domingo, 17 de julio de 2011

Chile : Movimientos estudiantiles que hacen Historia..por Loreto Soto

Desde principios del siglo XX, el movimiento estudiantil ha protagonizado los grandes cambios sociopolíticos que se han producido en el país. Ya sea respaldando a otras organizaciones sociales o liderando debates rupturistas, tanto universitarios como secundarios han constituido el alma crítica del país.


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Las multitudinarias protestas que han convocado los universitarios en los últimos meses  recuerdan y reviven los episodios en los que el movimiento estudiantil se ha levantado a través de la historia de Chile.
Defendiendo las reivindicaciones propias de la educación, este movimiento ha acompañado y muchas veces protagonizado los grandes cambios sociales que se han desencadenado en el país. Desde las primeras agrupaciones que surgían a principios del siglo XX hasta la actual demanda universitaria, el objetivo final ha sido uno solo: La democratización de las instituciones y de la sociedad.
El primer antecedente de este movimiento se sitúa en 1906 con el nacimiento de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), una de las primeras entidades de estas características fundadas en Latinoamérica. Si bien, la organización estudiantil partió tímidamente, ya en los años 20 fue parte de importantes protestas que exigían, por un lado, reformas universitarias, pero que además suscitaban el apoyo a las demandas del movimiento obrero. En ese tiempo la FECH estaba influida por distintas corrientes ideológicas como en anarquismo y todas aquellas que tenían como eje la lucha de los trabajadores.
Sin embargo, fue en los años 30 cuando los estudiantes participaron de un verdadero cambio sociopolítico. Gracias a la presión ejercida tanto por los estudiantes como otros sectores sociales se logró el derrocamiento de la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo. En las décadas siguientes, el movimiento estudiantil realizó numerosos paros y en los ´40 fueron un respaldo importante para las demandas campesinas, incluso en medio, de la llamada “Ley Maldita”, que declaró como ilegal el accionar del Partido Comunista.
Pero uno de los grandes triunfos del movimiento estudiantil se vivió, precisamente, en una época marcada por muchos cambios sociales.  Hacia fines de los ´60, los estudiantes lideraron el proceso hacia una Reforma Universitaria que buscaba modificar de forma sustancial la forma en que se organizaba la vida universitaria, abogando por una mayor participación de los alumnos en el gobierno de las casas de estudios. De esta forma, se quería garantizar una mejor inserción de los planteles en el debate sobre el desarrollo y la modernización del Estado.
El proceso comenzó en 1967 con huelgas en las Universidades Católicas de Valparaíso y Santiago, a las que luego se unieron el resto de los planteles de educación superior que existían en ese momento en Chile: la Universidad Técnica Federico Santa María, la Universidad Técnica del Estado (actual USACH), la Universidad de Concepción y la Universidad de Chile.
Si bien, este movimiento logró las tan ansiadas transformaciones, con la llegada de la dictadura militar en 1973 se suprimió toda la acción estudiantil, así como la de otros actores sociales. De todas formas, durante el gobierno de Pinochet se mantuvo la acción clandestina de los universitarios.
Y el silencio no se mantuvo por mucho tiempo. Canalizando los ánimos de cambio que ya se venían gestando en rechazo a la dictadura, el movimiento estudiantil tomó nuevos aires en la lucha en contra de los rectores designados, quienes se preocuparon de liderar un proceso de jibarización de los planteles públicos, en especial, en la Universidad de Chile.
La gran pelea se dio en contra de José Luis Federici, conocido por sus políticas duras y autoritarias. Las protestas estudiantiles no sólo lograron que Federici fuera destituido de su cargo y reemplazado por Juan de Dios Vial Larraín, un connotado académico de ideales más democráticos, sino que dieron el puntapié y anticiparon la respuesta de la sociedad chilena de cara al plebiscito que terminó con la dictadura.
Durante estas protestas destacaron las manifestaciones creativas como la marcha de Mujeres por la U, donde un grupo de universitarias se vistió de negro y transitó por las principales calles de Santiago. En otra oportunidad, alumnas se tomaron la Casa Central y protestaron mostrando por las ventanas su ropa interior. Manifestaciones que en ocasiones también terminaron en tragedia como el disparo directo de parte de un Carabinero que dejó herida  a la estudiante de música María Paz Santibáñez.

De Pingüinos y otros

Al finalizar la dictadura y ya entrando en los gobiernos de transición, el movimiento estudiantil perdió su fuerza y, según explicó el historiador, Sergio Grez, se presenciaron acciones más bien intermitentes y esporádicas.
A juicio del académico, esto se produjo porque “buena parte de las dirigencias estudiantiles respondían a las organizaciones partidarias de la Concertación, que tenía una buena capacidad de cooptación, control y manejo de estos movimientos”.
Sin embargo, la entrada al nuevo milenio traería sorpresas. Y esta vez la presión no vino desde el mundo universitario, sino desde las aulas de enseñanza media. La llamada “Revolución de los Pingüinos” en 2006 remeció la dormida escena estudiantil arrastrando a miles de personas a las calle. Y si bien, lograron obtener uno de sus principales cometidos – la derogación de la Ley Orgánica Constitucional de Educación L.O.C.E promulgada en dictadura – la redacción de la nueva normativa educacional, poco tuvo que ver con las demandas de fondo como la desmunicipalización de la educación.
Precisamente, hacia cambios estructurales apunta el ahora Frente Social por la Educación, que agrupa a los universitarios, secundarios, profesores y una serie de otras organizaciones sociales.
Según Grez, la positiva autonomía adquirida por el  movimiento estudiantil – que se tiene como antecedente la poca valoración que existe en la actualidad a la clase política – permitió la radicalización de sus posiciones “que ya están abarcando puntos que van más allá de las demandas gremiales  y que tienen que ver con una positiva politización en exigencias como la renacionalización del cobre, de una reforma tributaria para financiar la educación, cambio de la Constitución para que garantice el derecho a la educación a través de una Asamblea Constituyente”, dijo el historiador.
Y pese a que todavía no se sabe si estas demandas podrán concretarse, Grez asegura que “el futuro de este movimiento estudiantil aparece más promisorio siempre y cuando tenga la capacidad para dotarse de bases programáticas que apunten a ir más lejos al logro de algunas reivindicaciones inmediatas y sea capaz de sostener en el tiempo organizaciones con alto grado de autonomía para que sea más difícil su cooptación.

Vìa :
http://radio.uchile.cl/noticias/122876/

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