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lunes, 10 de septiembre de 2018

Nicaragua: Camino al aislamiento.... Sergio Ramírez

Sergio Ramírez



La expulsión de la misión de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos por el régimen de Nicaragua parece incomprensible para algunos, y un desacierto de fondo para otros. Pero en cualquier caso, no conduce sino al aislamiento internacional.

Antes de que la cancillería diera por terminada la presencia de la misión, ya el propio Daniel Ortega, en un discurso que presagiaba la decisión, había acusado al organismo de ser “instrumento de los poderosos que imponen su política de muerte… manejada por los que se han adueñado de continentes enteros, por los que han cometido genocidios sobre pueblos enteros… los que los transportaron desde África para que trabajaran… son infames”.

La conclusión es, entonces, que las investigaciones que la misión de derechos humanos de Naciones Unidas ha llevado adelante no son sino un ardid malintencionado del viejo colonialismo europeo, urdido contra un indefenso país del tercer mundo. Pero ¿quién es el alto comisionado bajo cuyo mandato se preparó el informe?

El diplomático jordano Zeid Ra’ad Al Hussein, quien ha sostenido una firme posición en favor de Palestina en el conflicto con Israel y en 2015 declaró que Estados Unidos estaba obligado a llevar a juicio a los miembros de la CIA responsables de casos de tortura. Raro esclavista. Y la diatriba alcanza también a la ex presidenta de Chile Michelle Bachelet, lejos también de cualquier credo colonialista, quien muy pronto sustituirá a Hussein.

La vigilancia del respeto a los derechos humanos es hoy día regla universal que rebasa las fronteras. Y los organismos regionales y mundiales que los tutelan nacen de un largo proceso que ha llevado a las naciones a aceptar no sólo la necesidad de su existencia como elemento de civilización, sino a acatar sus informes.

Son muy pocos los casos en que la inconformidad con los señalamientos de estos organismos provoca la descalificación de sus reportes, y más escasos aún aquellos en que se decreta su expulsión tras invitarlos a realizar visitas presenciales. Una acción semejante significa ponerse al margen de la comunidad internacional o de espaldas a ella.

Los integrantes de las misiones de derechos humanos que han acudido a Nicaragua son profesionales intachables, y responden a la seriedad e integridad de quienes encabezan estos organismos. Descalificarlos puede ser eficaz para contentar a los propios partidarios, pero no para convencer a los gobiernos y a la comunidad internacional. Y tampoco ayuda para nada a reconciliar al país, porque lo que viene a confirmarse es una voluntad de impunidad. Muy sabiamente el jefe de la misión expulsada, el jurista peruano Guillermo Fernández Maldonado, ha propuesto la integración de una comisión internacional de la verdad para profundizar en los hechos.

La retórica denigratoria que acompaña la expulsión no tiene ningún peso frente a los señalamientos de acciones de represión oficial y paramilitar, consideradas en el informe como violatorias del derecho internacional y de los derechos humanos, lo cual incluye el uso desproporcionado de la fuerza, casos de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, obstrucción de acceso a la atención médica, detenciones arbitrarias o ilegales, tortura y violencia sexual, criminalización de las protestas ciudadanas. Lo que tiene peso es el hecho mismo de la expulsión.

Y, seguramente, lo más irritante para el régimen es que el informe contradice la narrativa oficial del golpe de Estado. Golpistas ha sido el título que conforme a esa narrativa se ha dado constantemente a los miles de participantes en las protestas populares.

Al cerrar las fronteras al escrutinio de los hechos violatorios de los derechos humanos, el régimen desconoce el orden internacional, en el que se basa hoy día la convivencia entre las naciones de todo tamaño y poderío. ¿Puede Nicaragua vivir bajo una política de fronteras cerradas? ¿Puede el régimen valerse solo, aislado como está de la propia sociedad nicaragüense?

A lo largo de la historia ha habido naciones que se han encerrado en sí mismas, ignorando a las demás. Pero se ha tratado de países vastos en su geografía, autosuficientes en sus recursos y, por supuesto, poderosos, como ocurrió con China bajo las dinastías Tang y Ming. Pero Nicaragua es un país pequeño, interconectado de manera natural a las naciones vecinas y miembro fundador tanto de la Organización de Estados Americanos como de Naciones Unidas, y no puede renunciar a sus obligaciones internacionales sin afrontar consecuencias jurídicas y económicas.

La crisis que vivimos no tiene salida en el aislamiento, sino, por el contrario, en buscar y no alejar el respaldo internacional, que lleve a un diálogo nacional, ahora pospuesto por voluntad cerrada del régimen, y que ese diálogo abra las posibilidades de una salida democrática que, lejos de haber terminado, parece prolongarse de manera indefinida.

El camino escogido es cada vez más equivocado y aleja las soluciones que pasan necesariamente por el restablecimiento pleno de la democracia y el respeto sin condiciones a los derechos humanos.


vía:

 https://www.jornada.com.mx/2018/09/09/opinion/026a1mun

viernes, 24 de agosto de 2018

Nicaragua: la falacia de la soberanía .....Sergio Ramírez

Sergio Ramírez



Daniel Ortega ha rechazado de manera tajante, y haciendo uso de la vieja retórica antimperialista, la creación del grupo de trabajo integrado por 12 países miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA), y presidido por Canadá, para contribuir a la búsqueda de soluciones pacíficas y sostenibles a la situación que se registra en Nicaragua.

El canciller nicaragüense ha recordado, como no se oía desde hace mucho tiempo, que la OEA no es más que el Ministerio de Colonias de Washington, y ha dicho que los integrantes de esa comisión que conforma y dirige Estados Unidos en el afán de seguir interviniendo en los asuntos internos de Nicaragua desde la OEA no son bienvenidos a nuestro país, por tanto, no serán recibidos en nuestro suelo patrio.

Esas manifestaciones de virtud herida, no se corresponden con lo que ha sido la política del Frente Sandinista a lo largo de los pasados 40 años, desplantes retóricos de por medio. En 1978, la OEA formó un grupo de trabajo similar integrado por tres países, los propios Estados Unidos, República Dominicana y Guatemala, cuyos integrantes llegaron a Nicaragua en plena insurrección de septiembre de ese año, en calidad de mediadores. Y en representación del FSLN, como miembro del Grupo de los Doce, participé en las negociaciones con el gobierno de Somoza, conducidas por ellos.

Estas negociaciones fracasaron, porque Somoza le dio largas a la propuesta de un plebiscito en el que se votaría si se quedaba o no en el poder; pero pocos meses después, en mayo de 1979, ya no la comisión de la OEA, sino nada más uno de sus integrantes, el diplomático del Departamento de Estado William G. Bowdler, regresó para remprender las pláticas, ahora con quienes éramos los miembros designados de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, y nos reunimos con él en Costa Rica y en Panamá. Ortega era miembro de la Junta.

La Dirección Nacional del FSLN, donde también estaba Ortega, respaldaba esas negociaciones directas con Estados Unidos, destinadas a facilitar la salida de Somoza lo más pronto posible, mientras el pueblo combatía en todo el territorio nacional. Y se llegó a acuerdos concretos: Somoza renunciaba y se iba de Nicaragua con su familia y allegados más íntimos sin pagar por sus graves culpas, responsable de delitos de lesa humanidad.

Y se convino, además, que una vez depurada, y con una nueva jefatura, la Guardia Nacional, el ejército de la familia a la que echábamos del poder, pasaría a ser parte de unas fuerzas armadas en las que entraría también la guerrilla del FSLN, formando ambas entidades un Estado Mayor Conjunto equilibrado. Las cosas no llegaron a ser así porque al negarse a renunciar el vicepresidente Urcuyo, una vez Somoza exiliado en Miami, todo se descarriló y la Guardia Nacional terminó desbandándose, y rindiéndose. Pero aquellos fueron los acuerdos.

El régimen no acepta hoy intervenciones extranjeras contrarias a la soberanía nacional, entre ellas el calendario electoral elaborado por la OEA, que culminaría con unas elecciones adelantadas para los primeros meses de 2019. Ya Ortega lo había aceptado, según testimonio del secretario general Luis Almagro, pero ahora se desdice, obnubilado por su victoria militar frente a una rebelión desarmada, alegando que adelantar las elecciones contradice la Constitución Política. Lo cual es falso.

La guerra civil que a lo largo de los años 80 enfrentó a los sandinistas con los contras, terminó gracias a las gestiones de paz del presidente de Costa Rica, Óscar Arias, encauzadas mediante el proceso de Esquipulas, en el que participaron los presidentes de todos los países centroamericanos. La meta era poner fin a los conflictos armados en Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

Se llegó a acuerdos trascendentales, el primero de los cuales se firmó el 7 de agosto de 1987, precisamente en la ciudad de Esquipulas, en Guatemala, en el que se establecía el compromiso de celebrar elecciones libres y democráticas, bajo la supervisión de la OEA y de las Naciones Unidas.

Y Ortega aceptó más. En la cumbre de presidentes centroamericanos de Costa del Sol, El Salvador, celebrada el 14 de febrero de 1989, se comprometió a reformar la Constitución para adelantar a febrero las elecciones programadas para noviembre de 1990, con lo cual acortó su propio periodo.

No fue injerencia en los asuntos soberanos de Nicaragua la de los presidentes centroamericanos. Tampoco fue injerencia la de la OEA al desplegar una numerosa misión de observadores a lo largo de todo el periodo electoral de 1990.

Si la soberanía de Nicaragua está herida de muerte es por algo muy diferente: el tratado del Gran Canal Interoceánico, firmado en junio de 2013, y que entrega por 100 años el país al aventurero chino Wang Ying, salido de la nada. Este tratado inaudito, convertido en ley, fue publicado en inglés en el diario oficial, y sigue vigente. Un día, ojalá no lejano, deberá ser derogado.

Masatepe, agosto 2018

sergioramirez.com

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vía:http://www.jornada.com.mx/2018/08/23/opinion/020a2pol

jueves, 2 de agosto de 2018

Nicaragua: Daniel Somoza .......Carlos Martínez García

Carlos Martínez García




Ya es todo contra lo que combatió en su juventud. El presidente Daniel Ortega se transformó poco a poco en el dictador que persigue fieramente a sus críticos y reprime a quienes se movilizan en su contra. Ya no queda en él nada de los ideales que le llevaron a ser uno de los líderes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que se levantó contra la sangrienta dictadura de Anastasio Somoza.

Tal vez el antiguo comandante del FSLN desconozca el poema del gran José Emilio Pacheco, Antiguos compañeros se reúnen, sin embargo ha cumplido a cabalidad lo escrito por el ganador del Premio Cervantes: Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los veinte años. Cuando Ortega Saavedra, junto con liderazgos y combatientes del FSLN, en julio de 1979 entró triunfante a Managua, no tenía 20 años sino 34, pero era la antípoda de lo que personifica hoy.

La Revolución sandinista levantó movilizaciones solidarias por todo el mundo. Desde distintos países viajaron al pequeño país, pequeño por la extensión de su territorio pero enorme por las esperanzas que levantaba, miles de hombres y mujeres para contribuir en tareas de reconstrucción. La devastación de la dictadura somocista debía revertirse en todos los órdenes, y uno de ellos era el educativo. Entusiastas brigadas alfabetizadoras se dispersaron por la geografía del país, forjaron bellas historias de lo que significó para los pueblos y sus habitantes que se hiciesen heroicos esfuerzos por proveerles de herramientas cognitivas liberadoras.

