La investigadora
especializada en historia de la medicina Susan Reverby, autora de
Examining Tuskegee: The Infamous Syphilis Study and its Legacy
(Diagnóstico sobre Tuskegee: el tristemente célebre estudio sobre la
sífilis y su legado), habla sobre la historia de la experimentación
médica en nuestro país y en el resto del mundo. También mostramos
algunos fragmentos del documental Deadly Deception: The Tuskegee Study
(Engaño mortal: el estudio de Tuskegee).
AMY GOODMAN:
Profesora Reverby, hay tres estudios que a los que usted se refiere como
la “trinidad profana” de las investigaciones médicas. ¿Puede explicar
cuáles son estos tres estudios? Podríamos empezar hablando sobre un
cuarteto, con el de Guatemala, pero comience con esos experimentos.
SUSAN REVERBY:
Bueno. Cuando los bioeticistas hablan acerca del porqué tenemos
regulaciones hoy día, es en parte por la divulgación de este tipo de
estudios, que ahora son considerados ilegales, pero estudios horribles.
Si lo piensas por un segundo, después de todas las revelaciones sobre lo
que hacían los japoneses durante la guerra, y particularmente sobre lo
que hacía Mengele, tenemos el Código de Nuremberg; justo después de la
guerra, que dice que hacer este tipo de investigaciones médicas con
personas que no han dado su consentimiento voluntario e informado es
inmoral y es un crimen contra la humanidad. El problema es que los
estadounidenses trataron los crímenes cometidos por los Nazis y los
japoneses, menos conocidos, como algo realizado—tal y como lo explica de
manera brillante el bioeticista Jay Katz—como parte de un código de
bárbaros. Así que si piensas que ellos lo hacían porque eran doctores
Nazis, no piensas que tú, un buen investigador o investigadora de aquí,
podría llegar a hacer algo así. Entonces, la “sagrada trinidad”- ese es
mi término, por cierto- de los estudios que se observan en Estados
Unidos, como nuestras propias historias de horror, son los siguientes:
utilizar células vivas de cáncer en pacientes de un hospital judío de
enfermedades crónicas en Nueva York, la alimentación de heces de
hepatitis-
AMY GOODMAN: Espera, eso- en ese caso, en el
primer caso, ¿estás hablando de inyectar células cancerosas vivas a los
pacientes de ese hospital?
SUSAN REVERBY: A pacientes de
enfermedades crónicas, sí, en un hospital judío de enfermedades crónicas
en Brooklyn. Este es el primer caso que salió a la luz. Luego, hubo un
estudio de Willowbrook, una institución estatal para niños con retardos.
Y en este caso, fue- porque era bastante común para estos niños
contagiarse con hepatitis por las condiciones en que vivían, los
alimentaban- y, en algunos casos, los inyectaban con- células hepáticas
vivas a los niños de Willowbrook, frecuentemente impregnadas en la
materia fecal. Esto tuvo lugar entre finales de los 60´ y principios de
los 70´. Y luego, salen las revelaciones del estudio en Tuskegee, que
duró cuarenta años. Así que estos tres estudios en particular son los
que generaron la movida para que se creara una comisión de bioética,
llamada la Comisión Belmont, y para que luego se promulgaran las
regulaciones bajo las que vivimos actualmente, que exigen la supervisión
de un panel evaluador, el consentimiento informado y la protección de
las personas más vulnerables.
AMY GOODMAN: Profesora
Reverby, quiero mostrar un documental del 1993 que trata de los
experimentos en Tuskegee llamado Deadly Deception. Este fragmento trata
de cómo se atrajo a algunos hombres negros para participar de los
experimentos en Tuskegee, asegurándoles que realmente estaban recibiendo
tratamientos médicos. A muchos se les dijo que la punción lumbar era
una forma de tratamiento. Este fragmento incluye entrevistas con un
testigo de Tuskegee, Herman Shaw y la historiadora médica, Vanessa
Gamble.
NARRADOR: Esta carta, enviada a cada
hombre antes de su punción lumbar, alegaba que se trataba de un
tratamiento gratuito y exclusivo/muy especial.
