De nuevo, como ha ocurrido ya varias veces desde mayo de 2010, el gobierno griego, acosado por la “troika
infernal”, el Banco Central Europeo (BCE), el FMI y la Comisión
Europea, decidió el sábado pasado aplicar otro golpe a su población. En
esta ocasión cobrará un nuevo impuesto a propietarios inmobiliarios
aplicable durante este año y el próximo. Los cobros se harán en los
recibos de la energía eléctrica y serán en promedio de cuatro euros por
metro cuadrado. Además, los políticos y altos funcionarios dejarán de
cobrar un mes. Esta decisión restablece la relación entre la troika y el gobierno griego, que se había roto ante la negativa griega a aplicar medidas adicionales sobre la población.
El gobierno griego sostiene que estas medidas, rechazadas por todos
los sectores sociales, le significarán un ingreso de 2 mil millones de
euros, permitiéndole acercarse a la meta acordada con la troika
y, de ese modo, lograr que les entreguen el siguiente tramo de ayuda
acordado. Sin embargo, para que efectivamente esto ocurra, la troika
visitará nuevamente Atenas para certificar que efectivamente el
gobierno está haciendo todo loposible por cumplir con las metas
acordadas para el déficit fiscal y, si les convencen, autorizar el
desembolso de la ayuda, indispensable para que el gobierno griego pueda
seguir funcionando y permanezca en la eurozona.Mientras Grecia intenta sobrevivir, los mercados han decidido que el gobierno griego terminará declarándose en moratoria, forzando una restructuración que incorpore una quita importante del valor de las obligaciones. La reacción de las bolsas europeas este lunes siguió el comportamiento de las cotizaciones de los bancos de esa zona que mantienen en sus portafolios porciones importantes de deuda griega. El saldo al final de ese día fue una caída que ha regresado los índices a los niveles de hace dos años. Los seguros contra el impago de esta deuda, los famosos CDS, han fijado en 95 por ciento la posibilidad de que Grecia deje de pagar.
La decisión de los grandes inversionistas, a los que llamamos mercados y que para algunos tienen vida propia, se ha traducido en nuevos aumentos del costo de la deuda griega. La prima de riesgo, que se estima como sobretasa a partir de la tasa de interés que paga el bono alemán, ha llegado ya a 21.8 puntos porcentuales, lo que encarece brutalmente el costo de la deuda haciendo aún más necesaria la ayuda europea y del FMI. Como en las ocasiones anteriores, también ahora se tiene claro que lo único que se está ganando es tiempo, postergando las decisiones realmente trascendentes, las que resuelvan el problema griego y de otros países de la periferia y del centro europeo.
La solución a esta crisis de deuda soberana en Europa obliga a
cambios importantes en el funcionamiento de los gobiernos de la zona
euro y en el BCE. La unión monetaria que dio origen al euro tiene que
sumar una unión de las finanzas públicas, que obligue a establecer
presupuestos comunes y que emita obligaciones europeas para los países
de la zona euro. Dadas las dificultades actuales de Irlanda, Portugal,
España e Italia, la emisión conjunta implicaría que los países fuertes,
Alemania y Francia, contribuyeran a subsanar esas dificultades
financieras. Implicaría que, además, los bancos europeos y de otros
países asumieran las pérdidas derivadas de una reestructuración de la
deuda soberana griega y del resto de los países con problemas.
Esta es la opción que salva el proyecto europeo, pero los jefes de los gobiernos europeos no están dispuestos a decidirla, porque no creen que sus electores la respalden. De modo que, como dice el dirigente alemán del Partido Verde, Joschka Fischer, los líderes europeos seguirán improvisando con paliativos que agravarán la crisis, lo que conducirá a un riesgo creciente de ruptura de la unión monetaria. El abismo está cada vez más cerca. No se ha llegado hasta aquí inexplicablemente. Es el resultado de decisiones políticas de quienes han gobernado Europa en los últimos tiempos. La desconfianza popular ha generado una crisis de representatividad que puede tener consecuencias significativas. Queda poco tiempo. La única solución es avanzar en el proyecto equitativo y solidario.
Esta es la opción que salva el proyecto europeo, pero los jefes de los gobiernos europeos no están dispuestos a decidirla, porque no creen que sus electores la respalden. De modo que, como dice el dirigente alemán del Partido Verde, Joschka Fischer, los líderes europeos seguirán improvisando con paliativos que agravarán la crisis, lo que conducirá a un riesgo creciente de ruptura de la unión monetaria. El abismo está cada vez más cerca. No se ha llegado hasta aquí inexplicablemente. Es el resultado de decisiones políticas de quienes han gobernado Europa en los últimos tiempos. La desconfianza popular ha generado una crisis de representatividad que puede tener consecuencias significativas. Queda poco tiempo. La única solución es avanzar en el proyecto equitativo y solidario.
Fuente, vìa :
http://www.jornada.unam.mx/2011/09/15/opinion/028a1eco
http://www.jornada.unam.mx/2011/09/15/opinion/028a1eco


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