por Francisco Herreros
Publicado el 3 noviembre, 2013
, en Análisis
Un equipo de CENDA, liderado por el economista Manuel Riesco, acaba
de publicar el estudio Resultados para sus Afiliados de las AFP y
Compañías de Seguros Relacionadas con la Previsión:1982-2012, en rigor
el retrato más certero que se le haya hecho al sistema de privado
pensiones, como lo demuestra el espeso silencio del sistema mediático, a
pesar de la enorme relevancia de sus conclusiones.
Demuestra, para empezar, que de cada tres pesos que recauda el
sistema, tanto por la vía de la cotización de los afiliados como de
subsidios del Estado, dos se quedan enredados entre los administradores y
los grandes grupos financieros, que en la práctica son los mismos,
precisamente el principal de los motivos por los cuales el sistema paga
pensiones tan bajas.
Enseguida, el estudio comprueba que en 2012, las cotizaciones más que
duplicaron el monto de las pensiones pagadas por las AFP y compañías de
seguros, y el Estado aportó adicionalmente, subsidios equivalentes a
dos tercios de éstas. A pesar de ello, o más bien por lo mismo, los
montos de las pensiones son inciertos, pues dependen de las veleidades
de los mercados financieros, que en los últimos seis años han generado
más pérdidas que ganancias al fondo de pensiones. Además, éste se reduce
en razón inversamente proporcional al aumento de la expectativa de vida
de la población.
En tercer lugar, el estudio traza una síntesis magistral de la
naturaleza y la lógica interna del sistema privado de pensiones: un
sistema de ahorro forzoso concebido para extraer recursos del factor
trabajo, y transferirlos directamente a los propietarios del capital.
Sin embargo, tal vez la conclusión más importante del estudio
consiste en la demostración de que si se devuelve el sistema previsión a
la administración del Estado, no sólo se podría duplicar el monto de
las pensiones, hasta igualar las pensiones que actualmente paga el
sistema público, sino que incluso en ese caso, habría un considerable
ahorro en el gasto fiscal.
Del desarrollo de esas conclusiones del estudio versa la siguiente entrevista a su autor, el economista Manuel Riesco.
- ¿Qué metodología utilizó en el estudio?
“Lo que hace el estudio es visualizar el sistema en su conjunto,
incluyendo AFP’s y compañías de seguros que lo conforman, y analizarlo
como si fuera una gran alcancía, que por otra parte, es lo que el
sistema dice ser, a la cual los afiliados entregan aportes todos los
meses y el fisco entrega subsidios, ambos en dinero efectivo; y por otro
lado, de esta alcancía se sacan todos los meses, pensiones y beneficios
que el sistema paga a través de las AFP, o las compañías de seguros, en
forma de rentas vitalicias. Lo que hace el estudio es analizar cuánto
dinero entra, y cuánto sale, y por esa vía, llega a la asombrosa
conclusión que los aportes triplican las pensiones que se pagan. En
otras palabras, los aportes de los afiliados y los subsidios del fisco
son tres veces mayores a las pensiones que paga el sistema”.
- ¿Determina el estudio donde se van los dos tercios restantes?
“Bueno, a alguna parte tendrá que ir, porque esta alcancía debería
estar repleta de dinero, en el símil de la bóveda de Tío Rico. Sin
embargo, tú abres la alcancía y encuentras que no hay un solo pesos de
dinero en efectivo. Sin embargo, entran todos los meses, miles de
millones de pesos, y sale una tercera parte en pensiones. Por tanto, la
cantidad de dinero que debería haber adentro, es gigantesca. En
consecuencia, alguien lo está sacando, porque adentro no hay plata”.
- Lo que hay son títulos de deuda, imagino…
“Lo que tu encuentras adentro, son papeles. Abres la caja que dice La
Polar, y encuentras una serie de papeles firmados por los ejecutivos de
La Polar, que dicen que ellos han recibido préstamos de las AFP, o sea
pagarés, y que lo van a devolver con gigantescos intereses. O son
acciones de La Polar, que la AFP compró a buen precio. Bueno, hoy los
pagarés y las acciones de La Polar no valen nada, porque como sabemos,
La Polar era un gigantesco fraude”.
