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jueves, 24 de enero de 2019

Iglesia Católica: Los jóvenes alejados de la Iglesia ....Bernardo Barranco V.




Los jóvenes no sólo se alejan de la Iglesia católica, sino de Dios. Ese es el gran desafío de Francisco en su séptima visita al continente americano, donde presidirá en Panamá la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). El Papa emprende este miércoles su primera visita a Panamá, donde será recibido por miles de jóvenes latinoamericanos, a los que instará a transformar el mundo ante la pobreza, la violencia y las hondas secuelas de la migración. Se trata de la tercera vez que Bergoglio viaja para presidir la JMJ católica, después de las celebradas en Río de Janeiro, Brasil, en julio de 2013, y Cracovia, Polonia, en julio de 2016. Esta será la primera vez que se mueve en el área de Centroamérica, cerca de 50 mil jóvenes están inscritos, provenientes de todo el mundo. Se esperan más de 200 mil peregrinos y hay 38 mil voluntarios que organizan el magno acto. Las JMJ son convocatorias amplísimas de encuentro, festejo y oración que organiza la Iglesia católica desde la década de 1980. Son actos de megaconvocatorias, bajo la era global, comparada a las olimpiadas y los mundiales. Sin duda, la jornada estará marcada por la crisis migratoria, la pobreza en la región, la falta de oportunidades y exclusión, así como el ascenso de los movimientos evangélicos que Centroamérica ha experimentado y que ha reconfigurado radicalmente el mapa de creencias en la zona. Como telón de fondo estarán presentes los conflictos en Nicaragua y Venezuela.

A casi seis años de pontificado, la apuesta de renovación emprendida por Francisco atraviesa el desencanto del desgaste. Los escándalos de abuso sexual, las resistencias arcaicas de la Iglesia ante las culturas modernas y la deslealtad de sectores de la curia han amargado las pretensiones de Francisco por empujar a la Iglesia hacia afuera. Pese a las intenciones pastorales del Papa latinoamericano, la Iglesia sigue siendo autorreferencial, clericalista y obcecadamente conservadora. Eso lo perciben los jóvenes, quienes con apatía se alejan de una institución rancia. El Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado de la Universidad de Georgetown encuestó a jóvenes ex católicos. La mayoría decidió alejarse de la Iglesia en la niñez ante la falta de respuestas. La mayoría no se convierte en ateos o anticlericales, simplemente son indiferentes a la Iglesia. Los jóvenes se alejan porque ésta les dice u ofrece nada a sus vidas; sus propios entornos familiares, poco a poco, abandonan las costumbres religiosas y se mundanizan. Algunos otros jóvenes son discordantes ante temas polémicos, como la sexualidad, los matrimonios del mismo sexo o la condena a los métodos anticonceptivos. Las mujeres jóvenes se sienten invadidas por un discurso religioso que regula sus cuerpos y precipitan su abandono. El sínodo sobre juventud celebrado hace unos meses en Roma deja claro el alejamiento de la Iglesia de los problemas reales de la actual juventud. No basta sentenciar que la Iglesia salga al encuentro con la generación millennials y la generación Z. Debe dar respuestas y acompañar a los problemas de desempleo, adicciones, migración, sexualidad, soledad y nuevas tecnologías. Hay desencuentro y lejanía en el lenguaje. La Iglesia se empeña en una pastoral para los jóvenes con una catequesis del siglo XIX. El sínodo sobre juventud reveló que el problema no son los jóvenes distantes de la Iglesia, sino es el distanciamiento de la Iglesia con el mundo y las culturas de los jóvenes. La pederastia es una sombra pesada.

El problema no sólo es de la Iglesia católica. Iglesias protestantes históricas analizan el alejamiento de los jóvenes y encuentran causas similares. Las iglesias son percibidas como un negocio; hay incongruencia en el discurso; adentro de la Iglesias hay mucho aburrimiento y personas anticuadas; hay muchas prohibiciones y se concibe a la juventud ligada al placer y al exceso de libertades; basta creer en Dios y no se necesita acudir a la Iglesia; manipulación de los ministros de culto, etcétera.

Muchos se preguntan sobre la efectividad de las JMJ. El papa Juan Pablo II fue el campeón, se recuerda aún Manila en 1995, tuvo una asistencia récord de 5 millones de participantes. Cada JMJ convoca a miles y miles de jóvenes cada tres años. ¿Dónde están los resultados? ¿Por qué los jóvenes se siguen alejando de la Iglesia? Más allá de los encuentros de jóvenes de diferentes culturas, que, dicho sea de paso, ya los realizan vía redes sociales, la pregunta es por qué se genera un distanciamiento juvenil de la Iglesia, pese a los encuentros multitudinarios, a la festividad, a los actos masivos eufóricos llenos de emotividad. Otros críticos se centran en los altos costos de las JMJ, que son cubiertos por los gobiernos locales. En Panamá serán más de 60 millones de dólares. Algunos detractores más agudos, critican las JMJ como actos masivos triunfalistas o encuentros diseñados más como demostración de poder de la Iglesia católica que como expresión del mensaje primigenio del Evangelio, basado en la humildad y el acercamiento a los pobres y desheredados.

La Iglesia está envejecida. Basta ver los templos en todo el mundo para constatar la ausencia de jóvenes. Las repercusiones son inciertas, pues se agudiza la falta de vocaciones. ¿Los jóvenes tienen que cambiar o será que la Iglesia debe transformarse?



vía:
https://www.jornada.com.mx/2019/01/23/opinion/016a1pol#

viernes, 7 de septiembre de 2018

Iglesia Católica: Guerra de poder contra Francisco .............Bernardo Barranco V.

Bernardo Barranco V.



