Faltan veinte meses
México
se vive en dos, tres, varias dimensiones superpuestas, a menudo
antagónicas, difícilmente complementarias. Al menos una de esas
dimensiones es prefabricada, de diseño, de felicidad preconcebida y por
desgracia virtual. Ni siquiera efímera sino ilusoria, nacida del
empeño de publicistas del mercachifle metidos a ideólogos de propaganda
oficialista. Es el México de afiches y promocionales del gobierno: la
gruesa colcha de mentiras con que se arropa el régimen, y que va desde
los montajes lamentables de tenor policíaco, que tan caros le han salido
luego a la diplomacia mexicana, hasta sofisticadas campañas de
ingeniería social que terminan en nada, en el desbarrancadero del
presupuesto y la cínica sonrisa de los dueños de los medios masivos y
electrónicos, particularmente los reyezuelos de la videocracia
televisiva, los del duopolio lesivo.Felipe Calderón, presunto demócrata que llegó al poder arrastrando acusaciones de fraude electoral, ha sido un presidente arropado por las grandes cadenas de medios masivos, por los consorcios empresariales cuyos personeros en no pocas ocasiones fueron grandes donadores de dinero para su campaña, y también un débil candidato primero y endeble presidente después apuntalado por Estados Unidos. Con una credibilidad de bruces, urgido de ardites con que hurtar aceptación como el presidente que nunca será, abrazó la tesis efectista de la guerra al narco para meter al país entero en una dinámica violenta y cruel que nadie le pidió. Ante el fracaso de la estrategia le queda solamente la propaganda, tratar de vender la imagen ahora del presidente victimizado por sus díscolos detractores, que lo lapidamos con infundios. Ese es el tono que le escuché en una entrevista concedida a Roberto Rock. Como ha hecho en estos años nefandos que signan su sexenio, Calderón no hace más que lavarse la cara, se asume puntero de ideales y soluciones, no una de las principales causas del problema. Defiende con ambigüedades melodramáticas sus posturas, inflexible hasta la estulticia, se pinta valiente. Dice que solamente busca concluir su gestión “tranquilo con mi conciencia y con mis convicciones”, mientras dejará un país sumido en el caos y el miedo.
![]() |
Sin apoyos reales y sólidos en educación, cultura o salud pero en cambio gordas dietas a la soldadesca, insaculados los más lúgubres personajes de la política, el gobierno de Calderón ha resultado en ruinoso fracaso. El mismo Calderón, en el mejor de los casos y a pesar de lo que tenga que decir de sí mismo, apenas echando un vistazo a los saldos de su paso por Los Pinos será nada más que una mácula. Un hombrecillo mediocre indebidamente en el poder que nos volvió el país un estercolero. Muchos no lo vamos a olvidar.
Fuente, vìa :
http://www.jornada.unam.mx/2011/03/06/sem-moch.html

No hay comentarios:
Publicar un comentario