Hacia finales de 1981 el presidente estadunidense Ronald Reagan instruyó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), y aprobó fondos, para que el organismo conformara fuerzas combatientes cuya meta era derrocar a los sandinistas. Entonces Daniel Ortega ocupaba la presidencia del país, y junto con la plana mayor del FSLN se dio a la tarea de enfrentar los ataques de los llamados contras. En el esfuerzo por atajar a los mercenarios debieron distraerse valiosos recursos humanos y financieros que eran indispensables para la sociedad y la economía de Nicaragua.

Daniel Ortega dejó la presidencia en 1990, tras que el sandinismo fue derrotado en las urnas por una coalición opositora encabezada por Violeta Chamorro. Ortega Saavedra fue elegido por los nicaragüenses en 2007 como presidente, cargo que ocupa a partir de entonces. Sus opositores, entre ellos destacados sandinistas que hicieron causa común con Ortega para combatir la dictadura de Tacho Somoza, sostienen que los sucesivos triunfos electorales de Daniel solamente pueden explicarse por los fraudes perpetrados en distintas formas.

Desde que retornó al poder en 2007, Daniel Ortega y su camarilla, sobre todo familiar, han acrecentado su patrimonio mediante la corrupción y el tráfico de influencias. En el transcurso de los años, anteriores camaradas de Ortega en el FSLN rompieron con él y señalaron que trastocó los principios del sandinismo. Comentan, con sobrada razón, que Daniel Ortega está reproduciendo el modelo somocista para beneficiarse él, y beneficiar a los suyos, del presupuesto público y otros bienes que son patrimonio de los nicaragüenses.

El escritor Sergio Ramírez, opositor a Somoza y perseguido por éste, quien fue vicepresidente del país en la primera presidencia de Daniel Ortega (1984-1990), fue tomando distancia del orteguismo y sus cercanos que continúan usufructuando la figura de Augusto César Sandino. Cuando en 1999 se cumplieron 20 años de la victoria del FSLN sobre el dictador Anastasio Somoza, Sergio Ramírez escribió y publicó Adiós muchachos. La obra fue reditada en 2007, tras el regreso de Ortega a la presidencia de Nicaragua. Desde la edición original Sergio Ramírez advirtió señales ominosas que de fructificar, como fructificaron, torcerían el rumbo del sandinismo cooptado por Daniel Ortega.

En 2007 Ramírez señaló que la nueva llegada al poder de Ortega Saavedra era resultado de un pacto con las fuerzas vivas políticas de Nicaragua, que facilitó la sumisión de los tribunales de justicia a la voluntad personal de [los] firmantes, lo mismo que la sumisión del sistema electoral y de la Contraloría de Cuentas, y facilitó también el clientelismo político, basta citar el ejemplo de la Corte Suprema de Justicia ampliada a 17 miembros, un número escandaloso para un país pobre de apenas 5 millones de habitantes, con el único objeto de repartir cargos entre incondicionales.

Desde abril pasado hay movilizaciones que exigen la renuncia de Daniel Ortega. Se han destacado al frente de las protestas los contingentes estudiantiles. ¿Cuál fue la respuesta del presidente Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo? Desataron la represión, que ha dejado más de 300 muertos. Ortega dice que son menos de 200. Afirma que los opositores son traidores a la patria. Lo mismo decía Somoza de los sandinistas, ¿te acuerdas Daniel?


vía:
http://www.jornada.com.mx/2018/08/01/opinion/018a2pol

domingo, 29 de julio de 2018

Nicaragua: intelectuales y razón de Estado...Marcos Roitman Rosenmann.....¿Cuántos muertos hacen falta para reconocer la infamia?






Los amigos de mis amigos no son amigos, y los enemigos de mis enemigos no son mis aliados. Es necesario aclarar estos términos para explicar la realidad que vive Nicaragua y el papel de los intelectuales. ¿Qué sentido tiene reflexionar sobre el poder sin realizar una crítica a la razón de Estado? La tarea del intelectual, concepto nacido peyorativamente, sirvió para designar a quienes por vez primera, comandados por Émile Zola, manifestaron su rechazo a la mentira, manipulación, justicia corrupta, antisemitismo e impunidad del Estado en el caso Dreyfus. Yo acuso de Zola, define su rol en el espacio público. Se les desprestigió, afirmando que no era de su incumbencia cuestionar el poder y las decisiones de Estado. Dedíquense a sus tareas, escriban novelas, pinten, realicen investigación científica, docencia, etcétera, pero no se metan en política. Es terreno vedado. Julio Verne encabezó la lista de inquisidores. Tras juicio amañado, Zola se marcha al exilio, de regreso a Francia, muere en extrañas circunstancias. La historia es larga, los desatinos del poder han sido muchos y los silencios cómplices también. Simplemente Stalin. La crítica a destiempo no es crítica, sino justificación. Llámeseles militantes orgánicos, pero no intelectuales. Nicaragua no es la excepción. El insulto se ha convertido en un arma poderosa contra quienes dibujan un cuadro políticamente incorrecto. Los defensores del gobierno Ortega-Murillo, no construyen argumentos, ni aportan datos. Se erigen guardianes de un régimen, disque de izquierda, progresista y revolucionario. Su justificación: el enemigo a combatir es el imperialismo yanqui. Ortega es nuestro hijo de puta. Así comienza la retahíla: desconocen la geopolítica, son tontos útiles, se asimilan a los golpistas, ignorantes, los hay financiados por la CIA. La crítica se deriva a lo personal. Las reflexiones de pensadores, militantes, activistas, dirigentes políticos, teólogos de la liberación, poetas, académicos, escritores, en fin intelectuales, cuyos trabajos aportan al debate, son ninguneados. Ahora, los acólitos de Ortega-Murillo, que les citaban como parte del pensamiento emancipador, les convierten en enemigos. ¿Qué ha pasado? El mensaje es claro: conmigo o sin ti.

Tal y como sucediera en la guerra del Golfo, las movilizaciones del No a la guerra fueron expresión social de una mayoría enfrentada a la prepotencia, la mentira y la manipulación. Participaron progresistas, liberares, demócratas, socialistas, anarquistas, comunistas, conservadores, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres. Una amalgama difícil de encuadrar, salvo el grito: No a la guerra. El imperio les presentó como abanderados de Sadam Hussein. Hoy en sentido contrario, la crítica al gobierno Ortega-Murillo, es etiquetada como pro-imperialista. Y no, no, se puede ser maniqueo y desvirtuar la historia de Nicaragua, la evolución política de los partidos, y el sandinismo. Los defensores del régimen se suman a las descalificaciones, desoyendo su conciencia y recalando en el pragmatismo, quedando inhabilitados como intelectuales.

No estamos en presencia de un golpe blando, por definición. Se piden elecciones anticipadas. Nicaragua no es Venezuela ni Cuba. En Venezuela, la izquierda y el gobierno han ido por delante de la oposición. Elecciones, referéndum, constituyente, se han fajado en las urnas, no han tenido miedo, derrotados o vencedores, le han quitado los argumentos a la derecha y al imperialismo. Así recalan en el golpe blando. Por su parte, Cuba, lleva más de medio siglo con un bloqueo comercial, económico y financiero, pero se erige digna. Se intentan toda clase de maniobras desestabilizadoras y fracasan, la revolución cuenta con el apoyo de su población, es Martí, Haydée Santamaría, Vilma Espín, Melba Hernández, Fidel, Camilo, Celia Sánchez, el Che. Ni tortura, ni muertos en manifestaciones. ¿Cuáles las semejanzas con la Nicaragua de hoy? Usted responda en conciencia. La labor del intelectual consiste en unir ética de la responsabilidad y ética de la convicción. A quienes tienen el poder y lo saben les imputa responsabilidad en sus actos, a quienes no lo saben y pero lo ejercen, le señala las consecuencias de sus decisiones y por último hace pública sus conclusiones, argumenta, genera debate, no busca ganar en una discusión sofista, sino articular pensamiento emancipador y subversivo. Parafraseando a Paulo Freire, educa para la libertad. ¿Cuántos muertos hacen falta para reconocer la infamia?



vía:http://www.jornada.com.mx/2018/07/28/opinion/015a1pol

Nicaragua: Nicaragua, Nicaragüita ......Elena Poniatowska

Elena Poniatowska


Como lo dijo muy bien el poeta nicaragüense Francisco Larios, autor de Sobre la vida breve de cualquier paraíso, en un acto dominical de protesta por la matanza de nuestros hermanos en Nicaragua, allá no son dos partes las que combaten, sino tanques militares que se lanzan contra civiles. No es un golpe de Estado, de lo que se trata es de aplastar la opinión de los nicaragüenses.

A los nicas los persiguen pickups con hombres sin uniforme que les disparan en la calle. Por ahora son 2 mil los heridos y 400 los muertos, 80 de ellos con disparo en la cabeza por un francotirador.

Francisco Larios contó que se mata a la gente a plena luz del día, dentro de la iglesia, al lado de los sacerdotes que intentan protegerla.

Según el poeta, Nicaragua vive en un estado de demencia, porque una cosa es gobernar y otra matar. En Nicaragua vivimos un genocidio.

Estas palabras las escuché el domingo 22 de julio a las cinco de la tarde en un acto de poetas e intelectuales que mucho honra al Fondo de Cultura Económica.

En esa jornada condenamos la destrucción de ciudades como Granada, Niquinohomo, Monimbó, León, Matagalpa, Chinandega, Jinotega y Managua.

Daniel Ortega y Rosario Murillo son directamente responsables de la represión, la persecución y la cárcel de hombres, mujeres y hasta niños.


vía:
http://www.jornada.com.mx/2018/07/29/opinion/a03a2cul

domingo, 22 de julio de 2018

Nicaragua ....Néstor Martínez Cristo....Corresponde pues a Ortega recuperar un poco de la humildad y de los valores de antaño para dar muestras de prudencia y sensatez. De dejar a un lado posiciones autoritarias que lo hacen ver como una caricatura de sí mismo y, peor, que lo semejan cada vez más a Anastasio Somoza.

Néstor Martínez Cristo


Hoy jueves 19 de julio se cumplen 39 años del triunfo de la revolución sandinista y Nicaragua está sumida en una de las peores crisis de su historia reciente.

Atrapado entre la represión desatada por las fuerzas del orden a su cargo y las acciones violentas de grupos paramilitares en contra de las manifestaciones sociales que demandan su renuncia como presidente de Nicaragua, Daniel Ortega se deslegitima cada día.

De abril a la fecha, cuando intentó imponer modificaciones a la seguridad social de los nicaragüenses, las diferencias del régimen de Ortega con grupos de la sociedad civil se profundizaron a tal grado que los intentos para el diálogo y la pacificación no prosperaron, y en cambio los enfrentamientos callejeros se multiplican y arrojan ya un saldo estimado en alrededor de 300 muertos, y decenas de heridos y detenidos.

El gobierno no halla la forma de evitar que las protestas continúen reproduciéndose y, en su perplejidad, sólo atina a acusar a los manifestantes de actuar con intenciones golpistas. Las protestas civiles comenzaron siendo pacíficas, pero en días recientes algunos opositores se han armado con morteros de fabricación casera y cocteles molotov.

