A la hora de la cena estaban todos invitados y yo daba mi concierto, quería ser cantante para niños, acompañada por un casete que iba y venía mil veces entre Violeta Parra, Serrat, Roberto Carlos, The Beatles, Pipo Pescador y Doña Disparate. Mi mamá tejía mi crianza y su profesión de docente y pedagoga con sus palabras y el timbre de su voz.
Los poemas de María Elena Walsh cada noche para ir a dormir sembraban un mañana para toda una generación y con el eco de su voz entraban sus melodías por la ventana con la luna en camisón. A mi cumple de 2 años vino invitado el Mono Liso y en una torta de Zooloco salió bailando el perro Salchicha.
María Elena es la poeta, la cantante que llevo en mí como tantos miles, impresa con tiempo y perfume, infancia, instante, hoja en blanco, del ser niño. María Elena Walsh lleva la cadencia y el ritmo de un rincón del mundo, de patios, corso, escuelas, reuniones familiares, peñas, teatros, cumpleaños y celebraciones, encuentro en un más allá.
Pintó pedacitos de cielos, nos llevó a París, nos llenó de selva, puna y cañaveral, un grillo, un poncho y un chamamé, un cocinero que señala con el dedo, una princesa que se anima a ir por su deseo. Nos enseñó a soñar con el té de princesas, con castillos solos, príncipes y caballeros, viajes al fondo del mar, con jardines donde cantar –mírenme soy feliz...–. María Elena Wlash es un serluz, timón cultural, palabra que enciende música en cada uno de muchos. Espacio, nota, sendero y libertad, abrió picada, dejó huella.
Allá va, tirada por peces, pulpos, confites y caramelos, duendes y focas, gatos murrungatos en la luz de la integridad y acá queda una baguala con comparsa de un pueblo que le canta.
¡¡¡Gracias, GRACIAS por tanto, Sra. cuento y luz!!!
* Cantautora de música infantil.
Fuente, vìa :
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-160246-2011-01-11.html

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