lunes, 28 de febrero de 2011
Estados Unidos : La decadencia total de EU en un mundo nuevo. Tom Engelhardt. Guerras, vampiros, niños calcinados y desequilibrios disparatados
La decadencia total de EEUU en un mundo nuevo
TomDispatch.com
| Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández |
Este es un momento global como no recuerdo ningún otro aunque los haya habido en la historia. Sí, pueden hacerse comparaciones con la oleada de poder popular que barrió Europa Oriental cuando la Unión Soviética se vino abajo entre 1989 y 1991. Para los que tienen recuerdos más antiguos, quizá les venga a la mente 1968, ese momento abortado cuando en EEUU, Francia, Alemania, Japón, México, Brasil y algunos lugares más, incluida Europa Oriental, masas de gentes misteriosamente inspiradas las unas en las otras tomaron las calles de las ciudades del planeta para proclamar que el cambio estaba en camino. Quienes están buscando en los libros de historia, quizá se detengan en el año 1848 cuando, en una época en la que también se mezclaban las tinieblas económicas con los nuevos medios de difusión de noticias, los vientos de la libertad parecieron barrer brevemente Europa. Y, desde luego, si siguen cayendo más regímenes y el torbellino se profundiza aún más, siempre nos queda por considerar 1776, la Revolución de EEUU, o 1789, la Revolución Francesa. Ambas sacudieron el mundo a lo largo de bastantes décadas.
Pero la verdad es que hay que esforzarse mucho para poder encajar el momento actual en Oriente Medio en algún paradigma anterior, incluso aunque –desde Wisconsin a China- esté ya amenazando con sobrepasar el mundo árabe y extenderse como una fiebre por todo el planeta. No recuerdo nunca que tantos gobernantes injustos, o sencillamente despreciables, se hayan puesto tan nerviosos –o, posiblemente, se hayan sentido tan indefensos (a pesar de estar armados hasta los dientes)- en presencia de una humanidad desarmada. Y sólo eso es ya motivo de esperanza y de alegría.
Incluso ahora, aún sin entender qué es a lo que nos enfrentamos, es una gran fuente de inspiración observar cómo cantidades asombrosas de seres humanos, muchos de ellos jóvenes e insatisfechos, toman las calles en Marruecos, Mauritania, Djibuti, Omán, Argelia, Jordania, Iraq, Irán, Sudán, Yemen y Libia, por no mencionar Bahrein, Túnez y Egipto. Ver cómo se enfrentan a las fuerzas de seguridad que utilizan porras, gases lacrimógenos, balas de caucho y, en demasiados casos, balas de verdad (en Libia, incluso helicópteros y aviones) y cómo van haciéndose cada vez más fuertes es poco menos que increíble. Ver a los árabes exigiendo algo que estábamos convencidos era un derecho de nacimiento y propiedad de Occidente, en particular de EEUU, pone la carne de gallina a cualquiera.
La naturaleza de este fenómeno que potencialmente sacude al mundo sigue siendo desconocido y, probablemente, en el momento actual, incognoscible. ¿Están a punto de estallar por doquier la libertad y la democracia? Y si es así, ¿qué implicará ese cambio? ¿Qué bombilla es ésa que se ha encendido inesperadamente en millones de cerebros con ayuda de Facebook y Twitter? ¿Por qué ahora? Dudo que quienes estén protestando, y en algunos casos muriendo, lo sepan ellos mismos. Y eso son buenas noticias. Que el futuro siga siendo –siempre- la tierra de lo desconocido debería inundarnos de esperanza, especialmente porque ésa es la cruz de las elites gobernantes que quieren, pero no pueden, apropiarse de él.
Sin embargo, debería esperarse que una elite gobernante, al observar los desarrollos que sacuden el planeta, pudiera volver replantearse su situación, al igual que deberíamos hacer todos nosotros. Después de todo, si la humanidad puede alzarse de repente de esta forma frente al poder armado de un estado tras otro, entonces, ¿hasta dónde podemos realmente llegar en este planeta nuestro?
Al ver cómo esas escenas se repiten constantemente, ¿quién no volvería a replantearse los conceptos más básicos? ¿Quién no sentiría la necesidad de reinventar nuestro mundo?
Permítanme ofrecer como candidato no a los diversos y variopintos regímenes desesperados o moribundos del Oriente Medio, sino a Washington.
La vida en la caja de resonancia
Ha quedado claro ya que gran parte de lo que Washington ha imaginado todos estos últimos años no eran sino estupideces, incluso antes de que el momento presente arramblara con todo. Sólo tienen que coger alguna vieja frase de los años de Bush. Esa de “¿Estáis con nosotros o contra nosotros?” Lo que resulta impactante es lo poco que eso significa ya. Al rememorar las suposiciones desesperadamente equivocadas de Washington sobre cómo funciona nuestro planeta, este parece ser el momento perfecto para mostrar un poco de humildad frente a lo que nadie podría haber predicho.
Sería también un buen momento para que Washington -que, desde el 12 de septiembre de 2001, no capta ni media de los desarrollos reales del planeta y en diversas ocasiones ha calculado mal la naturaleza del poder global- diera un paso atrás y volviera a considerar las cosas.
Pues resulta que no vemos prueba alguna de que así se apreste a hacerlo. En realidad, eso está más allá de las actuales posibilidades de Washington, sin que importe cuantos miles de millones de dólares derrame en “inteligencia”. Y, por “Washington”, no sólo quiero referirme a la administración Obama, o al Pentágono, o a nuestros comandantes del ejército, o a la inmensa burocracia de la inteligencia, sino a todos esos expertos y habitantes de los think tanks que pululan por la capital y a los medios de comunicación que nos informan de lo que a ellos se les ocurre contarnos. Es como si el elenco de personajes que componen “Washington” viviera ahora en algún tipo de cámara de resonancia en la que sólo son capaces de escucharse a sí mismos.
Como consecuencia, Washington parece aún notablemente determinado a esperar a ver qué pasa en una era que quedará rápidamente incorporada a los libros de historia. Aunque muchos se han dado cuenta de la desventurada lucha de la administración Obama para ponerse al día de lo que acontece en Oriente mientras sigue aferrada a un círculo familiar de nefastos autócratas y jeques del petróleo, permítanme que ilustre enteramente este punto en otra zona: la guerra, en gran parte olvidada, en Afganistán. Después de todo, esa guerra, que casi pasa desapercibida y enterrada bajo las noticias que durante veinticuatro horas siete días a la semana nos llegan de Egipto, Bahrein, Libia y otros lugares del Oriente Medio, prosigue su curso destructivo y costoso sin un parpadeo.
Cinco pruebas del mal oído de Washington
Vds. pueden pensar que mientras franjas inmensas del Gran Oriente Medio están en llamas, alguien en Washington debería echar un vistazo a nuestra Guerra en AF/Pak y preguntarse, sencillamente, si ya no tendrá mucho sentido. Pues no tenemos suerte, como indican los siguientes cinco diminutos aunque elocuentes ejemplos que captaron mi atención. Considérenlos como una prueba del buen funcionamiento de la cámara de resonancia estadounidense y una muestra de la forma en la que Washington está demostrando ser incapaz de volver a considerar su guerra más larga, más inútil y más estrambótica.
- Empecemos con un reciente editorial del New York Times: “The ‘Long War’ May Be Getting Shorter” [Es posible que la ‘Larga Guerra’ se acorte]. Se publicó el pasado martes mientras Libia traspasaba “las puertas del infierno”, se trataba de un relato optimista acerca de las operaciones de contrainsurgencia en el sur de Afganistán lanzadas por el comandante de la guerra afgana, el General David Petraeus. Sus autores son Nathaniel Fick y John Nagl, miembros de la cada vez más militarizada intelligentsia de Washington, que dirigen conjuntamente el Center for a New American Security en Washington. Nagl formó parte del equipo que escribió en 2006 el manual revisado de contrainsurgencia del ejército al que Petraeus dio tanto crédito, convirtiéndose en asesor del general para Iraq. Fick, un ex oficial de la Marina que dirigió tropas en Afganistán e Iraq, y que después fue instructor de civiles en la Academia de Contrainsurgencia de Afganistán en Kabul, realizó recientemente una visita de primera mano al país (desconocemos bajo qué auspicios).
- Los dos son los típicos expertos, entre otros muchos, en temas bélicos de Washington que tienden a desarrollar relaciones incestuosas
con el ejército, y también están pluriempleados como facilitadores o
animadores de nuestros comandantes de guerra, y es a ellos ante quienes
siguen acudiendo los medios de comunicación en búsqueda de fuentes de
información.
- En otra clase de sociedad, su editorial se
habría considerado sencillamente un panfleto propagandístico. Este es el
párrafo más sustancioso:
- “Es difícil decir cuándo se
produce un momento de cambio en una campaña de contrainsurgencia, pero
cada vez hay más evidencias de que Afganistán se mueve en una dirección
más positiva de lo que muchos analistas piensan. Ahora parece mucho más
probable que el país pueda conseguir el nivel modesto de estabilidad y
confianza en sí mismo necesarios para permitir que EEUU reduzca
responsablemente sus fuerzas de 100.000 a 25.000 soldados a lo largo de
los próximos cuatro años.”
- Este es un ejemplo clásico de
cómo Washington mueve los postes de la portería. Lo que realmente están
anunciando nuestros dos expertos es que, incluso si todo fuera bien en
nuestra Guerra afgana, el año de 2014 no será la fecha final. Ni por asomo.
- Por
supuesto que esta es una posición que Petraeus ha apoyado. Cuatro años a
partir de ahora para que nuestros planes de “retirada”, según Nagl y
Fick, dejen aún 25.000 soldados en el lugar. Si su artículo persiguiera
decir la verdad o la exactitud, debería haberse titulado: “The ‘Long War’ Grows Longer” [La ‘Larga Guerra’ se alarga aún más].
- Mientras Oriente Medio estalla y EEUU se hunde en un “debate”
presupuestario significativamente propulsado por nuestras
escandalosamente caras e inacabables guerras, estos dos expertos
proponen de forma explícita que el General Petraeus y sus sucesores
sigan combatiendo en Afganistán a un coste de más de 100.000 millones de dólares
al año durante un tiempo ilimitado, como si en el mundo no estuviera
cambiando nada. Esto parece ya la definición del colmo de la
inconsciencia y un día, indudablemente, nos parecerá algo delirante,
pero lo único que sucede es que Washington se enfrenta a un nuevo mundo
con la típica mentalidad de siempre.
