martes, 10 de enero de 2017

Indignado: El pensamiento anarcofeminista de Emma Goldman [1] - Bruna Bianchi

El pensamiento anarcofeminista de Emma Goldman [1] - Bruna Bianchi
El mito de Emma Goldman
En las últimas décadas se han dedicado a Emma Goldman numerosos escritos; se trata principalmente de estudios de carácter biográfico[2], llenos de una profunda admiración por su apasionado activismo, su temperamento indomable, la audacia de sus empresas sobre el control de la natalidad y el amor libre, el rigor de su lucha contra el reclutamiento militar y la guerra, el enorme precio pagado por sus ideas. A partir de ese enfoque la mayor parte de los autores ha seguido el camino trazado por la misma Emma Goldman en su autobiografía Viviendo mi vida (Living My Life), la heroica aventura de una mujer judía, inmigrada y anarquista que supo adherir su propia vida a sus propios ideales.
El brazo de la autoridad siempre ha interferido en mi vida. Si he continuado expresándome libremente, ha sido a pesar de todas las limitaciones y dificultades que se han cruzado en mi camino [...]. En esto no me encuentro para nada sola. El mundo ha dado a la humanidad figuras heroicas que frente a la persecución y a la injuria han vivido y han luchado por sus derechos y por el derecho del género humano a una libre e ilimitada expresión.[3]

Ya en los años treinta Emma Goldman se había convertido en una figura mítica, un ícono, el símbolo de la fuerza anarquista.
En raras ocasiones los estudios han puesto en discusión un mito que, sin embargo, ha oscurecido durante largo tiempo la complejidad y la radicalidad del pensamiento de Emma Goldman. La activista apasionada y la rebelde han dejado en segundo plano a la pensadora. Carente de una verdadera creatividad intelectual, frecuentemente excluida tanto de los estudios generales sobre el anarquismo como de aquellos sobre feminismo, Emma ha sido descrita como una divulgadora de las teorías de los demás, en particular de Bakunin y de Kropotkin. “Ella no fue en absoluto una pensadora política y social relevante”.[4] Este juicio, expresado en 1961 por Richard Drinnon en Rebel in Paradise, se retomó constantemente en los años sucesivos. Al perpetuar una concepción consolidada en la historia del pensamiento político que contrapone la vida emocional y el pensamiento, la mayor parte de los estudiosos ha subestimado la contribución de la anarquista rusa en el plano teórico. Por lo tanto no sorprende que hayan sido sobre todo las estudiosas feministas, con la convicción de que la experiencia existencial enriquece e ilumina el pensamiento, las primeras en considerar la filosofía política y social de Emma Goldman digna de atención.[5] El renovado interés por sus escritos se manifestó a partir de los años setenta bajo el impulso del movimiento feminista, del levantamiento estudiantil y del movimiento contra la guerra.[6] “En la era del ‘haz el amor, no la guerra’ –recuerda Candance Falk- mis coétaneas y yo devorábamos Viviendo mi vida, como si se hubiera escrito para nosotras”.[7]

Las biografías de Candance Falk y de Alice Wexler, considerando la autobiografía no sólo como fuente, sino como un acontecimiento de la vida, tomando en cuenta las cartas inéditas, llenando los silencios sobre los aspectos más tortuosos de la vida íntima, trazaron un perfil más complejo y profundo de la personalidad de Emma Goldman y contribuyeron al desarrollo de los estudios.[8]
Las investigaciones recientes han resaltado la riqueza de su formación cultural y teórica que, además de los anarquistas europeos, del individualismo de Nietzsche[9], Stimer e Ibse,  destaca a los autores estadounidenses de la tradición radical de la resistencia a la autoridad. Al fundir su pensamiento con el de Ralph Waldo Emerson, Walt Whitman y Henry David Thoreau, Emma Goldman contribuyó a deshacer el mito que consideraba el anarquismo como un producto europeo, una doctrina ajena a Estados Unidos que introdujeron los inmigrantes. De la tradición del individualismo estadounidense, del ideal de la completa libertad de los seres humanos, ya sea como personas o como ciudadanos, Emma Goldman logró un nuevo impulso para su misma concepción anárquica[10].

