Los medios, las consultoras, los economistas, los
bancos de inversión, los presidentes de los bancos centrales, los
ministros de hacienda, los gobernantes no hacen otra cosa que hablar de
“la crisis griega”. Ante tanta vocinglería mal intencionada es oportuno
parafrasear aquella frase de campaña de Bill Clinton para decir e
insistir que la crisis es del capitalismo, no de Grecia. Que este país
es uno de los eslabones más débiles de la cadena imperialista y que es a
causa de ello que por allí hacen eclosión las contradicciones que lo
están carcomiendo irremisiblemente.
La
alarma de los capitalistas, justificada sin dudas, es que el derrumbe
de Grecia puede arrastrar a otros países como España, Irlanda, Portugal y
comprometer muy seriamente la estabilidad económica y política de las
principales potencias de la Unión Europea.
Según
informa la prensa financiera internacional, representativa de los
intereses de la “comunidad de negocios” (léase: los gigantescos
oligopolios que controlan la economía mundial) la resistencia popular a
las brutales medidas de austeridad propuestas por el ex presidente de la
Internacional Socialista y actual primer ministro griego, Georgios
Andreas Papandreu, amenazan con arrojar por la borda todos los estériles
esfuerzos hasta ahora realizados para paliar la crisis.
La
zozobra cunde en el patronato ante las dificultades con que tropieza
Atenas para imponer las brutales políticas exigidas por sus supuestos
salvadores. Con toda razón y justicia los trabajadores no quieren
hacerse cargo de una crisis provocada por los tahúres de las finanzas, y
la amenaza de un enorme estallido social, que podría reverberar por
toda Europa, tiene paralizada a las dirigencias griega y europea.
La
inyección de fondos otorgada por el Banco Central Europeo, el FMI y los
principales países de la zona euro no han hecho sino agravar la crisis y
fomentar los movimientos especulativos del capital financiero. El
resultado más visible ha sido acrecentar la exposición de los bancos
europeos ante lo que ya aparece como un inevitable default
griego. Las conocidas recetas del FMI, el BM y el Banco Central Europeo:
reducción de sueldos y jubilaciones, despidos masivos de empleados
públicos, remate de empresas estatales y desregulación de los mercados
para atraer inversiones han surtido los mismos efectos padecidos por
varios países de América Latina, notablemente la Argentina.
Parecería
que el curso de los acontecimientos en Grecia se encamina hacia un
estrepitoso derrumbe como el que conocieran los argentinos en diciembre
del 2001. Dejando de lado algunas obvias diferencias hay demasiadas
semejanzas que abonan este pronóstico. El proyecto económico es el
mismo, el neoliberalismo y sus políticas de shock ; los actores
principales son los mismos: el FMI y los perros guardianes del
imperialismo a escala global; los ganadores son los mismos: el capital
concentrado y muy especialmente la banca y las finanzas; los perdedores
son también los mismos: los asalariados, los trabajadores y los sectores
populares; y la resistencia social a esas políticas tiene la misma
fuerza que supo tener en la Argentina. Es difícil imaginar un soft landing,
un aterrizaje suave, de esta crisis. Lo previsible y lo más probable es
precisamente lo contrario, tal como ocurrió en el país sudamericano.
Claro
que a diferencia de la crisis argentina, la griega está destinada a
tener un impacto global incomparablemente mayor. Por eso el mundo de los
negocios contempla con horror el posible “contagio” de la crisis y sus
devastadores efectos entre los países del capitalismo metropolitano. Se
estima que la deuda pública griega asciende a 486.000 millones de
dólares y que representa un 165 % del PIB de ese país. Pero tal cosa
ocurre en una región, la “eurozona” en donde el endeudamiento ya
asciende al 120 % del PIB de los países del euro, con casos como
Alemania con un 143 %, Francia, 188 % y Gran Bretaña con el 398 %. No
debe olvidarse, además, que la deuda pública de Estados Unidos ya
asciende al cien por ciento de su PBI. En una palabra: el corazón del
capitalismo global está gravemente enfermo. Por contraposición la deuda
pública china en relación a su gigantesco PBI es de apenas el 7 %, la de
Corea del Sur 25 % y la de Vietnam 34 %. Hay un momento en que la
economía, que siempre es política, se transforma en matemática y los
números cantan. Y la melodía que entonan dicen que aquellos países están
al borde de un abismo y que su situación es insostenible.