- O bien consideren dos sorprendentes observaciones que el mismo General Petraeus hizo en ese paréntesis de nuestro nuevo momento histórico. En una reunión informativa ofrecida en la mañana del 19 de enero, según el periodista del New York Times Rod Nordland, el General se mostraba exultante, incluso triunfalista acerca de su guerra. Fue pocos días antes de que los primeros manifestantes egipcios tomaran las calles, y sólo días después de que autócrata tunecino Zine Ben Ali se hubiera enfrentado al poder conseguido por los pacíficos manifestantes y huyera de su país. Y aquí está lo que Petraeus dijo de forma tan exuberante a su equipo: “Tenemos cogido ya al enemigo por la yugular, y no vamos a dejar que escape”.
- Es
verdad que el general había estado durante meses no sólo enviando hacia
el sur a las nuevas tropas estadounidenses, sino aumentando también el
uso del poder aéreo, incrementando los ataques nocturnos de las Operaciones Especiales y, en general, intensificando
la guerra en el territorio-hogar de los talibanes. Sin embargo, en el
mejor de los casos, su imagen no era precisamente exultante. Obviamente,
evocaba la idea de un depredador hundiendo sus dientes en la garganta
de su presa, pero, seguramente, en algún lugar del inconsciente militar
acechaba una imagen cultural popular estadounidense más clásica: la del
hombre-lobo o vampiro. Es evidente que la idea que el general tiene del
futuro estadounidense implica un extendido festín sangriento en la
versión afgana de Transilvania y, al igual que Nagl y Fick, planea
claramente clavar esos dientes en esa yugular durante un tiempo muy, muy
largo.
- Un mes más tarde, el 19 de febrero, justo cuando
desataba todo un infierno en Bahrein y Libia, el general visitaba el
palacio presidencial afgano en Kabul y, despreciando las reclamaciones afganas
de que los últimos ataques aéreos estadounidenses en el noreste del
país habían asesinado a decenas de civiles, incluidos niños, hizo un
comentario que dejó estupefactos a los ayudantes del Presidente Hamid
Karzai. No tenemos tal comentario al pie de la letra, pero el Washington Post informa
que, según los “participantes”, Petraeus sugirió que “los afganos
atrapados en un ataque de la coalición al noroeste de Afganistán podían
haber quemado a sus propios niños para exagerar las reclamaciones por
las víctimas civiles”.
- Un afgano presente en la reunión
comentó: “Me quedé pasmado al escuchar eso. La cabeza me daba vueltas.
Era alucinante. ¿Qué padre haría eso a sus niños? Era realmente
asqueroso escucharle decir eso”.
- En la cámara de
resonancia estadounidense, los comentarios del general pueden sonar, si
no razonables, sí comprensiblemente exuberantes y categóricos: ¡Tenemos
al enemigo cogido por la yugular! Nosotros no causamos víctimas afganas;
¡se lo hacen ellos mismos! En otras partes, seguramente aparecerían
como obtusamente faltos de sentido musical o simplemente vampíricos,
prueba de que quienes están dentro de la caja de resonancia no tienen ni idea de lo que parecen en un mundo en transformación.
- Ahora, vayamos a través de la mal definida frontera afgano-pakistaní hacia otro escenario de la estupidez estadounidense. El 15 de febrero, sólo cuatro días después del derrocamiento de Hosni Mubarak como presidente de Egipto, Barack Obama decidió abordar un problema que cada vez se complica más en Pakistán. Raymond Davis, un antiguo soldado de las Fuerzas Especiales de EEUU armado con una pistola semiautomática Glock, cuando iba solo en un vehículo cruzando una barriada pobre de la segunda mayor ciudad de Pakistán, Lahore, disparó y mató a dos pakistaníes que, según afirmó, le habían amenazado a punta de pistola. (Resultó evidente que a uno le habían disparado por la espalda.)
- Al
parecer, Davis salió del vehículo disparando su pistola, después
fotografió los cadáveres y pidió refuerzos. El vehículo que acudía hacia
allí, a una velocidad exagerada y saltándose las normas de tráfico,
atropelló a un motociclista, matándole antes de huir. (Posteriormente,
la esposa de uno de los pakistaníes a los que Davis asesinó se suicidó
ingiriendo matarratas.)
- El policía pakistaní detuvo a
Davis con un cargamento extraño. Nadie debería sorprenderse de que todas
esas circunstancias no le granjearan precisamente las simpatías de una
población ya alienada de sus supuestos aliados estadounidenses. De
hecho, hubo una explosión de furor popular mientras los pakistaníes
reaccionaban a lo que parecía ser la definición de la impunidad
imperial, especialmente cuando el gobierno de EEUU, al afirmar que Davis
era un “funcionario técnico y administrativo” agregado a su consulado
en Lahore, exigió que se le liberara sobre la base de la inmunidad
diplomática y empezó a presionar con prontitud a un gobierno ya débil e impopular con la pérdida de ayuda y apoyo.
- El Senador Kerry realizó una visita apresurada, se hicieron llamamientos y por los pasillos del Congreso se oyeron una serie de amenazas
de cortarle los fondos estadounidenses a ese país. A pesar de lo que
ocurría en otros lugares y en un tumultuoso Pakistán, las autoridades
estadounidenses no acertaban a imaginar que esos pobres pakistaníes que
tanto les deben no fueran a doblegarse.
- El 15 de
febrero, con Oriente Medio en llamas, el Presidente Obama intervino, sin
duda para estropear aún más las cosas: “Con respecto al Sr. Davis,
nuestro diplomático en Pakistán”, dijo, “hemos llegado a un principio
muy simple, que cualquier país del mundo que sea parte de la Convención
de Viena sobre Relaciones Diplomáticas ha mantenido siempre en el
pasado, y debería defender en el futuro, que si nuestros diplomáticos
están en otro país, no están sujetos a ningún procesamiento local en tal
país”.
- Los pakistaníes se negaron a ceder ante ese “tan simple principio” y no mucho después, el británico Guardian identificaba
a “nuestro diplomático en Pakistán” como un antiguo empleado de
Blackwater y actual empleado de la CIA. Estaba implicado, como informaba
la publicación, en la guerra secreta de la Agencia en Pakistán. Esa
guerra, especialmente los tan cacareados y costosos ataques “secretos”
de los aviones no tripulados en las zonas fronterizas tribales pakistaníes, cuyos resultados Washington valora excesivamente, continúa generando unas consecuencias que los estadounidenses prefieren no entender.
- Desde
luego que el presidente sabía que Davis era un agente de la CIA,
incluso cuando le llamó “nuestro diplomático”. Como era de esperar, el New York Times y otras publicaciones dijeron lo mismo, absteniéndose
de escribir acerca de su puesto real a petición de la administración
Obama, incluso cuando continuaron informando (evasivamente cuando no
faltando sencillamente a la verdad) sobre el caso.
- Teniendo
en cuenta lo que está aconteciendo en la región, esto no representa
precisamente una forma razonable de hacer política ni tampoco un
periodismo razonable. Si sucediera que el difunto Chalmers Johnson, que
introdujo en nuestro lenguaje de cada día la palabra “represalia”,
estuviera observando desde algún nicho en el cielo la política
estadounidense, tiene que sentirse lúgubremente divertido por la forma
estúpida de hacer política de nuestras altas autoridades en su
despreocupado intento de continuar arrasando a los pakistaníes.
- Mientras tanto, el 18 de febrero, de nuevo en Afganistán, el Departamento del Tesoro de EEUU impuso sanciones a una de las “mayores casas de cambio de moneda” de ese país, acusándola de “haber utilizado miles de millones de dólares en transferencias dentro y fuera del país para ayudar a ocultar las recaudaciones procedentes de las ilegales ventas de drogas”.
- Aquí va la forma en que Ginger Thompson y Alissa J. Rubin, del New York Times,
contextualizaron ese hecho: “La medida es parte de un delicado acto de
equilibrio de la administración Obama para acabar con la corrupción, que
llega hasta los niveles más altos del gobierno afgano, sin que
descarrilen los esfuerzos de contrainsurgencia que dependen de la
cooperación del Sr. Karzai”.
- En un mundo en el que la
palabra de Washington se propaga cada vez con menos autoridad, la
respuesta a esta descripción estilo cámara de resonancia, y
especialmente su imagen central –“un acto delicado de equilibrio”-
sería: No, no es así, ni mucho menos.
- En relación con un país que es el principal narco-estado del planeta, ¿qué es lo que podría ser realmente “delicado”? Si Vds. querían describir el extraño galimatías
de la relación de la administración Obama con el presidente Karzai y su
gente, habría que echar mano de palabras como “retorcida”, “confusa” e
“hipócrita”. Si prevaleciera el realismo, la frase más apropiada sería
“desatinado desequilibrio”.
- Finalmente, el periodista Dexter Filkins escribió hace poco un artículo sorprendente: “The Afghan Bank Heist” [El atraco del banco afgano], en la revista New Yorker, acerca de los chanchullos que pusieron al Banco Kabul, una de las altas instituciones financieras de Afganistán, al borde del colapso. Mientras se dedicaba a financiar a Hamid Karzai y a sus compinches deslizándoles asombrosas sumas de dinero en efectivo, los directivos del banco se escapaban con los depósitos de sus clientes. (Piensen en el Banco Kabul como el Bernie Madoff institucional de Afganistán). En su artículo, Filkins cita a un anónimo funcionario estadounidense que describió de esta forma los deshonestos tejemanejes que observó: “Si esto fuera EEUU, estarían ya arrestadas al menos cincuenta personas”.
- Consideren
esa línea como una versión de la cámara de resonancia de un monólogo
cómico, así como un recordatorio de que sólo los perros locos y los
estadounidenses pueden quedarse en la sombra afgana. Como muchos de los
estadounidenses que están ahora en Afganistán, hay que traer a ese pobre
diplomático a casa, y pronto. Ha perdido el contacto con la naturaleza
cambiante de su propio país. Mientras proclamamos nuestro deber de
llevar “la construcción de la nación” y “la buena gobernanza” a los ignorantes afganos, en casa, los EEUU se están derrumbando, a la democracia se la llevó el viento, los oligarcas se han ido de campo, el Tribunal Supremo ha asegurado
que la afluencia masiva de dinero será lo que determine cualquier
futura elección, y los mayores estafadores han conseguido, cuando se lo
han propuesto, que los tribunales les libren de la cárcel. En realidad,
el fraude del Banco Kabul –un gran problema en una sociedad enormemente
depauperada- es un espectáculo de feria de importancia menor si se
compara con lo que los bancos, agentes de valores, compañías de seguros e
hipotecarias estadounidenses, y otras instituciones financieras
hicieron a través de sus “esquemas Ponzi de titularización” cuando, en 2008, llevaron a la debacle a EEUU y a la la economías global.