En el libro Luz del mundo (2010) el papa Benedicto XVI reconoce que la pederastia y los escándalos de abusos clericales han constituido los momentos más difíciles de su pontificado. En ese sentido, en su despedida, el jesuita Federico Lombardi, como vocero de la sala de prensa del Vaticano, en un repaso retrospectivo, recordó que los momentos más difíciles que afrontó fueron las crisis por los abusos sexuales de menores. Sin embargo, el papa Francisco no tomó nota suficiente del riesgo que conllevan los escándalos de abuso sexual a menores por parte del clero. A cinco años de su pontificado se desencadenaron verdaderos tsunamis para los cuales no estaba preparado. Ya no se trata de investigaciones periodísticas que fueron descalificadas como agresiones mediáticas tendentes a desprestigiar a la Iglesia.

Ahora los gobiernos fueron los que llevaron a cabo pesquisas utilizando los archivos diocesanos confiscados. El número de casos se multiplica, porque son investigaciones de Estado, vinculantes, y nos ofrecen un cuadro aterrador de pestilencia, sodomía y diversos tipos de patologías que señalan a un número importante de sacerdotes católicos. Así, los gobiernos de California y Pensilvania (Estados Unidos), Irlanda, Australia y Chile han develado cifras y casos aterradores que siguen el mismo patrón que indigna.

Nos referimos al ocultamiento, la complicidad y el encubrimiento de las más diversas estructuras de la Iglesia. Desde la parroquial, ámbitos diocesanos, hasta los más altos niveles de la jerarquía en Roma. Marcial Maciel sigue siendo un paradigma de la protección eclesiástica que contó con la complicidad delincuente de autoridades, empresarios y de medios de comunicación.

Justo cuando Francisco sortea diversas crisis que estallan casi de manera simultánea, como la renuncia del episcopado chileno, surge el caso del cardenal estadunidense Theodore McCarrick, acusado de violación. El informe de Pensilvania narra con estupor más de mil casos de abusos a menores a cargo de 300 sacerdotes en ocho diócesis. Justo durante la difícil visita a Irlanda sacudida por más de 14 mil denuncias de pedofilia. Es decir, en el momento de mayor fragilidad del Papa ante el tema de abusos sexuales, el ultraconservador Carlo Maria Viganò, ex alto funcionario de la curia y del cuerpo diplomático, publica una carta de 11 páginas en que acusa de encubrimiento al pontífice argentino y osa pedir su renuncia, juzgando: El papa Francisco debe ser el primero en dar buen ejemplo a los cardenales y obispos que encubrieron los abusos de McCarrick y renunciar junto con todos ellos. Imposible creer que no estaba planeado, orquestado y que es un hecho aislado. Por el contrario se esperan réplicas y nuevos ataques de la Iglesia conservadora que se opone a las reformas de Francisco.

En la crisis que vive el pontificado de Francisco debemos distinguir al menos dos vertientes. Una: la de la pederastia y la estructura de encubrimiento sistémica de la cual nadie se salva, ni siquiera el propio papa Bergoglio. Y la otra, la sorda guerra que la derecha católica ha declarado a Francisco desde 2015, cuando estalla la rebeldía de cerca de 10 cardenales encabezados por George Burke y Gerard Muller, que se opusieron férreamente a reformas en el Sínodo sobre la Familia, como la comunión a los divorciados vueltos a casar. Entre ellos estaba el inefable Norberto Rivera. El documento de Viganò no tiene desperdicio, porque denuncia el armazón de encubrimientos estructurales que toca los más altos niveles de la Iglesia: pontífices, secretarios de Estado y altos miembros de la Iglesia. La segunda arista se desenvuelve en una lucha de poder, de privilegios y de conducción de la Iglesia católica. La ultraderecha estadunidense, ligada a Donald Trump, y el fundamentalismo político católico europeo han articulado estrategias tendentes a minar la figura de Francisco, frenar sus reformas y preparar el terreno para reconquistar el trono petrino. Creen que la elección del argentino Mario Bergoglio fue un accidente que nunca debió producirse. Se produjo justo cuando esta derecha católica se fracturó y guerreó intestinamente en el conjunto de escándalos que se llamó de manera genérica Vatileaks. El operativo montado por la letra en blanco y negro del arzobispo y ex nuncio en Estados Unidos, Viganò, tiene carácter golpista e intrigante, fue preparado con habilidad y sin duda es el primero de muchos misiles que ya están cargados.

Francisco no es ingenuo. Como jesuita, está educado en el poder. Tiene todos los recursos para resistir y contratacar. La ultraderecha está violando el código canónico que prohíbe, en los cánones 1372 y subsecuentes, todo acto de insubordinación al sumo pontífice y condena no sólo con amonestación, sino castigo con penas severas. La guerra entre las sotanas ha pasado a diferentes campos de batalla.

vía:
https://www.jornada.com.mx/2018/09/05/opinion/020a1pol

martes, 28 de agosto de 2018

Iglesia Católica: Misil contra Francisco ..editorial la jornada





El arzobispo Carlo Maria Vigano acusó al papa Francisco de encubrir los abusos sexuales del cardenal estadunidense Theodore McCarrick. En la carta de 11 páginas difundida ayer, el ex nuncio en Washington aseguró que cuando Jorge Bergoglio accedió al pontificado, en 2013, se reunió con él e hizo de su conocimiento el historial de McCarrick, así como las supuestas sanciones canónicas que le habría impues-to el papa emérito Benedicto XVI. Tras realizar su denuncia, afirmó, únicamente recibió el silencio del pontífice, quien incluso habría buscado la asesoría de McCarrick en diver-sos asuntos.