Lo cierto es que desde que asumió por primera vez la presidencia de Nicaragua, en 1979, Daniel Ortega demostró ser un revolucionario, pero no un demócrata. Cuando en 1990 perdió el poder de manera sorpresiva por la vía electoral, el ex dirigente sandinista comenzó a preparar pacientemente su regreso mediante el debilitamiento de las instituciones nacionales.

Y desde su retorno a la presidencia, en 2007, Daniel Ortega ha conseguido tener un control casi absoluto sobre el Estado. El Congreso, los tribunales, el ejército, la policía y varios medios de comunicación se han alineado a sus deseos e incluso a sus afanes de perpetuarse en el poder.

La mano dura y un nepotismo exacerbado, que entre otras cosas ha llevado a la primera dama a ser también la vicepresidenta de la nación, son rasgos que han marcado al actual régimen nicaragüense, en un contexto complejo de una muy endeble democracia, que se tambalea sobre una de las economías más empobrecidas del hemisferio.


La condena por la represión del gobierno de Ortega contra civiles y la exigencia sobre el inmediato desarme de los grupos paramilitares ha crecido durante los recientes días, en particular a partir del fin de semana pasado, cuando dos hechos violentos atrajeron la atención de la comunidad internacional y sacudieron a un –hasta entonces– envalentonado mandatario: la intentona de recuperar a balazos el campus de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) –considerado el último bastión de la resistencia estudiantil–, y el asalto de policías y paramilitares a la ciudad rebelde de Masaya y de otros poblados vecinos, para levantar bloqueos a carreteras y que deparó en una docena de muertos.

Ambos episodios son muestra del encono y de la desesperación del gobierno ante las crecientes protestas. No puede esperarse que las manifestaciones bajen de tono y menos que cesen por sí mismas. Se requiere de una mayor sensibilidad de parte del presidente Ortega y de un cambio en la estrategia que haga posible lo hasta hoy inviable: dirimir las diferencias mediante el diálogo y la concertación.

A los ojos de la comunidad internacional, Daniel Ortega es el responsable directo de la represión violenta y de las muertes, por lo que éste no puede pretender echar sobre otros las culpas de lo ocurrido y de lo que pueda venir.

La demanda de algunos sectores nicaragüenses para que se convoque a elecciones anticipadas debe ser sopesada por el presidente, pues pudiera representar una salida viable a un conflicto que escala y el inicio del restablecimiento del estado de derecho, situación indispensable para restañar el tejido social y alcanzar la concordia en Nicaragua.

Corresponde pues a Ortega recuperar un poco de la humildad y de los valores de antaño para dar muestras de prudencia y sensatez. De dejar a un lado posiciones autoritarias que lo hacen ver como una caricatura de sí mismo y, peor, que lo semejan cada vez más a Anastasio Somoza.

Nicaragua: Crisis socio-política en Nicaragua .....Miguel Concha

Miguel Concha




Nicaragua, tierra de lagos y volcanes, sufre desde hace tres meses una crisis profunda que inició el 18 de abril con protestas generalizadas contra una reforma injusta al régimen de seguridad social, misma que día con día se encamina hacia la renuncia del gobierno que lideran Daniel Ortega y Rosario Murillo. Se registran ya casi 400 personas asesinadas y más de mil 200 heridas, como resultado de las manifestaciones populares llevadas a cabo en calles y recintos universitarios, en cuyo seno el régimen autoritario de Ortega-Murillo ha ejercido represión por medio del aparato policial y grupos paramilitares que durante la noche infunden pánico entre la población.

La tierra pinolera acumula una larga historia de luchas revolucionarias. La que se emprendió en contra de la dinastía de los Somoza constituye quizá la más sangrienta y duradera de todas. Fueron casi 45 años en que el pueblo nicaragüense aguantó los embates de una dictadura que cometía incontables asesinatos y torturas, y gobernaba sin legitimidad popular. El inicio del fin de tal dinastía comenzó con la famosa gesta del poeta Rigoberto López Pérez, quien en 1956 le puso fin al poderío de Anastasio Somoza García y dejó el camino abierto al grupo que 20 años después se formó bajo los ideales de Augusto César Sandino y terminó por expulsar del país a Anastasio Somoza Debayle.

Nadie, ni siquiera el partidario más ferviente del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), hubiera podido imaginar que hoy, en pleno siglo XXI, esta nación tuviera que padecer de nuevo violencia generada por las decisiones de despóticos que llegaron al gobierno para lograr su objetivo: hacerse de fortunas de tipo familiar, a costa del pueblo nicaragüense. A la pareja presidencial le corresponde el dominio de casi todos los canales de televisión nacional, cadenas hoteleras y negocios de casas comerciales. Los cuales les permiten a sus hijos satisfacer todo tipo de caprichos personales. Con la complicidad de Murillo, y siendo el líder absoluto del FSLN, Daniel Ortega logró en 2007 su tan ansiado objetivo, como ganador de unas elecciones que todavía se tienen por muy cuestionadas. Ahora, y a pesar de retóricas disfrazadas de lenguaje pacifista, como Nicaragua quiere paz, Aquí Nicaragua libre, Basta de odio, la única paz y amor que ha recetado al pueblo son balas de francotiradores que, para intentar destruir esfuerzos organizados de diferentes marchas nacionales, se han apostado estratégicamente en lugares altos del territorio.

En la protesta del Día de las Madres, el 30 de mayo, alrededor de 15 personas fueron asesinadas por policías y paramilitares armados, y apenas el martes éstos cobraron tres muertos más y decenas de heridos, al recuperar el control policial de Monimbó, en la ciudad de Masaya. Contrario a lo que se pudiera pensar, y luego de ver a las turbas orteguistas infundiendo miedo en las calles y asesinando a quemarropa a familias completas, lo cierto es que los nicas ya le perdieron el miedo a ese gobierno. Existe un descontento contra Ortega en más de 90 por ciento de la sociedad. Sobre el Diálogo Nacional, sabemos que es una iniciativa que la Conferencia Episcopal de Nicaragua convocó, en su carácter de mediadora, para que tanto el gobierno, como quienes participan en las coaliciones que integran la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia pudieran hallar alternativas no violentas ante la crisis socio-política en Nicaragua.

Estudiantes, movimientos campesinos, sindicatos e intelectuales se presentaron al diálogo con una serie de 40 opciones que se dirigen a una refundación del Estado y al adelanto de elecciones generales propuestas para marzo de 2019. Sin embargo, el gobierno se ha mantenido con la idea firme de que primero debían quitarse los tranques (retenes), pues los reclamos del sector gubernamental insisten en el tema de ellos y la obstrucción que éstos generan para la economía nacional. Incluso se afirmó que la Alianza lo único que desea es un golpe de Estado suave contra el Gobierno de Reconciliación orteguista. mediante la defensa de sus derechos frente a un poder dictatorial ya tambaleante, los nicaragüenses buscan una victoria definitiva. Resulta además necesario apuntar un último aspecto: la Iglesia, asumiendo un papel de garante en el diálogo, se ha destacado por su apoyo firme al proceso de paz. Monseñor Báez, obispo auxiliar de Managua, y monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa, por conducto de su defensa del pueblo y su denuncia al gobierno, han encarnado un ejemplo de cristianismo liberador.

Si tomamos en cuenta la presión interna y el desprestigio internacional que Daniel y Rosario se han ganado por sus inhumanas acciones, sería oportuno decir que su gobierno autoritario está llegando a su fin. Se hace oportuno entonces que las distintas expresiones populares disciernan colectivamente el mejor camino para encontrar una solución pacífica al conflicto, y una alternativa política viable a la situación actual.


vía:
http://www.jornada.com.mx/2018/07/21/opinion/015a1pol

Nicaragua: reprimen a familias que exigen liberar a presos políticos...Periódico La Jornada

 
Periódico La Jornada
Managua


Familiares de personas encarceladas durante las protestas en Nicaragua fueron desalojados ayer de las inmediaciones de la cárcel metropolitana El Chipote, bajo amenazas de ser atacados por partidarios del gobierno del presidente Daniel Ortega, informaron activistas de derechos humanos.
Miles de nicaragüenses tomaron las calles de Managua en una nueva jornada de protestas en contra y en favor del gobierno, luego de una violenta semana en la que la fuerza pública, junto con paramilitares leales al mandatario, retomó los últimos bastiones opositores.
Carla Sequeira, directora jurídica de la Comisión Permanente de Derechos Humanos, indicó que desde el viernes pasado recibieron información sobre una marcha convocada por el gobierno para desalojar con violencia a los familiares de los detenidos y que por la mañana recibieron más amenazas telefónicas, por lo que decidieron desalojar a las personas hacia la catedral de Managua.
Durante varias semanas las familias de manifestantes y opositores presos instalaron en las inmediaciones de la cárcel conocida como El Chipote un campamento, en el que algunos voluntarios los proveían de colchones, alimentos y baños portátiles, lo que se convirtió en foco de atención de la prensa nacional e internacional.
Braulio Abarca, abogado del independiente Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, denunció a la cadena privada 100% Noticias que dentro de El Chipote se encuentran “64 ‘presos políticos’, entre ellos ocho menores de edad”. Además condenó la intimidación gubernamental, que calificó de nuevo atropello oficialista.
De acuerdo con organizaciones humanitarias, muchos internos fueron apresados ilegalmente por grupos paramilitares, quienes con lujo de violencia disolvieron tranques (bloqueos de carreteras) y todo tipo de manifestación antigubernamental.
En las calles del sur de Managua, portando un pendón blanquiazul y entonando cánticos como de que se van, se van, miles de opositores marcharon contra el presidente y ex guerrillero, de 72 años, al que acusan de delincuente por ordenar una brutal represión contra opositores, que ha dejado unos 300 muertos en tres meses.
Por separado, en el centro de la capital, miles más marcharon contra la oposición, a la que acusan de planear un golpe de Estado contra Ortega, quien enfrenta su peor crisis desde que retomó la presidencia, en 2007. Para ello el gobierno convocó a sus empleados y simpatizantes a una movilización que denominó Caminata Justicia para las Víctimas del Terrorismo, que concluiría en las afueras de El Chipote.
En ese contexto, Estados Unidos consideraría sanciones económicas contra Nicaragua, aseguró en Buenos Aires el secretario del Tesoro estadunidense, Steven Mnuchin. En general no comentamos sobre futuras sanciones, pero es razonable pensar que es algo que consideraríamos, respondió Mnuchin a periodistas antes del inicio de las deliberaciones entre ministros y banqueros del Grupo de los 20.
En tanto, la Conferencia Episcopal Venezolana envió una carta a obispos y al pueblo nicaragüense, en la cual les expresa su solidaridad y rechaza la muerte de inocentes por la violencia que azota el país. Lamentamos mucho que sean tantas las comunidades afectadas por la violencia de Estado, muertes de inocentes y familias desgarradas por el dolor que produce tanta injusticia, señala el texto divulgado por la Iglesia.
Paralelamente, Holanda anunció la suspensión temporal de la construcción de un hospital en la zona norcaribe de Nicaragua, valuado en casi 21.5 millones de dólares, debido a las graves violaciones de derechos humanos cometidos por oficiales del gobierno y grupos parapoliciales. El gobierno del Reino de los Países Bajos ha suspendido la cooperación para la edificación del hospital en Bilwi, señala un informe.


vía:
http://www.jornada.com.mx/2018/07/22/mundo/020n1mun

miércoles, 11 de julio de 2018

Nicaragua: Nicaragua en su laberinto ...José Steinsleger

José Steinsleger




Estaba cantado que después del bandazo conservador del presidente Lenín Moreno en Ecuador, junto con el fracaso de la ofensiva desestabilizadora en Venezuela, la agenda imperialista para América Latina iba a concentrarse en la pareja de gobernantes que, en otras épocas, fueron revolucionarios.