- Y ninguno de los individuos responsables ha ido a prisión, sólo algún intrigante tipo Ponzi a la antigua como Madoff. A ninguno se le ha sometido siquiera a juicio.
- Justo el otro día, los fiscales federales soltaron
a uno de los posibles últimos casos de la debacle de 2008. Angelo R.
Mozilo, el ex presidente de Countrywide Financial Corp., en otro tiempo
la compañía hipotecaria más importante de la nación, tuvo que enfrentar
una demanda civil acerca de sus “irregulares ganancias” obtenidas en la
debacle hipotecaria de las subprime por valor de 67,7 millones de
dólares, pero, al igual que en el caso de sus colegas, no se va a
presentar ninguna acusación penal.
Imagínense esto: por primera vez en la historia, un movimiento de árabes está inspirando a los estadounidenses en Wisconsin y posiblemente en más lugares. En este preciso momento, es decir, hay algo nuevo bajo el sol y no lo hemos inventado nosotros. No es nuestro. Ni siquiera somos –recuperen el aliento aquí- los buenos. Los buenos eran los que pedían libertad y democracia por las calles de las ciudades del Oriente Medio mientras EEUU perpetraba otro de esos desatinados desequilibrios a favor de los matones a los que tanto tiempo llevamos apoyando en el Oriente Medio.
Se va a remodelar ahora la historia en modo tal que los anteriores importantes acontecimientos de los últimos años del empequeñecido siglo estadounidense –la Guerra de Vietnam, el fin de la Guerra Fría, incluso el 11/S- pueden quedarse eclipsados por este nuevo momento. Y sin embargo, en el interior de la cámara de resonancia de Washington apenas se van alumbrando nuevos pensamientos acerca de esos desarrollos. Mientras tanto, nuestro atribulado, confundido y perturbado país, con su vieja y desintegradora infraestructura, es cada vez menos un modelo a seguir para nadie en parte alguna (aunque de nuevo aquí no se enteren de nada).
Ajeno a los acontecimientos, Washington intenta claramente seguir con sus perpetuas guerras y aprovisionar sus perpetuas bases, creando aún más represalias y desestabilización en más lugares, hasta que se lo coman vivo. Esta es la definición de la total decadencia de EEUU en un mundo inesperadamente nuevo. Sí, puede que tenga puestos los dientes en las yugulares, pero queda abierto a la especulación de quién son los dientes y de quién son las yugulares, piense lo que quiera el General Petraeus.
Mientras el sol asoma por el horizonte del mundo árabe, la oscuridad se cierne sobre EEUU. En la penumbra, Washington juega a las cartas tratando de hacerse trampas a sí mismo a la vez que el resto de los jugadores va levantándose de la mesa. Mientras tanto, en algún lugar de la tierra de allá afuera se escuchan débiles aullidos. Es la hora de comer y el olor de la sangre está en el aire. ¡Tengan cuidado!
Tom Engelhardt, es co-fundador del American Empire Project, dirige el Nation Institute’s TomDispatch.com. Es autor de “The End of Victory Culture”, una historia sobre la Guerra Fría y otros aspectos, así como una novela: “The Last Days of Publishing”. Su último libro publicado es: “The American Way of War: How Bush’s Wars Became Obama’s” (Haymarket Books).
Fuente:
http://www.tomdispatch.com/
Vìa :
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123215
Mundo : Libia, la OTAN y los peligros de la confusión política Guillermo Almeyra
Antes que
nada, unos pocos datos históricos. La rebelión contra la colonización
italiana unificó en Libia a las tribus beduinas y a los ocupantes de
Cirenaica, en la mitad del país más cercana a Egipto, donde era muy
influyente la secta fundamentalista y xenófoba de los Senoussi. Vencida
Italia en la Segunda Guerra Mundial los ingleses pusieron en el poder al
jefe de la secta, Idriss el Senoussi, como rey de Libia y, al igual que
los estadunidenses, instalaron en el país una gran base naval y
militar. El país en 1951 pasó a ser de hecho una colonia inglesa con un
rey y formalmente
independiente. Recién en 1957/58 se descubrió la riqueza petrolera líbica, que pasó de 700 mil toneladas exportadas en ese año a 122.5 millones en 1968 y cambió la estructura social y política del país. Eran los años del gran impulso del nacionalismo socializante árabe (con la revolución argelina) y del nacionalismo burgués árabe, con el nasserismo en Egipto y estaba candente la revolución palestina. Por otra parte, eran también los años de la Guerra Fría (de la guerra por el Canal de Suez, del aplastamiento de los consejos obreros húngaros en 1956 por la Unión Soviética, del aplastamiento de la independencia de Checoslovaquia y de su Partido Comunista en 1968). En 1969 un grupo heterogéneo de militares nacionalistas, dirigido por un beduino ex jefe de los servicios de inteligencia formado por los ingleses y anticomunista, el coronel Muammar Kadafi, derribó a la corrupta monarquía y poco después expulsó las bases imperialistas. Después, Kadafi eliminó del gobierno su ala marxistizante, que tuvo que emigrar, su ala nasserista y su ala derecha y asumió todo el poder y a partir de 1977 se mantiene depurando el ejército con continuas ejecuciones de oficiales.
A partir del bombardeo de Trípoli en 1986 por el gobierno de Reagan no queda nada de sus primeras posiciones islámicas de
tercera vía. Es socio de la Fiat, de Infinvest y de grandes empresas italianas, suizas y francesas, es un puntal de la OTAN en la región y fue utilizado por ésta como garantía contra las rebeliones populares siempre latentes. Del intento de federarse con Sudán, Túnez, Argelia, Mauritania y hasta Egipto tampoco quedó nada; en cambio, jugó con la oposición de intereses entre el ENI (Ente Nazionale Idrocarburi) italiano y su empresa petrolera AGIP, por un lado, y las Siete Hermanas, encabezadas por la Shell y la Esso, del otro, lucha muy aguda que se libró sobre todo en Libia y costó la vida al fundador de la empresa italiana. Kadafi era y es un dictador corrupto y mesiánico sostenido por el imperialismo como uno de
nuestros hijos de putay en la Unión Europea Berlusconi, literalmente, le besa la mano cuando Kadafi llega a Italia.
Es gravísimo, por lo tanto, confundir a Kadafi con Bolívar –como hizo
en su momento Hugo Chávez– o apoyarlo cuando está masacrando
indiscriminadamente a millares de libios, utilizando para eso, además de
sus fieles en el ejército, a mercenarios africanos. La contradicción
central no es entre la OTAN y Kadafi, supuesto defensor de la
independencia de Libia y, en realidad, hombre de la OTAN en la región.
Es entre la revolución democrática árabe y los gobiernos corruptos y
agentes del imperialismo, como Ben Ali, Mubarak, Kadafi, Bouteflika o el
rey de Marruecos. Cubrir a esos déspotas en crisis con la autoridad de
la revolución cubana es desprestigiar a ésta ante los pueblos árabes,
asociarla con dictadores. La identificación entre los gobiernos y los
pueblos, la idea de que no existen en éstos divisiones de clases y
conflictos políticos sino la ficción de una unidad nacional imposible en
cualquier parte del mundo y el método que consiste en juzgar los
acontecimientos por las declaraciones verbales de los gobernantes y no
por la contradicción esencial entre éstos y sus víctimas, conducen
inevitablemente a gravísimos errores y a ponerse de lado de las
dictaduras (como hizo, por otra parte, una buena parte de la izquierda
mundial y de los nacionalistas antiimperialistas con la sangrienta
dictadura argentina durante la guerra de las Malvinas al dar su apoyo a
la misma contra Inglaterra en vez de oponerse a las dos).
Los efectos de la crisis capitalista mundial y de la pérdida
de hegemonía estadounidense han favorecido una nueva eclosión de la
revolución nacional, democrática y antiimperialista de los pueblos
árabes. Salvo Marruecos y Egipto, formalmente independientes hasta la
Segunda Guerra Mundial, todos ellos fueron colonizados. Su primer
intento de liberación, bajo la bandera del nacionalismo, tuvo sus
momentos más importantes en los años 1950 en la revolución argelina, en
la iraquí y en la palestina y, en menor medida, en el nasserismo. Nasser
ahorcó obreros comunistas en huelga diciendo
los obreros no piden; nosotros les damosy puso como centro de su política la construcción vertical del poder estatal. La unidad de la nación árabe no pudo ser lograda por los conflictos entre las camarillas nacionalistas gobernantes. Ahora, esa revolución entonces derrotada vuelve a presentarse con la bandera de la democracia, que es de hecho antiimperialista y, por lo tanto, rompe el dispositivo capitalista mundial de dominación. Es cierto que en ella pesan los intereses del separatismo regionalista, de clanes, sectas religiosas, sectores burgueses moderados opuestos al monopolio de los negocios por los dictadores y no sólo de los plebeyos. Es cierto que los diversos imperialismos tienen planes diferentes de intervención en Libia y que en Bengassi y toda la Cirenaica está el cheque político y social nunca pagado de la relación con lo que queda de la secta Senoussi, que es tribal y monárquica. Pero, insisto, lo esencial no es eso: es la rebelión que comienza –siempre– con formas confusas. Y, como escribió Zibechi, la defensa de la ética. A eso hay que apostar.
Fuente, vìa :
http://www.jornada.unam.mx/2011/02/27/index.php?section=opinion&article=022a1pol
Mundo : LOS PRECIOS INTERNACIONALES DE LOS ALIMENTOS Y LA REVOLUCION EN MEDIO ORIENTE. Entre interpretaciones que glorifican a las redes sociales, pasó desapercibido un factor tradicional y tajante: los alimentos subieron un 32 por ciento en el segundo semestre de 2010. Un viejo problema que sólo va a agravarse en el futuro. Por Peter Popham *
las calles de Trípoli, hay varias muertes en Irak
a medida que las protestas se hacen más duras. El rey Abdulá de Arabia
Saudita intenta sobornar a sus súbditos con una coima de 35.000 millones
de dólares en viviendas, servicios sociales y becas. Ahí nomás en
Bahrein sueltan presos políticos pero la situación no se calma. En Irán,
el presidente Ahmadinejad no para de hablar, encantado, sobre el caos
en el mundo árabe, sin mencionar el creciente odio en su propio país. La
oposición en Yemen gana fuerza cada día.