Una acusación de esta gravedad no puede minimizarse ni relativizarse, pero sí debe ponerse en contexto. Vigano pertenece a un grupo de jerarcas católicos ultraconservadores de Estados Unidos, quienes se encuentran en abierta oposición a Francisco por sus posiciones modernas –en comparación con las históricamente sostenidas por el Vaticano– en temas sociales y, en particular, en lo que respecta a la posición de la Iglesia ante las personas homosexuales. De hecho, la carta de denuncia del también ex secretario general del Governatorato de la Ciudad del Vaticano se encuentra plagada de alusiones homofóbicas, y es conocida su postura de que la homosexualidad es la causa de la pederastia eclesial. Existe al menos un elemento objetivo que pone en duda la versión de Vigano: McCarrick continuó dando misas durante el pontificado de Benedicto XVI, algo que, afirma la misiva, le estuvo prohibido.

Si a esto se añade la elección estratégica del momento en que se divulgó la carta, mientras Francisco se encontraba en una delicada visita a Irlanda, y apenas unas horas antes de la conferencia de prensa que debía ofrecer al dejar el país, existen razones fundadas para sospechar que se trata de una maniobra de los sectores más rancios de la Iglesia para golpear a un pontífice renovador. Sin embargo, este contexto de ninguna manera supone un exculpación del titular del Estado vaticano quien, pese a los avances en materia de reconocimiento de los abusos, arrastra su propia cauda de errores. El más grave de éstos ocurrió durante su visita a Chile en enero de este año, cuando desautorizó los testimonios de las muchas víctimas del clero chileno (con algunas de las cuales se había reu-nido poco antes), y respaldó con todo el peso institucional de la Iglesia a un obispo acusado de abuso y encubrimiento.

Como ya quedó patente en Chile y, con las distancias debidas, en México, el liderazgo del primer Papa latinoamericano se ha visto atrapado en el fuego cruzado entre los elementos más retrógradas del catolicismo, quienes en esta re-gión han tenido vínculos peculiarmente estrechos con regímenes autoritarios e incluso genocidas, y los sectores progresistas, católicos o no, que exigen poner fin a los abusos sexuales y pugnan por la separación definitiva de la Iglesia respecto de los poderes políticos y económicos.

En suma, si bien el asunto particular del conocimiento que Francisco pudiera tener de los abusos del cardenal McCarrick plantea dudas razonables acerca de la veracidad y las intenciones del denunciante, ello no exime al Papa de su responsabilidad por los crímenes cometidos o encubiertos durante su mandato, a la Iglesia en su conjunto por décadas de perpetrar agresiones y ser negligente en reportarlas, ni, por supuesto, a las autoridades judiciales de cada Estado, las cuales deben investigar y consignar a quienes resulten culpables con total independencia de la investidura de los acusados.


vía:
http://www.jornada.com.mx/2018/08/27/edito

viernes, 26 de enero de 2018

Chile-Iglesia Católica: Las pruebas del encubrimiento del obispo Juan Barros que el Papa calificó de “calumnias”...Por : Pedro Ramírez y Mónica González




Romper el secreto de confesión de Juan Carlos Cruz enviando una carta al seminario que provocó su renuncia al sacerdocio. Participar de juicios públicos y abusivos en contra de miembros de la comunidad de El Bosque. Hacer desaparecer una carta dirigida al cardenal Fresno, de quien Barros era su secretario, en la cual ya en los años 80 se denunciaban los abusos de Karadima. Viajar al Vaticano para desacreditar a las víctimas del ex párroco. Son múltiples los episodios y testigos que acusan el silencio cómplice y las operaciones de encubrimiento que protagonizó a lo largo de décadas el obispo Juan Barros.

Ver también: La Iglesia recibe al Papa ocultando el fallo por abusos sexuales del ex obispo de Iquique



Por Pedro Ramírez y Mónica González



“Todo es calumnia”. Así calificó el Papa Jorge Bergoglio las acusaciones contra el obispo Juan Barros en el último día de su visita a Chile, el jueves 18de enero. El pontífice sorprendió por su dureza para descalificar a los denunciantes, pues apenas 24 horas antes había dicho, desde el altar en que ofició la eucaristía en las afueras de Temuco: “No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división”. En los hechos, Francisco “aniquiló” a los acusadores de Barros. Al calificarlas categóricamente como “calumnias”, dio por sentado que sus acusaciones son falsas y esgrimidas con dolo para perjudicar al acusado.

Esa dura descalificación es exactamente la que vivieron las mismas víctimas cuando denunciaron por primera vez en 2009 a Karadima y a su círculo íntimo de la Parroquia El Bosque, del que formó parte por muchos años el obispo Barros. Este último llegó a esa parroquia en 1972, cuando estaba en tercer año medio, y desde entonces Karadima fue su director espiritual, con quien estuvo estrechamente vinculado por más de 30 años. Se ordenó sacerdote en 1984, tras estudiar economía. Un año antes, en 1983, apadrinado por Karadima, se había convertido en secretario personal del cardenal Juan Francisco Fresno, rol que mantuvo hasta 1990.


Juan Carlos Cruz





Las acusaciones contra Barros no surgieron a raíz de su nombramiento como obispo de Osorno, pues fueron hechas mucho antes de que Francisco decidiera confiarle esa diócesis sureña en marzo de 2015. Tres años antes, en enero de 2012, CIPER publicó el primer testimonio que apuntó a Barros como encubridor de los abusos –sexuales y de poder– cometidos por su mentor Karadima. Su acusador fue el ex seminarista Juan Carlos Cruz (vea esa entrevista):

“El obispo Cristian Contreras me pidió en 2006 que escribiera todo lo que me había pasado con Karadima (…). Con Cristián Contreras siempre hemos sido amigos, desde que yo era seminarista, él me ayudó y me apoyó cuando me salí de (la parroquia) El Bosque. Por eso tuvo la confianza de decirme ‘escríbete algo’. Pero yo nunca le había contado toda la historia de los abusos sexuales, porque me daba mucha vergüenza, aunque cuando lo hablaba lo dejaba entrever. Y creo que él entendía. Más tarde, cuando ya el escándalo era público, a raíz de cómo se estaba portando el cardenal Errázuriz frente a las acusaciones y de lo que ya se hablaba por distintos testigos, de las acciones de encubrimiento del obispo Andrés Arteaga, de que los obispos Juan Barros y Tomislav Koljatic le daban besos a Karadima y también veían como el cura les daba besos a otros, y no pasaba nada, llamé a Cristián Contreras”.

