Ante la situación de precariedad o pobreza en la que viven, un gran número de jóvenes ceden a las ofertas de los captadores, que las atrapan en las redes de prostitución con la promesa de ofrecerles cursos de formación o trabajos temporales
La
mayoría de campañas de prevención contra el tráfico de seres humanos no
ha tenido ningún efecto destacado. Incluso el Parlamento Europeo
declaró recientemente que todas las medidas adoptadas por la Unión para
limitar las consecuencias de esta plaga eran ineficaces. Según los datos
publicados por el Consejo de Europa, se trata sin embargo de una de las
principales fuentes de financiación del crimen organizado; la “trata de
blancas” es además el sector de la economía sumergida que registra el
desarrollo más excepcional de los últimos años.
El
tráfico afecta sobre todo a mujeres: representarían alrededor del 80%
de las 800.000 personas que, cada año, son víctimas de este tráfico. Se
ha instado en numerosas ocasiones a los países miembros de la Unión
Europea a que asuman sus responsabilidades: ayudar materialmente a las
víctimas para que puedan volver a sus países o bien proporcionarles una
protección administrativa si desean permanecer en el territorio de la
UE. Estas mujeres deben estar convencidas del beneficio de testificar
contra sus carceleros y, si fuera necesario, garantizar su seguridad
ante la posibilidad de represalias por parte de estos últimos.
En
la práctica, esto ocurre en contadas ocasiones. Veamos el ejemplo de
Bulgaria. Según los datos de la comisión nacional de la lucha contra el
tráfico de seres humanos, el número de víctimas en 2010 se elevó a 500
personas, es decir, el doble del año anterior. Este año, hasta el mes de
abril, las víctimas ascendían a 154: 141 mujeres y 13 niños. Se trata,
como es evidente, de la punta del iceberg, de los casos comprobados de
tráfico; la realidad, como podemos imaginar, es aún más preocupante.
La finalidad del tráfico es la explotación sexual
Los
países de riesgo para los búlgaros son Países Bajos, Alemania, Francia,
Reino Unido, Italia, Chipre y Suecia. En la mayoría de los casos, la
finalidad de este tráfico es la explotación sexual, aunque también se ha
observado un recrudecimiento de las denuncias por trabajos forzados.
Hace unos días, se publicó la noticia de la detención de dos búlgaros
residentes en Suecia que intentaban atraer a compatriotas al país,
tentándoles con la posibilidad de obtener un trabajo bien remunerado y
alojamientos agradables. En realidad, les forzaban a recoger frutas y a
vivir en tiendas de campaña en pleno bosque; les habían confiscado sus
documentos de identidad y nunca les pagaron.
Pero
los pocos casos de condena por parte de la justicia no logran invertir
la tendencia. Durante una operación policial, hace unos años, se
detuvieron a dos hombres que intentaban trasladar a mujeres de Bulgaria a
Grecia. Se descubrió que recorrían los campos búlgaros para captar a
jóvenes a las que obligaban a prostituirse en Sofía o en la vecina
Grecia y luego se quedaban con el 50% de sus ingresos. Fueron condenados
en primera instancia, pero luego claramente fueron absueltos, ya que se
vieron sus fotos en la prensa británica el pasado verano, mientras
intentaban “colocar” a esclavas blancas en el territorio de Reino Unido.
"Ofrecer formación en el extranjero"
Las
autoridades también advierten de que los traficantes ahora demuestran
una gran imaginación para atraer a sus víctimas y hacer que caigan en
sus redes. Por ejemplo, últimamente su método consiste en ofrecer
“formación en el extranjero”, sobre todo cursos de idiomas. La violencia
física se utiliza cada vez menos y se sustituye por amenazas
psicológicas y presiones a la familia que se queda en el país. En
Bulgaria, las principales causas del desarrollo de estos tráficos siguen
siendo el analfabetismo, el hundimiento de los valores morales, el
racismo y la discriminación étnica, la pobreza, la pésima situación
económica, el paro… Esto podría explicar el cambio de estrategia de los
traficantes, que cada vez más se hacen pasar por agencias de trabajo
temporal.
Se trata de un fenómeno que corre el
riesgo de perdurar porque, en periodos de crisis, la gente busca
desesperadamente una salida a situaciones materiales en muchas ocasiones
catastróficas y están dispuestas a hacer cualquier cosa para salir de
ellas. Las campañas de sensibilización únicamente logran mejorar un poco
este triste panorama. El trabajo de verdad sigue estando en manos de la
policía, tanto en ámbito local como internacional. Después de todo, nos
podemos preguntar por qué los policías europeos, con su gran maquinaria
represiva, no pueden acabar con el puñado de peces gordos que dirigen
este tráfico...
Esclavitud a la europea
“Camareras
que cobran tres euros por hora, obligadas a trabajar siete días a la
semana y durmiendo bajo la máquina de café, compartiendo dos o tres la
misma cama. Trabajadores de un túnel de lavado a los que les pagan 20
euros por diez horas y nada si hace mal tiempo. “Los nuevos esclavos
están entre nosotros”, titula en portada Le Soir tras la publicación en Bélgica del 14º informe anual “Trata y tráfico de seres humanos” del Centro para la Igualdad de Oportunidades.
El
informe pone de relieve la profesionalización del tráfico de seres
humanos: un fenómeno que se asienta sobre entramados cada vez más
complejos y con responsabilidades cada vez más difíciles de establecer
gracias al empleo de subcontratas. El diario de Bruselas cita
concretamente un caso que ha acabado en los tribunales en Gante. Se
trata de una cadena de restaurantes de carretera que habría recurrido
sistemáticamente a la subcontratación para explotar a sus víctimas,
trabajadores kazajos empleados en los baños de los establecimientos
siete días a la semana, de siete de la mañana a diez de la noche, por un
salario bruto de 1.200 euros al mes. Reclutados por una empresa
alemana, se les consideraba independientes y así no estaban sometidos a
la legislación belga sobre las condiciones de salario y de trabajo.
“El
otro pilar sobre el que se asienta la explotación económica es la
directiva europea sobre la libre circulación de trabajadores y sus
perversas consecuencias”, ahonda el informe al que se refiere Le Soir.
Dicho documento aboga por “una inspección social europea para recabar
información fiable sobre el estado de un trabajador o de una empresa”.
Una condición que, con la elaboración de una ley para instaurar una co
responsabilidad de los intermediarios, permitiría luchar eficazmente
contra el fraude fiscal, social y la trata de seres humanos.

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