Y no es cosa del Medio Oriente nada más. Es una crisis africana:
Túnez, donde todo empezó, es un país africano y esta semana un
desesperado veterano de guerra se quemó vivo frente al palacio
presidencial de Senegal, imitando a Mohamed Bouazizi, el vendedor
ambulante cuyo suicidio disparó la revolución tunecina. El espíritu de
la revuelta se extiende como un incendio a media docena de naciones
africanas desgobernadas, con serios disturbios en Mauritania, Gabón,
Camerún y Zimbabwe.Nadie está a salvo. Docenas de activistas chinos siguen detenidos o bajo vigilancia, y el gobierno cerró la red LindedIn para evitar protestas al estilo árabe. En lo que debe ser el régimen más represivo del planeta, Corea del Norte, el ejército reprimió una protesta en Sinuiji matando a cinco personas. Y no fue la única ciudad en manifestarse. Los generales que gobiernan Burma detrás de un fino barniz institucional no sacan el ojo de Medio Oriente, listos para volver a encarcelar a Aung San Suu Kyi a la primera señal de manifestaciones.
Nadie es inmune a esta ola de rebelión porque la globalización es un hecho. Los mercados están conectados de un modo íntimo y los problemas de uno enseguida se transforman en la furia del otro. Hace veinte años, las cosas eran más manejables. Cuando la producción de granos de la Unión Soviética se cayó en los años ochenta y un país que había sido exportador de granos tuvo que importarlos, el resultado fue la caída del sistema en unos pocos años. Pero eso fue todo. Hoy no hay esos diques y, gracias a las comunicaciones digitales, las cosas se aceleraron.
¿Por qué ahora? Hay varias explicaciones en oferta: nuevas poblaciones urbanas con educación y sin empleo, décadas de resentimiento acumulado contra lo que Peter Bergen, de la New American Foundation, define como “cleptocracias autoritarias y endogámicas que no saben gobernar”, Facebook y Twitter subvirtiendo el control de la población.
Lo que no aparece en la lista, para el asombro y alivio de EE.UU. y Europa son las cosas que se suponía eran la base del populismo árabe: el fundamentalismo islámico combinado con antisionismo y antiamericanismo. Como destacó un egipcio tras la caída de Mubarak, en ningún momento en las semanas de disturbios se le ocurrió a alguien atacar las embajadas de Israel o de Estados Unidos, aunque están a unas cuadras de la plaza Tahrir. “Ni siquiera les tiraron una botella de Coca”, dijo.
Claro que esto no significa que los aliados de Al Qaida no vayan a tratar de aprovechar el caos en Libia, tratando de que sea una Somalia en el Mediterráneo. Y nada garantiza que estas revueltas resulten en democracias. Es que la raíz verdadera de estos eventos, más allá de las discusiones sobre redes sociales, es un problema que va a empeorar en los años próximos, un problema que nadie puede realmente controlar.
La primera advertencia fue un documento publicado en diciembre en la página de la FAO, la organización dedicada a la alimentación y la agricultura de la ONU. “Los recientes episodios de extrema volatilidad de precios en los mercados agropecuarios internacionales anuncian riesgos crecientes y más frecuentes para la seguridad alimentaria del mundo. Hay un creciente consenso sobre que el sistema global de producción de alimentos es más vulnerable y susceptible a episodios de extrema volatilidad de precios. A medida que los mercados se integran en la economía mundial, los cambios en la arena internacional pueden ahora trasladarse y propagarse a los mercados locales de un modo más rápido.”
Estos cambios ocurrieron lejos de El Cairo y de Trípoli. Incluyeron incendios en Rusia que destruyeron cientos de miles de hectáreas de granos, fuertes lluvias en Canadá que arruinaron la cosecha de trigo, un verano caluroso y seco en Argentina que disminuyó la cosecha de soja,
inundaciones en Australia que arrasaron el trigo. Medio Oriente, con su superpoblación y sus desiertos, importa la tercera parte del trigo del mundo. El efecto combinado de estos problemas en los países productores le creó una inflación en la canasta alimentaria del 32 por ciento en el segundo semestre de 2010.
La FAO atribuye esta volatilidad extrema de los precios a los desastres naturales como los terremotos, tsunamis y ciclones. “Históricamente, los episodios de extrema volatilidad son raros. Como los desastres naturales, tienen una baja posibilidad de ocurrir pero crean grandes riesgos y costos a las sociedades que los sufren.”
A comienzos de 2008 ocurrió otra cadena de problemas similar que causó disturbios por el precio de los alimentos en cuarenta países, de Haití a Bangladesh, pasando por México, Uzbekistán y Eritrea, además de otros que volvieron ahora a las primeras planas, como Yemen, Egipto, Marruecos, Mauritania, Senegal y Zimbabwe. Estos son parte de la lista de 80 países que combinan bajos ingresos con poca producción de alimentos, lo que los deja particularmente expuestos a las fluctuaciones de precios. En esos países, importar alimentos puede llevarse el 70 por ciento de los ingresos. Cuando el precio de las harinas y los granos sube un 30 por ciento, el resultado es extremadamente duro, tan duro que la gente sale a la calle.
El jefe del equipo económico de la FAO, Abdolreza Abbassian, anunció a su manera seca y académica el desorden que venía. “Se está poniendo incómodo”, dijo en diciembre. “Varios países, especialmente países pobres, dependen demasiado de los mercados internacionales y tienen que importar alimentos a precios mayores. No es posible predecir si esto producirá disturbios como los que vimos en 2008.”
Para los pobres de Medio Oriente, la suba de precios de comienzos de este año fue como un segundo terremoto en tres años. Pero al contrario de con un terremoto, esta vez había a quién echarle la culpa. Tan central era el problema, tan grande la furia, que cuando las marchas desbordaron las calles de Túnez el presidente Zine el Abidine Ben Ali declaró el estado de emergencia y al mismo tiempo prometió reducir el precio de la canasta alimentaria. Fue poco y fue tarde; para mediados de diciembre era historia.
Cuando el derrocado presidente partía al exilio, The Washington Post se preocupó con la posibilidad de que “estemos viendo el comienzo de una segunda ola de protestas mundiales por los precios de los alimentos”. Ya sabemos que las cosas resultaron algo diferentes: disturbios en 2008, revoluciones en 2011. La pregunta es dónde ocurrirán los próximos eventos y qué serán.
De The Independent, de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Fuente, vìa :
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-163162-2011-02-27.html
Imagen efe
Mundo : El humor negro de las dictaduras Robert Fisk
En una antigua
y bastante manoseada tienda de regalos del distrito Zamalek, en El
Cairo, pregunté esta semana al dueño si tenía a la venta una foto de
Saad Zaghloul. Más tardé en decirlo que él en sacar de una bolsa de
papel de la trastienda un retrato del prócer, padre de la verdadera
lucha por la independencia de Egipto, héroe de 1919, cuando el pueblo
–seculares y religiosos, musulmanes y coptos, hombres y mujeres por
igual– se levantó en manifestaciones callejeras y huelgas industriales
para exigir su libertad de Gran Bretaña. Suena familiar y hay razón para
que lo sea. He aquí una cita de El despertar del Egipto moderno, de Mohammed Rifaat, que pudo haber sido escrita por cualquiera de nosotros en las semanas recientes.
“El emblema revolucionario de la media luna abrazando la cruz, que se
ha puesto en alto en las procesiones y funerales, en mezquitas e
iglesias, ha demostrado desde entonces la unión entre los elementos de
nación… durante la revuelta, con sus hermanos, maridos y otros hombres,
exponiéndose a las penas más severas, las mujeres no podían sino tomar
parte en la lucha de los hombres por la libertad y la independencia.”
Vi los estandartes de la media luna y la cruz la semana pasada en la
plaza Tahrir, sin recordar su antecedente histórico de hace casi un
siglo. Leer el relato de Rifaat es correr la versión original en blanco y
negro de una película. La propagación de huelgas por todo Egipto, el
corte de líneas ferroviarias, la brutalidad de la represión –en 1919 por
soldados británicos que usaban balas de verdad en vez de las
cachiporras y el gas lacrimógeno de los matones de Mubarak–: fue un
modelo casi perfecto de lo que ocurriría en El Cairo casi un siglo
después. Y en 1919 hasta el presidente estadunidense hizo un acto digno
de Obama: en vez de adherirse a su evangelio de autodeterminación para
todas las razas y apoyar a los demócratas egipcios, de inmediato
reconoció el protectorado británico sobre Egipto.
La economía egipcia estaba tan quebrantada que llevaron a Talaat Harb
para que escribiera un informe sobre cómo hacer el sistema financiero
del país menos dependiente de las importaciones. La estatua de Harb se
levanta en la plaza que lleva su nombre, poco más allá de la plaza
Tahrir, en tanto la de Zaghloul está en un pedestal más alto, en la
esquina oeste del Puente de los Leones, sobre el Nilo.
La efigie de Zaghloul, quien fue deportado a las Seychelles por los
británicos –como de costumbre, lo sacamos de allí para hacerlo primer
ministro cuando convino a nuestros intereses–, quedó envuelta en el humo
de las granadas de gas lacrimógeno cuando los manifestantes por la
democracia finalmente combatieron a los policías y a su mafia no
uniformada, el pasado 28 de enero. En mi fotografía es un anciano de
ojos entrecerrados y párpados arrugados, de bigote cano, vestido de
traje con corbata y cuello alto: un rostro que podría ser el de un
campesino del Nilo si no fuera por el tarbuch otomano en la cabeza. Está sentado en un ornamentado sillón seudo Luis XVI.
Cuando regresé a Beirut, mi enmarcador de fotos quería ponerle un
marco grueso de color café, como de abuelo, que le daba un aspecto de
pariente finado. Probé con uno rojo, que lo hacía ver como un
revolucionario ruso. Luego verde, que sugería que pudo haber sido
fundador de la vieja Hermandad Musulmana.
Aunque me fascinan los hombres del pasado, ahora todos estamos
clavados en el destino de Mubarak. ¿Está enfermo, agonizando en
Alemania? ¿Qué lo poseyó para aferrarse tanto y tan inútilmente? ¿Qué
poseyó a Clinton –y a Obama– para tolerarlo en las primeras dos semanas
de la nueva revolución egipcia? Como visitante frecuente de Washington,
creo que puedo entender.
En Washington la presidencia, el Departamento de Estado y el
Pentágono están tan esclavizados a todo lo de Israel, que la
inteligencia israelí –la cual, por sus propias razones, quería mantener a
Mubarak de dictador– tiene más peso que los reportes diplomáticos
estadunidenses o sus propios archivos de inteligencia. Por eso Robert
Gates elogió la
prudenciadel ejército egipcio cuando debió haber encomiado la de los millones de manifestantes. Por eso Clinton habló todavía en los primeros días de la
estabilidadde Egipto. Y por eso Obama, después de la revolución, escogió encabezar su respuesta a este acontecimiento crucial elogiando a Egipto por mantener
sus tratados de paz, como el que tiene con Israel. En esto Obama se vio muy astuto, porque sin duda sabe que el único (repito: el único) tratado de paz que tiene Egipto es con Israel. Sus otros vecinos son amigos.
