1.
El maestro no es cualquier trabajador –y eso el Presidente Enrique Peña
Nieto debería saberlo mejor que nadie, tal como ya he escrito varias
veces- es un trabajador de la enseñanza, un transmisor de la cultura y
de comportamientos. Sí es (con mucha dignidad) un obrero, un asalariado,
un servidor del Estado, un explotado, pero al fin un trabajador
especial porque está en contacto directo con niños, adolescentes y
jóvenes, además de sus padres. ¿Puede o debe el Estado sobajarlo,
tratarlo con la punta del pie, como si fuera un simple trabajador
asalariado que no se le hace caso a pesar de ser el creador de la
riqueza que otros -la extrema minoría- disfruta injustamente a manos
llenas?
2.
Hoy 15 de mayo, frente a docentes galardonados por sus años de
servicio, además de dirigentes del Sindicato (SNTE), el presidente Peña
Nieto reafirmó con todas sus letras, “el carácter laico y gratuito de
la educación que imparte el Estado”; también dijo: “Que nadie pretenda
confundir: la educación no se privatiza ni se concesiona, porque es una
función obligatoria del Estado de mexicano”. Sólo le faltó subrayar que
además la educación debe ser pública, obligatoria y conservar su
carácter popular; sin embargo, desafortunadamente, no le creemos a don
Enrique porque todos los presidentes de la República han repetido ese
lenguaje y han hecho lo contrario: abandonarla, privatizarla,
adoctrinarla.
3.
La gratuidad de la educación es esencial porque –como reconoció Peña-
“es función obligatoria del Estado”. Ya lo decía el doctor Mora y Gómez
Farías hace 170 años: “El Estado no puede dejar a los particulares la
formación de la conciencia ciudadana”; debe garantizar que todos los
habitantes tengan el derecho a la educación sin tomar en cuenta sus
condiciones de vida. ¿En manos de quien estaba la educación en México en
1833? Bajo el control del clero y de los particulares. El Estado
liberal, entonces revolucionario, tuvo que luchar otros 40 años para
arrebatar el control educativo a los conservadores e iglesia y construir
las Constitución de 1857, Las Leyes de Reforma y la Constitución de
1917.
4.
La batalla por la gratuidad respaldada en el presupuesto público debe
ser el arma para enfrentar a la rampante privatización apuntalada por
los empresarios, la derecha, la iglesia y los medios de información.
¿Por qué desde que se aprobó el Artículo Tercero Constitucional en 1917,
que obliga a todos a respetar la gratuidad y el laicismo, toda la
derecha puso el grito al cielo? Porque el desarrollo de la educación
privada –apuntalada por cuotas millonarias, subsidios y presupuestos
públicos- siempre ha sido un enorme negocio en México para particulares y
políticos. Si bien el PRI del “nacionalismo revolucionario” mantuvo más
o menos la educación gratuita y laica en un 90 por ciento, hoy es sólo
del 60.
5.
No sólo se han fundado o abierto más escuelas privadas para hacer
negocios; también en las escuelas públicas se han impuestos planes y
programas privatizadores. No se necesita revisar datos estadísticos para
probarlo: basta con levantar la cabeza para ver que son cientos de
miles las escuelas privadas que hoy se anuncian en los medios de
información y, también basta con ver que en planes y programas se han
eliminado o recortados materias y carreras sociales y humanísticas para
introducir orientaciones técnicas e ingenieriles. Se ha puesto en los
objetivos educativos la creación de estudiantes y profesionistas que
puedan competir entre sí, que puedan enfrentarse, sin preocuparse en lo
colectivo.
6.
Hoy 15 han salido a marchar cientos de miles de maestros en la ciudad
de México y en por lo menos 20 estados del país. Es claro que el
movimiento magisterial de protesta contra la imposición de la llamada
reforma educativa está creciendo rápidamente. Entre tanto la
ultraderecha panista, empresarial y de los medios de información,
presiona a Peña Nieto para que reprima a los maestros. El gobierno
quiere desbaratar las protestas pero no se atreve porque teme que se
hagan más grandes y compliquen más la situación del país. La
coordinación del movimiento debe entender mejor la situación para evitar
el oportunismo o la radicalización –por ahora- innecesaria.
7.
Debemos estar claros que la educación no puede continuar en manos de
políticos y empresarios. Es indispensable que los maestros, los alumnos,
los padres de familia la tomen en sus manos construyendo mecanismo de
participación que garanticen que sus propuestas sean llevadas a la
práctica. ¿Quién más que ellos pueden conocen mejor la situación en que
se desenvuelven? Qué maravilloso que la CNTE, después de 30 años –como
lo hizo en 1989- ahora esté demostrando nuevamente su fuerza y su
crecimiento en por lo menos 10 estados más. Los charros incondicionales
de la maestra Gordillo no parecen dispuestos a plantear nada; su misión
es obedecer. Soy CNTE desde que se fundó; fui representante en 1989 y
hoy un simple defensor de sus posiciones. (15/V/13)
Pedro Echeverría V.
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