La última encuesta realizada
por la Universidad Diego Portales, centro de estudios de indudable
tendencia derechista, señala que el nivel de aprobación ciudadana ha
bajado más allá de 25 puntos porcentuales desde su última medición y se
ubica hoy día en un 28, 8%. Agrega además otro dato que resulta
revelador del actual estado de credibilidad del Presidente de la
República; a la pregunta ¿qué tanto le cree al presidente? El 71.2 % de
los encuestados respondió que le cree poco o nada.
A
que se debe esta situación, las respuestas son múltiples y variadas,
desde las que le atribuyen esto a errores políticos, a las que señalan
cuestiones de subjetividad empatía y cercanía con la gente. Sin duda la
respuesta a la pregunta no es mono causal y es evidente que existen
varias razones que explican el fenómeno.
Pero
las explicaciones weberianas tipo Tironi que la ubican casi
exclusivamente en las características personales del presidente,
teniendo alguna validez relativa, olvidan la confrontación social, es
decir, un proyecto neoliberal que expresa al gran capital nacional y
transnacional en contra de la mayoría de la nación. En realidad esta
situación que viene expresándose desde la dictadura militar fue
encubierta con un cierto discurso democrático progresista y operaciones
de comunicación estratégica en los gobiernos de la concertación por la
democracia, esta situación, es decir el abuso neoliberal, comenzó a
hacerse más evidente con la llegada de Sebastián Piñera a la
presidencia, primero por un gobierno de tecnócratas empresariales que
representó la fracasada “nuevaforma de gobernar” y ahora con la toma del
gobierno por parte de la ultraderechista UDI, en lo que se denomina una
gestión más política, que en realidad es más perversa. El Presidente
según declaraciones recientes arbitra constantemente una disputa entre
dogmaticos y pragmáticos al interior de su gobierno, en la cual se ha
inclinado notoriamente por los dogmaticos de la UDI que además son
populistas.
La cuestión es que las clases
medias, los trabajadores, los movimientos sociales, el movimiento
mapuche se han alzado en contra del gran capital. La potente y magnifica
movilización de los estudiantes chilenos ha constituido la expresión
más elevada organizada y combativa del descontento contra el sistema
neoliberal.
La rebelión es contra las estructuras de abusos generadas por la larga hegemonía neoliberal.
Pero
en realidad es necesario explicar como Piñera llega al gobierno para
poder hacer inteligible la situación. Se hace evidente que el actual
Presidente llega al gobierno más que por representar un proyecto común a
un sector mayoritario de chilenos, por el cansancio y degaste del
modelo concertacionista que va poniendo en evidencia su verdadera matriz
de administrador y prolongación de la dictadura de Pinochet, que en vez
de alterar el modelo dejado por la dictadura lo perfeccionan en un
cuasi cogobierno con los sectores de la derecha tradicional, que
llamaron democracia de los acuerdos con una clara hegemonía neoliberal.
La
crisis de la concertación se manifiesta en toda su crudeza en la última
elección presidencial en donde surge una expresión de descontento
díscolo que encabezó Marco Enríquez Ominami, que dividió a la
concertación y permitió sin duda el triunfo de Piñera.
La
situación era bastante curiosa porque llegaron a coexistir tres
candidaturas críticas a la concertación aparte de la derecha y las tres
eran encabezadas por miembros o ex miembros del Partido Socialista,
Marcos Enríquez Ominami, Jorge Arrate ex ministro de la concertación,
que abanderó el frente formado por el Partido Comunista, y el Senador
Alejandro Navarro disidente socialista que había conformado su propia
estructura política el MAS. Ahora el Partido Socialista oficial no
apoyaba a ninguno de los tres sino al candidato demócrata cristiano
Eduardo Frei. Esto era un claro síntoma de malestar con las ejecutorias
de los gobiernos concertacionistas.
Todo lo
anterior demuestra que Sebastián Piñera gana más que por el empuje
propio por la crisis de los supuestos adversarios, pero ofrece una nueva
manera de gobernar y eficiencia, y alguna gente partidaria de la
concertación agotada y decepcionada de la gestión concertacionista cree
en el discurso renovador que se propone y le da su apoyo.
Pero
que ocurre, una vez asumido el mando el Presidente Piñera comienza a
realizar no un gobierno diferente sino uno muy parecido al de la
Concertación o sea lo opuesto a lo que la gente aspiraba, y esto
constituye uno de su errores más grandes, no percibe que la gente vota
por un cambio cansada de lo existente, y el Presidente ofrece con
matices más de lo mismo.
Todo el mundo percibió que este gobierno no tenía un relato propio sino era la continuidad de lo que se rechazaba.
A
estas razones hay que sumar el pésimo manejo del conflicto estudiantil
que se le ha vuelto un conflicto insoluble por los arraigados conflictos
de intereses que están en juego, para formarse una idea, la cuestión de
la gratuidad de la educación, el fin al lucro se le convierte en un
asunto de prácticamente insolucionable porque tendría que afectar el
intereses de amigos tan entrañables como Andrés Navarro accionista de
una de las principales universidades que lucra con la educación. O su
ministro Cristián Larroulet también con intereses comprometidos en una
universidad privada.
Pero también hay rasgos de
las actuaciones públicas del Presidente que repugnan a la gente como ir a
hacer un discurso a las Naciones Unidas donde califica de “noble,
grande, hermosa” la reivindicación estudiantil mientras en las calles de
Santiago se apalea y reprime a los estudiantes lo que pone en evidencia
los peores rasgos de una clase política que no vacila en decir
cualquier cosa contal de quedar bien ante el mundo y en los hechos hacer
lo contrario. He ahí porque no le creen al presidente Piñera.
Fuente, vìa :
http://www.kaosenlared.net/noticia/porque-chilenos-no-creen-sebastian-pinera
http://www.kaosenlared.net/noticia/porque-chilenos-no-creen-sebastian-pinera

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