¿Estoy refiriéndome al primer caballero de Nicaragua, y a su bella esposa que lo tiene asido del lugar donde los machos decimos ¡ay! En efecto. Es por esto que hace rato Daniel Ortega ya ni siquiera es un HP de los nuestros (y vaya si abundan), tal como Franklin D. Rossevelt trataba al Tacho Somoza, el asesino del general de hombres libres, Augusto César Sandino (1934).

En consecuencia, el ex revolucionario que dirige el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) optó por ser tan sólo de ella toditito, y un poco de él también. Cumpliéndose la advertencia de una película que ahora no viene a cuento citar: “…si una dictadura es una revolución, se justifica. Si no es una revolución, entonces es una dictadura y nada más”.

Ahora bien. ¿Existe una definición precisa sobre ambos términos, cuando sobran ejemplos de dictaduras que engendraron revoluciones y revoluciones que terminaron en dictaduras?

Hace 39 años (19 de julio de 1979), el FSLN acabó con la dictadura de Tachito Somoza (hijo de aquél). Entonces, millares de jóvenes se dieron cita en Nicaragua, donde levantaron el puño o la V de victoria en alto. Con un dato a considerar: a diferencia de Sandino, jefe del Partido Liberal en Armas, los fundadores del FSLN (1961) entendieron que lo suyo era el marxismo-leninismo.

Por consiguiente, ahí vimos a la Martita Harnecker (hasta le pedí un autógrafo), con sus libros de flechitas y cuadritos que explicaban el marxismo a la carta, y cómo construir el socialismo ideológicamente correcto. A reglazos, algunos compañeros entendieron lo que se les ordenaba entender. Y a otros les estalló la cabeza.

Como fuere, la revolución sandinista fue extraordinaria. En el tramo final de la lucha, las juventudes de América del Sur sintieron una suerte de oxigenación que llegaba para compensar la derrota política de las izquierdas en sus países. Una época en que antes y después del triunfo, y vale recordarlo, los gobiernos de Cuba, México, Costa Rica y Venezuela prestaron su apoyo solidario y generoso. En suma, Nicaragua nos hizo felices.

Sin embargo, aquel triunfo nació marcado con la señal del diablo: el inicio de la revolución conservadora, el neoliberalismo y el capitalismo salvaje. Por ende, el pueblo de Nicaragua no tuvo respiro para pensar cómo hacer una revolución en un país paupérrimo de 3 millones de habitantes, y una extensión poco mayor que la del estado de Durango. Y así, a la guerra siguió otra más cruenta aún, que finalmente se ganó en el terreno militar y se perdió políticamente 10 años después (1990).

A esas alturas, las cosas del mundo habían dado una vuelta de campana: caída sin gloria de la gloriosa patria del proletariado, invasión del imperio en Panamá, consenso de Washington. Sólo la Cuba de Fidel resistió a un costo brutal, mientras en el FSLN implosionaban las famosas tres tendencias (tercerista, proletaria, guerra popular prolongada), que habían galvanizado su temple revolucionario y espíritu de unidad.

Hoy, nada queda de aquello. Apenas dos de los nueve comandantes siguen en el FSLN de 1979: Daniel y Bayardo Arce. Carlos Núñez y el legendario Tomás Borge fallecieron; Humberto Ortega y el mexicano Víctor Tirado se mantienen distantes, y Henry Ruiz, Luis Carrión y Jaime Wheelock son opositores que tratan de entender lo que pasó.

Subrayo, finalmente, una reflexión que acabo de leer, y que se ajusta como anillo al dedo al dilema de los sandinistas en el decenio de 1990: ¿Qué espacio cabe, en las democracias construidas sobre bases parlamentarias, para la constitución de un contrapoder que ponga límites concretos al capital y a la violencia ­represiva?

Una reflexión típicamente teórica. En algunos, continúa gravitando la configuración de las percepciones de aquellas tendencias del FSLN, aunque sin claridad con la noción de democracia, que muchas izquierdas continúan entendiendo como mero epifenómeno de la lucha de clases.

Porque en Nicaragua, la democracia siempre fue pasto de las fieras de la literatura, y el Parlamento un lugar para los negocios de liberales y conservadores primero, y de sandinistas renovados después. Laberinto ideológico, y auténtica tragedia política.



vía:http://www.jornada.com.mx/2018/07/04/opinion/019a1pol

Nicaragua: Desmoramiento del régimen Ortega-Murillo..... William I. Robinson*

William I. Robinson*




En medio de la descomposición cada vez mayor del régimen Ortega-Murillo en Nicaragua, una buena parte de la izquierda internacional se aferra a la patética ilusión de que la crisis de algún modo es un complot urdido por Washington para desestabilizar a una revolución. En estos momentos, se libra una batalla sobre el desenlace del régimen y el futuro del país. En términos muy simplificados, hay tres fuerzas que están en disputa:

La primera es el régimen mismo. Ortega está atrincherado en su casa-fortaleza en El Carmen, de la misma forma en que Somoza fue atrincherado en su búnker en los meses anteriores a su derrocamiento en julio de 1979 por la insurrección popular. Ortega está aislado y cada vez más acorralado. Puede contar con una base de apoyo disminuido pero no insignificante entre aquellos sandinistas que no abandonaron el partido en las pasadas dos décadas, y aun cuando ha habido un mayor éxodo de militantes históricos desde que se desató la represión en abril pasado.

Ortega cuenta con fuerzas paramilitares encapuchados que el régimen ha armado y organizado y que funcionan como un grupo de choque en las sombras, de manera paralela a la policía y, al parecer, ciertos elementos del ejército, si bien la institución castrense no se ha involucrado en el conflicto. Si no se desarman estas fuerzas paramilitares, Nicaragua enfrentará una situación similar a la de los países del Triángulo del Norte (Guatemala, Honduras, El Salvador) con el crimen organizado y violencia pandillera y paramilitar a la par de la corrupción del Estado y del pillaje del capital trasnacional. Desde hace varias semanas comenzó un éxodo de migrantes que abandonan el país.

La estrategia del régimen es desgastar y desarticular la resistencia desde abajo por medio de una constante represión de baja –y en ciertos momentos de alta– intensidad, y de manera paralela, negociar con la burguesía y Estados Unidos un llamado aterrizaje suave que permita al régimen y sus adeptos preservar sus intereses económicos y hasta reconstituirse políticamente y competir en las elecciones que –según el plan– se adelantarían de 2022 a principios del año entrante. Sin embargo, el régimen ha perdido su legitimidad y la misma no puede ser resucitada.

La segunda fuerza la constituyen los estudiantes, los jóvenes y los campesinos anti-canal, junto con las masas desde los barrios populares de Managua y otras ciudades, escarban para ganarse la vida en el abultado sector informal. Estos sectores lanzaron la sublevación en abril pasado, agarrando por sorpresa al régimen y la burguesía. Pero una cosa es lanzar una resistencia, y otra cosa es construir una contra-hegemonía. Desgraciadamente, el orteguismo tanto ha monopolizado y pervertido un discurso izquierdista que no existe una alternativa izquierdista de mayor peso en Nicaragua. Estos sectores populares desde abajo no tienen proyecto propio que se podría plantear como alternativa viable al régimen. Esta realidad les deja susceptibles a la manipulación y la cooptación por parte de la tercera fuerza.

Esta tercera fuerza es la burguesía, organizada en el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), la élite oligárquica, el capital trasnacional y Estados Unidos. La burguesía estuvo estrechamente alineada con el régimen y solamente rompió con Ortega en mayo, cuando ya se hizo evidente que había perdido su legitimidad y su capacidad de gobernar y defender los intereses capitalistas. Lo que Washington y la burguesía más temen no es el régimen. Más bien, les aterra una insurrección de los pobres y los trabajadores que ellos mismos no puedan controlar y que podría desembocar en un vacío de poder que amenazaría sus intereses de clase. Desde mayo la burguesía, en coordinación con Washington, ha intentado secuestrar la sublevación popular hacia una estrategia de aterrizaje suave bajo su hegemonía.

En estos momentos, se libra la batalla crucial sobre el desenvolvimiento de la lucha anti régimen. ¿Quien dará liderazgo y quien ejercerá la hegemonía sobre esta lucha? ¿Qué tipo de escenario post-Ortega se desenvolverá? El escollo de la falta de un proyecto popular articulado en Nicaragua y la ausencia de organizaciones izquierdistas de base que pudieran desarrollar dicho proyecto, ha sido desconcertado y agudizado por la traición de la izquierda internacional, precisamente en un momento en que el capitalismo global enfrenta una profunda crisis estructural y cuando el fascismo del siglo XXI está en ascenso alrededor del mundo.

*Profesor de Sociología, Universidad de California en Santa Bárbara


vía:
http://www.jornada.com.mx/2018/07/05/opinion/017a2pol

Nicaragua: Las venas abiertas de Nicaragua ......Boaventura de Sousa Santos





Pertenezco a la generación de los que en los años 80 vibraron con la revolución sandinista y la apoyaron activamente. El impulso progresista reanimado por la revolución cubana de 1959 se había estancado en gran medida por la intervención imperialista de Estados Unidos. La imposición de la dictadura militar en Brasil en 1964 y en Argentina en 1976, la muerte del Che Guevara en 1967 en Bolivia y el golpe de Augusto Pinochet en Chile contra Salvador Allende en 1973 fueron los signos más sobresalientes de que el subcontinente americano estaba condenado a ser el patio trasero de Estados Unidos, sometido a la dominación de las grandes empresas multinacionales y de las élites nacionales conniventes con ellas. Estaba, en síntesis, impedido de pensarse como conjunto de sociedades inclusivas centradas en los intereses de las grandes mayorías empobrecidas.

La revolución sandinista significaba el surgimiento de una contracorriente auspiciosa. Su significado resultaba no sólo de las transformaciones concretas que protagonizaba (participación popular sin precedente, reforma agraria, campaña de alfabetización que mereció el premio de la Unesco, revolución cultural, creación de servicio público de salud, etcétera), sino también del hecho de que todo esto se realizó en condiciones difíciles debido al cerco extremadamente agresivo de Estados Unidos con Ronald Reagan, que supuso el embargo económico y la infame financiación de los contras nicaragüenses (la guerrilla contrarrevolucionaria) y el fomento de la guerra civil. Igualmente significativo fue el hecho de que el gobierno sandinista mantuviera el régimen democrático, lo que en 1990 dictó el fin de la revolución con la victoria del bloque opositor, del que, además, formaba parte el Partido Comunista de Nicaragua.

