“Entre 2010 y 2011, seis defensoras han sido asesinadas y sus familias
siguen siendo amenazados y agredidos” destacó Orfe Castillo Osorio de la
Iniciativa Mesoamericana de mujeres defensoras de derechos humanos. Por
la violencia en la actualidad, “no hay justicia en estos casos –de
defensores de derechos humanos- porque ellos pueden hacer algo que los
demás no hacen: que prevalezcan las razones del derecho” aseveró
Fernando Coronado Franco, consultor jurídico de la Comisión de Derechos
Humanos del Distrito Federal (CDHDF).
Existe el riesgo de algún atentado o que se utilice nuestro trabajo
para denostarlo, menciona David Peña Rodríguez, integrante de Asociación
Nacional de Abogados Democráticos, quien tomó el caso a partir del año
2007 y anuncia la iniciación de una campaña para exigir a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos que admita este caso después de 10
años en proceso.
Pero diez años después, ¿por qué habremos de recordarla, por qué rememorar el caso?
Por un lado, el rasgo más característico de este caso emblemático en
materia de derechos humanos: la impunidad, la cual invita a la
insistencia en el caso. Pues es en esta falta de esclarecimiento donde
está atrapada la verdad, tanto por los intereses que conlleva como por
los pasos falsos que han dado las autoridades, supuestamente
competentes, a su alrededor. Sus 10 razones irrefutables, fueron
refutadas por las pruebas, los testimonios y todo el expediente
recabado, “la procuraduría capitalina decía que estaba claro el
homicidio pero falta lo que digan allá arriba” establece Jesús Ochoa,
hermano mayor de la defensora, cuya perseverancia, según una de los
abogados del caso, Michelle Salas, ha sido determinante en la búsqueda
de justicia.
“Las verdades oficiales siempre son falsas; lo son cuando informan a
medias. Sucede en casos como el e Digna, en las guerras sucias o
dictaduras y ahora en la guerra contra el narcotráfico; a comparación
con las dictaduras en países como Perú o Argentina, es peor el caso de
México, porque se dice una cosa hacia afuera y adentro es otra muy
distinta. Queremos la verdad de a de veras, no la oficial; porque
tenemos ese derecho” establece Lamberto González Ruiz, amigo de la
abogada.
“El 30 de mayo de 1980 cambió el rumbo de su vocación, de querer ser
educadora decide ser abogada porque mi padre es acusado de un asesinato
que sucedió mientras él trabajaba –por tanto era inocente- lo arrestaron
sin decirnos ni darnos razón de su paradero, lo llevaron a otro
municipio no tan cerca de Mesatlán y fue torturado, cuando lo
encontramos tenía la cara deformada por los golpes; luchamos por 1 año
17 días, por eso Digna se avoca a los derechos humanos” recuerda Jesús
Ochoa. Pero “a Digna la mató la confianza” porque después de reiteradas
amenazas por las que se refugió en Washington, regresa al D.F. al creer
que con el cambio de gobierno en el 2000 las cosas también cambiarían.
Hay que recuperar su memoria, su imagen, e insistir en la verdad de los
hechos; recordar a Digna persona, defensora, abogada, monja y mujer; y
exigir justicia. Su presencia era fuerte y radical como su vida y
compromiso, añade el consultor Coronado de la CDHDF. Ella llevaba casos
sobre químicos en Veracruz, la masacre en Aguas Blancas, los casos de Cabrera García y Montiel Flores campesinos ecologistas en Guerrero, de los hermanos Cerezo
en la ciudad de México, entre otros. “De tantos momentos difíciles,
para Digna siempre había futuro, y una sonrisa. Me decía: aquí hay que
luchar míja y que siempre se podían vencer los obstáculos, mientras
estemos completos” evoca su hermana Elia Ochoa, “pasarán los años
–continúa- y seguirán los recuerdos vivos, como motivación”. “Digna
nació para cambiar al mundo, que su muerte nos sirva para cambiar este
sistema” declara Michelle Salas, también abogada del caso y miembro de
la ANAD.
Además, cabe pensar el papel que jugamos las mujeres como defensoras y
periodistas, agrega Erika Ramírez Pardo de la revista Contralínea ya que
“coincidimos, defensores y periodistas, en que nuestro trabajo tiene un
compromiso social”. Son ellos quienes “están en medio de los militares y
los otros grupos” añade Gabriel Soto Climent de la CDHDF, por tanto,
“hay que abrir los ojos y tomar su caso para seguir el camino”. Nos
queda mucho por hacer...
Estás fueron algunas de las reflexiones en el marco del décimo
aniversario de la defensora de derechos humanos Digna Ochoa, originaria
de Masatlán, Veracruz, quien fue asesinada el 19 de octubre de 2001 en
su oficina en el Distrito Federal. Caso que hasta ahora sigue impune al
ser declarado como suicidio pese a las pruebas que demuestran el
homicidio. Dicho evento se llevó a cabo en la Comisión de Derechos
Humanos del Distrito Federal en la sala que lleva su mismo nombre.
Más información
Pilar Noriega García:A diez años de la muerte de Digna Ochoa la PGJDF insiste en el suicidio
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Centro Nacional de Comunicacion Social
http://www.cencos.org/node/27798

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