REPORTE DE SALUD DEL CONADO MACON:
“Hace un tiempo te hicimos un examen riguroso y desde entonces
esperamos que hayas recibido un buen tratamiento para la sangre mala. Te
damos ahora una última oportunidad para un segundo examen. Este examen
es muy especial y al finalizarlo se te dará un tratamiento específico,
si entendemos que estás en condiciones de recibirlo.”
HERMAN SHAW:
[leyendo] “Este examen es muy especial y al finalizarlo se te dará un
tratamiento específico si entendemos que puedes soportarlo… RECUERDA
ESTA ES TU ULTIMA OPORTUNIDAD PARA OBTENER TRATAMIENTO GRATIS.”
VANESSA GAMBLE:
A estos hombres se les decía que las punciones lumbares eran un
tratamiento. Esto muestra como se utilizaba el engaño y la mentira para
llevar a cabo este estudio. Y quienes lo decían eran médicos, lo que le
otorgaba cierto grado de poder y autoridad.
NARRADOR:
Se realizaban exámenes físicos y de sangre en cada sujeto. Y para
mantener la apariencia de un tratamiento, los doctores daban a los
hombres placebos—vitaminas, aspirinas y tónicos—que eran inservibles
para combatir la sífilis.
HERMAN SHAW:
Había tres distintos tipos de medicina: la pequeña pastilla redonda, a
veces nos daban una cápsula y luego nos daban un pequeño frasco con
medicina líquida. Todos recibíamos lo mismo.
VANESSA GAMBLE:
Estos eran hombres que no iban a cuestionar el sistema, que no iban a
cuestionar a los doctores del gobierno, y que tampoco iban a salir a
protestar y escribir sobre el tema. Se trataba de hombres del Condado de
Macon, Alabama. ¿Quién iba a salir a hablar por ellos?
AMY GOODMAN: Pasemos a otro fragmento de Deadly Deception, sobre cómo a estos sujetos explícitamente se les negó el tratamiento.
NARRADOR:
En 1938 existía un Ley Nacional de Control de Enfermedades Venéreas y
en toda la nación, incluyendo Alabama, el Servicio Público de Salud
impulsaba programas para el tratamiento de la sífilis. Pero no era así
para/esto no incluía a los hombres de Tuskegee. Ellos eran/estaban
sistemáticamente excluidos. Y si salían a buscar ayuda, se los perseguía
y se los hacía parar. Este fue el caso de Herman Shaw quien acudió a
Birmingham, Alabama, para ser tratado.
HERMAN SHAW:
Cuando llegué allí, vi a una mujer enfermera caminando por el
campamento. Se la notaba perturbada, como que estaba buscando a alguien
que no debía estar allí. Entonces me dieron un desayuno y me enviaron de
vuelta a mi pueblo, diciendo, “Usted no debería estar aquí.” “Usted
está en la clínica del Condado de Macon”.
DESCONOCIDO:
Uno de los aspectos más notables del estudio es hasta donde llegó el
Servicio de Salud Pública para asegurarse de que estos hombres no
recibieran tratamiento. Y cuando alguno de ellos lograba obtener
tratamiento por sus propios medios, los investigadores consideraban que
esto anulaba el estudio.
AMY GOODMAN: Quiero
pasar un fragmento más de Deadly Deception. A los sujetos de Tuskegee
también se les negó la penicilina, aún cuando ya se la estaba usando
frecuentemente para curar la sífilis. Aquí se puede ver al Dr. John
Heller, quien dirigió el estudio de Tuskegee en el Servicio de Salud
Pública de Estados Unidos en los años 40, promocionando en un anuncio
del servicio publico los beneficios de la penicilina para el tratamiento
de la sífilis.
DR. JOHN HELLER: Cualquiera sea
el futuro de la terapia con penicilina, nosotros los médicos ya tenemos
en nuestras manos un arma que, con el uso médico adecuado, debería
permitirnos reducir considerablemente la cantidad de pacientes con
enfermedades venéreas en Estados Unidos.
NARRADOR:
Aunque promovía el uso de penicilina para la nación, Heller continuó
con la política de denegarles tratamiento a los hombres del Condado de
Macon. En 1947, publicó los últimos hallazgos del estudio en The Journal
of Venereal Disease Information.