En los años siguientes, el Frente Sandinista, siempre liderado por Daniel Ortega, perdió tres elecciones, hasta que en 2006 reconquistó el poder, manteniéndolo hasta hoy. Sin embargo, Nicaragua, como por lo demás toda Centroamérica, estuvo fuera del radar de la opinión pública internacional y de la propia izquierda latinoamericana. Hasta que el pasado abril las protestas sociales y la violenta represión llamaron la atención del mundo. Pueden contarse ya muchas decenas de muertes causadas por las fuerzas policiales y por milicias adeptas al partido en el poder. Las protestas, protagonizadas inicialmente por estudiantes universitarios, apuntaban a la displicencia del gobierno ante la catástrofe ecológica en la Reserva Biológica Indio Maíz, causada por un incendio y por la deforestación e invasión ilegales. Se sucedieron después las protestas contra la reforma del sistema de seguridad social, que imponía recortes drásticos en las pensiones y gravámenes adicionales a los trabajadores y los patrones. A los estudiantes se unieron los sindicatos y demás organizaciones de la sociedad civil.

Ante las protestas, el gobierno retiró la propuesta, pero el país estaba ya incendiado por la indignación contra la violencia y la represión y por la repulsa causada por muchas otras facetas sombrías del gobierno sandinista, que entretanto empezaron a ser más conocidas y abiertamente criticadas. La Iglesia católica, que desde 2003 se reconcilió con el sandinismo, volvió a tomar sus distancias y aceptó mediar en el conflicto social y político con condiciones. El mismo distanciamiento ocurrió con la burguesía empresarial nicaragüense, a la que Ortega ofreció sustanciosos negocios y condiciones privilegiadas de actuación a cambio de lealtad política.

El futuro es incierto y no puede excluirse la posibilidad de que este país, tan masacrado por la violencia, vuelva a sufrir un baño de sangre. La oposición al orteguismo cubre todo el espectro político y, tal como ha ocurrido en otros países (Venezuela y Brasil), sólo muestra unidad para derribar el régimen, pero no para crear una alternativa democrática. Todo lleva a creer que no habrá solución pacífica sin la renuncia de la pareja presidencial Ortega-Murillo y la convocatoria de elecciones anticipadas libres y transparentes.

Los demócratas, en general, y las fuerzas políticas de izquierda, en particular, tienen razones para estar perplejos. Pero tienen sobre todo el deber de rexaminar las opciones recientes de gobiernos considerados de izquierda en muchos países del continente y de cuestionar su silencio ante tanto atropello de ideales políticos durante tanto tiempo. Por esta razón, este texto no deja de ser, en parte, una autocrítica. ¿Qué lecciones se pueden extraer de lo que pasa en Nicaragua? Ponderar las duras lecciones que a continuación enumero será la mejor forma de solidarizarse con el pueblo nicaragüense y de manifestarle respeto por su dignidad.

Primera lección: espontaneidad y organización. Durante mucho tiempo las protestas sociales y la represión violenta ocurrieron en las zonas rurales sin que la opinión pública nacional e internacional se manifestara. Cuando las protestas irrumpieron en Managua, la sorpresa fue general. El movimiento era espontáneo y recurría a las redes sociales que el gobierno había promovido con el acceso gratuito a Internet en los parques del país. Los jóvenes universitarios, nietos de la revolución sandinista, que hasta hace poco parecían alienados y políticamente apáticos, se movilizaron para reclamar justicia y democracia. La alianza entre el campo y la ciudad, hasta entonces impensable, surgió casi naturalmente y la revolución cívica salió a la calle asentada en marchas pacíficas y barricadas que llegaron a alcanzar 70 por ciento de las carreteras del país. ¿Cómo es que las tensiones sociales se acumulan sin que se noten y su explosión repentina toma a todos por sorpresa? Ciertamente, no por las mismas razones por las que los volcanes no avisan. ¿Puede esperarse que las fuerzas conservadoras nacionales e internacionales no se aprovechen de los errores cometidos por los gobiernos de izquierda? ¿Cuál será el punto de explosión de las tensiones sociales en otros países del continente causadas por gobiernos de derecha, por ejemplo Brasil y Argentina?



▲ Augusto César Sandino.Foto Tomada de Internet

Segunda lección: los límites del pragmatismo político y de las alianzas con la derecha. El Frente Sandinista perdió tres elecciones después de haber sido derrotado en 1990. Una facción del frente, liderada por Ortega, entendió que la única manera de retornar al poder era haciendo alianzas con sus adversarios, incluso con aquellos que más visceralmente habían hostilizado al sandinismo, como la Iglesia católica y los grandes empresarios.

Con la Iglesia católica la aproximación comenzó a principios de la década de 2000. El cardenal Miguel Obando y Bravo fue durante buena parte del periodo revolucionario un opositor agresivo al gobierno sandinista y activo aliado de los contras, llamando a Ortega víbora moribunda durante toda la década de los 90. Pese a ello, Ortega no tuvo pudor en aproximarse al cardenal al punto de pedirle en 2005 que oficiase el matrimonio con su compañera de muchos años, Rosario Murillo, actual vicepresidenta del país.

Entre muchas otras concesiones a la iglesia, una de las primeras en 2006 fue aprobar la ley de prohibición total del aborto, incluso en casos de violación o de peligro para la vida de la mujer. Esto, en un país con alta incidencia de violencia contra mujeres y niños.

Por otra parte, la aproximación a las élites económicas se produjo por la sumisión del programa sandinista al neoliberalismo, con la desregulación de la economía, la suscripción de tratados de libre comercio y la creación de sociedades público-privadas que garantizaban jugosos negocios al sector privado capitalista a costa del erario público. Se produjo también un acuerdo con el ex presidente Arnoldo Alemán, considerado uno de los jefes de Estado más corruptos del mundo.

Estas alianzas garantizaron cierta paz social. Debe destacarse que en 2006 el país estaba al borde de la quiebra y las políticas adoptadas por Ortega permitieron el crecimiento económico. Se trató, sin embargo, del crecimiento típico de la receta neoliberal: gran concentración de riqueza, total dependencia a los precios internacionales de los productos de exportación (en particular café y carne), autoritarismo creciente ante el conflicto social causado por la extensión de la frontera agrícola y por los megaproyectos (por ejemplo, el gran canal interoceánico, con financiamiento chino), aumento desordenado de la corrupción, empezando por la élite política en el gobierno.

La crisis social sólo fue atenuada debido a la generosa ayuda de Venezuela (donaciones e inversiones) que llegó a ser una parte importante del presupuesto del Estado y permitió algunas políticas sociales compensatorias. La situación tendría que estallar cuando los precios internacionales bajasen, hubiese cambio de política económica en el principal destino de las exportaciones (Estados Unidos) o se evaporase el apoyo de Venezuela. Todo eso ocurrió en los pasados dos años. Mientras tanto, terminada la orgía de favores, las élites económicas tomaron sus distancias y Ortega quedó cada vez más aislado. ¿Puede un gobierno continuar denominándose de izquierda (y hasta revolucionario) a pesar de seguir todo el ideario del capitalismo neoliberal con las condiciones que este impone y las consecuencias que genera? ¿Hasta qué punto las alianzas tácticas con el enemigo se transforman en la segunda naturaleza de quien las protagoniza? ¿Por qué las alianzas con las diferentes fuerzas de izquierda parecen siempre más difíciles que las alianzas entre la izquierda hegemónica y las fuerzas de derecha?

Tercera lección: autoritarismo político, corrupción y desdemocratización. Las políticas adoptadas por Daniel Ortega y su facción crearon divisiones importantes en el seno del Frente Sandinista, y oposición en otras fuerzas políticas y en las organizaciones de la sociedad civil que habían encontrado en el sandinismo de los años 80 su matriz ideológica y social y su voluntad de resistencia. Las organizaciones de mujeres tuvieron un protagonismo especial. Es sabido que el neoliberalismo, al agravar las desigualdades sociales y generar privilegios injustos, sólo se puede mantener por la vía autoritaria y represiva. Fue eso lo que hizo Ortega. Por todos los medios, incluyendo cooptación, supresión de la oposición interna y externa, monopolización de los medios masivos, reformas constitucionales que garantizan la relección indefinida, instrumentalización del sistema judicial y creación de fuerzas represivas paramilitares. Las elecciones de 2016 fueron el claro retrato de todo esto, y la victoria del eslogan Una Nicaragua cristiana, socialista y solidaria encubría mal las profundas fracturas en la sociedad.

De un modo casi patético, pero quizás previsible, el autoritarismo político fue acompañado por la creciente patrimonialización del Estado. La familia Ortega acumuló riqueza y mostró su deseo de perpetuarse en el poder. ¿La tentación autoritaria y la corrupción son una desviación o son constitutivas de los gobiernos de matriz económica neoliberal? ¿Qué intereses imperiales explican la ambigüedad de la OEA frente al orteguismo, en contraste con su radical oposición al chavismo? ¿Por qué buena parte de la izquierda latinoamericana y mundial mantuvo (y continúa haciéndolo) el mismo silencio cómplice? ¿Por cuánto tiempo la memoria de las conquistas revolucionarias opaca la capacidad de denunciar las perversiones que le siguen al punto de que la denuncia llega casi siempre demasiado tarde?

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Coímbra, 5 julio de 2018 


vía:
http://www.jornada.com.mx/2018/07/07/opinion/022a1mun

martes, 10 de julio de 2018

Nicaragua: la ceguera del poder..editorial la jornada




La crisis política que enfrenta Nicaragua se agrava cada día debido a los violentos extravíos gubernamentales, los cuales han dejado decenas de muertos y centenares de heridos, a raíz de una política de contención que ha pasado de la represión policial a un accionar de grupos lumpenizados y parapoliciales cuyos nexos con el oficialismo resultan inocultables.

Ayer, una misión de la Iglesia católica integrada por jerarcas del clero –entre los que se encontraba el nuncio apostólico, Waldemar Sommertag–, informadores y activistas de derechos humanos, fue atacada en la localidad de Diriamba por decenas de encapuchados que ingresaron por la fuerza a la Basílica de San Sebastián.

En la incursión golpearon a varios integrantes de la misión, lesionaron al obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, y tundieron y robaron los materiales de trabajo a algunos periodistas. El propósito de los agredidos era auxiliar a los habitantes de Diriamba y de la vecina Jinotepe, en la provincia de Carazo, al sur del país, donde nueve personas murieron y 200 fueron secuestradas por los paramilitares, a los que recurre con creciente frecuencia el régimen que encabeza Daniel Ortega Saavedra, con la finalidad de dispersar manifestaciones opositoras.

En el curso de los meses recientes el aislamiento del gobierno se ha incrementado en forma proporcional al repudio social en su contra. La gran mayoría de los dirigentes de la insurrección de 1979, que llevó al poder al Frente Sandinista de Liberación Nacional –y al propio Ortega, en calidad de presidente– se han distanciado del régimen actual, y el mismo hermano del gobernante, Humberto Ortega, ex jefe del Ejército, lo ha conminado a dejar el cargo antes de que se pierdan más vidas.

Lo más sorprendente de la situación es que ni Daniel Ortega ni su esposa, Rosario Murillo, considerada una cogobernante de facto, parecen darse cuenta de que se encuentran en un escenario no lejano a una sublevación popular como la que hace casi 40 años derribó al dictador dinástico Anastasio Somoza y en la que el mismo Ortega participó como uno de los dirigentes más connotados.

La exasperación de una amplia mayoría de la población ante un poder autocrático, errático y corrompido crece cada día, la barbarie represiva del gobierno no hace más que alimentarla, y el grupo en el poder ha optado por ignorar la historia.