En la misma entrevista, Cruz indicó que decidió llevar su testimonio por escrito ante el entonces canciller del Arzobispado de Santiago, el sacerdote Hans Kast, para formalizar su denuncia contra Karadima y los obispos que lo habían encubierto:

“Llego donde Hans, le paso mi pendrive, él lo pone en su computador y comienza a leer. Cuando llega al final, a la parte en la cual digo ‘Juan Barros y Andrés Arteaga y todos ellos vieron todo esto y no hicieron nada’. Me dice: ‘¿Tú crees que es necesario incluir esto? ¿No sería mejor sacarlo?’. ‘No -le dije- déjalo tal cual, por favor. Tal cual’. Y lo dejó. Terminamos y le digo: ‘¿Me puedes dar una copia, por favor?’. ‘No, no te puedo dar ninguna copia’, me dice. Y me fui sin la copia. Pero antes, Hans me dijo: “Ven”. Y rezamos un Ave María ante el santísimo. Al despedirnos me dijo: ‘Cuando vengas de nuevo, tomémonos un café’”.

El ex seminarista también dijo que por esos días, cuando ya se conocían públicamente los abusos de Karadima, estaba recomponiendo su relación con algunos de los sacerdotes que formaron parte de la comunidad de El Bosque. Aquello, señaló en la entrevista, contrastaba con la actitud de los obispos que fueron parte del círculo íntimo del ex párroco: Andrés Arteaga, Horacio Valenzuela, Tomislav Koljatic y Juan Barros.

“En contraste -y por eso me indigna- a la actitud asumida ahora y desde hace mucho tiempo por Juan Barros, Horacio Valenzuela, Tomislav y Arteaga. Incluso Felipe Bacarreza. Ellos saben que no pueden decir que no sabían. Ellos saben que no pueden quedarse calladitos cuando tienen los dedos, los pies y las pezuñas metidas en los abusos de Karadima y el sufrimiento de muchos”.

Barros, según la versión de Cruz, también fue cómplice del sacerdote Fernando Karadima en la violación del secreto de confesión. Eso ocurrió en 1987, cuando el denunciante aún no asumía públicamente su condición homosexual y, bajo la reserva del sacramento de la confesión, había compartido con Karadima su secreto. El entonces párroco del El Bosque utilizó esa información para exigirle obediencia, sometiéndolo a un permanente abuso de poder. Bajo esta presión, le impedía reunirse o socializar con seminaristas o sacerdotes que no fueran de su círculo de la Parroquia de El Bosque.

Por mantener en el seminario vínculos con personas ajenas al grupo de Karadima, el 25 de octubre de 1987 Cruz fue sometido a un ejercicio de “corrección fraterna”. Era una especie de juicio y humillación pública presidida por Karadima, con una docena de participantes de su círculo íntimo, entre los que estaba Juan Barros. En este episodio de grave abuso de poder, Cruz fue veladamente amenazado con hacer público su secreto de confesión. Así recordó ese día:

“En el juicio estaba Karadima, delante de todos ellos diciendo ‘Juan Carlos, tú tienes tejado de vidrio por todo lo que tú sabes. Tú tienes amistades particulares, pero yo no te voy a decir nada ahora, quiero que hablen todos los que están aquí’. Y habló cada uno (…). Después que hablaron, yo dije ‘pido perdón’. Casi me arrodillé y era horrible: él al medio de todos, en semicírculo, y yo en una silla abajo. Un tribunal (…). Entonces, que él me dijera ‘acuérdate de lo que yo sé’, delante de todos… Se me venía el mundo encima. Ahí sí que yo me quería matar”.

Cruz cuenta que, finalmente, el ahora obispo Juan Barros se prestó para “triangular” el secreto de confesión:

“Karadima me amenazaba constantemente que si seguía siendo amigo de toda esta gente él iba a hablar con el padre Juan de Castro, rector del seminario, para que me echara. Y al final cumplió su promesa e hizo que Juan Barros le mandara una carta contándole todo lo que yo había confesado. Se las ingenió para que Juan Barros, que era su lacayo y secretario del cardenal Fresno, triangulara el secreto de confesión y escribiese una carta acusándome de intentar seducir a jóvenes de El Bosque. Fue una maldad y una falta de escrúpulos enorme de parte de Karadima y Juan Barros”.

Uno de los testigos de ese abuso fue el sacerdote y capellán de la Fundación Las Rosas, Andrés Ariztía de Castro, quien corroboró lo narrado por Juan Carlos Cruz ante la justicia:

“Recuerdo haber estado presente en la situación que ha relatado Juan Carlos Cruz, una encerrona del año 1987, en que me llamó mucho la atención la falta de discreción de Karadima al referirse a este joven diciendo que ‘tenía tejado de vidrio’, la violencia del método y el grave abuso de la dirección espiritual. Recuerdo el impacto que ello me provocó, pero yo no abrí mi boca y nada comenté. En todo caso, éramos más de seis los sacerdotes que participamos de eso y estábamos en la Salita del Nuncio” (así la llamaron pues era la sala donde frecuentemente se reunía Karadima con el nuncio Angelo Sodano).