ESTUDIO:
La expectativa de vida de un hombre negro entre los veinticinco y
cincuenta años infectado con sífilis que no recibe ningún tratamiento,
se reduce cerca de un 20 porciento. Es muy llamativo el hecho de que en
proporción haya muerto casi el doble en el grupo de individuos con
sífilis en relación con el grupo de control.
NARRADOR:
Aún con evidencia indiscutible de que los hombres estaban muriendo no
se les aplicaba penicilina. John Cutler es uno de los pocos doctores aún
vivos del Servicio Público de Salud que participaron en el estudio y
todavía defiende esa decisión.
DR. JOHN CUTLER:
Era importante que ellos se mantuvieran sin tratamiento, y hubiese sido
indeseable usar grandes cantidades de penicilina para tratar la
enfermedad, porque esto interfería con el estudio.
JAMES JONES:
El hecho de que a estos hombres se les negara la penicilina, confirma
la determinación del Servicio Público de Salud de mantener el
experimento funcionando. No lo veo como un asunto novedoso. Ya se había
decidido ocultar información sobre la posibilidad de elegir el
tratamiento en la década del 30´, que los doctores reconocían como un
buen tratamiento, no veo por qué iba a haber un dilema ético sobre
ocultar información sobre el uso de la penicilina llegado el caso. Ellos
ya habían cruzado ese límite.
NARRADOR: Si la ética del estudio estaba en duda, los eventos del 1947 deberían haber puesto las cosas en su lugar.
NOTICIAS:
Segundo juicio de Nurenberg, audiencias del tribunal militar
estadounidense con presentación de evidencias contra de veintitrés de
los principales doctores Nazi.
NARRADOR:
Los tribunales de Nurebmerg expusieron, entre los perversos horrores
del régimen Nazi, terribles ejemplos de la experimentación con seres
humanos en nombre de la ciencia médica. El juicio contra estos doctores
Nazis llevó a la comunidad internacional a establecer el Código de
Nuremberg para la protección de los seres humanos como sujetos de la
experimentación médica. Su primer y más importante principio fue el
consentimiento informado: las personas deben acceder voluntariamente a
formar parte de un experimento y deben tener plena conciencia de los
riesgos del mismo. Los científicos del estudio Tuskege, incluyendo al
director John Heller, desestimaron la relevancia del Código de
Nuremberg.
JAMES JONES: Le
pregunté específicamente acerca de Nuremberg y si el tema lo hacía
recapacitar. Y él dijo: “Para nada.” Le pregunté si encontraba alguna
relación entre lo que ellos hacían y lo que los Nazis habían hecho, y
dijo: “Claro que no.” Luego me miró con cara de inocencia herida y dijo:
“Ellos eran Nazis.”
AMY GOODMAN: Este es un punto
fundamental. Este ha sido un fragmento de Deadly Deceptios, un
documental de PBS WGBH NOVA escrito, producido y dirigido por Denise
Dianni. Quiero detenerme en uno de los fragmentos, más específicamente
al hombre que aparece en el fragmento, por si no lo vieron: el jefe del
estudio de Guatemala, el Dr. John Cutler, un miembro del equipo médico
que condujo los experimentos de Tuskegee. En la entrevista para Deadly
Deception, Cutler defendía los experimentos. Ahora de nuevo, él es quien
fue a Guatemala y defendió los experimentos de Tuskegee sosteniendo que
su realización estaba justificada.
DR. JOHN CUTLER:
El estudio de Tuskegee ha sido terriblemente malentendido y
tergiversado. El hecho es que lo que llevó a que se realizara el estudio
fue el interés por la comunidad negra, tratando de establecer el marco
para desarrollar el mejor enfoque posible desde la salud pública y la
mejor terapia. Arrepentimientos, en lo que se refiere al estudio, no
tengo ninguno; como científico, digo, a uno le gustaría haber visto un
estudio científico ideal, pero al estar lidiando con seres humanos por
un largo periodo de tiempo, eso fue imposible.
