Alejandro Solalinde, sacerdote y activista defensor de los derechos
de los inmigrantes, comenta a Proceso los resultados de una gira que
realiza por África y Europa, donde tuvo oportunidad de denunciar ante la
ONU y la UE las condiciones de los centroamericanos que transitan por
México rumbo a Estados Unidos. Muy indignado por el asesinato del hijo
de Javier Sicilia, considera que ya es “demasiado tarde” para cambiar
el estado de descomposición en México, más aún cuando todos los
políticos están pensando sólo en el 2012.
MADRID, 11 de abril (apro).- “¡Yo también estoy hasta la madre!”,
exclama indignado el sacerdote Alejandro Solalinde al enterarse del
asesinato del hijo de Javier Sicilia. Transcurre el minuto 45 de una
entrevista con Proceso y pierde el tono mesurado, se quita los lentes y
se cubre la cara con las manos.
“¡De verdad estoy hasta la madre! Tengo ganas de que haya una gran
movilización civil; México se merece un cambio”, afirma el director del
albergue Hermanos en el Camino y miembro de la Dimensión Pastoral de la
Movilidad Humana, quien desconocía la noticia del crimen porque lleva
días recorriendo Europa y el noreste de África.
Solalinde hace un balance de su viaje:
“Me ha servido para saber que nuestros esfuerzos por proteger a los
migrantes tienen apoyos y observadores entre organismos civiles de
muchos países y también en instancias internacionales.
“Pero también me llenó de tristeza, frustración y desilusión el papel
de los 20 cosmetólogos del gobierno de México que vinieron a Ginebra a
hablar ante la ONU de un país que no es real, ese que describieron no
existe porque afirman que se respetan los derechos humanos, incluidos
los de los migrantes, que no hay impunidad y que los retos ya los han
solventado.
“Funcionarios de la Unión Europea en Bruselas me dijeron: ‘Si México
quiere que tengamos esa imagen de él, nosotros no tenemos por qué no
usar esa imagen, aunque no estemos del todo convencidos’. A eso en
México se le llama darle el avión”, asegura en la entrevista con Proceso
en las oficinas de Amnistía Internacional, en la capital española la
tarde del jueves 7.
–Tras cinco años de lucha, con los secuestros de migrantes creciendo y
enfrentándose a la negligencia del gobierno, ¿qué balance hace del
gobierno de Calderón?, ¿puede hacer algo en el año de gobierno que le
queda o pasará como el presidente antiinmigrante?
–Ya es demasiado tarde para cambiar las cosas. Él y todos (los
políticos) están enfocados a 2012, están en el canal electoral; lo único
que esperaría es que no obstaculicen ni dilaten la nueva ley
migratoria. Por lo demás, México y la sociedad civil sabrán en qué lugar
colocan a cada quien en las elecciones. Pobre México.
–Usted es hombre de fe, pero…
–Tengo que serlo, pero francamente no hay mucha tela de dónde cortar.
Felipe Calderón ha sido un presidente antiinmigrante. Tengo mucho con
qué argumentar: su amiga de la infancia, María Mercedes Gómez Mont,
hermana del exsecretario de Gobernación, como delegada del Instituto
Nacional de Migración (INM) en Oaxaca hizo sufrir muchísimo a los
migrantes y a nosotros (del albergue). Y ahora la tenemos como delegada
en Chiapas, es la que está al frente de la actual ofensiva contra los
migrantes en esa zona, lo cual me provoca mucha desazón.
–¿Por qué lo dice?
–Los mayores atropellos a los derechos de los inmigrantes se dieron
cuando ella estuvo en el INM de Oaxaca, aunque nunca lo reconocerá.
Esquemas terribles, operativos con armas, algunos con la policía de
Juchitán, con la Marina y policías de Migración, siempre con muchos
migrantes heridos. Tenemos los testimonios y certificados médicos de
lesiones que ella nunca quiso aceptar ni ver.
“Tengo razones de sobra para que ella no me acepte, pero llegó al
grado de ordenarle a un subdelegado de Migración que me arrestara. En
esa ocasión, como siempre, yo había notificado a Migración que acudía
con cuatro guatemaltecos golpeados y robados por la Policía Federal,
para que formularan su denuncia y luego los acompañaría a regularizar su
situación migratoria.
“Pero ella, al ser notificada le ordenó por teléfono a un subalterno
que me arrestara. El funcionario le respondió que no existía motivo
para ello, porque yo no era traficante de personas y además era mi
amigo, entonces Gómez Mont le ordenó presentar su renuncia en ese mismo
instante, como sucedió. Por eso no es nada alentador que esta mujer
sea la delegada en Chiapas.”
No es el único caso: Solalinde desmenuza con nombres, fechas y
detalles precisos el montaje del que fue víctima para implicarlo como
“traficante de menores centroamericanos” ordenado “desde las cañerías de
la Secretaría de Gobernación con Gómez Mont”.