Cabe esperar que Daniel Ortega y su círculo cercano sean capaces de superar su trágica ceguera, ya no para recomponer un régimen que con base en la información disponible parece no tener remedio, sino al menos para emprender una retirada pacífica y dar paso a la transición que demandan los nicaragüenses.

vía:
http://www.jornada.com.mx/2018/07/10/edito

domingo, 24 de junio de 2018

Nicaragua: y al final, mira lo que quedó... José Steinsleger

José Steinsleger




Golpe clásico: Honduras 2009. Golpe mafioso: Paraguay 2012. Golpe electoral: Argentina 2015/ Ecuador 2017. Golpe parlamentario/judicial: Brasil 2016/18. Golpe institucional: Chile 2017/ Colombia 2018. Golpe desestabilizador en marcha: Venezuela desde 2002, Nicaragua ahoritita. Común denominador: la mano intervencionista de Washington.

Con vuestro permiso, ingresaré en la máquina del tiempo. En 1974, un grupo de intelectuales mexicanos y un joven aspirante a serlo, formamos el primer Comité de Solidaridad con el pueblo de Nicaragua. Estaba integrado por los que nunca nos dejaron (Carlos Pellicer, Efraín Huerta, Juan Bañuelos, Juan de la Cabada, Andrés García Salgado) y otros que aún dicen ¡presente! (Thelma Nava, Óscar Oliva, Jaime Labastida, Sergio Mondragón, Adalberto Santana y quien suscribe).

Luego, en diciembre de 1979 (Año de la Liberación), embriagado con el aliento de un país de guerreros y poetas, me atreví a publicar en un diario de Managua un poema muy bueno porque sólo a mí me gustó. Empezaba así:

“Ayer, en la Plaza de la Revolución / los comandantes explicaron la revolución al pueblo / Un chavalito de 11 años se acercó a un guerrillero que apenas superaba los 20, y dijo: hola… ¿te acordás de mí?”

Terminé el poema en el Centro Popular de Cultura Fernando Gordillo, de Granada, mientras asistía a una versión de El flautista de Hamelin, protagonizada por un grupo de teatro de El Salvador:

Entre espejos, caireles de cristal y finos sillones de mimbre / acalorados / los niños duermen a los pies de sus mamás, tendidos en el mosaico de un vestíbulo importado / después de haber ido a la guerra / Y la cómoda mecedora en la que estoy sentado / marca el compás de mi época / acercándome / alejándome / acercándome / alejándome / de la placa de bronce en la pared: Adolfo Benard Vivas, benefactor del club de Granada (1864-1935).

Pero lo que vino después fue terrible: otra guerra de 10 años más, financiada por el gobierno de Ronald Reagan. Finalmente, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) se impuso en el terreno militar y… perdió en la arena electoral. En febrero de 1990, las derechas nicas ganaron los comicios presidenciales. Los descendientes de aquel benefactor del club de Granada retomaron la iniciativa política, y los sandinistas perdieron la brújula (¡la piñata!). Nadie volvió a hablar de revolución y poesía.

¿Qué tenemos hoy? En parte, lo de siempre: esa capacidad del imperio para crear climas destituyentes, en coordinación con las derechas que pescan en río revuelto. Y en parte, izquierdas que se rasgan las vestiduras en nombre de una batalla de las ideas que endosa el golpismo a factores exclusivamente externos. Pura terapia de grupo.

Como fuere, la infumable pareja que desgobierna en la patria de Sandino, opera como un demiurgo que ha logrado unir a izquierdas y derechas en su contra. Las unas por pervertir, según ellas, las premisas de la democracia liberal. Y las otras, por traición a los principios revolucionarios.

Entrevistado por la Voz de América (La Jornada, 2/6/18), el secretario general de la OEA, Luis Almagro, acusó a un grupo de la oposición nicaragüense de seguir una línea antidemocrática para quitar a Ortega del poder. Dijo: “Quieren que instalemos otro gobierno en el poder. Eso no, ni por casualidad. No cuenten con la organización para avalar ninguna chanchada [sic] de esas, por favor”. Qué pedazo de… hipócrita.

Finalmente, por si faltaba más, el caudillo literario de Masatape, que hoy cotiza su firma independiente con Vargas Llosa & asociados. ¿Alguna palabra acerca de la Nica Act (Nicaraguan Investment Conditionally, 2016), ley estadunidense promovida por la congresista republicana de origen cubano Ileana Ros-Lehtinen (junto con el demócrata cubano Albio Sires) para imponer sanciones a Nicaragua por el retroceso de la democracia?

Frente a las entendibles manifestaciones contra el orteguismo, el flamante Premio Cervantes de Literatura ha dicho: No hay nada de nacionalismo mezquino en el despliegue de la bandera de Nicaragua. Ajá. ¿Y por qué habrá dicho también que los ingleses de las islas Malvinas ( kelpers) representan a un pueblo con derecho a la autodeterminación?

Fuera de discusión: Daniel Ortega, su esposa Rosario Murillo y los ya viejos muchachos, tienen que abandonar el trono. De lo contrario, las nuevas modalidades del golpismo harán que siga corriendo la sangre. Aunque si se van, uno a 10 que su lugar será ocupado por los que dejaron de ver al yanqui como enemigo de la humanidad, según el exultante himno sandinista, que hace 40 años conmovió al mundo.
vía:
http://www.jornada.com.mx/2018/06/20/opinion/019a1pol

Nicaragua: la locura del poder.... Raúl Zibechi

Raúl Zibechi




La insurrección popular en Nicaragua, que exige la salida del poder de la pareja Daniel Ortega-Rosario Murillo, es una buena oportunidad para reflexionar sobre las opciones estratégicas de las fuerzas revolucionarias. En particular, para repensar las causas de esta deriva autoritaria y criminal, ya que la masacre de jóvenes nicaragüenses muestra la peor faceta de un régimen que se dice sandinista.

Dos cuestiones llaman la atención. Algunos intelectuales de la izquierda latinoamericana han orillado hasta el momento cualquier pronunciamiento sobre lo que sucede en Nicaragua. Se comprende, aunque no comparto, el silencio de varios gobiernos, ya que las alturas del poder tienen sus lógicas. Mucho menos aceptable es que intelectuales que van y vienen con sus opiniones sobre los más diversos temas, rehúyan una opinión contundente sobre la brutal represión.

La otra es que, afortunadamente, muy pocas personas atribuyen los sucesos a la mano negra del imperialismo. No tengo la menor duda de que Washington desea la caída de Ortega-Murillo y trabaja para ello, pero el argumento según el cual todo lo que perjudica a la izquierda es obra del imperio, está en franca decadencia.

Lo que viene sucediendo en Nicaragua puede contribuir a una reflexión de fondo sobre las revoluciones y sobre la administración del aparato estatal por fuerzas políticas de izquierda.

La primera es que las causas de la deriva genocida no pueden atribuirse al clan Ortega-Murillo, del mismo modo que el estalinismo no fue cuestión sólo de Stalin. En este punto debemos ser claros y precisos: Daniel Ortega es un genocida que profesa un caudillismo sediento de protagonismo y poder, como señala Mónica Baltodano, con rasgos de locura por el poder (goo.gl/kr41uc).

Sin embargo, la cuestión no puede ni debe reducirse a Ortega y a Murillo. Hay algo más. Podemos perder todo menos el poder, decía el comandante Tomás Borge, citado también por Baltodano. Salvo el poder todo es ilusión, proclamaba Abimael Guzmán, presidente del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, el grupo revolucionario más criminal de la región.

Por más poderosos que sean los individuos, son ejecutores de fuerzas históricas y sociales que los empujan en cierta dirección. El estalinismo es un fenómeno político que no puede explicarse en términos de una excentricidad individual, escribió el historiador Edward Hallet Carr en su obra De Napoleón a Stalin (Crítica, 1983, p. 122).

Stalin fue el músculo de la modernización acelerada de Rusia, pasando por encima de cualquier resistencia, aún al precio de aniquilar la dirección histórica de su propio partido. “Stalin fue el déspota más despiadado que Rusia había conocido desde tiempos de Pedro ( El Grande), y fue también un gran occidentalizador”, añade Carr en La Revolución Rusa de Lenin a Stalin (Alianza, 1979, p. 221).

Ortega representa a la una nueva burguesía nicaragüense que se forjó mediante la acumulación por despojo de capital, desde la piñata (apropiación masiva de bienes públicos por la cúpula al abandonar el gobierno en 1990) hasta los acuerdos petroleros con Venezuela, que le permitieron a un sector del FSLN ascender económicamente en alianza con la Iglesia y sectores de la vieja burguesía.

No es la primera vez en la historia que se utiliza el aparato estatal para acumular riquezas. En Nicaragua este proceso parió lo que Baltodano denomina oligarquía chayo-orteguista ( Chayo es el mote de Rosario Murillo) que necesita el poder estatal para reproducirse y sostenerse. Pero un ascenso tan vertiginoso requiere siempre de métodos corruptos y mafiosos, como ha sucedido en tantos procesos que se dicen revolucionarios pero, en realidad, han gestado una nueva clase opresora.

No resulta adecuado mentar traición, cuando la deriva actual de Ortega comenzó hace mucho tiempo, y se tornó inocultable en la década de 1990. Después de la piñata se produjo la reacción cínica de la izquierda nicaragüense y continental a la denuncia de Zoilamérica Narváez, en 1998, asegurando que su padrastro (Daniel Ortega) la abusaba desde los 11 años (goo.gl/L5Q7op). Los hechos graves no nacen de golpe, crecen en la tolerancia ética y en los desvíos del poder.

La segunda cuestión es el tema del poder estatal. No pocos nicaragüenses aseguran que la represión de Ortega es peor incluso que la del dictador Anastasio Somoza. ¿Porqué se repite la historia? ¿Porqué Stalin fue comparado con el zar Pedro El Grande y los dirigentes comunistas chinos con los viejos mandarines del imperio?

Lo que no funciona es pretender cambiar el mundo desde arriba, desde el aparato estatal, e imponerle los cambios a las masas, como si fueran objetos sin voluntad propia (una de las peores frases que se escucha en la izquierda dice conquistar a las masas). Pretender cambiar el mundo como una totalidad, sustituyendo un todo por otro todo, es un camino que conduce al desastre autoritario, como lo enseña un siglo de revoluciones triunfantes.

vía:
http://www.jornada.com.mx/2018/06/22/opinion/021a1pol

Nicaragua ¿sandinista?




La manifestación organizada por las madres en Nicaragua, que perdieron a sus hijos en marchas contra el presidente Daniel Ortega, terminó con heridos y muertos. Nicaragua vive una crisis política brutal. Esto sucedía apenas una semana después del fracaso de las negociaciones de paz intentadas por los obispos. El país centroamericano vive un estado de excepción desde hace meses y por el momento parece difícil que se encuentre una solución pacífica a los enfrentamientos entre partidarios del Gobierno y de la oposición.