AMY GOODMAN:
Así que ahí está, Dr. Cutler, uno de los doctores involucrado en ambos
estudios, Tuskegee y Guatemala. Dra. Susan Reverby, quisiera regresar al
tema de los Juicios de Nuremberg que usted mencionó y que también es
mencionado en Deadly Deception. Este estudio en Guatemala se estaba
llevando a cabo al mismo tiempo- y lo mismo el de Tuskegee, que comenzó
antes y continuó después; se mantuvo durante cuarenta años, hasta los
`70.
SUSAN REVERBY: Mm-hmm.
AMY GOODMAN:–al mismo tiempo que los juicios de Nuremberg.
SUSAN REVERBY:
Si, si. Pero, sabes, yo creo que en realidad, lo más escalofriante del
fragmento que acabas de reproducir es Jim Jones, el historiador,
relatando lo que Rod Heller le dijo: “Ellos eran Nazis.” Eso es justo a
lo que me refería anteriormente, es demasiado fácil asumir la postura de
que ellos eran monstruos. Lo que realmente que tenemos que pensar es en
la cultura de la investigación científica en sí misma y por qué es
necesario controlarla. Es demasiado fácil para médicos como Cutler
enamorarse de sus datos, las grandes metas del estudio como lo más
importante y de alguna manera dejar de ver al paciente frente a él como
un paciente, sino tomarlo sencillamente como un sujeto de estudio
utilizado en función del bien mayor que ellos consideran más importante.
AMY GOODMAN:
Profesora Reverby, tenemos que hacer una pausa y luego regresaremos a
esta conversación, seguiremos hablando sobre Tuskegee, y sobre otros
estudios realizados en este país- por ejemplo, lo que pasó en Puerto
Rico, territorio de los Estados Unidos, donde se hicieron pruebas de
control de natalidad en mujeres usando altos niveles de estrógeno, algo
que nunca sería aceptado en Estados Unidos en la actualidad, y los
estudios realizados con inyecciones de plutonio a sujetos sin su
consentimiento voluntario, en todo Estados Unidos. Nuestra invitada es
la Profesora Susan Reverby. Ella enseña en la Universidad de Wellesley.
Su libro más reciente se llama Examining Tuskegee: The Infamous Syphilis
Study and its Legacy. Su informe acerca del estudio en Guatemala saldrá
en el ejemplar de enero del Journal of Policy History. Esto es
Democracy Now! Regresamos en un minuto con la Profesora Reverby.
[pausa]
AMY GOODMAN:
Estamos conversamos con la Profesora Susan Reverby, de la Universidad
de Wellesley. Es historiadora médica y autora de Examining Tuskegee: The
Infamous Syphilis Study and its Legacy. Además, es la historiadora
médica que ha expuesto el estudio de Guatemala. Cerca de 700
guatemaltecos inyectados con enfermedades venéreas por doctores del
gobierno estadounidense.
Susan Reverby, ¿podría contarnos
brevemente acerca de lo que ocurrió en Puerto Rico, la historia de los
ensayos con pastillas anticonceptivas en ese país?