- Y la pérdida la hacen los afiliados…
“Por supuesto. El dinero contante y sonante fue a La Polar, y lo que
queda son estos papeles que no valen nada. Soquimich, por ejemplo, es
una de las cajas más grandes que hay adentro. Ha recibido cualquier
cantidad de dinero de las AFP. Con eso, Ponce Lerou tomó control de la
empresa estatal. Hoy sabemos que el valor de las acciones de Soquimich
ha sido inflado. Enersis era la caja más grande, porque a través de este
dinero contante y sonante, Yurasczek tomó el control de Endesa, de
Chilectra y formó un imperio, que después vendió a Endesa España, con un
gigantesco beneficio para él. Lo que quiero decir, es que son cajas con
papeles. Hay alguna caja que dice Estado de Chile, que contiene bonos
de Estado, que dicen que Estado va a devolver esta plata que les
prestaron las AFP, con el correspondiente interés. Esa caja es alrededor
de un quinto del fondo. Hay otra caja más chiquitita, equivalente más o
menos a un 2%, que son bonos hipotecarios”.
- Con la desvalorización de los títulos de deuda o las
acciones, ¿podría hipotéticamente el sistema entrar en default, o crisis
de pagos?
“Difícilmente va a entrar en crisis de pagos, si todos los meses está
entrando el triple de lo que sale. Lo que puede suceder, y de hecho
sucede, es que lo que está acumulado teóricamente ahí, no vale lo que
dicen que vale. Así pasó, por ejemplo, en 2008. La suma de todos estos
papeles es el fondo de pensiones, que tiene un valor. Pero ese valor es
una idea abstracta, porque no es dinero. Es lo que valen hoy esas
acciones y esos bonos. Pero eso depende de muchas cosas. En 2008, esos
papeles perdieron un tercio de su valor…
- Quedó pendiente la respuesta acerca de dónde se quedan los dos tercios de lo que recauda el sistema, que no van a pensiones…
“Voy a eso. pero primero quiero completar las cifras gruesas de lo
que entra y lo que sale, porque son muy significativas. El total de lo
que entra, triplica lo que sale. Pues bien, sólo lo que ha puesto el
fisco, equivale a las tres cuartas partes de las pensiones que se han
pagado. Es decir, el fisco ha financiado con subsidios, y con dinero
contante y sonante, tres cuartas partes de las pensiones que ha pagado
el sistema AFP. Si hacemos la comparación de las cotizaciones de los
afiliados con las pensiones que se pagan, veremos que las cotizaciones
de los afiliados -sólo las obligatorias- duplican las pensiones que se
pagan. Ese es el cuadro. Tú preguntas dónde se va el dinero. Hay un
chorro grande que se va a los grupos financieros que emiten estos
pagarés y estas acciones. La alcancía está llena de estos papeles que
emiten los grupos financieros, que han recibido a cambio, dinero
contante y sonante. Hay otra manguera que sale de este chanchito, y va a
los administradores del sistema, es decir, las AFP y las compañías de
seguros.
- Recuerdo que en un estudio anterior, ustedes precisaban que
uno de cada tres pesos recaudados por el sistema, iban a las AFP y
compañías de seguros…
“Exactamente…y ahora lo confirmamos. Incluso más de uno de cada tres
pesos que ponen los afiliados se va para allá. Otra comparación
interesante es que lo que han sacado en primas y comisiones las AFP y
compañías de seguros, equivale, o se acerca mucho, a lo que han pagado
en pensiones. En otras palabras, el chanchito tiene, por una parte, lo
que le ponen los afiliados y el fisco todos los meses, y por otra, una
tetita no muy grande que va a los pensionados, en pensiones muy magras y
miserables, como reconoció incluso uno de los panegiristas del sistema.
Resulta que las AFP y compañías de seguro, que son en el fondo cinco
empresas, se llevan tanto dinero como el millón de afiliados que hoy
cobran pensiones”.
- A la luz de esas cifras, el sistema es un verdadero escándalo…
“Es un sistema de ahorro forzoso, en que se saca dinero del bolsillo
de los afiliados, equivalente al 13% del sueldo, y se saca, por otro
lado, una parte significativa de los ingresos fiscales, es decir, del
IVA y los excedentes de Codelco, y se traspasa directamente a los
bolsillos de las AFP y compañías de seguros y a los grandes grupos
financieros”.
- ¿Ese era el sentido último de la reforma de 1981 que
privatizó el sistema de pensiones; es decir, crear un mecanismo para
trasferir renta del trabajo al capital?
“Evidentemente. Ese era el sentido: echarle el guante a las cotizaciones previsionales. Eso es el sistema”.
- Después de treinta años de experiencia ¿lo calificaría como un fracaso total?