Lo que ocurrió en El Bosque fue confirmado en una entrevista con CIPER, por el obispo Cristian Contreras Villarroel, quien supo del episodio estando en el seminario:


Fernando Karadima

“Juan Carlos tenía gran confianza en su director espiritual, don Vicente Ahumada, y también con el padre Juan de Castro. También conmigo. Recuerdo, según me señaló, lo doloroso que fue para él una amonestación pública en la parroquia El Bosque por su conducta de apertura hacia otros seminaristas y sacerdotes; se estimaba que no era apropiada para la imagen que él tenía que proyectar y que constituía una falta de lealtad al sacerdote Karadima. Juan Carlos tocaba guitarra, cantaba, era alegre, pero al parecer esas conductas no eran vistas como convenientes por la imagen que debía dar, según los paradigmas del sacerdote Karadima… Recuerdo que llegó muy afligido. Lo conversó conmigo y ciertamente antes con el padre Juan de Castro”.

El sacerdote Juan Debesa Castro, quien ingresó al seminario en 1978, fue víctima de un abuso similar al que vivió Cruz en El Bosque. Debesa relató a la jueza Jessica González (mayo de 2011) que en el seminario “el mundo se me abrió y el padre Karadima me llamó para decirme que eso no era bueno, que mis amigos estaban en El Bosque”. Al no aceptar sus órdenes, Debesa fue marginado: “Él me distanció, igual que los demás seminaristas como Horacio Valenzuela, Juan Barros, Andrés Ariztía y todos lo que llegaron después provenientes de El Bosque”.

El juicio al que fue sometido Juan Debesa contó con la anuencia de Juan Barros. Debesa no olvida la fecha, pues la experiencia lo marcó: “Fue el 12 de septiembre de 1981, un sábado en la noche”. Recuerda que estaban Karadima y los entonces seminaristas Andrés Arteaga y Juan Barros. “Se me reprochó mi conducta por reunirme con personas que ellos no aprobaban. Se me dijo que no cumplía con las expectativas de ese selecto grupo y que era distinto a los demás. Esta reunión fue atroz para mí y sé que Karadima después mandó una carta al Seminario diciendo que yo estaba loco. Debido a ello fui enviado al sicólogo”.

Después del juicio, recordó Debesa, Karadima ordenó que nadie de El Bosque le hablara: “Situación parecida le ocurrió, antes que a mí, al padre Rafael Vicuña Valdés, actual párroco de Llo-Lleo. Esta sanción moral que se me aplicó duró por muchos años en que se nos hacía sentir a los disidentes como que formábamos parte de un clero de segunda o tercera clase, y ellos, de primera categoría. Esta visión era propia de los sacerdotes formados en El Bosque y creó una separación en el clero”

Juan Barros nunca ha reconocido su participación en esos juicios abusivos cometidos por Karadima y niega la existencia de la carta que recibió el rector del seminario, Juan de Castro, en la que se violó el secreto de confesión de Juan Carlos Cruz.

OBISPOS QUE VIERON BESOS Y TOQUETEOS

Cuatro años antes de que el Papa Francisco pusiera a Barros a la cabeza de la diócesis de Osorno, en marzo de 2011, CIPER publicó un reportaje que reprodujo declaraciones de una de las víctimas de Karadima, James Hamilton, quien durante años fue abusado sexualmente por el ex párroco. En ellas, aunque no los acusa como encubridores, Hamilton mencionó al obispo de Osorno y al obispo auxiliar de Santiago, Andrés Arteaga, como testigos de las conductas impropias de Karadima:


James Hamilton

“(Cuando evitaba subir a su pieza y no cedía a sus presiones) recuerdo que en una oportunidad mandó a varios sacerdotes, entre ellos a monseñor Arteaga, monseñor Juan Barros y otros que ya no recuerdo. Eran seis sacerdotes que me hablaron en una de las salas de reuniones del templo. Se me indicó que mi fe flaqueaba y que el padre Karadima no estaba contento conmigo y que debía rezar más y comprometerme con la parroquia. La presión fue superior a mis fuerzas y cedí nuevamente”.

También en marzo de 2011, Hamilton concurrió al programa Tolerancia Cero de Chilevisión, donde dijo:

“No se olviden de Tomislav Koljatic, Juan Barros, Horacio Valenzuela, Andrés Arteaga (…). Obispos que estuvieron presentes y con nosotros veían las mismas cosas, los besos, los toqueteos. No estaban metidos en la pieza (…), pero vieron las mismas cosas. Vieron cuando les daba besos a este, vieron cuando le corría la boca o le agarraba los genitales al otro”.

El rol que jugó Juan Barros como secretario del cardenal Juan Francisco Fresno a inicios de los años 80, puesto al que llegó apadrinado por Karadima, también fue develado en las acusaciones de encubrimiento que pesan en su contra.

Poco después de la nominación de Barros en Osorno, en febrero de 2015, Juan Carlos Cruz presentó por escrito una denuncia en su contra en la Nunciatura Apóstolica (vea esa publicación de CIPER). En ella relata que la primera acusación formal contra Karadima se hizo ante el cardenal Fresno entre 1980 y 1981, casi tres décadas antes que el ex párroco fuese investigado y sancionado. Esa denuncia fue entregada, por escrito, a su entonces secretario Juan Barros, pero según la versión de Cruz, no llegó a destino:

“Juan Francisco Gómez Barroilhet testificó en el juicio contra Karadima que entregó una carta a Juan Barros en el año 1980-1981 que contenía acusaciones de abusos, para que el cardenal Fresno hiciese algo. Esa carta, dice Gómez, nunca llegó a manos del cardenal y testigos cuentan que Juan Barros la habría destruido. Cada vez que alguien trataba de hablar, Juan Barros, Tomislav Koljatic, Horacio Valenzuela y Andrés Arteaga, entre otros, nos amenazaban”.

Efectivamente, en los expedientes del juicio civil que se abrió contra Karadima por las acusaciones de abuso sexual y psicológico, está la declaración de Juan Francisco Gómez Barroilhet donde dejó constancia de la ruta que habría seguido esa carta dirigida al cardenal Fresno,cuyo secretario era Juan Barros.


