¿Qué parte del discurso no se entiende?
Camino hacia uno de los puntos de encuentro, el de la comisión de Educación y Cultura, un grupo de jóvenes coreaba -en alusión al ministro del interior-: “Rubalcaba tienes un problema”.
Sí, al ministro del interior le ha salido un problema. Al presidente y a la oposición les ha salido un problema. Al sistema político le ha salido un problema. El problema consiste en que no es la gente quien ignora el significado de la democracia sino todo lo contrario.
Quizá nuestros políticos se pregunten –es pura especulación- por qué la gente escribe cientos de papeles con mensajes que pega en las farolas, en las cabinas de teléfono, en el mobiliario público; por qué la gente hace asambleas en la calle, se reúne en círculo y habla, por qué los ciudadanos no se quedan en sus casas –como Dios manda- reflexionando qué votarán mañana.
Puede que nuestros políticos no sepan, o no les importe, qué les ha pasado a los ciudadanos en estos últimos años. Seguramente desconozcan las consecuencias de la reforma laboral, lo que significa para cinco millones de personas quedarse sin trabajo. Quizá no sepan que la puesta en marcha del Plan Bolonia está desmantelando la Universidad Pública. Que la educación concertada sangra los recursos de la educación pública. Seguro que ignoran que cientos de familias están devolviendo al banco sus casas y tienen que seguir pagando la deuda que contrajeron con el banco. No se imaginan siquiera que los hospitales de gestión privada son más costosos y contribuyen al deterioro de la ya maltrecha sanidad pública. Probablemente nadie les haya dicho que los ciudadanos no están de acuerdo con rescatar a la banca privada con dinero público. Es más, seguro que no se les ha pasado por la cabeza pensar en la nacionalización de la banca. Y puede que no hayan oído hablar nunca de las listas abiertas, de una ley electoral proporcional, de rendir cuentas a la ciudadanía, de consultar con el pueblo sobre las decisiones económicas o sobre si es mejor reducir los gastos del ejército y destinarlos a la educación, por ejemplo.
Sobre todo esto y mucho más se reflexiona esta noche, ya madrugada, en las calles de Madrid. Decía la filósofa H. Arendt que cuando ya los conceptos han dejado de significar es necesario volver a plantearse las preguntas originarias. ¿Qué es pues la democracia?
La democracia es lo que hacen hoy, lo que empezaron a hacer los ciudadanos madrileños el 15 de mayo, lo que empiezan a hacer cientos de ciudadanos en otras ciudades y otras plazas. La democracia trata de estar juntos y hacer juntos. La democracia es hacer política. La misión de la política es asegurar la vida en el sentido más amplio. La democracia, más allá de las palabras y los prejuicios, es lo que se hace hoy en la puerta del Sol.
Fuente, vìa :
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=128835

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