“Hay que calificarlo como lo que es: un sistema de ahorro forzoso,
porque esto va a continuar así para siempre, salvo, naturalmente, que lo
cambiemos. Está diseñado para esto. No es que en algún momento el
chanchito empiece a desinflarse, y estos papeles se vayan a transformar
en dinero en efectivo, que se pague en pensiones, que por otro lado,
sería lo lógico, ¿cierto? No. El chanchito va a seguir engordando de
papeles, porque siempre los aportes de los afiliados y el fisco van a
ser mucho mayores que las pensiones que paga el sistema. Por tanto,
siempre el dinero cotizado por los afiliados y contribuido por el fisco
se va a ir a los grandes grupos financieros, y una parte equivalente a
las pensiones se va a ir a los administradores del sistema, o sea, AFP y
compañías de seguros”.
-Por la vía de la reforma, pero sin alterar su lógica y su esencia de acumulación individual ¿se pueden mejorar las pensiones?
“No, porque lo que está ocurriendo es que constantemente se está
yendo el dinero para otro lado. El dinero de las pensiones, el dinero
que se contribuye para pagar pensiones, en realidad no se usa para pagar
pensiones, sino en una pequeña parte. Dos tercios de la recaudación se
usan para otros fines: traspasar recursos de los trabajadores a los
grupos financieros, y remunerar a los administradores, vale decir, AFP y
compañías de seguros”.
- Siempre dentro del sistema, y por la vía de la regulación ¿se podrían cambiar las proporciones?
“Dentro de la lógica de ahorro forzoso del actual sistema, no. Lo que
hay que hacer es taponar el sistema, de forma que el dinero que se
contribuye para financiar pensiones, se ocupe para pagar pensiones. Así
de simple. En otras palabras, hay que ponerle un tapón a lo que se está
yendo hacia los grupos financieros, y otro tapón para lo que se están
llevando los administradores, porque todo esto lo puede administrar el
INP o el IPS, sin mayor costo. Y eso lo transforma en un sistema de
reparto”.
- Una de las partes que me llamó la atención del estudio, remite a
los cálculos acerca del cambio de sistema, a la modalidad de reparto.
Según el estudio, al Estado le sale mucho más barato hacerse cargo de la
administración del sistema, y de pagar las pensiones, en esencia, un
sistema de reparto, lo cual permitiría, además de mejorar las pensiones,
un enorme ahorro fiscal. Quisiera que desarrollara este punto…
“Es fácil. Si se termina el sistema, se ponen estos dos tapones, y se
transforma en un sistema de reparto, en que el dinero que entre se use
para pagar pensiones, cuál sería el balance. Anualmente están entrando
5,8 billones de pesos (millones de millones, n. de la r.), entre aportes
de los afiliados y el fisco, que son como 4,4 billones, y subsidios
fiscales, que suman 1,4 billones más. Total, 5,8 billones. Esos recursos
ya no a irían a parar a los grupos financieros o a los administradores
del sistema, sino quedarían en la alcancía, en el chanchito, y serían
administrados por el fisco. El fisco recuperaría estos 5,8 billones de
pesos, y por supuesto tendría que hacerse cargo de pagar las pensiones
que pagan las AFP, y seguiría pagando los subsidios que reciben esas
personas. Pero tendría que pagar sólo las pensiones que pagan las AFP,
puesto que las rentas vitalicias que pagan las compañías de seguros,
tienen que seguir pagándolas las compañías de seguros, porque se
quedaron con todos los fondos de los afiliados. Si no, tendrían que
devolverlos. El Estado tendría que hacerse cargo de las pensiones que
pagan las AFP, y los subsidios que reciben unas y otras, o sea, los que
pagan las AFP y las compañías de seguros. Eso sumó 1,1 billones de
pesos, el año pasado. Por lo tanto, el balance neto sería un excedente
de 4,7 billones de pesos anuales, que equivalen al 3,6% del Producto
Interno Bruto de 2012. Eso permitiría duplicar todas las pensiones que
paga el sistema de AFP, para igualarlas con las que paga el sistema
público. El resultado es que el Estado recibiría un 3,6% del PIB, lo que
equivale a aumentar en 10% los ingresos fiscales generales. Con esto,
el Estado podría duplicar las pensiones, que es hoy una demanda masiva
del millón de personas que hoy reciben pensiones del sistema de AFP. Tú
no puedes tener un país sin pensiones. Esto es insostenible”.
- En 2016 jubila la primera cohorte de los trabajadores que se
cambiaron al sistema de AFP, en 1981. Cuando sean no un millón, sino
tres o cuatro millones de trabajadores que comprueben en carne propia lo
que aquí estamos hablando ¿Cree que el peso de la crisis política que
eso implica obligará a cambiar el sistema?