Juan Barros

En el escrito que entregó en la nunciatura, Cruz también recordó que Barros fue útil para Karadima como informante de todo lo que ocurría en el despacho de Fresno, lo que le permitió manipular nombramientos que favorecieron al grupo de El Bosque:

“Yo veía y oía las órdenes que Karadima le daba (a Barros) para conseguir cosas del cardenal Fresno (…). Una seguidilla de nombramientos hechos por el cardenal Fresno y que eran manipulados desde El Bosque. Gracias a la información que Barros le proporcionaba, ya que tenía acceso a todo en la arquidiócesis y en general en la Iglesia en Chile, Karadima siempre contaba con la última información y andaba varios pasos adelante que los mismos obispos y para qué decir del clero. Lo sé, porque lo vi y lo oí. Nombramientos como el de Andrés Arteaga, de diácono en tránsito al sacerdocio a formador del seminario, o el de Rodrigo Polanco, de seminarista de último año a formador del propedéutico, entre otros. Para qué decir lo que ocurría a sacerdotes que estaban en la lista negra de Karadima. Yo lo oía hablar con Juan Barros y planear estrategias para acusarlos”.

En su entrevista a CIPER de enero de 2012, Cruz también explicó que Karadima se sirvió de los contactos que tenía la familia del ahora obispo de Osorno con la nunciatura:

“Me acuerdo que Karadima decía ‘venga mi regalía’ y la pelea era por quién se sentaba a su lado. Al futuro obispo Tomislav Koljatic siempre le gustaba sentarse al lado del cura y ponerle la cabeza en el hombro. En ese momento el cura le decía “mi regalía máxima”. Juan Barros también se peleaba por sentarse a su lado. Lo estoy viendo recostado en el pecho de Karadima, tanto cuando estábamos sentados en la mesa o cuando estábamos en la pieza. A Horacio Valenzuela, que era un joven más de campo, no lo consideraba tanto. Y Juan Barros constantemente se andaba ofreciendo a Karadima. Y el cura lo usaba, porque tenía muy buenos contactos con la nunciatura, ya que su familia le hizo un gran regalo a la nunciatura. Siempre se dijo que si Barros llegó a ser obispo fue porque tiene pitutos en ese nivel. El propio Karadima decía que Barros no es un hombre muy inteligente”.

LA RESPUESTA DE LOS DENUNCIANTES

Frente a las últimas declaraciones del Papa Francisco que respaldaron a Juan Barros, tres víctimas de Karadima que acusan el silencio y encubrimiento que le prestó el obispo de Osorno, entre otros, emitieron una declaración. James Hamilton, José Andrés Murillo y Juan Carlos Cruz indican en ese comunicado que una “calumnia” es “la imputación de un hecho falso”, lo que consideran inaceptable.


Papa Francisco

“Nosotros y otros testigos hemos declarado la presencia del obispo Barros durante los abusos psicológicos y abusos sexuales cometidos por el sacerdote Karadima”, sostienen los denunciantes en su declaración. Y agregan: “En la causa, y gracias a múltiples testimonios, se sabe que los miembros de la comunidad de El Bosque estaban en conocimiento de los abusos del sacerdote Karadima”.

Como pruebas del encubrimiento de Barros a los abusos de Karadima, Cruz, Hamilton y Murillo citan al menos dos episodios. El primero es el ocultamiento de la ya mencionada carta enviada al cardenal Fresno:

“Hay testigos que indican que enviaron al cardenal Fresno, entonces arzobispo de Santiago, una carta acusando al sacerdote Karadima, ya en los años 80, por sus abusos. El secretario personal del cardenal era el propio obispo Juan Barros. Él se ocupó de eliminar esta carta. Estas pruebas están en la causa y en el fallo de la ministra Jessica González”.

El segundo episodio de encubrimiento que se menciona en el comunicado es el viaje que hizo Juan Barros a Roma para desacreditar a las víctimas de Karadima:

“El obispo Barros, después de haberse hecho pública la acusación contra Karadima, viajó al Vaticano, junto a los obispos Arteaga, Koljatic y Valenzuela, a reunirse con monseñor Ladaria Ferrer, entonces secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, para intentar blindar al sacerdote Karadima y desacreditarnos a nosotros a través de decenas de cartas de sacerdotes y obispos cercanos a él. Esta información hoy es pública”.

Finalmente, señalan: “El Papa ha desoído todos estos hechos y nos ha acusado de faltar a la verdad, de decir calumnias (…). Todo esto es grave y creemos que revela un rostro desconocido del pontífice y de gran parte de la jerarquía de la Iglesia (…). Lo que ha hecho el Papa hoy es ofensivo y doloroso, y no solo con nosotros, sino contra todos quienes luchan por crear contextos menos abusivos y más éticos en lugares como la Iglesia Católica (…). Es ofensivo para nosotros y para todos quienes han sufrido abuso, en particular abuso clerical”.





vía:http://ciperchile.cl/2018/01/19/las-pruebas-del-encubrimiento-del-obispo-juan-barros-que-el-papa-califico-de-calumnias/

domingo, 21 de enero de 2018

Iglesia Católica-Nuestra América: Francisco, el papa, entre pederastas y genocidas... Marcos Roitman Rosenmann




La Iglesia chilena es una de las más conservadoras del continente. Su participación en el golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende la escoró más. Un tedeum en la catedral de Santiago elevó a los golpistas a la condición de salvadores de la cristiandad. Los escándalos durante décadas afectan a todas las congregaciones, ninguna está exenta de casos de violación a menores. Salesianos, maristas, dominicos, legionarios, jesuitas, Opus Dei. Existe un centenar de casos documentados.