Individuo y sociedad 

Sólo el anarquismo enfatiza la importancia del individuo, sus posibilidades y necesidades en una sociedad libre. El anarquismo insiste en el hecho de que el centro de gravedad de la sociedad es el individuo, quien debe pensar por sí mismo, actuar con libertad y vivir plenamente su propia vida.[11]
Así escribía Emma Goldman en un artículo de 1934, en el cual hacía un equilibrio de su vida. El anarquismo, “el maravilloso ideal”, “el gran germen del pensamiento”, era la filosofía de la completa expresión individual y de la “fusión armónica” entre individuo y sociedad. En el ensayo intitulado Anarquía: lo que significa realmente (Anarchism: What It Really Stands for), para esclarecer su pensamiento se apoya en Emerson:
“La única cosa que tiene valor en el mundo”, dice Emerson, “es el espíritu activo; cada hombre lo posee dentro de sí. El espíritu activo ve la verdad absoluta, da voz a la verdad y crea”. En otras palabras, el instinto individual es aquello que tiene valor en el mundo. El verdadero espíritu es el que ve y crea la verdad concreta, y será a partir de ésta que nacerá una verdad aún más grande, el espíritu social renacido.

Todos los escritos de Emma Goldman revelan una idea positiva de la naturaleza humana. Cada individuo, afirma, nace con propias y distintas inclinaciones, pero con un fundamento ético que comparte con todos los demás seres humanos: “un sentido innato de lo que es justo” y sobre todo un amor incondicional por la libertad. Dicho fundamento ético, si no hubiera sido obstaculizado, conduciría a relaciones positivas con los demás. En la naturaleza humana, “fluida, plástica, sensible a nuevas condiciones”, se encerraban posibilidades ilimitadas. Sólo la libertad, las oportunidades más amplias de la vida, y en particular modo la paz y la armonía, rebelarían las características dominantes de la naturaleza humana.
Por esta razón, escribía en 1934, “siempre he buscado permanecer en un estado de flujo, de continuo crecimiento sin petrificarme en una condición de autocomplacencia”.[12]

La visión que Emma Goldman tenía del “maravilloso ideal” es una visión abierta a la posibilidad. El compromiso de toda su vida fue favorecer las condiciones para el desarrollo y la expresión de una interioridad vital y creativa en todos los aspectos de la vida, contrastando los tentativos de la sociedad de controlar a los individuos a través de reglas morales coercitivas y destructivas de las relaciones personales y sociales, que imponían contrariedades a los impulsos naturales. Los temas a los cuales se dirige su lucha y a los cuales dedicó sus escritos —la libertad de palabra, la independencia femenina, la libertad sexual,  el control de la natalidad, los derechos de los trabajadores, la enseñanza de la libertad y del pensamiento crítico— a su juicio estaban estrechamente interrelacionados, aspectos indisolubles de un único proceso que conduciría al desarrollo de individualidad fuerte e independiente, capaz de nuevas y formas más libres de expresión.

Liberación personal y mutación social

La forma de vivir la propia vida según los ideales de libertad, a partir de las relaciones más íntimas con los demás, era para Emma Goldman un fin en sí y un aspecto crucial del cambio social.
Un primer nudo teórico que atraviesa todo su pensamiento es el rechazo de la contraposición entre emotividad y pensamiento, entre vida personal, vida social y compromiso político.
En 1910, en el prefacio a su única recopilación de ensayos Anarquismo y otros ensayos (Anarchism and Other Essays), presentando sus ideas acerca de “varios argumentos de importancia individual y social”, escribía:
[Ellos] representan el esfuerzo de la mente y del alma en el curso de veintiún años, las conclusiones a las cuales llegué después de muchas revisiones y cambios interiores (cursivas de la autora).
De aquellos doce ensayos seleccionados como ejemplo de su pensamiento, resultado del “esfuerzo de la mente y del alma”, cinco se dedicaron a la cuestión femenina: al tema del voto, de la prostitución, del matrimonio, de la sexualidad y del amor.[13]