Cierto, los estadunidenses están todos en Babia. Como estuvieron
cuando lo de Túnez. Ahora resulta, gracias a una auténtica primicia de Le Monde,
que el presidente Ben Alí en realidad no quería huir de su país.
Planeaba llevar a su familia inmediata a un refugio seguro en Riad y
volver a Túnez a la mañana siguiente para continuar su reinado. Sólo
cuando la tripulación de Tunisair llegó a Arabia Saudita y vio en la
sala VIP del aeropuerto que Al Jazeera anunciaba el derrocamiento de Ben
Alí, llamó a Túnez y recibió un nuevo plan de vuelo para despegar a la
1:30 del día siguiente. Discretamente emprendió el vuelo mientras el
presidente dormía, y Ben Alí se quedó sin avión en Riad. Recordatorio a
todos los pasajeros de aerolíneas: no confíen en su tripulación, sobre
todo si ha estado viendo Al Jazeera.
Sin embargo, la farsa de la dictadura continúa –porque el humor negro
de los atroces regímenes que han humillado al mundo árabe tiene un
fuerte sabor de comedia. ¿Podría haber, por ejemplo, un símbolo más
terrible de este mundo oscuro que esa joven siria de 19 años llevada a
rastras esta semana a un tribunal especial de seguridad en su país
–encadenada y vendada de los ojos, por Dios– para ser sentenciada por
utilizar la Internet para
revelar información que debió permanecer en secreto a una potencia extranjera? Su verdadero crimen fue pedir un papel en fraguar el futuro de su país y quejarse de que Obama debía hacer más por los palestinos. Vestida de pantalones y gorro de lana –las prisiones en Siria no tienen calefacción central–, recibió una sentencia a cinco años.
Obama, por supuesto, guardó un silencio ratonero, igual que cuando la
policía egipcia robó unos autos de la embajada estadunidense en El
Cairo y los usó para atropellar manifestantes en las calles. Sólo cuando
imágenes en video revelaron la identidad de los vehículos blindados
reconoció la embajada que los habían robado de allí. No lo informó antes
porque, sobra decirlo, no quería revelar que fueron los esbirros de
Mubarak quienes se los llevaron.
De vuelta en el paraíso de Beirut –y sí, se acerca una tremenda e
incendiaria batalla entre Hezbolá en el gobierno y la oposición
democrática que ha gobernado Líbano desde el asesinato del ex primer
ministro Rafiq Hariri, hace seis años–, tengo que decidirme sobre el
marco para la fotografía de Zaghloul. Al final –como si ustedes no lo
hubieran adivinado ya– le puse un marco dorado.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya
Fuente, vìa :
http://www.jornada.unam.mx/2011/02/27/index.php?section=opinion&article=004a1pol
http://www.jornada.unam.mx/2011/02/27/index.php?section=opinion&article=004a1pol
domingo, 27 de febrero de 2011
Mùsica : Oleg O. Kachanko.
Москва, Rusia
bmruDaydream
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Boutique Music
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Mùsica : Ska-P - 2001 - Planeta Eskoria
Ska-P - 2001 - Planeta Eskoria
- 01. Planeta Eskoria - 4:20
- 02. Vergüenza - 3:51
- 03. Como Me Pongo - 2:45
- 04. El auténtico - 3:41
- 05. Naval Xixón - 3:34
- 06. La mosca cojonera - 3:57
- 07. Eres un@ más - 4:16
- 08. Derecho de admisión - 5:31
- 09. A la mierda - 3:54
- 10. E.T.T's - 4:08
- 11. Lucrecia - 4:29
- 12. Tío Sam - 4:21
- 13. Violencia machista - 4:11
- 14. Mestizaje - 4:31
/www.perrerac.org
Mùsica : piano.guitar. Brainfall
Guitars and keys, this is piano.guitar. A music project of Chris and
Peter. Our music style is a relaxed one. The music is very special and
not mainstream. Hope you like it. Since we like Brazilian music we added
one samba at the end.
Mùsica: Piano, autores clàsicos, Descargas Libres desde Piano Society
196 pianistas de la Piano Society 5, 000 grabaciones de 244 compositores

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Y todo por descargas libres.................una delicia para el oìdo

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Piano Society
Free Classical Recordings
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Mùsica : Rock and Roll: Grandeza y Miserias (2ª Parte) Carlos Tena

En una sociedad regida por la moral cristiana (es un decir), cuya aplicación tuvo y tiene en el mundo llamado civilizado (el primero en lo económico) más de Inquisición que de defensa de las buenas costumbres, el sexo constituyó el primero de los ingredientes a combatir por las autoridades – por tanto, un pingüe negocio – que en aplicación de lo que se suele denominar libertad de expresión, se compensaba con la permisividad y promoción de publicaciones eróticas, habida cuenta de los beneficios que se obtenían gracias a las debilidades y frustraciones humanas, como con el hoy satanizado tabaco, el alcohol y otra serie de drogodependencias legales. A finales de 1965, la industria norteamericana del disco (Columbia, Crystalate, Decca Records, The Gramophone Company, Pathé, Victor), por tanto del rock and roll, potenciaba el consumo de aquellas tentaciones, generando un 500% de beneficios sobre los obtenidos en 1960.* La influencia del R&R sobre las jóvenes generaciones, allende el Atlántico, Pacífico y el Río Grande, tuvieron una decisiva importancia en el desarrollo de la música popular, desde Gran Bretaña, Centro y Sur de América, pasando por Francia, España e Italia, que hasta entonces se habían limitado a proteger su industria discográfica, con imitadores de las estrellas norteamericanas, tales como Johnny Halliday en Francia, Los Teen Tops en México, Los Estudiantes en España, Adriano Celentano en Italia o Los Llopis en Cuba. Pero no era solo aquella catarata de ritmo la que inundaba las ondas. Las edulcoradas canciones de decenas de solistas y grupos como los inigualables The Platters, cuyos mensajes hablaban habitualmente de amores no correspondidos, hallaron una contundente respuesta al otro lado del Atlántico, con la llegada de un tema titulado Love me Do. ¡Habían llegado The Beatles ¡, cabeza de puente entre EEUU y Gran Bretaña, estandarte de la llamada British Invasion, que acabó abruptamente con el reinado del R&R yanqui, aunque las bandas de Liverpool, Londres o Glasgow fueran hijas directas de aquel.
El optimismo y la vivacidad que distinguían a los músicos jóvenes de Liverpool (inherentes a las bandas surgidas en aquel tugurio llamado The Cavern), que se dio en llamar Mersey Sound* (tomado del río que atraviesa aquella ciudad inglesa), contagiaron a millones de adolescentes, cansados por un lado de Elvis Presley, sus versiones de obras ya consagradas e impostación vocal, a lo que había que añadir su nuevo look, en el que su vestimenta habitual se hallaba más cercana a la de una luminaria circense, que a la de un rockero.
El cuarteto más célebre de la historia, con traje oscuro, botines negros, camisa blanca y estrecha corbata, supo cambiar radicalmente el escenario de mediados de los años sesenta, lanzando un slogan clavado en las antípodas de los temas sentimentales: ¡She loves you, yeah, yeah¡ (¡Ella te quiere, sí, sí¡…), compensaba los lamentos del She Don’t Love me Anymore (Ella no me quiere más), típico de mil canciones románticas de la época.
Aquella sencillez de las primeras obras del cuarteto, el fenómeno social que provocó su irrupción en el mundo de la música joven, acrecentado con la frescura de los filmes que dirigió Richard Lester (A Hard Day’s Night y Help¡), sus nuevas propuestas sonoras, asumiendo la responsabilidad de sus obras, hasta en el punto de decidir cómo debían ser las portadas de sus discos (Sargeant Pepper’ s, Rubber Soul); su constante interés y profesionalidad a la hora de debatir y discutir arreglos y mezclas, la innegable evolución estética de su producción musical, no han tenido parangón, incluso en el siglo XXI.
Discográficamente, John, Paul, George y Ringo, cuarenta años después de su separación (la vida artística de los Beatles duró tan solo ocho años), detentan por derecho propio la categoría de clásicos. Sus discos oficiales, todas sus maquetas, todas las sesiones de estudio y actuaciones en directo que la compañía EMI nunca imaginó publicar, han ido apareciendo de forma paulatina, como una demostración palpable de aquello que, el 23 de Abril de 1984, me comentaba Eric Burdon (The Animals), tras una memorable actuación celebrada dentro de los actos culturales del Día de Castilla y León (Villalar de los Comuneros, Valladolid): En Estados Unidos toda la buena música era negra. Los colonos se limitaron a seguir cantando música country y folklore europeo. En cualquier ciudad de los USA puedes encontrar músicos formidables, pero no hay libertad para la creación, no hay debate artístico, ni sentido del humor.Todo lo dirige la industria. Y en aquellos años tan esperanzadores, en Gran Bretaña es donde se desarrollaban todas las nuevas tendencias del rock: desde el glam al punk, del heavy al sinfónico… Somos un país en el que los jóvenes crean estilos en la calle, en el barrio. Eso es arte popular.
Los grupos de rock emergentes entre los 60 y 70 del pasado siglo eran habitualmente tildados de provocativos e izquierdosos, de incitar a las mujeres a liberarse de sus monstruos internos, de sus viejas concepciones sobre la fidelidad, el amor, el matrimonio y la libertad. El slogan Haz el amor y no la guerra, acuñado en Woodstock por la comunidad hippie, alarmó a la sociedad yanqui con más fuerza aún que durante la etapa dorada del rock and roll, cuyos representantes más genuinos, comparados con Jimi Hendrix, The Doors, Rolling Stones, Janis Joplin o Country Joe and The Fish, resultaban personas dueñas de un tradicionalismo más que tranquilizador para aquel tipo de democracia.
Una buena parte de aquella glorias del rock and roll blanquecino, no soportaban su exilio en las ondas. Elvis Presley, el más afectado por las nuevas tendencias, odiaba aquel destierro artístico, aunque su público ya no era joven, ni rebelde. El llamado Rey del Rock (jamás aceptaré ese pretencioso título) inició su descenso al baúl de los mediocres cuando abandonó los vaqueros en el desván. Como apunté anteriormente, sus peinados, ropas o modelos, lucían brillantina, quincalla y oropel, lentejuelas y cinturones imposibles, a guisa de vedette de revista, lo que sumado a sus ademanes, repertorio y estilo, le llevaron finalmente al luminoso escenario Las Vegas, conocido artísticamente como El Cementerio de los Elefantes.