La institución niega y considera las acusaciones, insidias para socavar la labor pastoral de sus miembros. Aún abiertas las heridas del prelado Fernando Karadima, durante años violando menores, el papa Francisco no ha querido reunirse con sus víctimas. Se ha limitado a pedir perdón. Karadima sigue siendo sacerdote. En sus 50 años de oficios religiosos amasó una gran fortuna personal. Condenado por pederastia, oficia misa a pesar de estar inhabilitado. Igualmente, resulta significativo que el papa Francisco reniegue de las acusaciones por encubrimiento de quien fue discípulo de Karadima, Juan Barros Madrid, hombre de confianza del Papa, nombrado obispo de Osorno. No menos impactante ha sido el nombramiento del ex arzobispo de Santiago, miembro del consejo cardenalicio, Javier Errázuriz Ossa, amigo personal de Pinochet, anticomunista declarado, en la actualidad empeñado en desarticular toda acción pastoral ejercida desde la Teología de la Liberación. Enemigo acérrimo de la Iglesia de los pobres, ha patrocinando querellas contra los sacerdotes militantes de la Iglesia de la opción por los pobres y del Cristo de los condenados de la Tierra, José Aldunate, Mariano Puga y Felipe Berríos.

Sin embargo, la Iglesia chilena cuenta con el apoyo de la clase política para realizar sus fechorías. La Democracia Cristiana, principal partido político durante décadas, hoy en declive, de ideología católica practicante, se alineó con las posiciones más reaccionaras del clero, siendo su correa de trasmisión. En cuanto a sus propiedades y bienes, el Episcopado posee canales de televisión, universidades, editoriales, centros comunitarios, clubes deportivos, clínicas privadas, instituciones seglares, colegios, agroindustrias y una red de empresas dedicadas a la divulgación de la fe. No hablemos de la riqueza acumulada gracias a las prerrogativas concedidas por el Estado. No paga contribuciones. Por ley se le exime del IVA. Tampoco necesita desembolsar dinero a la hora de los envíos postales. Todo lo que entra a sus arcas se convierte en patrimonio. Igualmente, su influencia se hace sentir a la hora de evitar que sean juzgados los capellanes militares y sacerdotes que prestaron colaboración en las sesiones de tortura durante los años de la dictadura.

La Iglesia católica se inhibió de investigar los casos de sacerdotes asesinados, torturados y desaparecidos, como Joan Alsina (31 años), Miguel Woodward (42), Antonio Llidó (38) y los fusilados Andrés Járlan (43) y Gerardo Poblete (31).

La Iglesia chilena no pasa por sus mejores momentos. La visita de Francisco precede la realizada por el papa polaco Juan Pablo II, hoy declarado santo por sus milagros, tal vez por transformar curas violadores y pederastas en hombres del señor, libres de polvo y paja. Su periplo está lleno de contradicciones. Mientras predica austeridad, critica el liberalismo económico, el consumo exacerbado, se manifiesta contra el calentamiento global y llama a una revangelización, no alude al coste de más de un millón de dólares desembolsado por el Estado chileno para sus fastos y mítines, además de la seguridad.

Guarda silencio ante la represión ejercida por el Estado chileno contra el pueblo mapuche. Su misa en Temuco contó con la acción de las fuerzas armadas y de Carabineros limpiando el terreno, deteniendo a los lonkos de las organizaciones del pueblo mapuche. El cordón de seguridad le garantizó una misa tranquila, con mapuches ad hoc, complacientes y sumisos. Así se ocultó el comunicado de la Conferencia Internacional de Pueblos Indígenas en cerro Ñielol, en el cual se señala: Los representantes de los pueblos indígenas ratificamos nuestros derechos colectivos, como a la libre determinación, hasta la conformación de un autogobierno. Asimismo, reafirmamos el derecho de restitución de las tierras usurpadas, exhortaremos a los estados y, en especial, a Chile, Argentina, el Vaticano y las iglesias a que depongan su política de colonialismo y domesticación con los pueblos indígenas. Exigiremos perdón del papa Francisco por los crímenes de genocidio y por la toma, confiscación y ocupación de los territorios y los recursos de los pueblos indígenas.

Al igual que sucedió con Juan Pablo II, Francisco hizo oídos sordos, llamó, como no podía ser de otra manera, al diálogo, sin mencionar el acoso, violación, asesinato y encarcelamiento de los dirigentes mapuches, donde no se respeta el habeas corpus. Calló ante las campañas contra el portavoz de la Coordinadora Arauco-Malleco, Héctor Llaitul.

Bergoglio ha tenido que hacer frente, en Santiago, Temuco e Iquique, ciudades visitadas, a manifestaciones de protesta por su actitud condescendiente con el poder, el silencio guardado frente a las demandas de justicia y su actitud protectora de una Iglesia, como la chilena, sumida en la corrupción y el descrédito. Su visita, sin tomar partido por la justicia social y denunciar a sus prelados, resulta irrelevante. Y ahora, en Perú, ¿rogará por el alma de Fujimori?

vía:
http://www.jornada.unam.mx/2018/01/20/opinion/022a1mun

jueves, 11 de enero de 2018

Iglesia Católica-Chile-Perú: Entretelones de la visita de Francisco a Chile y Perú ....Bernardo Barranco V.

Bernardo Barranco V.




El Papa encontrará Chile y Perú, dos países andinos, muy transformados. Su visita será en circunstancias muy diferentes. En ambas naciones hay grandes expectativas y se esperan magnas concentraciones humanas para ver y escuchar a uno de los pontífices más populares en la región. La oficina de prensa de la Santa Sede anunció desde el 19 de junio 2016 que Francisco realizaría la esperada visita a Chile, del 15 al 18 de enero, y a Perú del 18 al 21 de enero de 2018. En Chile, el pontífice visitará Santiago, Temuco e Iquique. En Perú estará en Lima, Puerto Maldonado y Trujillo. Por tanto, en unos días más, se concretará la gira del Papa argentino, en medio de expectativas sociales, religiosas, ambientales y hasta geopolíticas.