Sus convicciones radicales sobre estos argumentos se mostraron a sus contemporáneos mucho más peligrosas que las ideas que justificaban la violencia revolucionaria, y ni siquiera en el movimiento anarquista se acogieron completamente, es más, se consideraron cuestiones de segunda importancia, si no es que de verdaderas desviaciones. Es notable la conversación de Emma Goldman con Kropotkin durante la cual el anarquista ruso le preguntó si “valía la pena perder tanto tiempo en discutir sobre sexo” y la recomendación a las anarquistas estadounidenses con la finalidad de que dieran prioridad en su acción política a la liberación de los trabajadores.
La certeza de que las desigualdades entre los géneros se resolverían con la instauración de un nuevo orden social era, pues, difusa entre los compañeros de lucha de las feministas anarquistas que debieron enfrentarse primero que nada al menosprecio, la indiferencia y a veces la hostilidad de los hombres con los cuales trabajaban hombro a hombro.[14] Así Emma Goldman, recordando su experiencia como obstetra en los barrios más pobres, escribía a Max Nettlau el 2 de febrero de 1935:

La condición femenina me toca profundamente. He visto muchas tragedias en las relaciones entre hombres y mujeres; he visto demasiados cuerpos devastados y espíritus destruidos por la esclavitud sexual de la mujer por no sentir con profundidad la importancia de la cuestión o por no expresar mi indignación hacia el comportamiento de la mayor parte de ustedes, estimados señores.[15]
A diferencia de la mayor parte de las sufragistas, Emma Goldman estaba convencida de que la independencia femenina no se realizaría como consecuencia de las mejoras económicas o de concesiones dadas desde lo alto, sino que tomaría la forma de una regeneración interior, de una transformación en la forma de pensar.

Tal enfoque revela la conciencia de la compleja naturaleza del dominio, un constreñimiento que se ejercita en cada aspecto de la vida: sobre las necesidades materiales, sobre los cuerpos, sobre la mente y sobre la conducta. El dominio es también un modo de posicionarse frente a la experiencia social y personal que sofoca la vida y distorsiona la personalidad de los individuos; conduce a la homologación de las ideas y a la pasividad.
Oponerse al dominio en todas sus formas implicaba un proceso de liberación de los constreñimientos externos e interiores, exigía que se rompieran las barreras de la dependencia —económica, psicológica y emotiva— para que se pudieran manifestar y expresar los propios deseos y las propias inclinaciones. En este proceso los temas de la sexualidad y de la reproducción asumían una importancia fundamental, en particular para las mujeres, oprimidas por la familia patriarcal y por la moral puritana.

En la sexualidad y en las relaciones de amor Emma Goldman reconocía una fuente de energía creativa, una fuerza vital decisiva en el proceso de transformación individual y social. Por lo tanto era crucial liberar “la más íntima y la más intensa de las relaciones” de todas la prohibiciones y limitaciones.
Las emociones vinculadas a la sexualidad y a las relaciones amorosas están entre las más íntimas, las más intensas y las más sensibles expresiones de nuestro ser. Están tan profundamente vinculadas al cuerpo y a la psique [...] que cada relación amorosa debería, por su misma naturaleza, ser un hecho absolutamente privado (Los celos: las causas y una posible cura).
El énfasis sobre la necesidad de vivir la revolución en la vida cotidiana, partiendo de las relaciones íntimas, es quizá la contribución más relevante que Emma Goldman hizo a la reflexión feminista, un punto de vista que, si encontró escasa aceptación en Estados Unidos entre el siglo XIX y el siglo XX, se convirtió en un punto de referencia importante para el movimiento de las mujeres en las siguientes décadas.

La crítica al sufragismo

Las convicciones de Emma Goldman sobre la relación entre liberación personal y transformación social la colocaban en un abierto contraste con el movimiento sufragista. Las mujeres deberían liberarse de los propios “tiranos interiores” y no esperar la emancipación con su participación en la política parlamentaria, “corruptora de la personalidad y de las convicciones”. Tal antisufragismo radical no encontraba consenso unánime ni siquiera entre las feministas anarquistas, entre las cuales había algunas que veían en el voto el reconocimiento al derecho de las mujeres a expresarse y, por lo tanto, un paso hacia la afirmación de la propia dignidad.

