con el gobierno y se afirma
que ha perdido fuerza a nivel nacional. El gobierno ha iniciado una
investigación de los hechos y en el discurso oficial se defiende el
derecho a la vida y se reprueba la acción policiaca. El hecho de que los
mineros huelguistas portaran armas tradicionales permite apreciar la
profunda desesperación ante su situación, mientras que la policía sigue
comportándose como en la era del apartheid: con la represión violenta.

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