Ello provocó que el 21 de diciembre de 1970, un mosqueado Presley consiguiera cumplir uno de sus sueños, gestado a bordo de un avión de American Airlines, desde donde escribió de puño y letra una carta para el entonces presidente de los EEUU. Elvis quería que Richard Nixon le recibiera en la Casa Blanca. Lo consiguió. La breve charla demostró que ambos coincidían en varios puntos: la preocupación por las costumbres de los jóvenes, por el consumo de drogas, la amenaza del comunismo y los conflictos raciales, generados por las demandas de igualdad de derechos de los negros*.
El plan urdido por Elvis era convertirse en una especie de Agente Federal, para combatir las supuestas amenazas contra el régimen. Una decisión que le granjeó tantas críticas acerbas, como alabanzas en el mejor estilo John Wayne o Charlton Heston. Ofrecerse al servicio de un gobierno ultra conservador, justamente opuesto al espíritu del rock, rebelde y transgresor, no hizo más que demostrar la miseria moral, la tragedia de la estrella en declive, las contradicciones de alguien que había perdido un trono que jamás debió haber ocupado, y que paradójicamente, en pleno verano del 1977, aparecía muerto en Graceland, su mansión de Memphis, por una sobredosis de drogas. Un caso con sabor inequívocamente americano.
En los años 70, comenzó otra etapa más enrevesada en las formas y fondos, que las bandas, grupos y solistas aprovecharon para lanzarse de lleno a la búsqueda de un Grial melódico, bautizado de inmediato merced a la utilización de críticos musicales, a quienes se consultaba con la misma confianza con la que los griegos consultaba al Oráculo de Delfos, a la hora de hallar un nombre determinado, para una música que parecía (debía ser) original. Las nuevas acepciones eran tantas como el número de artistas.
Esa labor de padrinazgo tenía una lógica compensación económica, a la que se añadía otra clase de obsequios en forma de viajes, lujosos hoteles y limusinas, amén de todo tipo de regalos que aseguraban a los empresarios del sector la sumisión de aquellos profesionales, melómanos en su mayor parte, corruptibles en una amplia mayoría, que acostumbraban a ser los biógrafos (hagiógrafos en definitiva) de una determinada estrella del pop, a quienes se untaba, en ocasiones especiales, cual era un debut discográfico o el lanzamiento especial de una obra, perteneciente a una estrella consagrada o próxima a serlo.
Los locutores de las emisoras en las que el Hit Parade* era básico a la hora de mantener viva a la audiencia, precisaban de fórmulas de esa clase, cuando de presentar una canción se trataba, ya se tratase de Surf, Soul, Detroit Sound, Flower Pop, Christian Rock y otros.
Enterrado pues el otrora escandaloso meneo de pelvis (que hoy semeja en el mundo de habla sajona algo parecido al pop yeyé para los españoles, salvando las diferencias, que son enormes), la escena del rock, puro y duro, cedió su espacio a interminables variables en las que abundaban unos larguísimos riffs de guitarra, tan insoportables como los solos de batería y percusión, por muy profesionales e inspirados que fueran Robert Fripp o Jimmy Page, Ginger Baker o Nick Mason. Se trataba de un guiño infantil, un truco disculpable utilizado para demostrar genio y figura.
Las nuevas generaciones de músicos atravesaban por un período de introspección o psicoanálisis, de catarsis colectiva, de investigación exhaustiva sobre su condición de autores de una música llamada menor, ante la avalancha de opiniones de toda índole que aparecían en la prensa especializada. Las revistas Melody Maker, Musical Express, Record Mirror, Rolling Stone (que comenzó a publicarse en 1967), o incluso el Playboy, que prestaba sus páginas centrales a las estrellas de la música, eran lectura básica y obligada para cualquier melómano. Algunos de aquellos profesionales, como los británicos Charlie Gillet y John Peel, criticaban en sus artículos la escasa importancia que se concedía, dentro de la industria discográfica, a la calidad de las letras, producción y renovación tecnológica.
La cultura, grosso modo, ese terreno intangible, intrincado y misterioso, generador de debates, complejos y enormes deseos de pertenencia, parecía hasta entonces un espacio vetado a los Bárbaros del Ritmo. Bastaron los escritos y poemas del tándem Allen Gingsberg – Jack Kerouacs (la Beat Generation), la devoción de ambos por Bob Dylan y el rythm and blues; la espontánea decisión de Truman Capote para acompañar a los Rolling Stones en su American Tour de 1972, el memorable recital de Jim Morrison (The Doors) declamando varios poemas de Rimbaud y Baudelaire o la debilidad de Andy Warhol para con la Velvet Underground, para que el odeón desde el que emergen los nuevos caminos expresivos del arte, abriera de par en par sus oídos, puertas y salones a los músicos de aquella década.
Fue entonces, cuando algunos líderes del rock mostraron que la música clásica o culta, no les era ajena a la hora de componer. De todo ello hablaré en la próxima entrega.
Notas
1.- Las páginas de ofertas de trabajo en la prensa de la época, se llenaban de reclamos para cubrir plazas en departamentos que precisaban de personal especializado en aquellas nuevas y no tan modernas profesiones, como editores de música, productores, empleados de estudios, ingenieros de sonido, directivos de empresas discográficas, expertos en publicidad, asistentes en tiendas especializadas, en agencias de derechos de ejecución, presentadores de espectáculos de música en vivo, locutores musicales, agentes de prensa, promotores, salas de música, técnicos de equipo de sonido, de luminotecnia, managers, road-manager, periodistas especializados, fabricantes de instrumentos musicales y otros.
2.- Bajo ese apelativo fueron surgiendo varias formaciones que, a la sombra de los Beatles, trataban en vano de emular el éxito del cuarteto. Entre ellas figuraban The Merseybeats, Gerry & The Pacemakers, The Searchers, The Troggs, The Nashville Teens, etc.
3.- La carta de Elvis a Nixon (de la que ofrezco unos párrafos), decía así:
Estimado Sr. Presidente:
En primer lugar, me gustaría presentarme. Mi nombre es Elvis Presley. Le admiro y siento un gran respeto por su trabajo. Pude charlar hace días con el Vicepresidente Spiro Agnew, en Palm Springs, al que expresé mis preocupaciones sobre nuestra patria. La cultura de la droga, los hippies, los Panteras Negras, etc. no me consideran todavía un enemigo (…/…) Ellos, para referirse a nuestra patria dicen establishment, y yo América, que me encanta. Si usted quisiera yo podría servir de ayuda a nuestro país. No tengo otras preocupaciones, ni motivos diferentes de los que le digo, para ponerme al servicio de la nación. (…/…) Deseo un título, un trabajo como Agente Federal, dado que en mi carrera tengo contactos con personas de todas las edades. En primer lugar y ante todo, yo soy un artista, pero todo lo que necesito es las credenciales federales. Estoy en el avión con el senador George Murphy y hemos estado discutiendo los problemas a los que se enfrenta nuestro país. (…/…) Estaré en este hotel siempre y cuando se me necesite para obtener ese documento. He hecho un estudio a fondo del uso indebido de drogas y del típico lavado de cerebro que suelen hacer los comunistas, y creo que soy de gran ayuda (…/…) Estoy nominado como una de las 10 personas más destacados para los jóvenes de América. Será en el 18 de enero en mi ciudad natal, Memphis, Tennessee. Me encantaría conocerle sólo para decirle hola, si no está demasiado ocupado.
Respetuosamente,
Elvis Presley
P.D.: Creo que usted, señor Presidente, fue también uno de los diez hombres más destacados de América. Tengo un regalo para usted que me encantaría entregarle en persona.
4.- En la terminología de la música popular, el Hit Parade (denominado en inglés) es una clasificación permanente de canciones en boga, con relación a sus ventas de discos y frecuencia de emisión en los medios radiofónicos. Durante la década de 1960, el más importante en Gran Bretaña era el oficialista Top of The Pops de la BBC. En el continente fue Radio Luxemburgo la primera estación europea en utilizar ese método de caza y captura de audiencia. En USA, las revistas Cashbox y Billboard, ambas generosas con las editoras discográficas, publicaban su Top 100 con periodicidad mensual, ofreciendo a sus suscriptores una novedad digna de mención, como era el envío, cada 30 días, de diez discos sencillos que contenían otras tantas novedades destacadas del mes en curso. Pero el más exitoso entre los jóvenes del viejo continente, fue el ofrecido por Radio Carolina, emisora pirata desde cuyas instalaciones (dentro de un barco anclado fuera de las aguas jurisdiccionales británicas) se programaba una suerte de Anti Hit Parade, en el que sonaban los discos más interesantes del momento, fuera de los circuitos comerciales.
Blog del autor: http://tenacarlos.wordpress.com/2011/02/23/rock-and-roll-grandeza-y-miserias-2%C2%AA-parte/
Fuente, vìa :
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123172
Mùsica : Rock and Roll: Grandeza y miserias (I) Carlos Tena . Rebelión
En 1951, en la localidad de Cleveland (Ohio), el disc jockey Alan Freed (1921 – 1965) estrenaba un programa musical, titulado Moondog’s Rock’n'Roll Party, a ritmo de blues y música country, lo que le aseguraba una audiencia en la que se mezclaron con idéntica fidelidad, las comunidades negras y blancas del estado. Freed, familiarizado con la música de décadas anteriores, tuvo la genial idea de utilizar esos dos verbos, habitualmente unidos en el argot popular (que vienen a ser un eufemístico equivalente de nuestro radical palabro follar)* para describir la música que salió al aire en la estación de WJW (850 AM), aunque su uso también se le acredita a la tienda de discos de Leo Mintz, patrocinador del espacio, quien animó a los directivos de la emisora a realizar programas de esa clase, necesarios para mitigar, en parte, el daño moral que la II Guerra Mundial había causado en el ánimo de los jóvenes.
Sobre la base de su éxito en Cleveland, Alan fue contratado poco tiempo después por la estación neoyorquina WINS. Tres años más tarde, en 1954, el programa era simultáneamente retransmitido por más de cuarenta emisoras. Sin embargo, los términos rock and roll (como la historia de la música popular no puede negar), habían figurado con anterioridad en decenas de canciones, aunque nadie puede hurtar al mentado Freed el padrinazgo radiofónico de tal apelativo.