SUSAN REVERBY:
Con mucho gusto, pero antes quisiera corregir un detalle sobre del
asunto de Tuskegee. De verdad quiero regresar, porque es algo que está
en mi libro, y lo considero muy importante. Conocí bastante bien a
Herman Shaw, y quisiera hablar de esto. Es importante tener en cuenta es
que el Servicio Público de Salud en Tuskegee pensó que estaba
trabajando con una población cautiva. Pero no era un campo de
concentración. Mucha gente dejó la región. Y aunque el Servicio Público
de Salud trató de rastrearlos, muchos de los hombres que sobrevivieron a
la etapa del antibiótico obtuvieron penicilina, incluyendo a Herman
Shaw. Una de las cosas verdaderamente interesantes es que el Sr. Shaw
tuvo neumonía en 1953, y en 1956 fue hospitalizado por veinte días, y se
le suministró penicilina directamente casi todos los días durante ese
lapso. Y él murió alrededor de los noventa años. Entonces, aunque había
sido rechazado en el centro de tratamiento de Birmingham en los 40,
luego fue tratado ahí mismo, por casualidad. También, en el centro de
tratamiento donde fue rechazado-
AMY GOODMAN: Pero fue porque él tenía otro problema, ¿cierto? Me refiero-
SUSAN REVERBY: Otra cosa, cierto. Pero, pues-
AMY GOODMAN:–es
asombroso. Cuando Herman Shaw va a otro lugar en busca de tratamiento
para la sífilis y le dicen que no puede ser tratado, él no entiende por
qué. SUSAN REVERBY: Cierto, pero déjame explicarte porqué no le dieron
tratamiento allí. Y es esto lo que hace la historia mucho más complicada
que el simple relato. El fue a un lugar llamado centro de tratamiento
rápido, que fue instalado por el gobierno en la postguerra- comenzando
en la década del 30, pero particularmente en el período postguerra con
la función de proveer penicilina. Pero en este centro de Birmingham,
nadie que estuviera en latencia- que ya no fuera contagioso- recibía
penicilina. Entonces no sabemos si fue rechazado en Birmingham porque
era parte del estudio y el gobierno tenía ese tipo de control, o si fue
rechazado porque ya no era contagioso y por lo tanto, habiendo escasez
en la provisión de penicilina, no quisieron administrársela. Y lo
interesante es que–hay dos historiadores que llegaron a ver los
registros de los pacientes de Tuskegee, yo fui la segunda. Ahora están
disponibles, cualquiera puede ir y mirarlos. Están en el Archivo
Nacional en Morrow, Georgia. El Sr. Shaw- Quiero decir, otras personas-
no sólo el Sr. Shaw, pero otras también otras personas, fueron a ese
lugar en Birminghan y fueron tratados. Pienso que una de las cosas a
tener en cuenta es que necesitamos contar, que lo importante de la
historia es la intencionalidad del Servicio de Salud Público, pero
debemos recordar que estamos hablando de seres humanos, y la
coincidencia, habilidad de resolver este tipo de cosas, muchas veces se
da de esta manera. Estos hombres no fueron simplemente víctimas. Y
siempre hay una parte más complicada de la historia que también debe ser
revelada.
AMY GOODMAN: Que fue también-
SUSAN REVERBY: Sólo quiero aclarar esto, porque es- AMY GODMAN: Que fue también tan sorprendente, aunque- SUSAN REVERBY: Adelante.
AMY GOODMAN:–a
diferencia de Guatemala, Tuskegee era tan conocido en la comunidad
médica, en la literatura, entre profesionales, y tan poca gente habló de
ello, pero no era tan bien conocido, aunque sí sospechado, entre los
cientos de hombres que no entendían lo que les estaba sucediendo, que
estaban recibiendo un tratamiento para una enfermedad que los podía
matar.
SUSAN REVERBY: Así es.
AMY GOODMAN:–y sin embargo, ellos no estaban recibiendo ese tratamiento.
SUSAN REVERBY:
Así es, sí, así es. Una de las cosas más fascinantes de Tuskegee es que
hay trece estudios publicados acerca de esto antes de que la prensa lo
tomara en 1972. Pero recuerda, si miras cada uno de estos artículos- mi
primer libro, llamado Tuskegee´s Truths, tiene algunos extractos de
todos estos artículos- es un libro sobre los documentos. Y bueno, miras
estos artículos, y dicen “voluntarios”. Pues entonces, si dice
“voluntarios,” ¿cómo un médico que lea esto va a saber? Y una de las
cosas interesantes es que a partir de los 50 los médicos comenzaron a
escribir al Servicio Publico de Salud. Yo documento esto en el libro
Examining Tuskegee. Médicos que escribían y decían, “Dios mío, ¿que
están haciendo? Miren esto.” Y los médicos- no Cutler sino un hombre
llamado Alansky- respondió diciendo: “No, no es algo malo. No es tan
terrible. Sabes, realmente los estamos ayudando.” Bla, bla, bla. Así que
pienso que necesitamos prestar atención al contexto del estudio y lo
que sucedía en él. Por eso es que escribí el libro, porque considero
importante pensar acerca de cuánto más complicado esto podría ser.
AMY GOODMAN: Las pruebas de-
SUSAN REVERBY: Pero ahora, ¿te gustaría que hablara sobre-
AMY GOODMAN:–Mujeres puertorriqueñas, sí.