Según Emma Goldman el modo en que vivían las defensoras del sufragio era la principal prueba que demostraba que el procedimiento seguido por ellas estaba equivocado. El rechazo hacia las convenciones sociales, de hecho, había conducido a muchas de ellas a excluir de la propia vida las relaciones íntimas con los hombres. Un mensaje de renuncia, una elección que empobrecía la propia vida afectiva de la cual no podía brotar ninguna emancipación.
Con la convicción de que la verdadera emancipación sólo podía provenir del deseo de libertad y del sentido de la propia dignidad, Emma Goldman no ahorra palabras de desprecio hacia la “servidumbre voluntaria” de las mujeres.
La mujer, más aún que el hombre, es una adoradora de fetiches y, aunque sus ídolos pueden cambiar, siempre está de rodillas, siempre con las manos levantadas, siempre enceguecida frente al hecho de que su dios tiene pies de arcilla. Así la mujer desde tiempos inmemorables es la más grande amparadora de todas las divinidades. Por consiguiente ha tenido que pagar el precio que sólo los dioses pueden exigir: su libertad, la sangre de su corazón, su misma vida.
La famosa máxima de Nietzsche, “Si vas con una mujer, no olvides el látigo”, se ha considerado demasiado brutal; sin embargo Nietzsche en una frase expresó el comportamiento de la mujer hacia las propias divinidades (El sufragio femenino).[16]

Un tema (el de la sumisión servil de las mujeres) que la acercaba a Mary Wollstonecraft, la feminista birtánica que en 1792, en su obra Vindicación de los derechos de la mujer (A Vindication of the Rights of Woman: with Strictures on Political and Moral Subjects), en un capítulo intitulado “Observaciones sobre la condición de degradación a la cual se ha reducido a la mujer”, escribió: “las mujeres desprecian la libertad para obtener lo que no tienen, la fuerza necesaria”.
En su vehemente polémica, que a veces adopta los tonos de la denigración, Emma Goldman llega a apelar en causa la misma “naturaleza femenina”:
La mujer, que es sustancialmente purista, es por naturaleza sectaria e inflexible en sus intentos por tornar a los demás buenos como ella cree que deberían ser (El sufragio femenino, cursivas de la autora).
Otro motivo de contraste con las sufragistas se relacionaba con el tema de la distinción de género. “Mi divergencia con las feministas [...] está en el hecho de que la mayor parte de ellas ve la propia esclavitud como algo distinto del resto del género humano”.[17]

A pesar de todas las teorías políticas y económicas que se ocupan de las diferencias fundamentales entre los distintos grupos de la especie humana, a pesar de las diferencias de clase y de raza, a pesar de todas las líneas artificiales de demarcación entre derechos del hombre y los de la mujer, por mi parte estoy convencida de que existe un punto en el cual estas diferenciaciones pueden encontrarse y reunificarse en una unión perfecta (La tragedia de la emancipación de la mujer).
Uno de los principales argumentos avanzados de las sufragistas a favor del voto a las mujeres se fundaba sobre la convicción de su superioridad moral. Si las mujeres hubieran podido expresarse a través del voto —afirmaban—, si hubieran podido verter en la sociedad los valores femeninos del cuidado y de la defensa de la vida, habrían contribuido a liberar a la convivencia social de los males que la afligían.[18]

Por el contrario —a juicio de Emma Goldman— hombres y mujeres no representaban mundos antagonistas, la dualidad de los sexos era una noción absurda, una separación mezquina. Las mujeres no eran mejores que los hombres y no lograrían nada ahí donde los hombres habían fallado. Los éxitos decepcionantes del sufragio femenino en la esfera social y política en los países en los cuales las mujeres habían obtenido el derecho al voto, lo estaban demostrando.

Mujeres y hombres

El rechazo hacia las premisas del movimiento sufragista condujeron a Emma Goldman a no medirse con la reflexión feminista contemporánea sobre la diferencia de género. Aunque en su complejidad el movimiento sufragista fuera un movimiento de mujeres de clase media, conservador y puritano, no faltaba una corriente feminista que fundaba su análisis sobre la diferencia entre los géneros y que proponía una crítica radical a la sociedad industrial, al militarismo, a la explotación sexual de las mujeres y a la violencia doméstica.
El énfasis en la necesidad del encuentro entre hombres y mujeres, en la común humanidad, en el carácter artificial de las divisiones y la aversión hacia cada forma de puritanismo pueden explicar un cierto menosprecio que condujo a Emma Goldman a limitar sus mismas argumentaciones. De hecho, cuando ella hace referencia a sus experiencias femeninas, no las define y no las analiza. “Femineidad”, “instinto materno”, “ánimo femenino”, “emociones profundas de una verdadera mujer, enamorada y madre” son expresiones que pudieron considerarse conservadoras porque no se acompañaban de una reflexión sobre la especificidad femenina, que no podía ser simplemente eludida.
Del mismo modo, su aguda crítica al concepto corriente de emancipación, exterior y superficial, una emancipación que terminaba por reivindicar una paridad vacía y acrítica, como “el privilegio de convertirse en jueza, carcelera y verdugo”, o el de convertirse en “una autómata del trabajo”, se detiene frente a la definición faltante del diferente proceso de liberación en el hombre y en la mujer.