El rock and roll nació pues con fórceps (ya hablaremos en otros artículos de sus decenas de derivados), pero el éxito popular le ha acompañado durante más de medio siglo, gracias a la astucia y oportunismo de aquel profesional de la radio, que se convirtiera además en la primera víctima voluntaria de la payola*, como se conoce la estrategia de los sellos discográficos para comprar la opinión de un locutor por un puñado de dólares (fue condenado en 1962), y poco más tarde de la drogola, una misma forma de corrupción, pero abonada en especie, con toda clase de sustancias, alucinógenos, hierbas y otros productos usados en farmacia, como la cocaína, la belladona y el opio.
Sin ir más lejos, la Cadena SER (hoy propiedad de Prisa), en su espacio Los 40 Principales, viene realizando una labor similar desde hace decenios, como cliente, vendiendo a los sellos discográficos sus tiempos de emisión (publicidad encubierta), dotándose en los años 80 de su propia editorial (que percibe derechos de autor de las canciones que emite) mientras sus disc-jockeys se limitan a alabar las virtudes de un supuesto número 1, que nunca corresponde a tal guarismo, según las cifras de ventas, pero sí sonando decenas de veces al día, manipulando a una audiencia adolescente, en base a repetir un mismo tema*.
Alan Freed era dueño de un estilo sobrio, agudo en los comentarios, aunque no tuviera ni pajolera idea de la estructura rítmica del rock and roll, definida magistralmente como una perfecta simbiosis entre el boogie boogie y el rhythm and blues, por un pianista y cantante tan lúcido y vistoso como Little Richard, quien se definía a sí mismo como The Queen of R&R ( La Reina del R&R), aunque su nombre de pila fuera Richard Penniman, erigiéndose en uno de los primeros músicos a los que no importaba mostrar de manera abierta su condición sexual (Black, Gay and Beautiful). Nacido en los barrios marginales de Macon (Georgia), una de las metrópolis más racistas del sur de los Estados Unidos de Norteamérica, la sociedad blanca se decidió a anularlo mediáticamente, como a tantos otros, hasta años después de que apareciese en televisión un joven aniñado, de raza blanca, llamado Elvis Aaron Presley, a quien abrió la puerta un regordete guitarrista blanco llamado Bill Haley (1925 – 1981), acompañado en su época por un combo llamado The Comets.*
Todo ello, acontecía a mitad de la década de los 50, pero como señalé anteriormente, el rock & roll ya había sido lanzado oficiosamente años antes por Big Joe Turner (1911 – 1985), uno de sus precursores más notorios, autor de temas que no se programaban en las emisoras de radio, vetadas en su mayor parte a la comunidad negra hasta bien entrado el decenio siguiente.
Turner, de quien Doc Pomus* (1925 – 1991) dijo “Sin él, el rock and roll jamás habría existido”, legó a la posteridad canciones como Roll ‘ Em, Pet o Cherry Red (1939), además del archiconocido Shake, Rattle and Roll (1954), al lado de Rosetta Tharpe (1915 – 1973), una espléndida vocalista de góspel que obtuvo cierto éxito en 1938 con canciones como la singular Rock Me, sin olvidar a su compatriota y colega Erline Harris (1914 – 2004) a quien apodaban Erline Rock and Roll Harris, autora del tema titulado Rock and Roll Blues (1949). Otros registros importantes de la década de 1940 y principios de 1950, previos a la explosión manipulada del rock and roll blanqueado, fueron los compuestos por autores negros como Bob Robinson con Rock and rolling (1939), Roy Brown y su Good Rockin’ Tonight (1947), Amos Milburn con Chicken Shack Boogie (1947), Jimmy Preston y su Rock the Joint (1947) o el maravilloso pianista Fats Domino con The Fat Man (1949)
Cuando los cantantes blancos, encabezados por aquel estúpidamente sacralizado muchacho de Tupelo, de acariciante voz y estilo teatral, dulcificaron el mensaje primigenio de la comunidad negra (ocultando el meneo de caderas, que jamás se consintió en la pequeña pantalla hasta la llegada de Presley), el rock pasó un ser un objeto de consumo de la burguesía media, de la nobleza europea, hasta llegar a la actualidad, en la que los primeros clientes en obtener entradas para un concierto de los Rolling Stones o Bruce Springsteen, son príncipes, infantas, duques y otros miembros de la inutilidad social. Cuando ello acontece, una de dos: o la realeza ha abandonado el vals, aburguesándose a la baja, o el rock ha perdido su mensaje primigenio antibelicista, de ruptura, crítica social y abierta voluptuosidad.
La siguiente generación a Elvis surgió teñida con el espíritu del Mayo parisino, enfrentando a la industria y al colectivo artístico, en una etapa en la que convivieron los hijos de la revuelta del sesenta y ocho (una nueva casta intelectual, adinerada y hedonista) hermanada con un enorme colectivo que asumía el compromiso político y social, defendiendo la generosidad, la solidaridad y protesta contra las agresiones e invasiones de la democracia del primer mundo. Un tiempo inolvidable, que llenaba espacios, escenarios y pantallas, con cantantes, grupos y conciertos contestatarios (Woodstock, Monterrey o en de la Isla de Wight), que la poderosa maquinaria norteamericana aplicando la ecuación censura-escándalo-control-edulcoración-relanzamiento, demostraba una vez más que a la hora de explotar una nueva corriente artística, radical y heterodoxa, es posible maquillarla a conveniencia, fabricando un nuevo producto que no pudiera ser considerado peligroso para los empresarios, políticos y fuerzas armadas.
La revuelta que provocó la invasión yanqui en Vietnam, fue una Revolución en toda regla, frente a la tibieza, indolencia y desinterés colectivo ante las matanzas y genocidios cometidos por el ejército USA entre 1980 y 2011 en otras áreas geográficas (particularmente Irak y Afganistán). Quienes de forma valiente y rotunda mostraron su protesta más firme, criticando al régimen de los Ford, Reagan, Clinton y Bush (padre e hijo), como fue el caso de Neil Young, Susan Sarandon, Tim Robbins, Oliver Stone, Pink, Dixie Chicks, Steve Van Zandt o Sean Penn, se arriesgaron a perder fama y fortuna, pasando a formar parte de una lista negra, hoy blanqueada en parte por el indeciso Obama. Ninguno de los señalados son precisamente jóvenes (excepto Pink y las Dixie), quedando claro el desinterés de las jóvenes generaciones americanas por los crímenes que cometen sus gobiernos en el exterior. La estrategia de las compañías de discos, en este siglo XXI, lleva a sus ejecutivos a preocuparse más por el copyright y las descargas ilegales, que por contratar estrellas comprometidas con el pacifismo y un mundo mejor.
Ello no borra la miseria moral, la injusticia y el racismo que cayeron sobre los auténticos representantes del rock and roll. Genios como Muddy Waters, Chuck Berry, Larry Williams, Bo Diddley o los ya nombrados Fats Domino y Little Richard, fueran ocultados por la poderosa televisión de los cincuenta, mientras productores y cazatalentos se lanzaban a las calles para dar con un hombre blanco que sustituyera a esos negros y sus eróticos ritmos. El gobierno de Eisenhower, como en de Nixon, impartió las órdenes oportunas: Si la juventud norteamericana debía presenciar un espectáculo musical, que despertara unos irrefrenables deseos sexuales, al menos, que fuera gracias a un macho blanco, se llame Jerry Lee Lewis (por otro lado, genial como pocos), Elvis Presley, Eddie Cochran, Gene Vincent, o los insoportables Pat Boone y Frankie Avalon. Y que yo sepa, esa deuda inmensa no ha sido hasta hoy satisfecha.
Notas
1.- Términos que se utilizan con frecuencia juntos (empujar y girar) para describir el movimiento del cuerpo en contacto sexual. En 1934 fue utilizado por las Boswell Sisters en su canción “Rock and Roll”, que aparece en las película Transatlántic Merry-Go-Round (dirigida por Benjamin Stoloff en ese mismo año), nunca estrenada en España.
2.- La técnica de la Payola está vigente en España dentro del periodismo escrito, radiofónico y televisivo, aunque quienes paguen hoy a comunicadores, intelectuales y artistas, por su silencio o apoyo, sean fundamentalmente figuras de la política. La sociedad tildó a esos profesionales con diversos apelativos: Los del Pesebre (en tiempos de Felipe González), Los de la Zeja (aludiendo al presidente Zapatero), y Los del Percebe (que apoyan al líder neo franquista Mariano Rajoy).
3.- Si una canción de una estrella musical suena periódicamente en una cadena potente como la mentada, parte de los derechos que corresponden al autor/es pasan a ser propiedad de la misma entidad, que habría firmado un contrato con la editorial del creador, por el que se le retiene, en ocasiones, hasta el 75% del monto que posteriormente llegará a las arcas de la SGAE. Tras los pagos y deducciones correspondientes, un autor pierde ese porcentaje del dinero que debería percibir, si no estuviera obligado por su compañía de discos, a firmar acuerdos que lo permiten. Y en caso de no aceptar, el artista se queda sin contrato hasta que encuentre otro sello discográfico, que probablemente no podrá hacer una gran promoción de su estrella, por las presiones ejercidas desde ese entramado que forman Editoras – Emisoras.
4.- Es notorio que Alan Freed firmó en su época varios de los éxitos de Chuck Berry, como pago para que este pudiera actuar en la televisión. Muerto el vivo, los tribunales reintegraron a su autor la propiedad intelectual de esas canciones, pero no así el dinero que el presentador le había hurtado.
5.- Cuando Alan Freed debutó en la televisión, tuvo que aceptar la prohibición de uno de sus espacios, en los que Frankye Lymon, de raza negra, aparecía bailando con una muchacha blanca.
6.- Nacido en Brooklyn (Nueva York) Doc Pomus (su nombre real era Jerome Solon Felder) renunció a cantar para dedicarse a la composición. Colaboró con el pianista Mort Shuman, con quien escribió decenas de obras millonarias en beneficios, cientos de temas de éxito perdurable, como: Teenager in Love, Save The Last Dance For Me, Hushabye, This Magic Moment, Turn Me Loose, Sweets for My Sweet, Can’t Get Used To Losing You, Little Sister, Suspicion, Surrender, Viva Las Vegas y His Latest Flame (Marie’s The Name), que grabarían sendas estrellas del pop y el rock, desde Elvis Presley a Ray Charles, pasando por Dion DeMucci, Andy Williams, Bobby Rydell, Twiggy, Brook Benton, The McCoys, Alexis Korner, Bobby Charles, Bobby Darin, Fabian, Dusty Springfield, Connie Francis, Brenda Lee, The Lovelites, LaVern Baker, Major Lance, Manfred Mann, Amen Corner, y llegando a The Byrds, Big Joe Turner, The Beach Boys, The Mystics, Ben E. King, Cissy Houston, The Flamingos, Ike y Tina Turner, The Coasters y The Drifters.