“El 8 de mayo de 2010, el entonces delegado del INM, Omar Heredia
Mariche, pretendió armar un montaje para implicarme en un supuesto
delito de tráfico de menores, del que acusaban a una hondureña de nombre
Yeimi, que estuvo en el albergue; fue tan burdo que la acusaban de
traficar con sus propios hijos. Este funcionario, sin notificarme, me
grabó en audio cuando acudí a su oficina a hacer otro trámite y me tomó
una fotografía junto a la mujer para hacerme aparecer como cómplice de
un delito que no existió.”
El viaje
Desde que salió de su albergue, situado a un lado de las vías del
ferrocarril en Ixtepec, Oaxaca, Solalinde no ha parado: recorrió las
Islas Canarias y de ahí pasó al noreste de África, donde pudo entrar en
contacto con inmigrantes subsaharianos que quieren llegar a las costas
europeas.
Luego estuvo en Italia, donde fue recibido por autoridades,
activistas que trabajan con migrantes y miembros de la Iglesia católica,
con quienes participó en diálogos con migrantes de Libia y Túnez,
parte del éxodo provocado por la guerra en el mundo árabe.
El lunes 4 y el martes 5, en Ginebra, Suiza, se reunió con el Comité
de Derechos de los Trabajadores Migrantes de la ONU, a cuyos miembros
les habló de las nulas medidas del gobierno de México para atender los
abusos que sufren los migrantes y la impunidad que beneficia a los
agresores.
Les dio datos: en 2010 hubo 11 mil secuestros de migrantes cometidos
por Los Zetas, la Mara Salvatrucha de Honduras o por policías
oaxaqueños. Su albergue tiene documentados 362 secuestros, la mayoría
masivos.
También –como lo publicó Proceso (número 1784)– calculó que en 2009
hubo unos 20 mil secuestros en la ruta
Chiapas-Oaxaca-Veracruz-Tamaulipas. Sólo el segundo semestre de ese año,
52 albergues del migrante reportaron 9 mil 758 casos (muchos de ellos,
masivos).
“Les hablé de nuestra experiencia y de la impunidad imperante,
presentamos pruebas de cinco años de esa lucha, cientos de denuncias sin
respuesta gubernamental.
“Les hice ver que ni siquiera se avanzó en las medidas cautelares
para los inmigrantes dictadas por la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos. Por el contrario, todas (las denuncias) se mandaron a la
reserva. Ninguno de los policías implicados fue llevado a la justicia”,
comenta.
El sacerdote explicó a los comisionados que Calderón promovió una
propuesta de Ley de Migración que el Senado pudo modificar y quitarle
“los artículos más terribles” gracias a la intervención de diversas ONG.
“Les expliqué que ésta no era muy distinta de la Ley Arizona, porque
un artículo propuesto por el Ejecutivo, el 26, le daba facultades a la
Policía Federal como coadyuvante en cualquier lugar del país y en
cualquier momento, lo cual era una amenaza si partimos de que es una
corporación implicada en detenciones, extorsiones y golpes a
inmigrantes; el artículo 151 penalizaba al inmigrante que pidiera
trabajo y al contratante, y finalmente nos castigaba a las
casas-albergues que los acompañáramos y orientáramos en sus gestiones de
regularización.
“Afortunadamente, el Legislativo nos escuchó y quitó todo eso… pero
de todos modos me quedó la sensación que la gente de la ONU, desde su
posición, no entendió el alcance de la situación, no están
sensibilizados y por sus preguntas creo que no leyeron los informes
previos.”
–¿Y la visión que le dio el gobierno?
–Igual que el 22 de marzo de 2010, ante la OEA en Washington, a
Ginebra llegó un séquito de 20 funcionarios, cosmetólogos en realidad,
para cuidar el cutis del gobierno federal ante los ojos de la Unión
Europea, empeñados en mostrarse como un país completamente democrático y
respetuoso de los derechos humanos.
Solalinde repite frases textuales del comisionado del INM, Salvador Beltrán del Río, cabeza del contingente gubernamental:
“Son de antología”, dice. “Por ejemplo: ‘En México hay una
observancia plena de los derechos humanos’, ‘en México no se violan los
derechos humanos de los migrantes’, ‘en México no hay corrupción, no
hay impunidad’ y, además, ‘y una prueba de que México respeta los
derechos humanos y nuestra preocupación por los migrantes es la nueva
ley que estamos presentando’, pero no dijo que esa nueva ley fue
transformada por el Legislativo, porque el Ejecutivo quería una nueva
Ley Arizona.”
De la intervención de Monte Alejandro Rubido García, subsecretario de
Seguridad Pública, el sacerdote señala que “dijo verdades a medias”
porque le aseguró a la ONU que la SSP aceptó en todos sus términos la
recomendación 32/2010 de la CNDH contra los policías federales
agresores, “pero no dijo que, en todos sus términos, no la han
cumplido”.