“Sin la menor duda. Hay que arreglar esto, y no se puede arreglar sin
terminar con este escándalo. El sistema ya tiene un millón de
jubilados, es decir, empezó a jubilar gente desde los años ochenta, con
gravísimo perjuicio para todos ellos. Lo que sucederá a partir de
algunos años más es que se sumarán a ellos los que no tienen bono de
reconocimiento, porque sólo han cotizado en este sistema. Pero la crisis
ya existe y desde hace tiempo. Lo que hará es agravarse”.
- Para decirlo sin ambages ¿cree que la única solución es volver al sistema de reparto?
“Pero, obvio. Sin la menor duda. Si no, cómo vamos a aumentar al
doble las pensiones. Porque si realmente queremos resolver el problema,
tenemos que duplicar el monto de las pensiones, como mínimo, para
igualar las pensiones del sistema público. Y la única fuente de dinero
para eso, es lo que los administradores y los grupos económicos se están
embolsando todos los meses. Cómo va a ser presentable que la gente no
tenga pensiones, mientras doce grupos económicos, entre ellos cinco que
son dueños de las AFP, se embolsan anualmente, en dinero contante y
sonante, puesto por los afiliados y el fisco, el 3,6% del PIB. Es un
escándalo. Y más encima, quieren más aportes. Quieren que los afiliados y
el fisco pongan más dinero, y que se aumente la edad de jubilación”.
-¿Usted los ve preocupados?
“Ellos piensan que tienen el sartén por el mango, pero evidentemente
no las tienen todas consigo. Ellos saben que si cambia la situación
política, y hay una nueva Constitución, esto, junto con el cobre, son
las primeras cosas que se van a terminar, porque son tan escandalosas,
que se tienen que terminar, como ya las terminaron en Polonia, Hungría,
Argentina y Bolivia”.
- Sin embargo, para que ello ocurra en Chile, se requiere
mayor presión social, y con esto quiere decir que el problema, en último
término, es político…
“Bueno, la resistencia en esto es muy grande, porque la cantidad de dinero que se están llevando, es descomunal”.
- Tan descomunal como la falta de información. De hecho, no
he visto ninguna referencia a este estudio en los medios…¿Qué se debe
hacer, a su juicio, para instalar el problema en el ámbito político?
“Desde luego, hacerlo parte de todo programa político. En el programa
de la CUT, por ejemplo, este es uno de los puntos. Esto no entró en el
programa del próximo Gobierno, y esa es una de las razones por las
cuales la CUT no adhirió formalmente a la candidatura de Bachelet,
porque este problema, y los derechos laborales, no están incluidos en el
programa. Pero la CUT va a seguir presionando. Y como el problema es
mucho, y la paciencia es poca, lo que puede ocurrir aquí es que o se le
da curso a esto mediante una discusión constitucional que abra la llave
para que estas cosas se resuelvan, o el problema asumirá contornos
impredecibles”.
- El sistema se implantó por medio del Decreto Ley 3.500. ¿La solución no es tan simple como cambiar un decreto ley?.
“No porque tiene rango de ley orgánica constitucional, y por tanto,
exige quorum calificado, lo mismo que para cambiar la propia
Constitución”.
- Esto me hace pensar que resolver esto, como la
renacionalización del cobre y la reforma a la educación, implica cambiar
el paradigma o modelo de desarrollo…
“Resolver esto es lo más fácil que hay, porque la cantidad de dinero
es tan enorme, que bastaría que si siquiera se le ponga el tapón
completo a lo que se están llevando ellos, sino que se cerrara un poco
el espiche. Bastaría que se terminara con las AFP, y el Estado, a través
de una AFP estatal, se hiciera cargo de la administración de todo esto,
y ya se cerraría el espiche que equivale al monto del fondo de
pensiones; o sea, con cerrar las AFP, ya se podría duplicar el monto de
las pensiones, dejando todavía un chorro que yaya a los mercados
financieros, cosa que también debería taponarse”.
- ¿Y qué sensación tiene respecto a la viabilidad del cambio de sistema?
“Creo que no sólo es inevitable, sino que tiene que resolverse luego.
Un país no puede tener a sus profesores a sus jueces o a sus
trabajadores calificados sin pensiones. No puede discriminar a las
mujeres y darles menores pensiones que a los hombres. Las mujeres son el
único grupo que se le discrimina por sus expectativas de vida distinta.
Si fuera por eso, las pensiones de los sectores de altos ingresos
deberían ser menores, porque su expectativa de vida es mucho mayor que
la que tienen las mujeres en relación a los hombres, o respecto al
promedio de la población”.
- ¿En qué fuentes se fundamentó el estudio?