Vìa :
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=122821
Chile : Fragilidad y temor al ser humano son los miedos que más afectan a la población a 1 año del terremoto . escrito por Prensa Unab
Desde vivir en altura hasta desconfiar de la conducta de otros pares afecta
n
a un grupo de personas que vivieron el terremoto y maremoto de 2010.
Los tiempos de recuperación dependerán si el evento fue muy traumático,
unido a la personalidad de quien fue protagonista.
A un año del terremoto 8.8, los recuerdos y efectos de este sismo no
han desaparecido de la población, especialmente en las zonas más
golpeadas como Bío Bío y El Maule. Deben convivir con máquinas en las
calles, edificios colapsados, falta de servicios y el fantasma de una
catástrofe que se niega a esfumar y que, por el contrario, se hace
presente con réplicas.
Más allá de los hechos, el terremoto produjo modificaciones en la conducta personal y colectiva de millones de chilenos, que en vísperas de la primera conmemoración, salen a flote.
Macarena Norambuena, psicóloga de la Universidad Andrés Bello, explica que los cambios tras el sismo dependen mucho de cómo se vivó la experiencia, si hubo pérdidas, por ejemplo. Sin embargo, a nivel general, todos volvimos a conectarnos con el hecho de vivir en país sísmico y, por ende, la vulnerabilidad se hizo más presente este año. “Entendimos que no tiene que ver con religiones, pensamientos políticos, clase social; sino que los fenómenos de la naturaleza nos afectan a todos por igual, en mayor o menor medida”.
Según la experta, todo depende si el evento fue muy traumático, unido a la personalidad del afectado. Nunca es sólo el sismo el que ocasiona un trauma, sino cómo esa personalidad vivenció aquello. Puede ser que alguien nunca más quiera vivir en edificios por que pasó el terremoto en altura, y que gente que perdió familiares y casa en el maremoto vuelva a vivir frente al mar.
El fantasma del miedo
Los principales miedos que se ven expuestas las personas tienen que ver con sentirse frágiles, vulnerables, incluso temor a los propios humanos (al recordar los saqueos, como el caso de Concepción) y a perder el control sobre las cosas.
La psicóloga precisa que no se puede hablar de “normalidad” o no, en el tiempo que se mantienen estos miedos. Si alguien aún lo pasa mal y su cotidianeidad se ve interrumpida debería consultar por ayuda, para sobrellevar mejor futuros episodios que puedan ocurrir y así poder vivir más tranquilo.
Respecto a un eventual nuevo suceso sísmico que repita la conducta del saqueo, asegura que no se puede predecir, pues todo dependerá de si es de noche o de día, cuál es la magnitud del evento, qué cosas digan los medios para calmar a la gente, etc.
“Mientras la gente se sienta más vulnerable tratará mediante todos los medios de suplir las necesidades básicas y en estos casos se pierde el juicio personal y se comienza a actuar en masas”.
Si cada persona está más preparada para afrontar nuevamente un episodio como el del 27 de febrero pasado, se podría pensar que la vulnerabilidad no debería ser tan alta, por ende, la desesperación menor.
Más allá de los hechos, el terremoto produjo modificaciones en la conducta personal y colectiva de millones de chilenos, que en vísperas de la primera conmemoración, salen a flote.
Macarena Norambuena, psicóloga de la Universidad Andrés Bello, explica que los cambios tras el sismo dependen mucho de cómo se vivó la experiencia, si hubo pérdidas, por ejemplo. Sin embargo, a nivel general, todos volvimos a conectarnos con el hecho de vivir en país sísmico y, por ende, la vulnerabilidad se hizo más presente este año. “Entendimos que no tiene que ver con religiones, pensamientos políticos, clase social; sino que los fenómenos de la naturaleza nos afectan a todos por igual, en mayor o menor medida”.
Según la experta, todo depende si el evento fue muy traumático, unido a la personalidad del afectado. Nunca es sólo el sismo el que ocasiona un trauma, sino cómo esa personalidad vivenció aquello. Puede ser que alguien nunca más quiera vivir en edificios por que pasó el terremoto en altura, y que gente que perdió familiares y casa en el maremoto vuelva a vivir frente al mar.
El fantasma del miedo
Los principales miedos que se ven expuestas las personas tienen que ver con sentirse frágiles, vulnerables, incluso temor a los propios humanos (al recordar los saqueos, como el caso de Concepción) y a perder el control sobre las cosas.
La psicóloga precisa que no se puede hablar de “normalidad” o no, en el tiempo que se mantienen estos miedos. Si alguien aún lo pasa mal y su cotidianeidad se ve interrumpida debería consultar por ayuda, para sobrellevar mejor futuros episodios que puedan ocurrir y así poder vivir más tranquilo.
Respecto a un eventual nuevo suceso sísmico que repita la conducta del saqueo, asegura que no se puede predecir, pues todo dependerá de si es de noche o de día, cuál es la magnitud del evento, qué cosas digan los medios para calmar a la gente, etc.
“Mientras la gente se sienta más vulnerable tratará mediante todos los medios de suplir las necesidades básicas y en estos casos se pierde el juicio personal y se comienza a actuar en masas”.
Si cada persona está más preparada para afrontar nuevamente un episodio como el del 27 de febrero pasado, se podría pensar que la vulnerabilidad no debería ser tan alta, por ende, la desesperación menor.
Fuente: Prensa Unab Concepción
Chile : A un año del terremoto, las secuelas siguen a la vista. Por EFE / The Clinic Online
Un año después del terremoto de 8,8 grados en la escala de
Richter que a las 03.34 del sábado 27 de febrero de 2010 estremeció
Chile durante casi tres minutos, las secuelas sociales, políticas y
económicas de aquella tragedia siguen a la vista.
El terremoto de Chile, que liberó una energía equivalente a 100.000
bombas de Hiroshima y está considerado el quinto más grande de la
historia, dejó 524 muertos, 25 desaparecidos y 800.000 damnificados. Las
pérdidas materiales, evaluadas en 30.000 millones de dólares, se
extendieron a lo largo de 640 kilómetros y seis regiones.
Además de 220.000 viviendas destruidas, sufrieron daños 1.500
kilómetros de carreteras, 4.500 escuelas, dos aeropuertos, 53 puertos,
56 hospitales y dos puentes.
Pero además de destruir los sueños de miles de familias, el
cataclismo dejó al descubierto la profunda brecha social existente en
uno de los países más avanzados de Latinoamérica. Tras el sismo,
Concepción fue presa del pillaje, mientras en Santiago cundía el temor
al desabastecimiento y en algunas zonas los pobladores se organizaban
para defenderse de los saqueadores.
A raíz del terremoto el índice de pobreza aumentó un 3 % (500.000
personas) y quedó en el 20 % de la población total, mientras que el
número de indigentes aumentó en 80.000, hasta 700.000.
La grieta abierta por el temblor también ha alcanzado el terreno político.
Los dirigentes de la Concertación, han criticado duramente la forma
en que el presidente Sebastián Piñera está llevando a cabo la
reconstrucción y no asistirán a los actos oficiales conmemorativos de la
tragedia.
La Asociación de Municipalidades publicó este viernes un informe en
el que critica el retraso en la construcción de viviendas y en la
rehabilitación de la infraestructura sanitaria y educativa.
El propio presidente ha reconocido atrasos en el proceso, pero los
atribuye a dificultades insalvables, y tacha de mala fe a la oposición.
“Yo sé que se ha tomado más tiempo de lo que la gente y nosotros
quisiéramos. Sabemos que estamos atrasados, pero no por voluntad
nuestra”, explicó el mandatario esta semana a un grupo de damnificados
de la región del Maule.
Piñera sostiene que “una minoría de chilenos” obstruye la labor de las autoridades.
“Sé muy bien que algunos no tienen ningún interés en la
reconstrucción, su único objetivo es dañar a nuestro Gobierno”, declaró
hace unos días en Dichato, una localidad costera que resultó arrasada
por el tsunami y a la que llegó escoltado por un fuerte contingente
policial, en medio de protestas de los damnificados.
La búsqueda de responsabilidades por la descoordinación en los
primeros momentos de la catástrofe entre las autoridades y los mandos
militares también ha encontrado curso en los tribunales y el Parlamento.
La expresidenta Michelle Bachelet declaró a fines de diciembre pasado
como testigo en la investigación abierta por la fallida alerta del
tsunami, que causó 156 muertos y 25 desaparecidos.
A comienzos de febrero, un grupo de familiares de víctimas solicitó en los tribunales que Bachelet declare como imputada.
En esta querella, que también va dirigida contra varios exministros y
altos cargos, se pide además que la justicia militar investigue a
miembros de la Marina por no avisar del peligro.
La Cámara de Diputados aprobó en septiembre pasado un informe
elaborado por una comisión investigadora que responsabiliza a Bachelet
por no decretar a tiempo el estado de excepción.
El terremoto de Chile fue el cuarto más caro de la historia reciente y le ha costado al país el 18 % del PIB.
El Gobierno calculó las pérdidas en 30.000 millones de dólares, pero
algunos expertos consideran que la cifra real es un 20% inferior y ronda
los 24.000 millones.
Según varios analistas, inicialmente se sobrestimó el impacto del
terremoto en la actividad económica, cuando de hecho no ha habido tal
caída, ya que las pérdidas en la producción fueron menores a las
previstas y la economía registró un fuerte crecimiento en el segundo
semestre de 2010.
En tanto, la tierra sigue temblando en Chile, en el último año ha
habido una veintena de sismos superiores a 6 grados Richter, mientras el
número de sismos perceptibles por la población supera los 4.000.
El cataclismo provocó que el continente americano se desplazara hacia
el océano Pacífico y que incluso el planeta detuviera su rotación
durante una fracción de segundo.
La energía del terremoto fue tal que la ciudad de Concepción se
desplazó tres metros; Talca, dos metros, y Santiago, medio metro. Hasta
Buenos Aires llegó a moverse varios centímetros.
Según los expertos, el país puede sufrir otro terremoto ligeramente
inferior al de 2010 debido a que continúa acumulada gran cantidad de
energía en la falla que lo originó. Sin embargo, todos desean que la
naturaleza dé un largo respiro a Chile.
Fuente, vìa :
http://www.theclinic.cl/2011/02/26/a-un-ano-del-terremoto-las-secuelas-siguen-a-la-vista/
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