Nicaragua: Nicaragua una revolución frustrada y traicionada ....Marcos Roitman Rosenmann /I

Marcos Roitman Rosenmann /I



Los años 70 del siglo pasado fueron convulsos. Chile cerraba la vía pacífica al socialismo. Un golpe de Estado daba al traste con la experiencia democrática encabezada por Salvador Allende. Las burguesías latinoamericanas no aceptaban su derrota electoral. La vía insurreccional, triunfante en Cuba, subsistía bajo la amenaza de Estados Unidos, el bloqueo económico y el boicot internacional. En medio de una sensación de pesimismo, una región plagada de intervenciones, tiranos y golpes de Estado entraba en el escenario: Centroamérica. Con la excepción de Costa Rica; Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua sufrían los embates de las fuerzas armadas, las invasiones o el control de su territorio, como lo era la zona del canal de Panamá. Pero sucedió lo impensado. Nicaragua torció la historia: una de las tiranías más longevas del continente, los Somoza, entró en crisis. El pueblo entero se amotinó, las armas volvieron a marcar el ritmo de los procesos democráticos. El Frente Sandinista de Liberación Nacional, creado en 1961, tomó el nombre del héroe nacional, que resistió entre 1927-1933 el gobierno cipayo de Adolfo Diaz y la invasión de los marines estadunidenses. Augusto César Sandino infringió una dura derrota a las tropas de Estados Unidos. Un año más tarde, el 21 de febrero de 1934, fue asesinado a traición, cumpliendo la orden del director de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García.

El Frente Sandinista, en esos años, fue la suma de todos los valores democráticos, las ansias de libertad, independencia económica y soberanía política del pueblo nicaragüense, de ahí su fuerza. Poetas, intelectuales, escritores, académicos, hombres y mujeres dieron vida al proyecto. Entre 1974, asalto a la casa de Chema Castillo, el 27 de diciembre de 1974, en plena fiesta con la asistencia de autoridades del régimen y el embajador de Estados Unidos, y el 19 de julio de 1979, fecha del triunfo de la revolución, la dictadura sufrió derrota tras derrota.

Tras dos décadas entraron en Managua los guerrilleros. Los pueblos de América Latina celebraron el triunfo. Nombres como Ernesto Cardenal, Sergio Ramírez y Gioconda Belli se asociaron al proyecto. Cantantes, como Carlos Mejía Godoy; guerrilleras, como Mónica Baltodano y Dora María Téllez, engrosaron las filas del FSLN. Los hermanos Daniel y Humberto Ortega, Tomas Borge, Víctor Tirado, Jaime Wheelock, Luis Carrión, Bayardo Arce, Carlos Núñez y Henry Ruiz, la comandancia del FSLN, tomó cuerpo. No todos llegan a la victoria. El fundador del FSLN, Carlos Fonseca Amador, cayó en combate. Otros murieron en las sesiones de tortura. La esperanza renació. La lucha antimperialista, nacional, democrática, popular, asentada en los principios de la economía mixta, fueron las banderas del FSLN. El proyecto sumó. Cupieron todos los luchadores contra la tiranía. La propuesta levantada por el Movimiento del Pueblo Unido y el Frente Patriótico Nacional triunfó a los intentos de imponer un gobierno títere, somocismo sin Somoza, y su vocero, el cardenal Ovando y Bravo. Se formó la Junta Gobierno de Reconstrucción Nacional y el Consejo de Estado.

Sergio Ramírez, Violeta Chamorro, Daniel Ortega, Alfonso Robledo y Moisés Hassan integraron la junta. La felicidad duró poco. A los primeros logros y avances en todos los terrenos se desataron las hostilidades. Los acuerdos se rompieron. En las primeras elecciones libres y democráticas celebradas en Nicaragua, después de décadas, 1984, el FSLN ganó con 64 por ciento de votos. Pero el escenario no fue el mismo. El triunfo de Ronald Reagan en Estados Unidos (1981-1989), el desarrollo de la guerra en El Salvador y Guatemala y la invasión de la isla de Granada trasformó a Nicaragua en campo de batalla. Asediada, bombardeada, la revolución se enrocó. La desestabilización, la crisis económica y una derecha recompuesta, con un ejército mercenario financiado desde Estados Unidos, provocó miles de muertos. Las guerras de baja intensidad se generalizaron en la región. Años de agresiones y desgaste culminaron estrangulando la revolución. Estados Unidos invadió Panamá el 20 de diciembre de 1989. El 26 de febrero de 1990, en Nicaragua, se celebraron elecciones. Violeta Chamorro ganó la presidencia. Los sandinistas, en medio de la guerra, fueron derrotados. La derecha recuperó el poder. El FSLN nunca fue el mismo. La piñata, el enriquecimiento de la familia Ortega, la corrupción, dieron al traste con el proyecto. Se inició la descomposición sandinista.





vía: http://www.jornada.com.mx/2018/06/24/opinion/024a1mun

sábado, 3 de octubre de 2015

Nicaragua: El pueblo de Nicaragua dice NO al Gran Canal...biodiversidadla

Deforestación a gran escala, destrucción de espacios naturales, reasentamientos masivos. Un país dividido en dos. Un nuevo megacanal a construir pronto en Nicaragua facilitaría a barcos petroleros y portacontenedores gigantes la exportación de materias primas y mercancías. La resistencia crece día a día. Únete a la petición.
Destrucción masiva de la naturaleza para agilizar el libre comercio global ( © Glyn Lowe & Stéphane Bidouze / Montage: Rettet den Regenwald )


Mientras el presidente de Nicaragua proclama una supuesta nueva era para el país con el canal, la ciudadanía exige “¡No al canal!”. Ya van más de 47 marchas en defensa de la belleza natural, las tierras, las aguas, las familias, y el majestuoso lago.

Unos 280 kms de largo, 520 mt de ancho y 30 mt de profundidad –tres veces más grande que el canal de Panamá– alcanzará el canal que pretende conectar de costa a costa el océano Pacífico con el Atlántico a través del mar Caribe.

Efectos negativos sobre seres humanos y naturaleza

120.000 personas viven en la ruta canalera y no saben lo que les espera ni cuándo, pues no ha habido ni debates ni consultas previas. Hasta 400.000 hectáreas de selvas amenazadas y sus jaguares, tapires, manatíes, águilas harpías y monos araña.

Dragarán el Lago de Nicaragua, reserva de agua dulce de Centroamérica a lo largo de 105 kms para el paso de los grandes barcos, afectando gravemente a peces cíclidos y tiburones.

“No se han llevado a cabo estudios técnicos, ambientales, factibilidad financiera o proyecciones sobre los beneficios, es decir, no se dan las mínimas condiciones para comenzar con el proyecto” aclara Mónica López Baltodano, abogada ambientalista.

Proyecto ambicioso

No sólo el canal y sus exclusas: carreteras para el tráfico pesado, sistema ferroviario, oleoductos, zonas industriales; puertos, aeropuerto, hidroeléctrica, fábrica de cemento, de acero y explosivos e instalaciones auxiliares.

El gobierno nicaragüense concesionó la construcción y administración del canal al empresario chino Wang Jing por 116 años. No está claro cómo su empresa HKND Hong Kong Nicaragua Development registrada en las islas Caimán va financiar la megaobra. El costo es de 50 mil mill de dólares.

Facebook de Nicaragua sin Heridas

@Noalcanal


Firma la petición

vìa:
 http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Campanas_y_Acciones/El_pueblo_de_Nicaragua_dice_NO_al_Gran_Canal2

sábado, 4 de abril de 2015

Ecología-Centroamérica: Una evaluación climática de Centroamérica....La Jornada Ecológica



Una evaluación climática de Centroamérica




La vulnerabilidad de Centroamérica al cambio climático es un problema que viene estudiando La Comisión Económica para América Latina, Cepal, junto con los gobiernos y los especialistas más calificados de la región. En diversos documentos frutos de su trabajo se ofrece un diagnóstico de la situación ambiental y económica imperante, así como la vulnerabilidad y los retos que deben superarse en esta parte de América a fin de obtener el desarrollo sostenible. Se trata de desafíos sociales, económicos y ambientales que requieren la participación de las instancias oficiales, la población en general, la de los centros de investigación, el sector empresarial y de los organismos internacionales.

La Cepal, los gobiernos y los estudiosos locales comienzan por recalcar que la vulnerabilidad de Centroamérica proviene de su modelo de desarrollo. Históricamente, los países de la región han vendido sus productos agrícolas y otros recursos naturales a bajos precios en comparación con los de los productos que importa. En las últimas décadas se ha promovido el uso de mano de obra barata para producir artículos de exportación tipo “maquila”, pero esta política no ha modificado la estructura económica tradicional.

Las guerras civiles y las rupturas institucionales de las décadas de los 70 y los 80 causaron gran inestabilidad en la región. La economía de Nicaragua sufrió una fuerte caída; El Salvador atravesó una situación similar, mientras que Guatemala y Panamá tuvieron crecimiento prácticamente nulo; el crecimiento de Costa Rica y Honduras se redujo a casi la mitad en comparación con las décadas precedentes. La crisis de la deuda de los años 80 redujo drásticamente el crédito externo. La caída de los precios del café y otros productos agrícolas, junto con la crisis del petróleo, causaron severos impactos. Estos eventos profundizaron la vulnerabilidad de la región, cuyas repercusiones aún se sienten. La deuda social y ambiental acumulada se traduce en enfermedades y degradación ambiental.

Las economías de la región mejoraron en los años 90 y crecieron más que muchos países de América Latina. Esto se debió a las favorables condiciones políticas y sociales, la estabilidad económica y la ampliación del acceso a mercados externos. Entre 2000 y 2007, el crecimiento fue mayor por el dinamismo de las exportaciones agropecuarias y maquiladoras, cuyo principal mercado es los Estados Unidos. Pero la caída económica de este país entre 2008 y 2009 se tradujo en desaceleración económica y descenso de las remesas en la región. A partir del año 2010, la economía empezó a recuperarse, pero prevalece incertidumbre por la crisis de deuda de los países europeos.

La pobreza afecta a cerca de la mitad de la población de Centroamérica, y una tercera parte sufre pobreza extrema. El crecimiento económico regional no se ha distribuido de manera equitativa y no logra mejorar significativamente la calidad de vida de los pobres. La desigualdad en 2008 fue de 0.6, lo cual significa que la región es muy desigual y, por tanto, muy vulnerable.

Muchas personas pobres viven en el campo y dependen de la agricultura y de lo que el ambiente les da: agua, alimento, energía, materiales de construcción y medicamentos. La mayoría de ellas carece de acceso a crédito, servicios de extensión y asesoría productiva, educación apropiada y sufren los daños provocados por sequías, inundaciones y huracanes. Sin posibilidad de acceder a otros medios de vida, la gente en condiciones de pobreza podrá llegar a sobreexplotar el ambiente, disminuyendo su capacidad de darles este mismo sustento.

Otra parte de la población de bajos ingresos vive en asentamientos urbanos marginales y la mayoría depende de empleos informales. Esto los hace más vulnerables ante los vaivenes económicos nacionales y globales, que afectan su capacidad de obtener ingresos y adquirir alimentos, artículos y servicios básicos.




Estas desigualdades se traducen en enfermedades, muerte infantil y materna, desnutrición y acceso limitado al agua potable, servicios de salud, educación, seguridad social, capital y créditos productivos, carencias que afectan con más fuerza a los más pobres, pueblos indígenas, los afrodescendientes y las mujeres. Aunque el gasto social por persona (educación, salud, seguridad pública, vivienda y otros) ha aumentado en las últimas dos décadas en Centroamérica, aún sigue siendo bajo, a excepción de Panamá.