En el ímpetu de la polémica antisufragista, Emma Goldman no afronta la cuestión del dominio masculino en la familia y en la sociedad, de la profundidad de aquel dominio, sostenido por las instituciones políticas y sociales, por la mentalidad y por los prejuicios.
En su deseo del encuentro entre mujeres libres y hombres libres, nada dice sobre la necesidad que tienen los hombres de liberarse del dominio que ejercen sobre las mujeres en la vida familiar, de los comportamientos violentos y de la explotación sexual que siempre denunciaba. Arrastrada por el deseo de sancionar la sumisión femenina, en un pasaje del texto el sufragio femenino afirma que los hombres habían superado a las mujeres en el proceso de liberación:
El comportamiento limitativo y purista de la mujer frente a los desafíos de la vida la convierten en un grave peligro para la libertad, dondequiera que ella tenga poder político. Los hombre superaron desde hace tiempo los prejuicios que aún sofocan a la mujer (cursivas de la autora).

Si las mujeres eran reprimidas por la fuerza y por la vanidad de los hombres, esto sucedía también porque aquéllas eran las primeras en amar esas cualidades en ellos. Al liberarse a sí mismas, ayudarían también a los hombres a ser libres.[19] Escribe en el ensayo La tragedia de la emancipación de la mujer:
La historia nos enseña que cada clase oprimida ha conquistado la verdadera liberación de sus patrones sólo a través de las propias luchas. Hace falta que la mujer aprenda esta lección y entienda que su libertad podrá llegar hasta donde lleguen sus deseos de conquistar la propia libertad.
Mientras más distante se encontraba Emma Goldman del modo de pensar de las sufragistas, más cercana se sentía a la vida de las mujeres de las clases trabajadoras. Esto lo revelan  los ensayos dedicados al tema de la prostitución.
En estos escritos su análisis es agudo, profundo, radical y provocador: equipara la prostitución a las relaciones matrimoniales, identifica sus causas principales no sólo en el aspecto económico, sino también en la ignorancia y en la condición de inferioridad en el cual se encontraban las jóvenes y en el prejuicio que las condenaba. Las muchachas son definidas como las “víctimas de la moralidad”, es decir, de una hipocresía mojigata que consideraba la prostitución una necesidad o un vicio femenino.

También en este caso su crítica se detiene frente a la diferencia entre los géneros. Después de haber afirmado que la prostitución “succiona la sangre vital tanto de los hombres como de las mujeres”, su atención se fija sobre las prostitutas y analiza al igual la alteración del impulso sexual, la particular sobreexcitación provocada por el trabajo en grandes habitaciones rodeadas de fábricas y por la concurrencia a establecimientos de diversión a bajo costo. De la alteración del impulso sexual en los hombres, un tema que las demás feministas de aquel tiempo estaban enfrentando, Emma Goldman no hace ninguna referencia.[20]

El rechazo hacia las fáciles contraposiciones entre hombres y mujeres, la voluntad de sancionar la hipocresía puritana, conducen a Emma Goldman a eludir algunas temáticas cruciales de las relaciones entre los géneros. Por estas razones su apelación a la liberación femenina se muestra a veces voluntarista, casi despreocupada por los obstáculos que las mujeres deberían enfrentar para conquistar la dignidad necesaria con la finalidad de reivindicar la propia independencia, y delata cierta intolerancia a aquellos que no seguían su ejemplo.
El desarrollo, la libertad e independencia [...] deben venir de ella, a través de ella. En primer lugar, de su autoafirmación como persona y no como objeto sexual. En segundo lugar, con el rechazo a dar a los demás derechos sobre su propio cuerpo, el rechazo a tener hijos, hasta que así se desee; el rechazo a ser servidumbre de Dios, del estado, de la sociedad, del marido, de la familia, etc., haciendo la propia vida más simple, pero más profunda y más rica (El sufragio femenino).
El acento dado a la individualidad, la idea de que la verdadera esencia del poder se fundaba en la sumisión voluntaria de la naturaleza humana y la confianza en la infinidad de posibilidades de los individuos, esclarecen el tono de dichas exhortaciones. Sin embargo, para comprender de mejor manera su posición respecto al tema de la opresión femenina y profundizar más hondamente en su pensamiento, es necesario seguir su mismo método, mirar de manera más cercana su vida, el modo en que se veía a sí misma y en el cual vivió la relación entre teoría y praxis.