Otra amenaza
Solalinde revela a Proceso que recibió una nueva amenaza poco antes
de salir de México. “Antes del viaje estuve en unos ejercicios
espirituales en Veracruz. En algún momento un amigo se me acercó y me
dijo que un conocido suyo que trabaja en Gobernación le pidió que me
previniera porque el secretario (de Seguridad Pública, Genaro) García
Luna está muy enojado conmigo y que no me la iba a perdonar por
cuestionarlo y hacer declaraciones muy directas, que tuviera cuidado
porque me puede desaparecer”.
Dice que lo comunicó a su obispo, a la Dirección de Movilidad Humana y
a Amnistía Internacional “y en Ginebra se lo dije también al
subsecretario Monte Alejandro Rubido, para que se lo pase al costo al
ingeniero (García Luna), pero él me contestó que no, que de ninguna
manera el ingeniero haría una cosa así”.
–¿Qué sucedió en el encuentro que tuvo con García Luna en enero pasado?
–Él sabía que tenía una entrevista con Carmen Aristegui (en CNN en
Español el 18 de enero pasado) y me había contactado con Rubido. Yo le
dije que no hablaría con él, sino con el secretario. Aceptó y acudí con
un nutrido grupo de compañeros. Nos tuvo esperando media hora, nos
hicieron un recorrido por su Plataforma México y cuando vi que era una
pérdida de tiempo les dije que me iba; entonces apareció el secretario,
con mucha amabilidad y cortesía.
“Nos llevó a su búnker, una sala ultramoderna como de James Bond, con
una mesa circular, pantallas de computadora y micrófonos para cada
persona que estábamos ahí. Y entonces Ramón Pequeño, jefe de la división
antidroga, nos dio una explicación de sus logros. Y una mujer ofreció
estadísticas donde decían que solucionaron 200 secuestros.
“Entonces el representante de AI, Alberto Herrera, le dijo: ‘Señor
secretario, de todas estas más de 200 personas plagiadas, ¿cuáles son
migrantes?’, y García Luna no supo qué contestar.
“Luego el secretario me dijo por qué no aceptaba yo la guardia de
seguridad de SSP. Y le contesté que no confiaba en ellos porque su
policía estaba implicada en asaltos y extorsiones contra inmigrantes.
“Le dije que nuevamente nos querían dar atole con el dedo porque en
un encuentro anterior con Rubido para el caso del ataque de su Policía
Federal a un grupo de inmigrantes (el 23 de enero de 2010, en Chahuites,
Oaxaca), nos escucharon, tomaron nota, nos dieron cafecito, luego nos
invitaron a un restaurante muy lujoso de La Condesa, pretendiendo que
con ese trato nos olvidaríamos del asunto. Y luego enviaron a dos
abogados para defender a los policías implicados.
“Entonces el secretario García Luna me dijo que tenían información
muy fiable en el sentido de que no eran policías federales, sino civiles
que se disfrazaron para aparentar ser policías federales, y eran los
que habían asaltado. Yo le contesté: ‘¿Usted espera que yo me crea
eso?’.
“Le dije que teníamos testigos. Incluso el 26 de enero de 2010,
cuando llevábamos a los testigos al Ministerio Público, los policías
federales y el Ejército instalaron un retén para quitarle los testigos a
la Subprocuraduría de Tehuantepec; los testigos reconocieron ahí mismo
a dos de los policías que habían participado en la golpiza y extorsión
de los inmigrantes.”
Prosigue: “Bajé del vehículo, entonces todos los policías, federales y
estatales, se encañonaron y cortaron cartucho, a unos metros de donde
yo estaba, pero como los policías de Oaxaca no se arredraron, los otros
tuvieron que bajar sus armas. El Ejército quería desarmar a los
policías locales. Fue una situación demasiado tensa sólo para tener en
su poder a quienes los denunciarían. Le dije que sus policías en
Veracruz formaban parte de la mafia que asaltaba y golpeaba
inmigrantes.
“Por eso le comenté a García Luna: ‘Usted nos tiene que decir con
claridad de qué lado está, secretario, del de la ley o del lado de los
delincuentes’. No supo qué contestar, se veía molesto y nervioso.
“Luego me preguntó si me sentía seguro con la Policía Estatal. Y le
respondí: ‘No tan seguro, pero le tengo más confianza que a la Federal’,
y puntualicé que si alguien me quiere matar lo va a hacer, pero que el
costo político sería muy alto porque la comunidad nacional y
organismos internacionales responderían. Ya no supo qué decir. Me
despedí y me fui con Aristegui, quien al final de la entrevista me
preguntó si temía por mi vida. Le dije que sí y me preguntó si temía
que me matara Genaro García Luna. Respondí un rotundo sí”, finaliza.
Fuente, vìa :
http://proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/90161
http://proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/90161
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