Este contexto socio-económico generó una alta vulnerabilidad frente a las variaciones del clima, sobre todo ante el patrón de lluvias y eventos extremos como sequías, tormentas y huracanes. Por ser un istmo estrecho entre los océanos Pacífico y Atlántico, la región está altamente expuesta a eventos extremos, cambios en el clima y a la elevación del nivel del mar por el deshielo de los polos norte y sur.

La variación de la lluvia en la región es causada por la combinación de los regímenes del viento, las corrientes de ambos océanos y los sistemas montañosos. Los eventos extremos relacionados con la lluvia causan grandes desastres. El peligro de que estos daños sean mayores depende de la vulnerabilidad y exposición de personas y comunidades. La degradación ambiental acumulada aumenta la vulnerabilidad de la población. Es posible reducir o empeorar esta vulnerabilidad con políticas públicas y acciones comunitarias, municipales, nacionales y regionales que se deben estar realizando en la actualidad.

A las pérdidas de vidas humanas y ambientales causadas por estos desastres se suman las pérdidas materiales. Por ejemplo, el huracán Mitch de 1998 causó daños por 8 mil millones de dólares. Le siguen el huracán Joan en 1988 con 1.412 millones de dólares, la tormenta tropical Stan en 2005 con 1.361 millones de dólares, las inundaciones de 1982 con 975 millones de dólares, y el huracán Félix y las inundaciones que se abatieron sobre Nicaragua en 2007 dejaron pérdidas por 883 millones de dólares.

El sector productivo más vulnerable a eventos extremos es el agropecuario, pero la exposición de la infraestructura, las telecomunicaciones, el transporte y la vivienda también es muy grande. Las condiciones precarias de vivienda y la pobreza en las ciudades y el campo explican por qué estos daños han llegado a ser tan devastadores. En 2003, 43 por ciento de las casas del campo tenía piso de tierra, 12 por ciento contaba con techo de materiales frágiles y 20 por ciento paredes endebles. Los indicadores urbanos son mejores pero desiguales entre los países. En la década de 2000, la tercera parte de la población urbana habitaba en viviendas precarias.

El fenómeno El Niño produce periodos de sequía leve a severa en la costa del Pacífico y aumentos variables de la lluvia en la zona caribeña de Centroamérica. La población del Pacífico sufre por menor acceso al agua, mayores incendios forestales y deslizamientos e inundaciones repentinas por lluvias intensas. El Niño ocurre cada cinco o seis años aproximadamente, aunque puede variar su frecuencia. Está asociado a cambios de presión atmosférica y aumentos de temperatura en el océano Pacífico, que crean un flujo cálido de agua hacia el sur, mar adentro de Perú.

El fenómeno complementario, La Niña, está asociado a corrientes de agua fría en el Pacífico tropical y provoca que la estación lluviosa sea más intensa en Centroamérica.

Desde los años 70, el número de eventos extremos, sobre todo las inundaciones, han aumentado en Centroamérica. Las riberas de los ríos, las zonas bajas y las costas son los ambientes más expuestos. Las inundaciones más severas ocurren en el norte de la región, a lo largo de la costa de Belice, las costas y territorios aledaños a lagos y ríos en Guatemala y la ribera del río Lempa, en El Salvador. Toda la región está expuesta a deslizamientos causados por lluvias intensas. Las zonas de mayor riesgo son las más deforestadas. El número de personas afectadas por inundaciones también ha aumentado en las últimas tres décadas.

Especialmente en los últimos cuarenta años, los eventos extremos se han concentrado en Guatemala, Honduras, Nicaragua, la costa Pacífico de Costa Rica y la costa Atlántico de Panamá.




La frecuencia de tormentas mayores y huracanes en Centroamérica ha crecido en comparación con las dos décadas anteriores. Nicaragua es el país que ha experimentado más tormentas y huracanes desde la década de los 90. Es importante anotar que, además de las tormentas mayores registradas, los eventos de lluvias intensas, algunas a nivel local, están causando una acumulación considerable de pérdidas y daños.

Las temperaturas extremas, las sequías y los incendios forestales también han crecido desde los años 90. Prácticamente no hay porción de Centroamérica que en los últimos 30 años no haya sufrido sequías. Toda la región está cruzada por un corredor seco muy vulnerable, principalmente en la vertiente del Pacífico. A partir de los años 70, los eventos extremos se han concentrado en Guatemala, Honduras, Nicaragua, la costa Pacífico de Costa Rica y la costa atlántica de Panamá. Los efectos de las sequías empeoran por la degradación ambiental, la cual tiene efectos locales sobre el clima.

Con el cambio climático global, las sequías podrían incrementar en su recurrencia y sequedad. Las sequías asociadas a El Niño suelen causar daños y pérdidas considerables en toda la región. Las hambrunas en Guatemala han aumentado en la última década, no sólo en el arco seco, sino en otros municipios. Esto se debe a que las familias viven en pobreza extrema y dependen de la agricultura, la cual resulta afectada por repetidas sequías e inundaciones que modifican el terreno agrícola temporal o definitivamente, y provocan la pérdida de las cosechas de maíz y frijol. En 2009, el gobierno de Guatemala declaró estado de calamidad por esta situación de hambruna y en 2012 implementó el programa “Hambre Cero”.Si el lector desea conocer más sobre Centroamérica.
vía:
 http://www.jornada.unam.mx/2015/03/30/eco-f.html

viernes, 6 de abril de 2012

Nicaragua: Agua, seguridad alimentaria y cambio climático..Por: Giorgio Trucchi

Por: Giorgio Trucchi
Artículo publicado en Amauta con permiso de Lista Informativa Nicaragua y más y del autor
Fuente: Lista Informativa Nicaragua y más


Urgen acciones conjuntas y articuladas que involucren a toda la sociedad
Nicaragua es uno de los países más beneficiados por la lluvia en el mundo. Según los registros de la FAO (Food and Agriculture Organization), recibe 311 kilómetros cúbicos por año, es decir una cantidad de 38 mil metros cúbicos (1 metro cúbico es igual a 1000 litros) por persona por año, que equivale a 531 barriles de agua por persona por cada día del año.
Desafortunadamente, varios expertos en materia ambiental coinciden en que esta riqueza no sólo no ha sido aprovechada por el país, sino que el deterioro progresivo de los recursos hídricos ha impedido que se convirtiera en mayor bienestar para la inmensa mayoría de la población.
Agua, por Pete Yahnke (justseeds.org)
“Hemos sido negligentes e ineptos en el aprovechamiento de esta riqueza. Su desperdicio, la degradación progresiva de los acuíferos y la falta de aprovechamiento nos ha impedido transformar la riqueza hídrica en riqueza económica, social y en bienestar”, dijo Salvador Montenegro, director fundador del CIRA/UNAN (Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua).
Durante su intervención, Montenegro resaltó el importante vínculo que hay entre la implementación de políticas públicas de protección y correcta administración de los recursos hídricos, y la necesidad de una estrategia para la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos en el país y la región centroamericana.
“Son elementos de un mismo problema. Los efectos e impactos del cambio climático sobre la sociedad son también el resultado de una mala administración y la destrucción de las cuencas hídricas, lo cual ocasiona la ausencia o limitación de acceso al agua de calidad.
Cada instancia pública y privada tiene una gran responsabilidad. La protección de las cuencas y la adaptación a los efectos del cambio climático son tareas pendientes que deben ser abordadas como un proceso diario, del que depende nuestro desarrollo económico, social y el bienestar de la población”, aseguró Montenegro.
Cambio climático y agua
Esta misma preocupación fue compartida por expertos del Centro Humboldt en ocasión del Día Mundial del Agua (22 de marzo).
Según el estudio “Mapeo de riesgos, procesos, políticas públicas y actores asociados a cambio climático en Nicaragua”, los futuros escenarios climáticos y las principales afectaciones que se presentarán en Nicaragua son más que alarmantes.
Para Maura Madriz Paladino, oficial de Incidencia del Centro Humboldt, la variación de temperatura simulada al año 2050 evidencia un incremento a nivel nacional de 1.6 ºC (grados centígrados), es decir el 6.6%. Asimismo, se señala una reducción de las precipitaciones del 16.8%, equivalente a 800 mm).
Esto significa que si actualmente las zonas más vulnerables ante los cambios climáticos (niveles de riesgo medio y alto) involucran a 94 municipios (88% del territorio) y al 45% de la población (2.3 millones de personas), en 2050 la afectación se extendería a 139 municipios (97% de la superficia territorial) y al 87% de la población (6.5 millones de personas). Con respecto al acceso al agua, actualmente el nivel de disponibilidad de agua resulta ser bajo y medio en 96 municipios (85% de la superficie y 46% de la población). En 2050 se elevaría a 118 el número de municipios afectados (91% del territorio y 85% de la población).
Ante esta situación, la organización ambientalista nicaragüense subrayó que Nicaragua necesita urgentemente cambiar de rumbo, impulsando acciones conjuntas y articuladas que involucren a toda la sociedad, canalizando más recursos y proyectos para implementar medidas concretas de adaptación al cambio climático.
Asimismo, el Estado debe promover espacios de participación y promoción de la acción colectiva como país, también transparentando la información de lo que Nicaragua está negociando en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).
“Muchas personas creen que poseer la mayor cantidad de agua a nivel centroamericano significa tener garantizado el acceso al agua para la población, y no es así. Necesitamos hacer un esfuerzo entre todos los actores y desarrollar acciones concretas”, afirmó Madriz. Avances
De acuerdo con datos oficiales, durante el periodo del gobierno sandinista (2007-2011) la cobertura de agua potable en la zona urbana se ha incrementado de 72 (2006) a 88.7 por ciento (2011), mientras que en el área rural la cobertura ha sido del 64 por ciento. Durante ese periodo se han atendido un total de casi 763 mil personas con nuevos servicios de agua potable. Además, un total de casi 1.3 millones de personas han sido atendidas con la reparación, modernización y mantenimiento de redes de agua potable.
También se beneficiaron a casi 650 mil personas con nuevos servicios de alcantarillado sanitario, inodoros ecológicos y letrinas, mientras que otras 470 mil se beneficiaron de la reparación, modernización y mantenimiento de redes de saneamiento. La inversión total del sector agua potable y saneamiento (2007-2010) fue de 4 mil 300 millones de córdobas (196 millones de dólares).
Seguridad alimentaria y monocultivos
La FAO resaltó este año la estrecha relación entre el agua y la alimentación, como forma para garantizar la seguridad alimentaria de la población mundial. Según Montenegro, uno de los elementos que más están afectando esta relación en Nicaragua es la implementación y expansión de los monocultivos.
“Es uno de los problemas más serios, porque los monocultivos en Nicaragua solamente han traido degradación ambiental. Aún hoy vemos como las grandes extensiones de caña de azúcar, bananos y palma africana no solamente están modificando los ecosistemas originales, sino que están causando impactos severos sobre los suelos, cuya destrucción es definitiva, y sobre los mantos acuíferos”, afirmó el experto.
El director fundador del CIRA recordó también que los monocultivos han causado en toda la región graves problemas de contaminación por el uso indiscriminado de agrotóxicos sumamente persistentes, la pérdida de territorio y la reducción de cultivos directamente vinculados a la alimentación.

Vìa,fuente:
http://revista-amauta.org/2012/04/nicaragua-agua-seguridad-alimentaria-y-cambio-climatico/

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