Una pionera y un modelo

A través de sus escritos, sus conferencias y su autobiografía Emma Goldman deseaba propagar un mensaje y ofrecer un modelo, demostrar que la vida de las mujeres podía ser libre y emotivamente satisfactoria. El texto de una conferencia dedicada a Mary Wollstonecraft en 1911 —a su deseo de lograr una experiencia de relaciones conyugales revolucionarias, a la rebelión contra los constreñimientos autoritarios, al temperamento apasionado— es particularmente revelador de la imagen que Emma Goldman tenía de sí y del espíritu con el cual se acercaba a la cuestión femenina.[21] Emma Goldman fue una de las pocas feministas que hizo referencia a Mary Wollstonecraft, sobre cuya obra se posó el silencio a causa de su vida “escandalosa” y de sus desafíos al conformismo considerados dañinos para la causa emancipacionista. En Mary Wollstonecraft Emma Goldman se reflejaba; en ella veía una figura trágica, la pionera del moderno concepto de femineidad, cuya vida y cuyo pensamiento la colocaban más allá de la capacidad de comprensión de su contemporáneos.
El viejo, sordo y apático como es, no coge lo nuevo, va contra el pionero de la verdad con desconfianza y resentimiento, tratándolo como a alguien que perturba su paz. [...] Así, sólo pocos escuchan a los pioneros, porque éstos no se encaminan sobre pistas ya trazadas, y a la multitud le falta la fuerza de seguirlos hasta lo desconocido.[22]
Mary Wollstonecraft también era descrita como una heroína romántica, como aquélla que había buscado vivir una vida emotivamente satisfactoria y coherente con las propias convicciones.
La misma vida de Mary es una de las trágicas pruebas de que no sólo los derechos económicos y sociales son suficientes para llenar una vida, es más no son suficientes para llenar la vida de nadie, sea el hombre o la mujer que sea.[23]

Como Mary Wallstonecraft, Emma Goldman en diferentes fases de la vida fue abatida por la pasión por un hombre, una pasión que sentía como un límite de su libertad y que su razón rechazaba. La tensión entre la libertad y la reciprocidad, entre el deseo de una completa independencia y el de la seguridad de un vínculo, entre sus convicciones de amor libre y la incapacidad de liberarse de los celos, fue un hecho lacerante. Lo revelan la autobiografía y sobre todo las cartas inéditas. Así escribía a Ben Reitman en 1909.
No tengo el derecho de transmitir un mensaje a los demás cuando no hay mensaje en mi alma. No tengo el derecho de hablar de libertad, puesto que me he convertido en una esclava abyecta del amor.[24]
Las reflexiones más radicales contra la monogamia y los celos, como aquellas contenidas en la conferencia Los celos, sus causas y una posible cura, se elaboraron en los períodos más tormentosos de sus relaciones amorosas, cuando estaba conduciendo una lucha interior para superar aquellos sentimientos que criticaba públicamente.[25] Las exhortaciones a conducir una vida libre que  dirigía hacia sus seguidoras, sus apelaciones a la voluntad, eran los mismos que dirigía, en modo estoico, a sí misma.
 En 1931, así escribía a Alexander Berkman: “En la lucha que me laceraba cada vez que debía decidir entre mi amor por un hombre y mis ideas, invariablemente mis ideas y no mi pasión, han decidido mi camino”.[26] El hecho es que no tenemos elección, escribía, siempre a Alexander Berkman, en 1925, “el impulso hacia la libertad, que empuja a la lucha por un ideal más elevado, es tan grande y arrebatador que no podemos resistir”.[27] El ideal de un futuro anarcofeminista, un período en el cual todos serían libres en el amor y en el trabajo, en grado de hacer de sí mismos personas plenamente humanas y creativas, en grado de producir verdadera riqueza social.
[Entonces] consideraremos a los hijos de los demás como si fueran nuestros. A los padres, hermanos y hermanas de los demás como nuestros. Las relaciones del “hogar, dulce hogar” ahora pueden parecernos maravillosos, pero cuando nuestros ideales asuman una dimensión social nos parecerán angostos, vulgares, terriblemente aislados, fríos y limitados. Tendremos que abandonar el grupo familiar para respirar. Necesitaremos centros de irradiación más amplios para nuestros más grandes afectos.[28]
Tal era el “espléndido ideal” al cual había dedicado su vida y que la hacía intolerante a cualquier mediocridad, a cualquier perspectiva política limitada, que animaba su crítica vehemente y determinaba su inflexibilidad.
Emma Goldman nos ha dejado una herencia compleja; a través de su vida y su elaboración teórica ha contribuido a dar una dimensión feminista al anarquismo y una dimensión libertaria al feminismo.[29] Su convicción en la interdependencia entre la transformación social y colectiva y el interior de los individuos merece ser retomada y apreciada en todo su valor, enriquecida por la experiencia de nuestra vida.


