No es infrecuente escuchar que “el médico debe ser un humanista”, y
existen varias biografías de muy distinguidos médicos mexicanos que los
identifican como “humanistas”. Esto no es una moda reciente; desde mis
lejanos tiempos de estudiante el adjetivo se usaba en sentido
admirativo, aunque con un significado no muy claro; quizá algunos
sujetos querían decir que el médico era muy sabio, mientras que otros lo
usaban como sinónimo de “buena persona”.
Llama la atención que si el médico es científico, o sea, que ejerce
su profesión basado en los conocimientos generados por la observación
crítica y reiterada de la realidad (o sea, en la medicina tal como se
enseña en las escuelas reconocidas por su seriedad y solvencia
científica), se considere como una virtud adicional que también sea
humanista. Debe recordarse la dicotomía tradicional entre los
científicos y los literatos, caracterizada hace ya más de 50 años por
C.P. Snow como Las dos culturas; este autor inglés se dolía de que los
literatos no conocían la Segunda Ley de la Termodinámica, mientras que
los científicos no habían leído el Macbeth de Shakespeare. Quizá el
problema es el significado genuino de la palabra “humanista”, que según
el Diccionario de la Real Academia Española es “cultivo o conocimiento
de las letras humanas. 2. Movimiento renacentista que propugna el
retorno a la cultura grecolatina como medio para restaurar los valores
humanos…”.
Es poco probable ese sea el sentido con el que se usa el término cuando
se dice que el médico debe ser un “humanista”. Más bien se refiere a la
palabra “humanitario”, que en diccionario mencionado significa “que mira
o se refiere al bien del género humano. 2. Benigno, caritativo,
benéfico…”. Es decir, no se trata de que los médicos, para cumplir en
forma adecuada con sus funciones profesionales, deban ser expertos en
griego y latín, conocer la literatura clásica y recitar de memoria
algunos cantos de La divina comedia, sino en su lugar que practiquen el
bien, que sean benignos y caritativos, o sea, que en lugar de humanistas
sean humanitarios.
Sin embargo, esto último no era el punto de vista de uno de los médicos
mexicanos más famosos y más justamente admirados del siglo pasado, quien
además insistió en forma reiterada sobre el tema, de modo que no hay
duda sobre su postura y sus ideas. Me refiero al maestro Ignacio Chávez.
En ocasión del III Congreso Mundial de Cardiología, celebrado en
Bruselas en septiembre de 1958, el maestro Chávez pronunció un memorable
discurso en el que habla de la “aspiración a un nuevo humanismo”, y
después de repasar rápidamente los progresos de la medicina científica,
agrega: “…no hay peor forma de mutilación espiritual de un médico que la
falta de cultura humanística. Quien carezca de ella podrá ser un gran
técnico en su oficio, podrá ser un sabio en su ciencia, pero en lo demás
no pasará de un bárbaro, ayuno de lo que da la comprensión humana y de
lo que fija los valores del mundo moral”.
¿Y en qué consiste esa cultura humanística? El maestro Chávez la
describe, en distintos párrafos, como sigue: “…la raíz del humanismo
actual debe ser el conocimiento de las lenguas vivas. A través de ellas
podremos asomarnos al pensamiento de razas y países que no son los
nuestros y beber la información de las fuentes mismas… Siendo una
aspiración eterna, la cultura no es una cosa universal y estática sino
que cambia y se modela según el tiempo y el lugar. De aquí que el
conocimiento de la historia sea un requisito esencial del humanismo
contemporáneo, historia amplia, de los pueblos, de la civilización y de
los pensamientos del hombre. A nosotros los médicos nos interesa además,
y en forma decisiva, la historia de nuestra rama, que nos muestra la
evolución de las doctrinas médicas… Y cuando ya se tenga todo eso, el
conocimiento de las lenguas y de la historia en su mayor anchura; cuando
ya se conozca la realidad social y se tenga interés por la hora en que
se vive, el humanismo de nuestro tiempo quedaría triste y mate si el
hombre no puliera su espíritu con las lecturas selectas, con la
frecuentación de los clásicos modernos, con el amor de la belleza
–palabra, música o plástica– y con la reflexión de los temas eternos de
la conducta –el deber, el amor, el bien– formas todas de sublimar el
alma frente a la dura realidad de vivir. La marcha por esos caminos
ásperos de la perfección nos lleva a un punto, el mismo a donde llegaron
los humanistas clásicos, el de saber que la preocupación máxima del
hombre debe ser el hombre mismo, para estudiarlo y comprenderlo, con
todo lo que eso implica de interés por su vida y de respeto por su
esfuerzo creador”.
Es bien claro que la postura del maestro Chávez era: en medicina, al
humanitarismo a través del humanismo. No tengo nada en contra de esos
admirables conceptos, excepto que no son exclusivos y específicos de la
medicina. Que de la cultura general se derive un comportamiento más
humano con nuestros congéneres es igualmente aplicable a médicos, a
arquitectos, a filósofos, a matemáticos y a futbolistas. Los argumentos
del maestro Chávez me convencen de que un médico culto es un mejor
médico, pero no porque sea médico sino porque es un mejor hombre, y por
esa circunstancia se obliga a un mejor trato con otros hombres en el
tejido social en el que existe. Yo no creo que el humanismo, sea el
clásico o el postulado por el maestro Chávez, sea el único o hasta el
principal camino hacia el humanitarismo en la práctica médica, como
tampoco creo que la tecnología sea culpable de la llamada
“deshumanización” de los médicos contemporáneos. La gran mayoría de los
médicos que conozco (y a mi edad conozco a muchos) no me impresiona como
una multitud de desalmados, que trata a sus pacientes con frialdad y
desinterés. Creo que en nuestro tiempo no es el médico el
“deshumanizado”, sino el sistema en el cual se encuentran atrapados
tanto él como sus pacientes; ambos son víctimas de la burocratización
excesiva de los servicios de salud, que a su vez es consecuencia de la
enorme desigualdad entre la oferta y la demanda.
*Profesor emérito de la UNAM, miembro de El Colegio Nacional e
integrante del CCC.
fuente, vìa :
http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=505646
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