Discurso en el Castillo de Chapultepec 2do Encuentro con el Poder Ejecutivo
Emilio Álvarez Icaza L.
Buenos días Señor presidente Felipe Calderón
Buenos días a todas y todos los presentes
El día 6 de octubre fue brutalmente asesinado en la comunidad de Sta.
María Ostula, Michoacán, Pedro Leyva Domínguez, representante de su
comunidad ante el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Al día
de hoy no se ha detenido a los responsables de este crimen, como no han
sido detenidos los responsables de otros 27 miembros asesinados de la
misma comunidad. Por eso, en memoria de Pedro Leyva y de los más de 50
mil muertos de esta brutal guerra y sin sentido, pido a todos los
presentes ponerse de pie y guardar un minuto de silencio.
Antes que nada queremos reivindicar este diálogo como una conquista de
la sociedad mexicana en su lucha contra la arbitrariedad, la barbarie y
el autoritarismo. Como es del dominio público, el gobierno federal se
resistió a reanudar el diálogo con nuestro movimiento, y de no ser por
la indignación y desconcierto que despertó en la opinión pública, la
posibilidad de que el representante del ejecutivo faltara a su palabra
empeñada frente a la nación, usted y los miembros de su gabinete no se
habrían sentado de nuevo con nosotros. Lo lamentamos de veras, pues
nosotros confiamos en el diálogo como una forma fundamental del
ejercicio democrático, y no como una concesión del poder político,
sujeta siempre a regateos y negociaciones en perjuicio de las voces
ciudadanas.
El diálogo implica acuerdos y disensos, sirve no sólo para buscar el
consenso entre las partes, sino también para contrastar las
diferencias. A pesar de nuestros puntos de vista divergentes, hemos
establecido condiciones de trabajo entre el gobierno y el movimiento
para la atención de las víctimas; por escasos que sean los
resultados valoramos en su justa medida el esfuerzo de algunos
funcionarios que han mostrado voluntad de colaborar con nuestra
lucha por la verdad y la justicia.
Desde que iniciamos los trabajos en las cuatro mesas de
diálogo, nos encontramos con representantes de su gobierno que
no sólo nos rebatían nuestras propuestas, sino el nombre mismo
de nuestro movimiento, argumentado que en México no existe una
guerra y por lo tanto carece de sentido luchar por la paz. Es obvio que
lo anterior no es un problema semántico, sino una diferencia
sustancial que revela que ustedes no reconocen la existencia de una
guerra –que por cierto usted nombró‐, y por lo tanto no aplican las
políticas necesarias para afrontar la emergencia nacional que vive el
país.
Es cierto que el diálogo ha involucrado a secretarios y
subsecretarios de estado con ciudadanos y víctimas de la guerra en un
ejercicio hasta entonces inédito, pero la calidad de las respuestas
a nuestras demandas de justicia e iniciativas de paz han sido
lastimosamente pobres, por decir lo menos. Aquí tenemos el documento
enviado por la Secretaría de Gobernación al movimiento con casi
un mes de retraso, lo ponemos a consideración de la opinión
pública, para que sea ella la que juzgue si una emergencia
nacional como la que padecemos puede ser solucionada con las
acciones y propuestas que su gobierno nos envía.
La verdad, Sr. Presidente, es que nosotras y nosotros no nos
conformamos con esta respuesta, ni estamos de acuerdo con que
usted se desprenda de la responsabilidad y empiece a comportarse
más como ex Presidente que como el responsable del ejecutivo federal
en funciones. A usted le quedan 14 meses al frente del
Estado; nosotros le queremos recordar que ese lapso de tiempo
es una eternidad para la madre de un desaparecido o para los
familiares de los asesinados que cada día reviven el dolor de
crímenes impunes. Lo convocamos por eso a escucharnos de nuevo y dar una
respuesta seria a los reclamos de justicia y paz que las víctimas le
hacen.
Durante nuestro proceso de diálogo insistimos –y seguiremos
insistiendo‐ en que el problema de violencia que se vive en
nuestro país no será resuelto con más violencia.
Como alternativa hemos ofrecido propuestas que apuntan a
construir una política de Estado y reconstruir el deteriorado tejido
social de nuestro país.
En estos tres meses de trabajo entre el Movimiento por la Paz con
Justicia y Dignidad y los representantes del Poder Ejecutivo,
miles de personas han sido asesinadas, desaparecidas,
secuestradas, torturadas, violadas, obligadas a dejar su hogar,
sus pertenencias, sus familias. El dolor, la injusticia y la impunidad
han seguido creciendo por todos los rincones del país. La paz, la
justicia y la dignidad nos siguen siendo negadas.
Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos
Vìa :
http://www.cencos.org/node/27753
http://www.cencos.org/node/27753


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