Notas:

[1] Este texto es una traducción del prólogo del libro Il penseiro Anarcofemminista di Emma Goldman, Isabel Farah y Laura Gargiulo (selección de textos, redacción y traducción), Pisa, BFS, Biblioteca Franco Serantini,  2009. El libro en suma es un compendio de textos escrito por Emma Goldman y  traducidos al italiano. Traducción al español por Selene Amador Díaz.
[2] Entre las biografías, la primera fue la de R. DRINNON, Rebel in Paradise: A Biography of Emma Goldman, Chicago, University of Chicago Press, 1961. Para una interpretación de la relación entre vida privada y militancia anarquista véase C. FALK, Love, Anarchy, and Emma Goldman, New York, Rinehart and Winston, 1984; A. WEXLER, Emma Goldman: An Intimate Life, New York, Pantheon Books, 1984; A. WEXLER, Emma Goldman in Exile: From the Russian Revolution to the Spanish Civil War, Boston, Beacon Press, 1989. Una preciosa fuente para la reconstrucción biográfica es la recopilación de cartas compiladas en A.M. DRINNON, R. DRINNON, Nowhere at Home. Letters from Exile of Emma Goldman and Alexander Berkman, New York, Schocken Books, 1975. Sobre la Emma Goldman oradora véase: M. SOLOMON, Emma Goldman, Boston, Twayne, 1992. Entre las biografías más recientes véase: P. SALVATORES, Red Emma. Un’anarchica in America, Piacenza, Tip.Le.Co, 2000 y T. MORITZ, A.F. MORITZ, The World’s Most Dangerous Woman: a New Biography of Emma Goldman, Vancouver, Subway Books, 2001.
[3] E. GOLDMAN, Was My Life Worth Living?, «Harper’s monthly magazine», vol. CLXX, dicembre 1934, http://sunsite3.berkeley.edu/Goldman/Writings/Essays/lifework.html
[4] R. DRINNON, Rebel in Paradise, cit., p. 314.
[5] Véanse en primer lugar los ensayos contenidos en el volumen P.A. WEISS, L. KESINGER, Feminist Interpretations of Emma Goldman, University Park, Pennsylvania State University Press, 2007. Sobre el pensamiento feminista: B. HAALAND, Emma Goldman: Sexuality and the Impurity of the State, «Canadian journal of sociology», XX, n. 2, 1995 y R. GURSTEIN, Emma Goldman and the Tragedy of Modern Love, «Salmagundi», n. 135, 2002.
[6] En los Estados Unidos a partir de los años ’70 se comenzaron a republicar muchas de las obras de Emma Goldman. En la década siguiente en la Universidad de California en Bekerley se puso en marcha un proyecto (Emma Goldman Papers Project) que hasta la actualidad ha recopilado una documentación imponente: más de 20,000 entre cartas, escritos, documentos oficiales, recortes de periódico de y sobre Emma Goldman. E 1991 apareció la edición en microfilme que se compone de 69 bobinas (The Emma Goldman Papers Project: A Microfilm Edition, Chadwyck-Healey Inc). En 2001 se publicó una antología de los artículos sobre el periódico fundado y dirigido por Emma Goldman, “Madre Tierra” (Mother Earth) compilados en P. GLASSGOLD,Anarchy! An Anthology of Emma Goldman’s “Mother Earth” (1906-1918), Washington, Counterpoint.
[7] Let Icons Be Bygones! Emma Goldman: the Grand Expositor, en P.A. WEISS, L. KESINGER, Feminist Interpretations of Emma Goldman, cit., p. 42.
[8] Véase entre los estudios más recientes S.L. BROWN, The Politics of Individualism: Liberalism, Liberal Feminism and Anarchism, Montreal, Black Rose Books, 2003. Sobre el pensamiento de Emma Goldman a la luz de la teoría feminista y sobre la influencia sobre el feminismo contemporáneo véase: P.A. WEISS, L. KESINGER, Feminist Interpretations of Emma Goldman, cit., 2007.