Francisco inicia 2018 con un doble rasgo. Por un lado es el líder mundial con mayor aceptación en el concierto internacional. Por otro, es cuestionado por los sectores conservadores católicos por querer flexibilizar la postura de la Iglesia ante los divorciados vueltos a casar y sus constantes críticas al sistema económico mundial, por idolatrar al dinero y al mercado como reguladores de la vida del planeta. En efecto, la popularidad del papa Francisco se ha incrementado, en especial en Latinoamérica. El sondeo efectuado por Gallup International ha revelado que el porcentaje de ciudadanos que tiene una estimación favorable del pontífice es 74, 57 puntos por encima de los que lo consideran de forma desfavorable (17 por ciento). Entre las 53 mil 769 personas de 55 países encuestadas a finales del año pasado, mostró a Francisco como el líder mundial que más opiniones favorables recogió (56 por ciento), por encima de políticos como la canciller alemana, Angela Merkel (49 por ciento), el presidente francés, Emmanuel Macron (45 por ciento). También Francisco está a punto de celebrar su quinto año de pontífice. A diferencia de los sectores ultraconservadores que lo tachan de Papa herético, los sectores progresistas desesperan, pues no han visto materializar las reformas ni las principales promesas que el pontífice enarboló al inicio de su mandato. Muchas palabras y buenas intenciones pero pocas concreciones. Hay reproches por los signos contradictorios, como fue su presencia en las exequias fastuosas del protector de pederastas Bernard Law, ex cardenal de Boston. La sola presencia de Francisco causó desconcierto en unos y desolación en otros.

Los sectores beneficiarios del crecimiento económico en la región ven con preocupación las constantes críticas de Francisco al sistema global. Afirma de diferentes maneras que éste excluye y descarta a amplios sectores de la población. Se sienten agredidos por el discurso del pontífice, y lo descalifican de la siguiente manera: El Papa no entiende nada de economía, recoge en su análisis José Joaquín Brunner; ¿Acaso Francisco quiere volver al fracasado camino del socialismo?; Bueno, Bergoglio es un peronista, nada más; Parece que hubiera leído a Laclau; o bien, Aquí vamos, de vuelta hacia la teología de la liberación. Por otra parte, la carta que la presidenta Michelle Bachelet, publicada en el diario El Mercurio, fue elocuente al afirmar que: Nuestro país ha cambiado para bien en estos 30 años. Mientras la visita de Juan Pablo II tuvo lugar durante una dictadura, hoy el Chile que lo recibe es plenamente democrático, libre y respetuoso de la Constitución y de las leyes. La jefa de Estado destacó que en las tres décadas pasadas la pobreza ha disminuido radicalmente (de 47 a 11 por ciento), la cobertura y acceso en educación desde los primeros años se ha multiplicado (de 15 a 50 por ciento) y la esperanza de vida ha sobrepasado 80 años. Algunos sectores pusieron en duda las aseveraciones de la presidenta, matizando que más de 40 por ciento de la población está en un grado de vulnerabilidad, es decir, personas que viven constantemente con el peligro de caer en la pobreza. Sin embargo, el cambio más importante en la sociedad chilena es la creciente percepción negativa de la Iglesia local, en especial de la jerarquía. Cuando el papa Juan Pablo II visitó Chile, la Iglesia gozaba de un gran prestigio. Era un factor de contrapeso a la dictadura de Augusto Pinochet; se distinguió por la defensa de los derechos; la formación cívica política, y fue un espacio de reflexión alterno. Ahora los católicos han descendido a cerca de 70 por ciento y los escándalos de abuso sexual a menores por parte del clero han agudizado la opinión crítica de los ciudadanos hacia la jerarquía que protegió a pederastas y se manejó torpemente con turbiedades.

La visita a Chile puede guardar una sorpresa. Un contundente posicionamiento de Francisco sobre el derecho al acceso al mar que ha demandado históricamente Bolivia. El Papa ya ha apoyado públicamente dicha pretensión, desde su viaje en 2015. En términos geopolíticos, es tema tabú, la diplomacia chilena ha procurado que el Papa se abstenga de dar opiniones sobre el problema con Bolivia hasta que se pronuncie el tribunal de La Haya, a finales de 2018. A Francisco le encanta mediar, lo hizo entre Cuba y Estados Unidos, entre las diferentes fuerzas políticas y militares en Colombia por alcanzar la paz y ahora este diferendo.

En Perú, las circunstancias son muy diferentes. En un país de mayores contrastes, el Papa apuntalará los sectores indígenas y llamará la atención para proteger la Amazonia. No es casual que haya elegido el pequeño y desconocido Puerto Madero como punto de peregrinaje. Ahí defenderá a los indígenas de formas de semiesclavitud, trata, y explotación de la minería clandestina. Sin embargo, el temá álgido en Perú es político. La democracia peruana ha vivido una amarga Navidad. La secuela de escándalos basados en unas confesiones de Odebrecht, ahora salpicó al presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, quien se salvó el 21 de diciembre de ser destituido por incapacidad moral por un Congreso en que la mayoría fujimorista votó dividida y que ya le había derrumbado a cinco ministros y tenía paralizado a su gobierno. Kuczynski, en pago, ha indultado a Fujimori, el dictador que asoló Perú, que cometió crímenes terribles contra los derechos humanos y desvalijó el país con corrupciones a mansalva. La visita del Papa se da en medio de un álgido y dramático debate entre la corrupción de la clase política y la institucionalidad. Se teme que la visita de Francisco sea aticlimática, distractora. La visita es portadora de una agenda tan diferente que pueda alejar de un tema que ha incendiado el país. Estaremos muy atentos a las visitas.


vía:
http://www.jornada.unam.mx/2018/01/10/opinion/016a1pol

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