“En las cifras oficiales. Lo único bueno que tiene este sistema son
las estadísticas, que son maravillosas, porque es un sistema que permite
hacer un censo mensual de la fuerza de trabajo real. El estudio tiene
la siguiente metodología: son planillas de cálculo que están en la red, y
están enlazadas directamente a la fuente, de manera que cualquier dato,
por ejemplo que los subsidios público son tres cuartas partes las
pensiones pagadas, es posible rastrearlo hasta llegar a las fuentes
directas y públicas, principalmente la Superintendencia de Pensiones,
que tiene muy buenas estadísticas, magníficas. Tanto es así que esas
´lanillas se actualizan en forma automática, porque tenemos el vínculo
directo. Es decir, google va a mirar la página de la superintendencia,
saca el dato, lo elabora con las fórmulas que le pusimos a esas
planillas de cálculo y finalmente entrega el dato, como el que acabo de
mencionar”.
- ¿Y no le llama la atención que nadie debata ni refute los datos del estudio?
“No, para nada. El silencio representa la línea de menor costo y el
mejor expediente para no difundir más estos resultados. Ellos se mueven
en esto de una manera completamente inmoral. Por ejemplo, contratan
“expertos” que hacen estudios que demuestran teóricamente que las
pensiones chilenas serías las que tiene las tasa de reemplazo más altas
del mundo, respecto del sueldo último, mejores que las pensiones
alemanas”. }
- Pero eso es ridículo…
“Ridículo. Las cifras reales muestran que una jueza que gana tres
millones de pesos, a pesar de haber cotizado toda su vida por el tope,
sin fallar un solo mes, saca una pensión de 330 mil pesos, menos de la
décima parte de lo que ganaba como activa. Esa es la realidad. Ellos
concluyen que la tasa de reemplazo es de un 80%. Y cómo lo hacen: sacan
un promedio de lo que saca la gente y lo comparan con lo que ha aportado
en los últimos diez años. Como es tan precario el empleo, y los dos
tercios de los chilenos cotiza un mes de cada dos, el promedio es
inevitablemente bajo, y eso lo comparan con la pensión que sacan. Y en
la pensión que sacan, incluyen los subsidios públicos. Y resulta que los
subsidios públicos para la mitad de las pensiones, representan el 73%
de las pensiones que reciben los afiliados. Esa es la seriedad con que
se maneja esta gente. Comparan subsidios públicos con contribuciones que
on un mes sí y el otro no”.
- Me resulta difícil encontrar una lógica detrás de este sistema, y más difícil aún explicarme como se sostiene…
“La lógica es la de un sistema de ahorro forzoso, que le saca dinero a
los afiliados y al Estado, y lo inyecta a los mercados financieros, los
que se hinchan de plata, y algo de eso chorrean. Algo de eso le llega a
las empresas, y las empresas con eso invierten”.
- O sea, un autorretrato del modelo…
“Pero, claro. Esta es una de las principales fuentes de la
desigualdad del ingreso. En rigor, son tres las principales fuentes de
desigualdad. La primera, es el cobre, por supuesto. Lo que se llevan las
transnacionales en renta equivale, más o menos, al 9% del PIB. Esas son
las utilidades antes de impuestos. Esas son rentas, es decir, dinero
que nos pertenece a todos, porque proviene de un mineral que de acuerdo a
la Constitución, nos pertenece a nosotros. Después, vienen los
intereses de las tarjetas de crédito, los intereses de los créditos de
consumo y los intereses de las tarjetas de las casas comerciales, que en
conjunto, representa el 4,5% del PIB. Y la tercera fuente de
desigualdad del ingreso es esta, porque se lleva el 3,6% del PIB. Si
sumas esos tres conceptos, tienes el 18% del Producto Interno Bruto, que
se está sacando a los trabajadores, y pasando a los empresarios. Si ese
18% lo recuperas, la porción de la torta que hoy reciben los
trabajadores, que es 35%, según el Banco Central, subiría
automáticamente a 53%, con lo cual la distribución del ingreso se
normaliza, porque en los países desarrollados esa proporción es del
60%”.
- Eso me parece promisorio, desde el punto de vista de un nuevo modelo de desarrollo…
“Por supuesto. Basta resolver estas tres cosas, y estás listo.
- O sea, en qué topamos…
“Exactamente”.
Vea en línea el estudio de CENDA
“Resultados para sus afiliados de las AFP y compañías de seguros relacionadas con la previsión: 1981-2012″
*Fuente:
Diario Digital
Vía:
http://piensachile.com/2013/11/la-increible-estafa-de-las-afp-estudio-de-cenda-desnuda-la-verdadera-madre-del-cordero/