[9] Sobre la influencia del filósofo alemán sobre Goldman véase el ensayo de R. HOLUB, Nietzsche: Socialist, Anarchist, Feminist, http://learning.berkeley.edu/robertholub/research/essays/American_Nietzsche.pdf.
[10] Sobre este tema véase G. JURLANO, La figlia del sogno. Emma Goldman negli Stati Uniti, in «Rivista storica dell’anarchismo», II, n. 2, 1995.
[11] E. GOLDMAN, Was My Life Worth Living?, cit.
[12] Ibid.
[13] “ El tráfico de mujeres” (“The Traffic in Women”), “El sufragio femenino” (“Woman Suffrage”), “La tragedia de la emancipación de la mujer” (“The Tragedy of Woman's Emancipation”), “La hipocresía del puritanismo” (“The Hypocrisy of Puritanism”) y “Matrimonio y Amor” (“Marriage and Love”).
[14] Sobre este tema y sobre las relaciones de Emma con el movimiento feminista anarquista estadounidense véase M.S. MARSH, Anarchist Women 1870-1920, Philadelphia, Temple University Press, 1981.
[15] A.M. DRINNON, R. DRINNON, Nowhere at Home, cit., p. 186.
[16] Ésta es la única, entre las numerosas afirmaciones misóginas de Nietzsche, a la cual alude Emma Goldman. Del pensamiento de Nietzsche Emma Goldman apreciaba la crítica despiadada hacia las instituciones sociales, los apasionantes apelos para un futuro mejor, la vitalidad individualista, su disguto por el estado. El periódico de Emma Goldman, “Madre tierra”, fue, entre los periódicos más publicados en Estados Unidos, el que dio mayor espacio a los escritos de y sobre Nietzsche.
[17] Citado en M. HEWITT, Emma Golman. The Case for Anarcho- Feminism, in P.A. WEISS, L. KESINGER, Feminist Interpretations of Emma Goldman, cit., p. 312.
[18] Uno de los ejemplos más elevados de este pensamiento es el texto de J. ADDAMS, If Men Were Seeking the Franchise, «Ladies home journal», XXX, n. 19, 1913.
[19] E. GOLDMAN, Living My Life, I vol., New York, Alfred Knopf, 1931, p. 557.
[20] En Estados Unidos, en el mismo año en el cual saliía la segunda edición de la recopilación de ensayos de Emma Goldman, James Addams publicaba el volumen A New Conscience and an Ancient Evil en el cual documentaba las dimensiones y los mecanismos de la trata, la participación de los jóvenes en el mercado sexual, e identificaba en la distorsión de la sexualidad masculina en la metrópoli contemporánea la causa principal de la propagación de la prostitución y un campo de intervención reformador.
[21]  Mary Wollstonecraft, su trágica vida y su lucha por la libertad (Mary Wollstonecraft, Her Tragic Life and Her Passionate Struggle for Freedom).
[22] M. WOLLSTONECRAFT, Tempo di rivoluzioni, cit., p. 183.
[23] Ivi, p. 177.
[24] Citado por L. JO MARSO, A Feminist Search for Love. Emma Goldman on the Politics of Marriage, Love, Sexuality, and the Feminine, P.A. WEISS, L. KESINGER, Feminist Interpretations of Emma Goldman, cit.
[25] Sobre estos aspectos véase C. FALK, Love, Anarchy, and Emma Goldman, cit.
[26] A.M. DRINNON, R. DRINNON, Nowhere at Home, cit., p. 168, carta del 25 de diciembre.
[27] Ivi, p. 134.
[28] The Passing of the Family, s. d., citado por J.E. DAY, The “Individual” in Goldman’s Anarchist Theory, en P.A. WEISS, L. KESINGER, Feminist Interpretations of Emma Goldman, cit., p. 121.
[29] A. WEXLER, Emma Goldman: An Intimate Life, cit., p. 277.



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