SUSAN REVERBY:
Cierto, lo siento. Solo necesitaba- tu sabes, a los historiadores nos
gusta la precisión en los datos. Disculpa, es para lo que estoy
entrenada. Una de las cosas que sucedieron fue-
SUSAN REVERBY:
Right, sorry. I just needed—you know, historians like to correct facts.
Sorry, it’s what we’re trained to do. One of the things that happened
was—
AMY GOODMAN: A los periodistas, y a todo el mundo, también nos gustan los datos precisos.
SUSAN REVERBY:
¿Qué? Lo sé. Pues nos encantan. Nos enamoramos de los datos. Pero
obviamente también creemos en el contexto, y eso necesita ser explicado.
Entonces, lo que ocurrió en Puerto Rico fue que el estudio sobre
pastillas anticonceptivas fue realizado, la mayor parte se realizó en
Massachusets, en realidad, pero entregar pastillas anticonceptivas era
ilegal ahí. La anticoncepción era ilegal en Massachusets. Así que el
estudio se hizo en Puerto Rico. Y se utilizaban dosis altas de estrógeno
porque en ese punto realmente no se sabía con seguridad cuánto se
necesitaba, y querían tener absoluta seguridad de que podían impedir
embarazos. Y había contactos allá. Estaban trabajando con un médico que
tenía contactos en Puerto Rico, esa es una de las razones por las cuales
fueron allá. Claramente, había objeciones dentro de la comunidad
puertorriqueña, pero a la vez, las mujeres realmente querían una mejor
manera de protegerse de embarazos continuos. En ese momento, en Puerto
Rico, la Iglesia defendía la esterilización y consideraba que la
esterilización era aceptable cuando una mujer había tenido suficientes
hijos. En realidad la Iglesia se opuso a la investigación sobre las
pastillas, cuando algunas mujeres- se cree que un par de mujeres
murieron a causa de las altas dosis de estrógeno.
AMY GOODMAN: ¿Cuán alto era?
SUSAN REVERBY: Sabemos que provocaban terribles efectos secundarios.
AMY GOODMAN: ¿Cuán alto era el estrógeno?
SUSAN REVERBY:
Sabes, no podría–francamente no recuerdo exactamente los detalles de
cuán alto era el estrógeno. Quiero decir, una de las cosas es que en ese
punto-
AMY GOODMAN: ¿Como de diez a cien veces?
SUSAN REVERBY:
Mucho más alto de lo que tomamos ahora. Y por cierto, esto no sólo
afectó a las mujeres puertorriqueñas, sino a todas nosotras. Digo, yo
tomé la pastilla tan pronto fui sexualmente activa. Y sólo cuando las
audiencias sobre la pastilla tuvieron lugar en 1969–a nivel federal, y
comenzó a salir a la luz toda la investigación acerca de cuan peligrosas
eran, paré de tomarlas. Así que el estudio comenzó en Puerto Rico, pero
las millones de mujeres, como yo, que la tomaron a finales de los 60,
también fueron parte de alguna manera de un experimento masivo para ver
si funcionaría o no.
AMY GOODMAN: Quiero ir a Eileen
Welsome, ganadora del Premio pulitzer por revelar nombres y hacer una
investigación sobre dieciocho personas que fueron inyectadas con
plutonio por científicos del gobierno federal en los años 40 sin su
conocimiento. En una
entrevista con Democracy Now! del 2004, le pregunté a Eileen Welsome acerca de una de estas personas. Su nombre era Elmer Allen.
EILEEN WELSOME:
La parte triste y trágica de la historia de Elmer es que nadie le
creía. Él fue a su doctor y le dijo: “Yo creo que me han inyectado con
algo.” El doctor le diagnosticó paranoia esquizofrénica mientras que, al
mismo tiempo, conversaba con científicos de energía atómica en el
Laboratorio Nacional de Argonne para proveerles muestras de tejidos y-
AMY GOODMAN:
Espera, espera, espera. ¿Su doctor dijo que él era paranoico
esquizofrénico y al mismo tiempo proveía sus muestras de tejido a
científicos del gobierno que llevaban a cabo el experimento?