La
deuda griega -exitosamente disimulada en su gestación y desarrollo
gracias a colusión criminal de intereses entre el gobierno conservador
griego de Kostas Karamanlis y el banco de inversión favorito de la Casa
Blanca, Goldman Sachs- fue financiada por muchos bancos,
principalmente en Alemania y, en menor medida, Francia. Ahora son
acreedores de papeles de una deuda que la calificadora de riesgo
Standard & Poor's (S&P) calificó con la peor nota del mundo:
CCC, es decir, tienen acreencias sobre un deudor insolvente y que no
tiene condiciones de pagar. En igual o peor posición se encuentra el
ultraneoliberal Banco Central Europeo, razón por la cual un default
griego tendría consecuencias cataclísmicas para este verdadero ministro
de finanzas de la Unión Europea, situado al margen de cualquier control
democrático.
Las pérdidas que originaría la
bancarrota griega no sólo comprometería a los bancos expuestos sino
también a los países en problemas, como España, Irlanda, Italia y
Portugal, que tendrían que afrontar el pago de intereses mucho más
elevados que los actuales para equilibrar sus deterioradas finanzas. No
hace falta mucho esfuerzo para imaginar lo que sucedería si se
produjese, como se teme, una cesación unilateral de pagos griega, cuyo
primer impacto daría en la línea de flotación de la locomotora europea,
Alemania.
Los
problemas de la crisis griega (y europea) son de origen estructural. No
se deben a errores o a percances inesperados sino que expresan la clase
de resultados previsibles y esperables cuando la especulación y el
parasitismo rentístico asumen el puesto de comando del proceso de
acumulación de capital. Por algo en el fragor de la Gran Depresión de
los años treintas John Maynard Keynes recomendaba, en su célebre Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero,
practicar la eutanasia del rentista como condición indispensable para
garantizar el crecimiento económico y reducir las fluctuaciones cíclicas
endémicas en el capitalismo. Su consejo fue desoído y hoy son aquellos
sectores los que detentan la hegemonía capitalista, con las
consecuencias por todos conocidas. Comentando sobre esta crisis el
Istvan Meszaros decía hace pocos días que “una crisis estructural
requiere soluciones estructurales”, algo que quienes están administrando
la crisis rechazan terminantemente. Pretenden curar a un enfermo en
gravísimo estado con aspirinas.
Es el capitalismo
el que está en crisis y para salir de ella se torna imprescindible
salir del capitalismo, superar cuanto antes un sistema perverso que
conduce a la humanidad al holocausto en medio de enormes sufrimientos y
una depredación medioambiental sin precedentes. Por eso la mal llamada
"crisis griega" no es tal; es, en cambio, el síntoma más agudo de la
crisis general del capitalismo, esa que los medios de comunicación de la
burguesía y el imperialismo aseguran desde hace tres años que ya está
en vías de superación, pese a que las cosas están cada vez peor. El
pueblo griego, con su firme resistencia, demuestra estar dispuesto a
acabar con un sistema que ya es inviable no en el largo sino en el
mediano plazo. Habrá que acompañarlo en su lucha y organizar la
solidaridad internacional para tratar de evitar la feroz represión de
que es objeto, método predilecto del capital para solucionar los
problemas que crea su desorbitada voracidad. Tal vez Grecia, que hace
más de dos mil quinientos años inventó la filosofía, la democracia, el
teatro, la tragedia y tantas otras cosas, pueda volver sobre sus fueros e
inventar la revolución anticapitalista del siglo veintiuno. La
humanidad le estaría profundamente agradecida.
Fuente, vìa :
http://www.kaosenlared.net/noticia/no-grecia-capitalismo-estupido
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