EILEEN WELSOME:
Así es. Es lo que muestran los registros médicos. Así que Elmer no sólo
fue usado en 1947 cuando le inyectaron el isótopo radioactivo, sino que
continuó siendo un conejillo de indias por el resto de su vida.
AMY GOODMAN:
Esa era la ganadora del Premio Pulitzer, la periodista Eileen Welsome.
Ella reveló los nombres de dieciocho personas de este país que fueron
inyectados con plutonio. Elmer Allen era un hombre negro, conductor de
un tren de San Francisco. Fue inyectado en el hospital de la Universidad
de San Francisco. Esta historia de personas inyectadas con plutonio, el
siempre decía, siempre usaba el término “Yo era un conejillo de indias
del gobierno.” Su esposa era enfermera. Su hija era maestra. Hablamos
con Elmerine Allen, su hija. Ellas nunca entendieron lo que él les decía
y creyeron en lo que decía el psiquiatra. Sin embargo, el psiquiatra
estaba trabajando para el gobierno estadounidense, diciéndoles que
estaba loco. Pero no lo estaba, ¿Profesora Reverby?
SUSAN REVERBY:
Sí, lo sé. Digo, yo creo que una de las cosas que pasan con este tipo
de estudios- y hubo miles de personas envueltas en estos estudios de
radiación de la Guerra Fría, que se llevaron a cabo desde 1947 hasta
1973, 74, hasta donde sabemos. Miles y miles de personas estuvieron
involucradas en esto. Y pienso que se da una situación verdaderamente
fuerte cuando este tipo de cosas pasan, y las personas comienzan a
tratar de entender lo que sucede. Nadie los escuchaba. Y pienso- digo,
es doloroso escuchar a este hombre y a su familia y la manera en que el
médico cooperó con el gobierno. Es tan horroroso que [inaudible] es
realmente impresionante.
AMY GOODMAN: Profesora Reverby, me
estoy apurando porque sólo tenemos un minuto y se han hecho tantos de
estos experimentos—y es un tema vigente hasta la actualidad, además.
Pero el asunto de la experimentación con prisioneros en diferentes
lugares del país—hay un excelente libro llamado Acres of Skin que trata
sobre la experimentación en la piel y la espalda de los pridioneros de
la cárcel de Holmesburg en Pennsylvania. Es increíble. Tengo el libro
frente a mí. Sus espaldas parecen un tablero de ajedrez.
SUSAN REVERBY:
Cierto, exacto. Recuerdo la investigación médica en las cárceles. Es
una de las cosas que logramos detener, la investigación en cárceles, y
actualmente hay un debate acerca de si se debería volver a hacer. Pero
muchas de las investigaciones llevadas a cabo en Estados Unidos se
hicieron en cárceles. De hecho, hubo un estudio sobre inoculación
después de que se publicara el de Guatemala en 1954 y que se hizo con
prisioneros en Sing Sing, en Nueva York en 1954. Era común utilizar
personas institucionalizadas, que francamente, veían su participación en
el estudio como un bono. De hecho, una de las cosas interesantes de las
investigaciones en cárceles es que se hacían mayormente con blancos, no
negros, porque se las consideraba un privilegio. Te daban más dinero en
la cantina o cigarrillos si participabas. Y la cuestión es que
necesitamos ser concientes, necesitamos hacer investigación. Nadie
debería querer pararlo. Probablemente estamos vivos gracias al progreso
médico y la investigación médica. Pero es necesario realizar controles y
las personas tienen que saber absolutamente todo lo que sucede, tienen
que ser escuchadas cuando piensan que algo va mal. Esta es la lección
más importante de todo esto.
AMY GOODMAN: Susan Reverby,
quiero darte las gracias por estar con nosotros, profesora de la
Universidad de Wellesley, historiadora médica, autora de Examinign
Tuskegee: The Infamous Syphilis Study and its Legacy. Este es uno de los
dos libros que ha escrito sobre Tuskegee. Daremos seguimiento a esta
historia y enlazarla con todas las entrevistas que hemos hecho
anteriormente en democracynow.org
Fuente:
http://www.democracynow.org/es/destacados/la_oscura_historia_de_la_experimentacin_